Columna en Sociedad
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A mi padre con…

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Se acerca del día del padre y como a pesar de que físicamente estamos cerca, tú no escuchas a tus hijos, por lo tanto he decidido escribirte. Aunque, sé que no lo leerás.


Si hay dolor y decepción en nuestros corazones, es porque tú lo quisiste, tú lo hiciste con ese amor y respeto que algún día te tuvimos. Por eso, hoy te dedico estas líneas, a ti y a todos esos padres que para lo único que sirven es para ser mal ejemplo.

Comencé a recordar mi infancia, te conocí cuando tenía 10 años, o al menos ahí llegaste definitivamente a casa, luego de despilfarrar tu vida en Argentina. Recuerdo que nunca te acordaste de un cumpleaños mío o de mis hermanos, ni hablar del cumpleaños de mi madre.

También vinieron a mí recuerdos de cuando mi mamá lloraba por tu ausencia, mientras tú hacías lo que querías al otro lado de la cordillera. O cuando el día más doloroso de mi madre, la hiciste sentir aún peor. Qué bonito.

También me acordé de las veces que le coqueteabas a la vecina, frente a mi mamá y a nosotros. Cuántas veces no necesité de alguien que me guiara en la vida, entender cosas que a esa edad uno no tiene respuestas. Las veces que le decías a los otros lo orgulloso que te sentías de nosotros, pero cuando el resto se iba, ya nada era igual.

Ni hablar de las cagadas que te mandaste con mi vieja, del dolor que le hiciste sentir y ni siquiera en su lecho de muerte fuiste capaz de pedir disculpas. Cuando era yo el que necesitaba consuelo, fui yo a secarte las lágrimas de cocodrilo. Y como si eso fuera poco, de los otros 11 hijos que nacieron antes que nosotros, ellos también fueron víctimas de tu mal actuar, de tu desvergonzada forma de ver la vida. Recuerdo cada instante en que nosotros, tus hijos estuvimos siempre al último en tu fila de importancia. En donde al resto le perdonabas todo y a nosotros nada. Y aún así, mi santa madre nunca nos habló mal de ti, ni una sola palabra y tú, solo te encargaste de ensuciar su nombre.

Hoy en el día del padre, me encantaría decirte tantas cosas, pero como no te interesa saber lo que le ocurre a tus hijos, decidí escribirte. Aunque sé que ni siquiera te enterarás de esto.

No tengo odio contigo, siento una pena profunda por las cosas que hiciste, porque te mandaste tantas cagadas como la vida te lo permitió y aunque la vida te premió con nuestra familia, la destrozaste como a las otras 3 anteriores. Hoy, como siempre tu orgullo te domina y ni siquiera aceptaste el amor de tus hijos, en fin. No hay mucho más que pueda hacer.

Hoy, aún no soy padre, pero tengo muy claro como no quiero ser. No quiero ser como tú, que nunca te importó nuestra vida, incluida la de mi mamá. Me siento orgulloso que mis hermanos, que hoy son papás, son muy diferentes a ti. Que quieren y aman de verdad y que tienen la fuerza de sacar a sus familias adelante. No como tú.

Por eso hoy, ya ni acercarme a ti puedo. Porque prefieres morir en tu ley de mierda. No creo en lo que dices ni en tus lágrimas de cocodrilo, no me apena lo que te pasa ni menos, me interesa.

Si hay dolor y decepción en nuestros corazones, es porque tú lo quisiste, tú lo hiciste con ese amor y respeto que algún día te tuvimos.

Por eso, hoy te dedico estas líneas, a ti y a todos esos padres que para lo único que sirven es para ser mal ejemplo. Así como tú, te farreaste el amor de tu familia, espero que a los padres que son iguales, les pase lo mismo.

Para ti, con una profunda decepción, feliz día papa…natas.

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Servallas

21 de Junio

Mirando desde mi colina no puedo dejar pasar esta historia de vida, esta triste historia que hace de las mujeres mis figuras de admiración, con errores y carencias, con falta de educación o con ella, gracias a ustedes mujeres de mi vida, a todas yo les debo una parte de mi, siempre he recibido de ustedes sólo cariño y amor, de los hombres a veces sólo se recibe dolor y vacíos, como en la historia de vida que leemos más ariba.