Chile: Sociedad de oportunidades asimétricas (mantenida por nosotros)

Chile, lejos de asegurar oportunidades equitativas para todos,  parece facilitar en extremo la acumulación de oportunidades para ciertos grupos privilegiados. Tristemente ya no es novedad decir que en este país, los nacidos en el seno de la familia correcta y que más adelante logran ingresar a los círculos correctos, tienen inmejorables condiciones para alcanzar un futuro próspero. El argumento conservador (y el de los desilusionados con el cambio social), sostendrá que las cosas siempre han sido así,  incluso en sociedades como Estados Unidos que han basado su éxito en distribuir más equitativamente las oportunidades. Creo que ese es un argumento al que hay que oponerse.

Yo he sostenido -de diversas formas y por largo tiempo- que nuestro modelo de sociedad basado en oportunidades tan asimétricamente distribuidas no es un camino deseable para Chile, ni menos inevitable. Se puede cambiar. La pasividad de nosotros los ciudadanos es cómplice de la continuidad histórica de este modelo asimétrico.

Lo más grave es que con nuestro silencio, las consecuencias de tal asimetría van más allá de la prosperidad material de los beneficiados, garantizando privilegios e impunidades que ponen a unos pocos muy por encima del resto en casi todos los planos de la vida.

Los que creemos en que es posible y deseable construir un país más justo y equitativo debemos rechazar siempre los intentos de grupos privilegiados por consolidar y ampliar su posición a costa de la mayoría. No se trata de cortar las alas a los que por su talento quieren surgir, sino de reducir y en lo posible eliminar las estructuras que facilitan que unos pocos abusen de su posición en desmedro del resto. En síntesis: No se debe permitir la continuidad de un modelo de sociedad de privilegios tan radicalmente mal distribuidos.

Quiero presentar sólo dos ejemplos que muestran lo que ocurre cuando nos quedamos de brazos cruzados aceptando la desigualdad de privilegios.

¿Qué tienen en común huasos y médicos?

“Ellos se burlaban”… “a mí me echaban los caballos encima, hacían que nos pegaran las yeguas con las patas…” " Después, vino un huaso por atrás, me amarró con el lazo y empezó a tirarme, me arrastró como cinco metros”, relató hace unos días Constanza a La Tercera. Esto, como la mayoría sabe, ocurrió no hace 200 años, sino hace pocos días, en un rodeo organizado en Santiago en el contexto de las celebraciones del Bicentenario. Constanza, una estudiante secundaria de Santiago,  junto a otros activistas, protestaban contra el abuso animal en el rodeo cuando fue capturada por parte de los jinetes. Además de la acción de los huasos cobardes que la atacaron y denigraron en público, en el incidente también destacó el locutor avivando la acción y la complicidad de parte del público que aplaudió la “captura” de la niña.

Luego de este incidente se han dado algunas disculpas, pero no muy categóricas.  Sin embargo, fue la declaración del presidente del Club de Rodeo de Ñuñoa, que organizó el evento (Sergio Covarrubias) al diario La Tercera la que más deja en claro el fondo del asunto: “Hay que pensar que los huasos están acostumbrados a hacer esto, a veces es difícil controlar a los campesinos”.

El segundo caso que quiero mencionar es el destapado por una extensa investigación periodística de CIPER que publicó revista Qué Pasa. En ella se muestra que algunos médicos usan hospitales públicos para prácticas privadas, que no respetan normas  ni horarios, que en definitiva hacen lo que les place.

¿Qué tienen en común ambas cosas?

Tras estas dos cuestiones aparentemente desconectadas,  hay un hilo conductor común: abusos de poder por parte de grupos privilegiados y nuestra complicidad al considerarlo como algo “natural” o “inevitable”.

Los huasos que participan de estos rodeos, tal como la declaración de arriba deja entrever,  no son simples campesinos, sino señores con cierto aire feudal. En la práctica del rodeo se muestran “tradiciones” que se remontan a mucho tiempo atrás. De hecho, esa cultura tan “naturalizada” de patrón latifundista  tiene más sabor al siglo XVIII que al XXI. Estas prácticas se extienden con sus abusos más allá de los campos, entrando a las empresas y organizaciones de todo tipo. Supone que seres inferiores (vacas, niños, mujeres, campesinos, empleados, etc), pueden ser controlados y neutralizados con la fuerza de un jinete hábil (patrón, gerente, etc).

En el caso de los médicos, la cosa es similar. Un grupo que gracias a su poderosa asociación gremial (Colegio Médico) y a la desproporcionada cuota de poder que tienen en el Parlamento y otros círculos de influencia, son capaces de conseguir un trato muy favorable en casi cualquier contexto. Las denuncias que hace el reportaje que he citado son tan inaceptables que de haber afectado a cualquier otro grupo menos privilegiado habría significado un escándalo nacional y quizás sanciones legales. Hasta este momento, no se ha vislumbrado nada de eso en este caso.

¿Cómo logran algunos médicos tanto poder, con tan poco control y afectando con ello a tanta gente? La respuesta es simple: Nosotros les damos ese poder.

La posición de médicos como personajes poderosos en la sociedad es algo que se remonta a cientos de años atrás.  Algo similar podría decirse con los “señores de la tierra”, que en cualquiera de sus formas se extienden por siglos como actores que han impuesto su dominio en los campos y que gracias a la aceptación de mucha gente lo sostienen hasta ahora. ¿Cómo es que se preserva ese estatus hasta el día de hoy?  La respuesta es compleja y no hay espacio aquí para extenderse pero un hecho es cierto: No hay una imposición por la fuerza, sino tradiciones, costumbres y formas de ordenar la sociedad que se sustentan en nuestras acciones.  Nosotros hacemos posible esas asimetrías.

Conclusión

Nada de lo anterior es eterno o inmodificable.  Es conservador suponer que no es posible cambiar el orden de las cosas y ninguna persona que cree en una sociedad más justa debería sumarse a ese argumento conservador.

Además, sostener que aquí hay sólo dos hechos aislados es un error.  Estamos frente a síntomas de una misma enfermedad: Nuestra sociedad de oportunidades asimétricas nos lleva a pensar que nada puede hacerse frente a situaciones abusivas como las de esos  médicos o esos huasos en el rodeo porque las cosas siempre han sido así.

Aclaro por cierto que este no ha sido un ataque contra los huasos del rodeo o los médicos abusivos, sino una reflexión que apunta a lo que sus privilegios suponen y cómo nosotros somos los que en definitiva los garantizamos.

No podemos engañarnos. De nada sirven las políticas sociales o el fomento de la equidad sin atacar las bases culturales, las prácticas y las formas de entender el mundo que nosotros mismos ayudamos a sostener con nuestros  silencios y nuestras complicidades. Sino cambiamos esto, el tricentenario tendrá una vez más la misma historia de huasos abusando de una niña y médicos abusando de todos nosotros.

(*) Luis Ramírez es Licenciado en Gobierno y Gestión Pública y Administrador Público de la Universidad de Chile. Magíster en Ciencia Política de la Universidad de Chile y MSc en Psicología Social y Organizacional, y MPhil en Sociología en London School of Economics.

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Luis Ramírez