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No estoy loca: La irresponsabilidad social

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En Chile, el año 2017 se lanzó el nuevo Plan Nacional de Salud Mental, el cual implica un gran avance en los objetivos y las metas que se tienen para mejorar la salud mental de las personas hacia el futuro. Actualmente, se estima que, en Chile, más de un 20% de la población tiene algún problema en este ámbito, hecho que, a pesar de los últimos esfuerzos por parte del Sistema de Salud, sigue sin ser considerado por la mayor parte de la población.

Este tema fue desarrollado por Nicolás López en su última película: “No estoy Loca”. El largometraje aplica un humor simplista, puesto en escena tan indiscriminadamente por su director, que uno olvida que la representación que se hace de los distintos contextos desarrollados a lo largo del filme pueden ser algo más que ficción. De esta descuidada manera es que tan fácilmente se describen y dan a conocer realidades que muchos conocen, pero no entienden: el contexto dentro de un hospital psiquiátrico, el tratamiento psiquiátrico y, mucho más importante, las personas que requieren de algún tipo de atención en salud mental.

La película trata sobre la vida de Carolina, quien ve mermada su “normalidad”, por una infidelidad. Carolina tiene conductas limítrofes con el alcoholismo, lo que, sumado a un estado depresivo provocado años antes por la muerte de su padre, la noticia de su infertilidad y la ruptura de su relación, la llevan a un intento de suicidio. Este evento provoca que sea internada en lo que comúnmente se conoce como un “loquero”, o “manicomio”, y que, según cómo se muestra en la película, no se asemeja a un complejo asistencial de Salud Mental como los que existen actualmente.


Es imperativo que tanto el cine como cualquier forma de expresión haga un elemental esfuerzo por responsabilizarse de los tópicos que usamos en el humor, puesto que muchos replican sistemas discriminadores, que pasan a llevar la dignidad y los derechos de las personas.

Desde un comienzo, el lente con el que se mira la situación de la protagonista es igual a como la minoría de la población -la minoría más acomodada- podría aproximarse a los problemas de la vida. Esto no es ningún secreto, López lo reconoce como una característica de sus películas, escribe desde donde conoce y de aquella manera logra hacer una representación humorística de lo que comprende como realidad. Es aquí, en la expresión humorística, donde se desentiende lo que en algún momento podría concebirse como crítica.

Dentro de este centro, la protagonista conoce muchas personas “locas” (como los nombran en la película), que corresponden a supuestos pacientes con patologías de salud mental, los cuales son ridiculizados y que son presentados con conductas estereotipadas, exhibición que en el público causa mucha gracia y no falla en sacar carcajadas. Y no solo se encarga de caricaturizar a los pacientes, pues cada profesional que figura en la película es descrito de la manera más burda imaginable, disfrazando como crítica lo que finalmente es simplemente una descripción por parte de alguien que no tiene conocimiento alguno del cuidado y del profesionalismo que existe en el sistema de salud en Chile.

Mucho del humor es ridiculización: del lenguaje chileno, de la clase alta o de las relaciones. Lo que en un principio fue ridiculización del consumo excesivo de alcohol, de las relaciones abusivas y de amistades tóxicas, pasó a ser de los pacientes psiquiátricos, del tratamiento y de los profesionales. Por sobre todo, Nicolás López demuestra que en momento alguno se preocupó de recaudar información para hacer una representación real de aquellas personas dentro del hospital psiquiátrico, o si lo hizo, no hizo intento alguno de ocupar la información que obtuvo para dar un retrato auténtico, lo que es aún peor.

Lo que se disfraza como humor ligero dispuesto para relatar una historia dramática que tiene como objetivo normalizar la “locura” latente que yace dentro de todos nosotros, termina siendo una herramienta muy mal aplicada, que ridiculiza y segrega a las personas con patologías psiquiátricas, simplificando el tratamiento descrito como banal y haciendo una comprensión general del trabajo que en Chile se realiza en el ámbito de la Salud Mental que roza lo absurdo. Es imperativo que tanto el cine como cualquier forma de expresión haga un elemental esfuerzo por responsabilizarse de los tópicos que usamos en el humor, puesto que muchos replican sistemas discriminadores, que pasan a llevar la dignidad y los derechos de las personas.

Desde nuestra perspectiva, puede considerarse que “No estoy loca” es una película peligrosa, que viene a replicar las conductas estigmatizadas de la salud mental, a reforzar la desconfianza en los profesionales de la salud, a ridiculizar a los pacientes con patologías psiquiátricas y a ignorar todo el paradigma actual de la salud mental, hablando de instituciones carcelarias, dejando de lado la dimensión social del proceso de salud y demonizando tanto los tratamientos como las terapias esenciales. Es peligrosa, además, porque es parte de la taquilla, porque está dentro del top 10 histórico de películas chilenas, y porque ha vendido casi 400 mil tickets, que se traducen en 400 mil personas que se llevaron para la casa un mensaje discriminatorio, que ningún bien le hace a la salud chilena.

Francisco Ahumada

Estudiante de Terapia Ocupacional, Universidad de Chile

Alejandro Cáceres

Estudiante de Enfermería, Universidad de Chile

TAGS: #Discurso #SaludMental Discriminación

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02 de febrero

No he visto la película aún, soy usuaria del sistema de salud mental y con esta columna me tomaré la molestia de verla y después contestar que tanto de lo que exponen hay.

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