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La donación de los Tompkins

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Hace unas semanas recibimos una de las mejores noticias para nuestro país y, sin ninguna duda, para el mundo entero. Los Tompkins hicieron realidad la donación a todos los chilenos de más de 400 mil hectáreas que habían adquirido en la Patagonia, que, sumadas a la donación de más de 900 mil hectáreas que nuestro Estado se comprometió a realizar, permitirá crear una red de Parques Nacionales de la Patagonia única en la historia de la humanidad, protegiendo para el futuro más de 4,5 millones de hectáreas.


Que el enorme regalo de los Tompkins nos sirva para reflexionar y seguir avanzando hacia un desarrollo sustentable, y ojalá como país nos demos cuenta de las gigantescas oportunidades que se esconden detrás del turismo y la conservación de nuestro maravilloso patrimonio natural y cultural.

En Chile se protege prácticamente un 20% del territorio nacional, pero aún no hemos logrado ver el gigantesco potencial que estas áreas protegidas tienen para nuestro desarrollo. De hecho, cuando pensamos en parques nacionales creemos que son espacios intocables, detenidos en el tiempo y que no cumplen ningún rol relevante en nuestro desarrollo como país. Y qué equivocado estamos.

El turismo es una de las industrias más importantes del mundo, y en Chile ha experimentado un enorme crecimiento. Sólo el año pasado pasaron más de 5,6 millones de personas por nuestro país, y se espera que este 2017 nos visiten más de 6,4 millones de turistas. En promedio, el turismo crece a un ritmo del 15% anual, y si el año pasado se situó en el sexto lugar de las actividades que más aportan al PIB, se espera que en unos años su aporte llegue al cuarto lugar. Y de todos quienes nos visitan, la mitad lo hace para conocer la red de Áreas Protegidas a cargo de la Conaf.

El turismo, como actividad económica, tiene enormes ventajas en comparación con las actividades que más aportan a nuestro PIB. Por ejemplo, si la comparamos con la actividad forestal o minera, aunque efectivamente el turismo genera mucho menos lucas, tiene cosas únicas que la hacen una actividad sustentable y sostenible para el futuro: primero, se basa en la protección, y no destrucción, de nuestros paisajes y recursos naturales; permite rescatar y poner en valor nuestras tradiciones, cultura y todo aquello que nos hace únicos; permite una movilidad extraordinaria de gente que da vida a pueblos, ciudades y localidades que, de otra manera, estarían muertas; y genera un sinnúmero de actividades complementarias, como hotelería, gastronomía y servicios, que sólo hacen de nuestro país un lugar más entretenido y fascinante para conocer.

Por eso es que la donación de los Tompkins y el esfuerzo de nuestro Estado hay que verlo como algo vital para nuestro desarrollo. Porque, y quienes hemos tenido el honor de conocer Pumalín lo sabemos, los Tompkins no sólo protegieron un lugar bellísimo, sino que lo habilitaron para el disfrute y goce de todos. Senderos, instalaciones de primer nivel, gastronomía de lujo y belleza natural transforman estos lugares ya no en espacios inaccesibles, sino que en polos turísticos que aportan enormemente al desarrollo del país.

Pero aún nos falta mucho por avanzar. En Chile, 1,6 millones de hectáreas están protegidas por privados, pero no hay leyes que apoyen la conservación y la sustentabilidad futura de estos lugares. En Costa Rica, por ejemplo, el Estado paga a los privados que protejan los bosques nativos, y aquí podríamos hacer lo mismo. Urge que el Estado entienda que la protección de nuestro patrimonio natural es tarea de todos.

Y también necesitamos ir más lejos en nuestra mirada de qué es importante cuidar. Porque muchas veces creemos que sólo vale la pena proteger lugares vírgenes o de naturaleza indómita, pero destruimos lugares social y culturalmente relevantes. Efectivamente, hoy se hace un esfuerzo por rescatar y cuidar zonas de interés arqueológico, pero no vemos el valor de proteger lugares importantes para las comunidades. Como ejemplo, si a mí me preguntaran creo que la Precordillera de Linares, con sus bellísimos ríos Ancoa, Melado y Achibueno, deben ser protegidos. Y no sólo por su belleza natural, sino porque hoy son lugares de encuentro, veraneo y disfrute de miles de maulinos, y eso también vale la pena cuidar.

Que el enorme regalo de los Tompkins nos sirva para reflexionar y seguir avanzando hacia un desarrollo sustentable, y ojalá como país nos demos cuenta de las gigantescas oportunidades que se esconden detrás del turismo y la conservación de nuestro maravilloso patrimonio natural y cultural.

TAGS: #ReservaEcológica #Tompkins Turismo

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Comentarios

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Ricardo Fierro

11 de abril

Devolvieron lo que el gobierno le había regalado.El terreno sigue siendo dr Chile.

20 de abril

Hola Ricardo:

Creo importante que, si vamos a debatir, lo hagamos con argumentos sólidos y con una mirada país que creo relevante tener. Al igual que tú, yo tampoco estuve de acuerdo en que un extranjero comprara tal cantidad de tierras en nuestra bellísima Patagonia, pero la ley lamentablemente lo permitía. Nadie le regaló nada a Tompkins.
Creo también relevante, y he ahí el objetivo de mi columna, el rescatar la visión ecologista de los Tompkins: no todo el mundo gasta su fortuna en comprar tierra para su conservación, y además estar dispuesto a donarla. No creo que haya muchos millonarios chilenos que tengan ese gesto para con su país.
Por lo menos yo, en vez de despotricar sin mucho sentido, prefiero humildemente agradecer lo que los Tompkins han hecho por nosotros. Y si, creo que nunca más un extranjero puede comprar tal cantidad de tierras en Chile, porque no sólo hay un tema de seguridad nacional de por medio, sino que puede ser una persona que sólo busque destruir y no aportar. En este caso tuvimos suerte, y por ello estoy eternamente agradecido.

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