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Salud mental en Chile: una sociedad sobreadaptada

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Algo debe ir abriéndose paso: la necesidad que un país se pueda medir no solo en base a resultados, y que estos además, no estén circunscritos a indicadores exclusivamente económicos. Es necesario que para nuestra evaluación como sociedad podamos incorporar también indicadores que nos digan algo sobre los efectos en nuestra convivencia, de nuestras dinámicas materiales, y de los costos en la producción de la marginalidad humana y social que conlleva.

Los indicadores de la salud mental en nuestro país son alarmantes. Tanto por el número de chilenos y chilenas que se ven afectados por algún padecimiento de este tipo, como por las pobres respuestas de políticas públicas e institucionalidad para enfrentar esta situación y la invisibilidad para evaluarlos como indicadores respecto de nuestra organización social.

1. Una de cada tres personas padece problemas de salud mental en algún momento de su vida. Santiago tiene el triste liderazgo de capitales con mayor presencia de trastornos ansiosos y depresivos en el mundo

2. Según datos de la Encuesta Nacional de Salud (2009), un 17,2% de la población chilena mayor de 15 años,  presentó síntomas depresivos. Ellos se presentan en un 25,8% en mujeres y en un 8,5% en hombres. En EEUU, la tasa alcanza la mitad de esa cifra.

3. Dentro de los países de la OCDE, Chile presenta la mayor tasa de aumento de los suicidios. Entre 20 y 44 años, constituye la segunda causa de mortalidad, con un 12,8%, superando a causas provenientes de enfermedades derivadas como el SIDA y las afecciones cardíacas. Dentro de la población laboralmente activa, estos indicadores no son distintos.

4. Las licencias médicas por trastornos de este tipo a partir del año 2006, ocupan el segundo lugar de prevalencia, su peak fue el año 2008, donde llegaron al primer lugar.

5. Según un estudio de la Achs, (2009), el consumo de psicotrópicos en los trabajadores chilenos alcanza el36,9%.

6. Según la última encuesta de calidad de vida en Chile (2010), 1 de cada 3 chilenos de entre 22 y 60 años, presenta síntomas permanentes de estrés.

7. Según datos del servicio de salud mental del HTS de Santiago, el número de casos de neurosis laboral, entre el 2000 y el2007, aumentó en un 300%.

Las estrategias contenidas en los planes de salud mental han demostrado de modo invariable el fracaso para hacer frente a esta situación.

8. Chile, dentro de los países de la OCDE, es uno de los que destinan menos recursos públicos para financiar el gasto en salud mental. El año 2004 el aporte al financiamiento de la salud mental en Chile alcanzaba sólo el  2,14% del presupuesto total de salud. Lejos del 6% que se destina en Estados Unidos, o el 8% que tienen Costa Rica y Uruguay, más aún del9,6% de Australia o el 11% de Suecia o Nueva Zelanda.

9. De las 69 patologías que actualmente cubre AUGE/GES, menos de 5% están asociadas a salud mental, siendo que los trastornos de este tipo corresponden a 23,2% del costo total de enfermedades en Chile.

10. La Encuesta Nacional de Salud realizada en 2003 por el Ministerio de Salud indicaba que el 17,5% de los encuestados había presentado síntomas depresivos durante ese año. En la misma encuesta realizada en 2009,  y ya incorporada la depresión dentro de las patologías AUGE/GES a partir del 2006, el porcentaje se mantuvo en un 17,2%. Las tasas de suicidio entre los años 2000 y 2009, aumentaron de 9.6 a 12, 7 defunciones por cada 100.000 habitantes, siendo mayor en hombres (20,8) que en mujeres (5,0).

11. Las proyecciones oficiales eran que para el año 2012, se destinara un 5% en salud mental. Al año 2012, esa cifra sólo alcanza a cerca del 3%.

12. Otros estudios sobre consumo de alcohol y drogas tienen porcentajes de esta misma envergadura. Agrava esta situación el que estos indicadores no consideren otras afecciones que desde el campo de la psiquiatría o psicología tienen un importante origen o componente de contenido psicológico, como por ejemplo, todo el campo de los trastornos psicosomáticos.

Por otra parte, existen numerosas propuestas respecto de cómo enfrentar, desde el campo de la salud pública, este creciente fenómeno. Desde, por supuesto aumentar el gasto público en salud mental, hasta iniciativas legislativas que expandan su cobertura en el acceso y en el tiempo de los tratamientos. Una medida en ese sentido es instaurar un sistema similar al Parity Law de Estados Unidos, que permite la paridad en el tratamiento de la salud mental y la salud física, tanto en el sector público como el privado.

El año 2009 la SUSESO implementó un plan piloto para evaluar los factores psicosociales asociados a la organización del trabajo. Es decir, detectar el origen de estos, para su variación, y no solo el tratamiento de sus efectos sintomatólogicos. Este plan fue una adaptación de instrumentos usados con regularidad en algunos países europeos, que permiten intervenir la organización misma de los diseños de los ambientes laborales cuando constituyen factores patógenos. Finalmente el año 2010, este proyecto fue abortado. Sin embargo el entender este fenómeno y proponer estrategias solo desde el campo de la salud pública o desde una mirada exclusivamente médica, puede obturar o silenciar lo que conlleva como mensaje cifrado de malestar o protesta societal.

El malestar social

Un riesgo en el abordaje de esta preocupante realidad de la salud mental en Chile, es enfocar esta situación solo como un problema de salud pública, el cual por cierto es imprescindible y urgente incorporar. Sin embargo, también es necesario relevar estos graves indicadores, a la evaluación sobre el modelo de organización social del cual emerge esta sintomatología.

Un interesante y reciente artículo hecho en Ciper, postuló la “alta y significativa correlación entre el número de suicidios y el aumento del PIB en el período1981-2003, un resultado que permite inferir que el suicidio se encuentra estrechamente asociado a un proceso de desarrollo económico atravesado por profundas desigualdades”, concluyendo que la alta tasa de padecimientos en el campo de la salud mental, constituye una silenciosa expresión del malestar o protesta, de la sociedad chilena respecto de su forma de organización.

Otros estudios  han observado que el pertenecer a estratos socioeconómicos bajos se asocia con mayor riesgo de padecimientos en salud mental, lo que muestra otra cara de la desigualdad social. Comúnmente se asume que este tipo de trastornos son expresiones personales de desadaptabilidad  social, y que las intervenciones  terapéuticas debiesen permiten revertir esta situación.

Sin embargo es posible entender esta realidad  de una manera radicalmente inversa. La alta explosión de estos tipos de trastornos, que coincide con el auge de periodos de desarrollo y crecimiento económico, puede ser más bien la incapacidad o resistencia subjetiva de sobrellevar una dinámica en que la sociedad chilena ha debido sobreadaptarse a altísimos niveles de exigencias. En esos términos, los indicadores de salud mental corresponderían a una sintomatología de una sociedad maltratada y extenuada.

¿Qué se puede entender como una sociedad sobreadaptada?

Se entiende como la sobrexigencia a la realidad ambiental, en perjuicio de las propias necesidades y posibilidades, y con particular detrimento de su capacidad de simbolización como sociedad o, de construcción de un sentido compartido. La estereotipia de una sociedad, en la que el ambiente se prestigia y la interioridad y el sentido se oblitera, con abierto orgullo por la capacidad de trabajo, ajuste y rendimiento. Una sobreadaptación ejecutada por medio de una precoz disociación respecto de un desarrollo cultural acorde;  y realizada a través de un seudoaprendizaje rígido e impuesto, y en la asunción sin protesta de una ideología que nos adjudican, a la espera de rápidas satisfacciones narcicistas. Que por otra parte, implica el fracaso simbólico en la producción de sentidos colectivos, reemplazadas por expectativas sociales a satisfacer.

La sociedad chilena ha tenido que transitar por este aprendizaje, en un corto periodo y en la carencia de traducciones simbólicas y producciones de sentido para quienes las encarnan. Por cierto que esta sobreadaptación societal, es leída muchas veces como indicador de bienestar y orgullo, pero dicho en términos psicoanalíticos, satisface un ideal de yo patológico. En ese sentido, las recurrencias de trastornos emocionales y psicológicos son intentos de denuncia a este sojuzgamiento o incapacidad de sobrellevar esta dinámica y exigencia de sobreadaptación.

Más allá de las posibles lecturas, desde distintas posiciones epistemológicas a este respecto, algo debe ir abriéndose paso: la necesidad que un país se pueda medir no solo en base a resultados, y que estos además, no estén circunscritos a indicadores exclusivamente económicos. Es necesario que para nuestra evaluación como sociedad podamos incorporar también indicadores que nos digan algo sobre los efectos en nuestra convivencia, de nuestras dinámicas materiales, y de los costos en la producción  de la marginalidad humana y social que conlleva.

La salud mental nos está indicando que estos costos han sido y son altos. Y que esta subjetividad maltratada y extenuada, escapa a las encuestas, porque estas últimas, solo muestran, las expectativas no cubiertas aún por una sociedad que sobre adaptada, y todo, pulsa más allá de sí mismo.

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Comentarios

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AnaMariaMorettiGarcia

12 de enero

Al parecer nos estamos transformando en robots de un sistema que socialmente esta quebrado. NO todo es plata!! Hay tanto por hacer..No todos estamos en la misma.. Jovenes, trabajadores, estudiantes, y tantos otros que piensan un Chile mas justo, equitativo y mas SANO!

claudia

06 de diciembre

Me siento totalmente interpretada por el autor del artículo. Sin embargo, agregaría que, si a nosotros los y las trabajadoras de la salud mental se nos exige “producción” (no sé aun lo que debemos producir ¿felicidad?), qué se espera para el resto de las y los trabajadores.

Eugenia Farías Cerpa

07 de enero

Muy bueno, claro, preciso ; usa además datos actualizados para abordar un tema que indudablemente nos afecta a todos en mayor o menor grado…… el mayor mal de esta época.

E.F.C (matrona)

Salud mental en Chile: el olvido (o represión) del gran malestar - El Quinto Poder

18 de diciembre

[…] en un anterior artículo del 2012, en este mismo medio, señalé algunos de estos alarmantes indicadores. Recientemente, […]

16 de febrero

Es justo escoger, robusta, como la palabra que describe mejor la compilacion estadistica de Pancho. Sin embargo el problema no es lo que la gente no sabe, que es grave. Sino, lo que la gente sencillamente no entiende.

Cifras dejadas caer sobre mayorias ignorantes del complejo administrador de lps recursos públicos, como lo hace Garay, solo aumentan la frustracion y la confusión de la gente.

Poco sentido tendria que un tomate, si pudiera, nos gritara YO SOY UN TOMATE. Ya todo Chile siente el infame peso del estrés y la depresión que genera la desigualdad más obvia que lo rojo de un tomate.

Sobre lo de sociedad sobreadaptada, no estoy seguro y, casi no estoy seguro que tengamos sociedad.

María

04 de septiembre

No soy chilena.. pero el poco tiempo que tengo aquí he notado el porque de esas estadísticas.. primero tienen una jornada de trabajo agotadora.. deben rebajar las horas de trabajo diaria.. segundo en los colegios dan mucho contenido junto y muchas horas de clases.. de paso mandan mucha tarea.. están estresado a los niños.. eso es más grave aún.. les quieren enseñar tanto que a la final no aprenden nada.. tienen un problema con querer hacer todo rápido.. eso produce estrés y dejan de hacer las cosas bien..

Así que deben entender que del apuro sólo queda el cansancio..

El gobierno debe educar a la población y tomar medidas porque ustedes mismo se están enfermando..

Además no duermen.. eso es grave..

Así que a relajarse ..

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