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El Sida y yo: Cartas a mi terapeuta

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quiero que sepas que tengo mucho por vivir, que tengo mucho amor por entregar, que soy una mujer fuerte y que lucharé hasta el final por seguir adelante

Un 17 de mayo, hace 21 años atrás, se elimina la homosexualidad como parte de las enfermedades mentales consideradas por la Organización Mundial de la Salud. Ese día también dio pie para la conmemoración de las personas muertas por el VIH/SIDA. Como psicólogos, constantemente nos consultan mujeres y hombres,  de todas las edades, con distintas orientaciones sexuales y variadas conductas de la misma. Vemos a personas recién notificadas completamente desesperadas, llenas de mitos y prejuicios, mal orientadas, solo buscando un espacio de contención, orientación y escucha. Hacer frente a esto es fundamental, desde una política real y de Estado.

A continuación presentare la carta de una mujer que atiendo en mi consulta, la presento con autorización de ella y en total anonimato, pero lo más importante es que la evidencio como un documento político, pues su cuerpo es político y sexual:

“Mis temores, mis dolores, mis deseos y mi realidad. Tomo un papel y lápiz y me dispongo a escribir… toda una preparación previa para darme ánimo y valentía de hacerlo. Qué difícil es y de solo pensarlo mis ojos se llenan de lágrimas como una tristeza ahogada y oculta. Desde que me pidieron que hablara de ti, he evadido hacerlo, me cuesta mucho enfrentar una realidad y darle “un rostro” a lo que me aterra. Llegaste a mi vida sin siquiera imaginarlo, entraste en mi cuerpo, en mi mente, en mí como un huésped que llega a casa sin ser invitado… mi casa (mi cuerpo) que cuidé, pero no fue suficiente. Cuando llegaste no podía creerlo. ¿Por qué me sucede esto a mi? ¿Por qué tenía que pasarme esto a mi? ¿Qué hice tan mal para tener que cargar con este dolor? Es una situación que me amenaza y que no puedo hablar libremente, por temor a ser juzgada, por temor a ser estigmatizada, al rechazo de la gente o a su lástima. Cuando supe que eras real y que te metiste en mí, no supe qué hacer, gracias a Dios mi familia estaba a mi lado y me entregó su amor, su apoyo, su comprensión y hasta hoy está conmigo. Sé que soy muy afortunada de tenerlos a mi lado y que pase lo que pase, ellos estarán siempre conmigo. Muchas veces me pregunté ¿Por qué yo? Y a veces al pensarlo, lo vuelvo a preguntar. Pero estás aquí y ahora solo debo reforzar mi mente, liberar mi alma de toda culpa y aprender a vivir contigo, porque ya estás aquí, no hay nada que pueda hacer para volver el tiempo hacia atrás y pensar en evitar lo que ya fue. ¿Quién eres? ¿Eres un castigo por algo malo que hice en mi vida? ¿Eres un karma que debo cargar para siempre? Y aunque quisiera gritarte, para decirte fuera de aquí, sé que no sirve de nada y debo seguir adelante y aprender a conocerte, aceptarte conmigo y llevar esta convivencia lo mejor posible. Es tan doloroso. ¿Sabes? aún recuerdo cuando lo supe, mis padres me acompañaron y mi madre se quedaba conmigo y en medio de la noche me despertaba y ella me abrazaba. Llorábamos juntas y como una niña pequeña me consolaba, ahí sentí el verdadero amor de una madre, su amor, su entrega su protección, como cuando era pequeña, algo me sucedía y ella me reconfortaba. ¿Por qué estas aquí?  Y no sabes que tu presencia me causa dolor ¿Cómo puedo aprender a vivir contigo? ¡Por favor, dime!

Tu rostro me da miedo y lo que puedas hacer conmigo me aterra, cómo te llevo y te explico que no quiero que me hagas daño, cómo lo hago para que entiendas que debo aprender a vivir contigo y que seamos amigos.

Solo quiero entenderte y llevarte conmigo de la mejor manera posible. Sueño con el día en que todas estas sensaciones ocultas solo sean parte del pasado y que mi corazón, mi mente y mi alma sanen para seguir adelante y vivir una vida sin miedo, sin fantasmas, sin temor a tí aunque estés aquí. Ahora eres parte de mí y quiero que sepas que tengo mucho por vivir, que tengo mucho amor por entregar, que soy una mujer fuerte y que lucharé hasta el final por seguir adelante, que Dios me acompaña y que tengo una familia maravillosa a mi lado y que me entregarán su apoyo incondicional. No me dejaré vencer y estoy aprendiendo a vivir contigo a mi lado, no serás mi enemigo, serás mi compañero en todo el camino que me queda por recorrer. Todo lo que tengo y lo valioso es mi alma, mi espíritu, mi corazón, nada de lo que suceda pod.rá comprometer mi verdadero yo. Aunque flaquee a veces y me debilite otras, sé en mi interior que saldré adelante. Es una promesa”.

Se debe pensar en políticas públicas que apunten a una educación sexual que cruce género, identidad y conducta sexual, con el fin de disminuir el riesgo de transmisión y que llegue a toda la población, niños, jóvenes, adultos y ancianos, respetando en ellos su ciclos vitales, pero no excluirlos de algo que es tan propio del ser humano como la sexualidad. Comprender que la pandemia no puede ser exclusivamente atendida desde el modelo biomédico y que se deben considerar los factores psicosociales en su prevención y atención. Aquello resulta hoy más importante que nunca, pues el modelo médico logró dar una respuesta adecuada y bajar la tasa de muerte a través de los medicamentos.

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