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El sueño chileno

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Tengo miedo, un miedo profundo de ver como se está sembrando la semilla del odio. De observar como (auto)proclamados líderes, que creen tener la capacidad necesarias para guiar el destino de nuestro país apelen a los instintos más bajos y básicos de la emocionalidad primitiva. Miedo a la violencia encubierta de inseguridad, de falsa satisfacción y aparente confianza. Temor ante la responsabilidad que tienen bajos sus hombros, el poder de destruir con sus palabras lo que por casi dos siglos todos hemos (tratado) de construir: simplemente la sociedad. Esa que se ha enriquecido a lo largo del tiempo del aporte de todos aquellos quienes un día, con susto, pero también con esperanza miraron el futuro y decidieron de alguna manera u otra fundir su destino con Chile, y que fueron siempre recibidos con los brazos abiertos, aquel país en donde el forastero siempre es un amigo.


El haitiano que te llena el estanque en la bomba, o carga un carro en la feria en un futuro pasará a ser parte de esta idea de nación chilena, como lo fue el abuelo de muchos de nosotros.

No nos puede ser indiferente que en estos momentos que el chileno medio sea calificado de xenófobo y racista, porque mucho le debe a aquellos que vinieron allende de los mares o la cordillera. No es posible que solo ahora sea amigo del español, el mexicano o el colombiano cuando no son personas, sino capital. Es benevolente con aquellos que le facilitan la vida, pero solo la vida material, el reino de los medios, y no es capaz de tener un atisbo de humanidad con ese ser humano que busca las mismas oportunidades, del que hace treinta, cuarenta o cien años deseaba lo mismo, una vida digna. No solo se puede ser amigo del alemán agricultor, del palestino industrial o del chino trabajador, porque ya son chilenos, porque son “razas” asentadas, porque en definitiva son “como nosotros”. Todos merecen la misma oportunidad, haya sido ayer como hoy y mañana. Pero discriminamos a los “negros”, los zánganos, pobres, flojos y ladrones. Son ellos los de las bandas criminales, de los nuevos métodos delictivos, más por falta de creatividad autóctona que mérito propio de ellos. Ellos son los que dañan a nuestra sociedad, la hunden en un espiral de corrupción y decadencia que debemos detener. Sí, ellos son culpables, de dejar en claro que somos nosotros, los “chilenos”, responsables del mayor crimen que ha visto la humanidad: la intolerancia. No somos capaces de ser racionales ni humanos, perdimos la empatía al sufrimiento, porque nos acobardaos, olvidamos como nosotros mismos forjamos un país en base al esfuerzo y la tolerancia, abierto a las nuevas ideas y al amor por el otro. Esperamos, imperitos algunos, ansiosos otros, como alzamos las barreras y rechazamos lo que “no es nuestro”, queremos tener a esos parias inmigrantes como ciudadanos de segunda, si es que a estas alturas queremos que sean siquiera personas cívicas en sociedad, solo por la displicencia de sentirnos superiores al resto. Echamos de menos los rimbombantes títulos de “jaguares” o “la Prusia de Sudamérica” porque es lo único que nos queda, aferrarnos a una ilusión de que en algún momento la “raza” chilena, creación absurda y aberrante, fue superior al resto. Pero la realidad es que dicha “raza” no resulta ser más que la amalgama y maduración de cientos de miles de millones de personas que en algún momento de su vida soñaron con Chile, foráneas en busca de suerte, riquezas, fama, aventura o un hogar para su familia.

Ellos son la esencia de esta nación. El haitiano que te llena el estanque en la bomba, o carga un carro en la feria en un futuro pasará a ser parte de esta idea de nación chilena, como lo fue el abuelo de muchos de nosotros. El dominicano de Quilicura que madruga para trabajar al otro extremo de la ciudad será algún día tu abuelo. Porque nadie tiene autoridad para negarle ese derecho. Esos niños RUN cien millones el día de mañana serán nuestros médicos. Es inevitable. Nosotros no somos dueños del espíritu. Esos inmigrantes a los cuales les endosamos nuestras cuitas no son la respuesta a nada. Porque con o sin ellos nuestros problemas siguen ahí. Donde hoy nos sentimos superiores al verlos trabajar en esas faenas indeseables para ciudadanos de un país OCDE en vía de desarrollo, por el solo gusto de alimentar nuestro ego.

No nos engañemos, no busquemos chivos expiatorios, no creemos problemas irreales. La única solución es reflexionar un minuto acerca de lo que hemos buscado como sociedad. Si la respuesta en lograr una vida en comunidad, estaremos un paso más cerca de volver a ser seres humanos. Por el contrario, si se nos presenta la construcción de una barrera, debemos pensar seriamente en emigrar a otras tierras.

TAGS: #Migrantes Inmigrantes

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Comentarios

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05 de diciembre

Comparto absolutamente el sentir. Personalmente le tengo mucho mas respeto y admiración, incluso confianza, a un inmigrante que un connacional. Nose porque se gana mejor la nacionalidad el que le tocó nacer en Chile como si eso le hubiera costado trabajo, y no el que eligió hacer su vida en Chile con sacrificio viniendo desde lejos, generalmente con lo puesto. La mayoría de mis compatriotas me dan vergüenza ajena, son seres despreciables.

Hugo Roman

06 de diciembre

Tienes razón. Le debemos mucho a todos aquellos que vinieron e hicieron de Chile su segunda patria, entregando sus vidas para hacer crecer esta nación. Pero ¿Qué pasa con aquellos que llegan aparentando humildad y ya establecidos demuestran con descaro insolente, cuan viles pueden ser? ¿O con aquellos que vienen de paises violentos escapando de la miseria, y forman acá, sus gethos, adueñandose de sectores que pertenecen a todos los chilenos? No se trata de ser xenófobo o racista. Es sólo que Chile tiene una forma de ser amable y cordial, y gente inapropiada y sin cultura pretende cambiar.

06 de diciembre

Pero entonces el problema son los filtros de entrada, no los que entran. Le aseguro que la mayoria de los inmigrantes son un aporte y para ellos de seguro que seria un gran alivio que hubieran filtros para que no los mezclaran con los inmigrantes de baja calaña.

Servallas

06 de diciembre

Concuerdo con el artículo, este fue, es y será un país de inmigrantes, todos ponen el hombro para levantarlo todos los días, son bienvenidos. Concuerdo también que se requieren leyes claras, primero justas, humanistas y consensuadas, pero que cautelen ciertos equilibrios, Latinoamérica produce pobreza dura en tasas muy altas, y no podemos, aunque queramos hacerlo, recibir todos los pobres de Latinoamérica, nuestro recursos son limitados, nuestra propia pobreza aún es muy dolorosa, aún nuestro compatriotas esperan por salud, por vivienda, por trabajo, Chile aún debe crecer, desarrollarse y alcanzar otros estándares, y a pesar que muchos atornillan para atrás llegarán esos días, entonces quizás podamos acoger con todas las puertas abiertas a más personas que huyen de la pobreza y la desesperanza, al fin y al cabo, los latinoamericanos de todos los colores son nuestro hermanos.

07 de diciembre

Yo relaciono la xenofobia con el aborto.
Es el intento de dejarle como patrimonio indiscutido, el derecho a usufructar de la tierra y la vida, y dejar afuera a los otros. Es la dictadura de los que ya están, por sobre los que podrían estar.
Saludos

07 de diciembre

Un certero articulo. Pienso que quienes no se dan cuenta de la contribucion de los emigrantes y atacan su presencia ven amenazado la ida a medio filo que llevan. El emigrante, de cualquier cutura trae el coraje y la valentia que el chileno ha perdido, de enfrentar los retos diarios y hacer el esfuerzo para valerse de si mismo. El emigrante tiene la fuerza y espiritu de responsabiidad de mantener a su familia unida a toda costa, algo que el chileno ha perdido. El emigrante madruga, pasa frio y hasta hambre para llegar a su trabajo, quizas mal pagado pero esta contento de saber que esta mejor de lo que estaba en su pais y que ese sacrficio ser apara sus seres queridos y sabe ciertamente de que tiene un mundo por delante por conquistar, a diferencia del chileno, que esta cansado, cree ser mejor pero esta cansado de todo y se ahuyenta de las responsabiidades propias. Esa es la veradedra causa de esta ola de odio por los emigrantes. Son un reto que o se atreven a enfrentar. Se han convertidos en unos cobardes y se esconden aduciendo razones que se desmoronan facilmente.

jose

06 de marzo

Sueña lindo, como todo en la teoría y etapa valorativa, pero la realidad es otra, es un hecho que son esforzados y una serie de cualidades más, pero también es cierto que llegan miles indocumentados, con lo que traen puesto y ahí es deber del estado chileno otorgarles una serie de derechos materiales básicos para su supervivencia y el país no es rico… Aumentan la pobreza y traen sezgos culturales que chocan con los nuestros, cuando hicieron explotar el negocio en el centro, los que entraron a robar fueron un 80℅ no chilenos, lo digo porque estaba ahí. Mientras en países desarrollados se comienza a limitar la inmigración por tremendos problemas sociales que se ha generado, acá hasta amplían Extranjería… Ellos muchas veces no respetan nuestra cultura, cuando sus hijos no obtengan una beca porque los más “vulnerables extranjeros” las hayan copado toda ahí los quiero ver, cuando no les de subsidio cuando los “vulnerables extranjeros” tengan prioridad en la ficha social, ahí los quiero ver, cuando deban acudir a salud estatal ya los quiero ver… Todo suena lindo, pero la realidad es mas objetiva que subjetiva, vale mas un pan ta gible que el sueño por tenerlo, pues de sueños no vive la gente.

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