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Aborto y defensa de la vida: dos criterios espartanos

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Lanzar a alguien a un precipicio por considerarlo incapaz de sobrevivir -como lo hacían los espartanos- es un criterio brutal en cuanto a la vida. No obstante, parece ser ferozmente más honesto que el discurso culposo que impera en nuestras sociedades modernas.

En Esparta, el derecho a la vida de los recién nacidos estaba supeditado a su capacidad de enfrentar la vicisitudes de la existencia. No cumplir tal requisito –y servir al duro sistema espartano- implicaba ser considerado una carga para la polis, y ser abandonado a su suerte en un barranco.

La lógica espartana de selección “casi natural”, partía de una honestidad prácticamente grosera: el reconocimiento de que la sociedad y valores espartanos carecían de espacios para débiles o desvalidos. Parecía decir sin anestesia: Si no eres sano o fuerte, no podemos hacer nada por ti más que dejarte a tu suerte, pues nuestra sociedad no garantiza tu existencia posterior.

Aquel criterio -una moral guerrera según Nietzsche- claramente brutal y arbitrario, hoy es considerado por nuestras sociedades -que se perciben “más civilizadas y humanitarias”- no sólo incivilizado, sino una eugenesia e infanticidio inhumanos.

No obstante, parece ser ferozmente más honesto que el discurso culposo, que impera en nuestras sociedades modernas.

¿Por qué dirán muchos? La diferencia la encontramos en la misma lógica espartana.

A diferencia de los espartanos, nuestras sociedades, al presumirse más avanzadas y modernas, sufren constante culpabilidad ante la situación de los desvalidos y desafortunados -el triunfo de la moral de los débiles, diría Nietzsche.

El problema no es en sí ese sentimiento, sino que la mayor parte del tiempo, aquella compasión es más bien retórica y no práctica.  

En este sentido, el argumento “provida” que plantea que la vida -y el derecho a ésta- son valores superiores a cualquier otra consideración, ya sea legal, ideológica, religiosa, económica o clínica, y que por tanto deben ser protegidos a toda costa, es en sí impecable. Nadie podría decir lo contrario en cuanto al valor máximo de la vida humana.

Pero, hay un vacío no saldado, que ninguno de los autoproclamados provida aborda de frentón, y que al parecer los espartanos si enfrentaban -quizás no de forma civilizada- pero si más valiente:

¿Qué ocurre con los individuos después de nacer, sobre todo con aquellos cuya existencia podría ser más difícil una vez fuera del útero de sus madres? ¿Quién los protege realmente? ¿Qué hace nuestra sociedad ante ellos?

Ahí radica la falencia –casi cínica- del argumento de los sectores autoproclamados provida. Al igual que aquellos que proclaman el igualitarismo, parecen hacerlo de forma más bien abstracta. De manera ilusoria. Nunca concreta. 

Porque, aunque plantean que la vida debe ser protegida desde la concepción y sin escatimar recursos, en sus argumentos se desligan casi absolutamente de lo que implica la vida más allá del vientre materno. Sobre todo, la de aquellos menos afortunados por los cuales la sociedad actual parece no hacer nada.

Es decir, aunque no lo quieran, su lógica es igual a la de los espartanos –e incluso a la de quienes están a favor del aborto-: Defendemos tu derecho a nacer, pero te dejaremos a tu suerte, pues nuestra sociedad, no garantiza tu existencia posterior.

Entonces, la vida –tan defendida de forma abstracta- en la práctica, y una vez fuera del útero materno, en muchos casos, y sobre todo cuando la existencia posterior se dilucida compleja o trabajosa, queda irremediablemente a la deriva y la suerte. Es decir, a los designios de “la selección natural”.

Aquellos que se protegió antes de nacer, una vez fuera del útero, literalmente quedan abandonados a su suerte, lanzados metafóricamente a un barranco simbólico.

———————

Foto: Alegoría de la vida / EncespaicoLicencia CC

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Comentarios

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gabmarin

05 de enero

Jorge, no comparto muchos de los argumentos de los denominados grupos provida, pero en tu columna exageras hasta distorsionar la realidad. Decir que nuestras sociedades no hacen nada por aquellos cuya vida fuera del vientre materno es más difícil, es desconocer décadas de desarrollo de políticas públicas en salud y educación que precisamente buscan entregar oportunidades para quienes enfrentan mayores adversidades.

Supongo que tu reflexión estuvo motivada por el caso de la madre con un feto anencefálico que por estos días ha estado en las noticias, pero ese es un caso extremo y como tal debe ser tratado como una excepción. Porque si extremamos tu lógica argumental, todos los niños que nacen en condiciones de precariedad material y cuyos contextos sociales hacen difícil su vida, también debieran ser abortados.

05 de enero

Gabriela, gracias por tu comentario porque me permite aclarar o agregar ideas que quizás no deje muy claras.

No desconozco que existan políticas públicas o ayuda solidaria, no obstante claramente son insuficientes, no sólo para aquellas familias que deben enfrentar -y generalmente enfrentar valientemente- la enfermedad de un hijo sino también para aquellas familias que por ejemplo, no tienen con quien dejar a sus hijos pequeños para poder seguir trabajando, etc.

Leí ese caso, pero no fue la base para escribir, sino los otros miles de casos -qué no son la excepción- donde “la sociedad” que se dice tan humanitaria, olvida a niños en un barranco simbólico, por ejemplo, en casos con fibrosis quística, VIH, y otras enfermedades costosas.

Y finalmente, mi lógica argumental al decir que los espartanos son más sinceros, no apunta a defender el aborto, sino a mostrar que la defensa de la vida es cínica si sólo es de forma abstracta.

gabmarin

05 de enero

Muy cierto, los derechos son letra muerta si no hay un marco de condiciones mínimas que garanticen su cumplimiento. El derecho a la vida y a la salud es una falsa promesa si quienes tienen dificultades o impedimentos para acceder a ellos no reciben el apoyo adecuado. La progresiva adopción de la declaración universal de los derechos humanos tras la segunda guerra mundial y el desarrollo de políticas públicas en esa dirección, tienden a romper la brecha -en las sociedades que tú denominas más civilizadas y humanitarias- entre lo declarado y su real ejercicio. Falta mucho, pero tras sumas y restas, nuestras sociedades son más justas que la espartana, cuya moral (y sinceridad) entronca más con el III Reich.

05 de enero

A eso apunto, nuestra sociedad se dice inclusiva, solidaria, humanitaria, pero en la práctica es más bien espartana, en sentido metafórico.

Y ojo, que decir que algo es más sincero, no necesariamente implica decir qué es más justo.

Por eso, considero que tanto la postura provida como la pro aborto, mantienen una lógica espartana.

06 de enero

Muy buena tu columna, Jorge Andrés. Es un buen insumo en el debate que se inicia a pasos de tortuga y que muchos quisieran evitar.

Al comparar con Esparta, no pude dejar de pensar que aquellos que dicen defender la vida, han sido negligentes en la elaboración de políticas publicas que asistan a la familia y a los menores cuya vida se les hace + difícil, por alguna malformación o discapacidad. En este punto, no deja de ser ejemplificador que los centros de la Teleton, fueron impulsados por privados, y el Estado, simplemente aplaudió y años mas tarde, sigue aplaudiendo y se sienta como invitado al espectáculo que se monta durante 24 horas.

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