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El cerdo fascista interior

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Para el fascista interior no hay nada como un matiz y por eso se siente con derecho a insultar, porque sus insultos para él o ella no son insultos, sino una mera expresión de LA VERDAD. Porque este fascista interior estará feliz con que las cosas no cambien para que no alteren la comodidad de su visión del mundo y porque esa visión del mundo es más preciada que la vida o el bienestar de los que piensan distinto.

Hace demasiado tiempo que estamos acostumbrados a la violencia. Supongo que fue producto de la dictadura que trataba a sus enemigos de comunistas, como si ser comunista fuera incompatible con ser humano y fuera, como dijo el almirante Merino, ser un humanoide. La dictadura pasó, pero con ella no se fueron los discursos totalizantes y absolutos. La violencia no tiene que ser física, a pesar de que casi semanalmente algún estudiante inocente que se atreve a soñar es golpeado por Carabineros en su rol de policía política. Pero no vengo aquí para criticar a la policía. Más que crítica, la policía requiere de procesos judiciales y de reformas de fondo que son responsabilidad del poder.

La violencia que me ocupa hoy es la violencia entre nosotros, los ciudadanos simples y de a pie, también conocidos como la sociedad civil. Es tan grave y violento el hecho de que un niño sea golpeado por Carabineros como el taxista que dice que los golpes están bien para que los “cabros” se dediquen a estudiar en vez de andar “hueviando” en cuestiones que “no les corresponden”. La autoridad política es por definición el monopolio del uso de la violencia, pero esta violencia solo debe aplicarse en casos calificados. Si pensamos que la violencia es un modo válido de resolver diferencias políticas dentro de una nación, ¿cómo podremos criticar a Carabineros cuando sus lumas caigan injustamente sobre nosotros? Si no desterramos la violencia de la sociedad civil, no tendremos autoridad moral para defendernos de la violencia omnipotente del Estado cuando caiga sobre nosotros.

Este es el pequeño cerdo fascista se ha instalado entre nosotros y dentro de nosotros. Mientras generalmente somos tan dulces y tiernos que rehuimos la confrontación cara a cara, porque en todas las reuniones sociales todos estamos de acuerdo y somos encantadores, el cerdo fascista interior se activa en algunos entre nosotros y murmura odio y eliminación de cualquiera que no esté de acuerdo con nosotros. No voy a decir que piense igual que nosotros, porque un verdadero pensar es un ejercicio demasiado complejo para la gran mayoría de la humanidad. Así, por ejemplo, los “mocosos” que protestan están bien torturados por Carabineros, los homosexuales deben ser marginados por ser una enferma lacra social, sin importar que sus contribuciones a la sociedad sean en mucho casos superiores a las de aquellos supuestamente sanos.

El cerdo fascista interior se reconoce por querer imponer su regla a los demás independientemente de la convivencia social. Así, por ejemplo, no afecta a la convivencia social el hecho de que dos personas del mismo sexo que viven juntas como un matrimonio efectivamente se casen, pero el cerdo fascista interior dice estar en posesión de la verdad y algo como el matrimonio homosexual viola una normalidad y una realidad que existen solo en su mente, porque lo verdaderamente real y normal es que existan diversas formas de sexualidad, pero el cerdo fascista no lo sabe porque no quiere saberlo. Asimismo, el cerdo fascista interior condena a quien quiera legalizar la marihuana llamándolo drogadicto, mientras en los mejores lugares del país se considera elegante beber un whisky que cuesta caro en el mercado legal por ser un producto de lujo. Para el cerdo fascista el whisky es más aceptable simplemente porque lo conoce y la marihuana es un demonio desconocido que usa gente de otra clase, aunque la consuman en secreto muchos de sus amigos y compañeros de trabajo.

Al cerdo fascista interior no le interesa si las acciones de los demás tienen consecuencias para su vida o no, le interesan ciertos “principios” que curiosamente no es capaz de enumerar al ser consultado por ellos, pero los considera obvios, claros, consensuales y generalmente revelados por un dios en una Biblia que jamás ha leído, pero que de todas maneras conoce perfectamente. Si el cerdo fascista llega a sufrir la más mínima incomodidad por alguien que se haya atrevido a cuestionar el  orden social, como un desvío del tránsito por una marcha, por ejemplo, se pondrá a sí mismo como ejemplo de una persona trabajadora y decente y supondrá ser la víctima de todos aquellos que piensan distinto y que, por ende, no son ni decentes ni trabajadores.

Pero no recordará este cerdo fascista interior que muchas de las libertades que para ella o él son derechos básicos fueron conquistas ganadas con sangre por antiguas generaciones de revoltosos. Tal vez nunca puso atención en alguna deficiente clase de historia y tal vez verdaderamente no lo sepa. Se olvidará que alguna vez algo tan simple como el divorcio era considerado una perversión y que los anticonceptivos aún son considerados una puerta al pecado por la Iglesia Católica. Este fascista interior entiende claramente en la diferencia de opinión debilidades del carácter, presiones de grupo o traumas producto de la separación de los padres. Para el fascista interior, esas cosas son obvias porque la realidad se explica de manera simple, con una causalidad lineal y unívoca. Para el fascista interior no hay nada como un matiz y por eso se siente con derecho a insultar, porque sus insultos para él o ella no son insultos, sino una mera expresión de LA VERDAD. Porque este fascista interior estará feliz con que las cosas no cambien para que no alteren la comodidad de su visión del mundo y porque esa visión del mundo es más preciada que la vida o el bienestar de los que piensan distinto.

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Comentarios

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Michelle dsp

21 de junio

que buena descripción de Kast jejeej (y de cualquiera de sus amigos UDIs!)

Mona Guillo

22 de junio

No “es el pequeño cerdo fascista”, es el Gran fasho y el cerdo resulta ser un ser mas límpio e inocente que estos falsos cristianos, que si vieran llegar a cristo , al que tanto esperan, lo volverían a crucificar por comunista y por obligarlos a ser generosos con sus semejantes.

24 de junio

El cerdo fascista se aparece todo el tiempo, en muchísima gente, cuando atacan a la persona cuando expresa una idea que no gusta. Si alguien disiente, y se le insulta, se le minimiza y se le trata con adjetivos para con ello eliminar su opinión, eso es fascista.
Y eso no es privativo de ninguna clase social, pensamiento en particular, etc. Es, de hecho, muy propio de los sectores extremos, de izquierda o de derecha; en fin, de todo aquel que piensa que la verdad de los otros es intolerable y hay que destruirla.

servallas

26 de junio

Esta tan de moda tratar a otros de fascista, es divertirse tirando porquería a la cara, no yo no lo creo, no creo que cada persona que no está de acuerdo con lo que digo o pienso, lleve un cerdo interior, porque al final es su derecho, tiene su opinión, su cosmovisión, el taxista es un ciudadano, trabaja como burro, paga sus impuestos, alimenta a su familia, educa a sus hijos y probablemente como todos, es esclavos de las multitiendas, tiene problemas como todos, ya se olvidó el “let it be”, no son pocos, son muchos los que se creen dueños de la verdad. Hay problemas atávicos en nuestra pequeña sociedad, pero aún así, sólo nos queda intentar entendernos, el resto son caricaturas.
Quizás lo que sí somos, es ser una sociedad miedosa por ahora, sólo por ahora, mucha gente tiene temor a decir lo que piensa , pero hay motivos para ello, vivimos un largo tiempo bajo una dictadura, y ahora además, cuando el país se polariza más y más por el “trabajo ” de algunos cerebros que pontifican sobre sus verdades capturando las masas con slogan, si tuvistes la mala fortuna de decir algo que incomoda a algunas de las corrientes “aceptadas”, te tratarán pésimo, entre otras cosas te dirán “cerdo fascista”.

26 de junio

Que la derecha venga a hablar de tolerancia y de liberta de expresión es cuando menos insólito. El adjetivo fascista ya no se refiere simplemente a los regímenes de Mussolini o Franco porque, por suerte, dichos regímenes ya no existen. El adjetivo se aplica correctamente a personas que quieren imponer su estilo de vida en otros por medios autoritarios o autoritario-económicos. Estas formas de pensar DEBEN excluirse de una sociedad igualitaria, y digo igualitaria no en un sentido socialista del término, sino simplemente según los principios de la democracia liberal moderna a los que, en Chile, al parecer nunca llegamos.

servallas

26 de junio

Esas formas de pensar no se van a terminar si tratamos a los otros de derechas o izquierdas, de mirar la sociedad, a nosotros mismos en blanco y negro, a hacer un reducionismo brutal, eso es infantil, si se piensa que el mundo se acaba en el Colo Colo o la Chile se trata de un mundo muy pobre, ¿y si me gusta el Palestino, sólo porque mi abuela era Palestina?.
Tampoco creo que lleguemos a una sociedad de mayor igualdad, ni siquiera a una sociedad más tolerante, porque hay tantos agentes de las ideologías soplandote al oido donde debes ubicarte y a quien debes odiar.

26 de junio

Derechas e izquierdas no son equipos de fútbol, representan intereses de clase. Fue una dictadura de derecha la que amarró las cosas y una izquierda que se vendió, claudicó o fracasó la que nos trajo a este punto.

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