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Diagnóstico Infantil: ¿Para los adultos o para los niños?

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El problema del psicodiagnóstico es que muchas veces pensamos solo en las conductas y en lo observable al clasificar y se deja de lado el sufrimiento del niño.

¿Qué tema puedo tratar sobre ética profesional en el área de psicología? Hay tantos temas hoy en día que están sin discutir, casi todos relacionados con las malas experiencias que tienen las personas con los psicólogos a lo largo del país. Algunos psicólogos chantas que hemos visto en más de un documental en 24 horas, otros psicólogos vendidos que se dedican a opinar desde lo personal en matinales chilenos, enfocándose principalmente en amas de casa que no se van a cuestionar lo oído porque después de todo, lo dijeron en la tele; otros que crean libros de autoayuda que en su mayoría no son más que autobiografías narcisistas que niegan la individualidad e historia de cada persona, individualidad que implica vivir situaciones similares de manera diferente y venden sus libros aprovechando de su fama y enfocándose en el dinero y, por cierto, más fama. Y el resto nos sentamos a mirar con lástima. No sé cuál es peor, la acción o la no-acción (porque es más que pasividad). Aquí también está en juego lo ético.

No sirven para nada” “Fui un año y siento que perdí plata” Fui a un psicólogo muy malo”“Fui a un psicólogo que quería que mi hijo fuera al psiquiatra, pero mi hijo no está loco así que nunca más volví”son frases típicas del chileno. Y uno, como terapeuta decidido y apasionado, invierte un balde de energía en explicar que no todos los psicólogos son malos, que en su mayoría son bastante profesionales y orientados a las personas, pero que como en todas las profesiones, hay psicólogos buenos y otros no tan buenos (por decirlo coloquialmente).  Después de varios “Con todo respeto, pero me cargan los psicólogos” me di cuenta que para quitar esta etiqueta, y recalco etiqueta porque es una palabra que usaré bastante, no basta con convencer a la gente de que no es el caso de todos los psicólogos, sino que es necesario hacer un llamado a la reflexión a los psicólogos en Chile, para que sean conscientes de la reputación que nosotros mismos nos armamos día a día y psicoeducarnos (esa palabra que a tantos nos gusta ocupar) nosotros mismos.

Fue después de esta reflexión que tuve el impulso típico del joven universitario que busca cambiar el mundo, con la convicción y pasión que eso requiere. Pero, “el que mucho abarca poco aprieta” así que decidí empezar de a pocos, con un tema que me aflige desde que comencé mi práctica clínica hace unos años atrás: el sobrediagnóstico clínico infantil. Sí, sobrediagnóstico porque lo que se está haciendo hoy en día es diagnosticar  casi automáticamente a cada niño que llega a terapia, incluso los mismos centros te piden tener un diagnóstico en las primeras tres sesiones, como máximo. Esto me molesta por dos razones: 1) porque no puede uno diagnosticar, etiquetar,en 3 sesiones a un niño. Los niños son maravillas complejas, y eso requiere trabajo.  Pareciera que hoy en día hay una pasión por diagnosticar, etiquetar, clasificar. Como si eso fuese a resolver el problema. 2) Si en Chile existiera una educación de calidad para todos, o los libros no tuviesen los impuestos más caros de Latinoamérica, probablemente el sobrediagnóstico no sería un problema tan grande como lo es hoy, porque seríamos todos psicólogos educados y al día. ¿Cuántos psicólogos leen después de egresar? ¿Cuántos tienen el deseo de actualizar y profundizar sus conocimientos? ¿Cuántos salen de lo mediocre, y buscan ir más allá?

Y bueno,  como el DSM-IV tiene cientos, cientos de diagnósticos, me enfocaré en lo que creo que más se está sobrediagnosticando, el famoso síndrome ADD – ADHD: Trastorno de Déficit atencional con o sin hiperactividad.

Casi siempre llega un niño a la consulta con un diagnóstico de un colega que previamente lo etiquetó, lo trató, lo dio de alta, y 6 meses más tarde la madre busca desesperada ayuda nuevamente. Y así comienza el ciclo vicioso. “A mi hijo lo diagnosticaron con ADD cuando tenía 4 años”. Quién iba a pensar que a los cuatro años ya podíamos decirle a un niño que no era capaz de prestar atención (he ahí la palabra déficit). A los cuatro años los niños juegan, imaginan, crean y con eso, aprenden. Pero en el caso de este paciente, a los cuatro años lo etiquetaron y ha estado yendo y viniendo al psicólogo durante años, tomando algún fármaco que lo atonta y lo transforma en un chico de 10 años farmacodependiente, conocido por todos los profesores en el colegio como el “ADD” y tratado como especial-diferente, “le cuesta más” “pobrecito” “hay que entenderlo”. Y el pobre chico lleva seis años creyendo que realmente, pobrecito él, y cómo le cuesta aprender. El orden causal entonces queda invertido: ya no es que el niño hace esto y esto otro porque es ADD, sino que a partir de esto se construye una identidad que se vuelve causante de todo lo que pasa, dejando encerrado al niño en una calle sin salida. La etiqueta pasa entonces a ser un obstáculo para la identidad. Eso es grave. A mí me parece que aquí hay un trabajo poco ético que se remonta en efecto dominó: poco ético el colega, poco ético el supervisor del colega, y así sucesivamente. A mi parecer en un caso como este, el artículo 11° del código de ética del colegio de psicólogos se ve violado, en especial la parte que se enfoca al bienestar del cliente. Pero, no es de malos, es de poco informados. Hay poca lectura, poco deseo de ir más allá. O en muchos casos, han sido enseñados de esa forma, entonces ¿cómo culparlos? Esto no quiere decir que botemos el DSM a la basura, que tratemos sin diagnosticar, lo que yo intento decir es que debemos educarnos más no solo como terapeutas, sino como personas, y no dejar de lado algo tan básico como el sentido común. ¿Tiene sentido diagnosticar a un niño? Un niño cuya personalidad no está desarrollada, un niño que debe responder a lo que quieren sus padres y por ende, no puede decir: no quiero tomar pastillas porque me hacen lento. O puede decirlo, pero no ser escuchado (¡peor!). Como los niños son sujetos en estructuración, ¿podemos encuadrarlos en las mismas categorías que encuadramos a los adultos? Por otro lado, el problema del psicodiagnóstico es que muchas veces pensamos sólo en las conductas y en lo observable al clasificar y se deja de lado el sufrimiento del niño.

Cuando le envíe una carta al colegio de psicólogos explicando mi inquietud, ofrecí mi ayuda para participar en la ideación y/o planificación de seminarios o blogs orientados a terapeutas jóvenes como yo, recalqué las cosas que había vivido muy de cerca en distintos centros en Santiago, en que el diagnóstico no se tomaba con el peso que debía tomarse. Mostré mi preocupación al ver un mal uso del DSM-IV, y que era para preocuparse puesto que estaban en juego seres humanos en desarrollo. Expliqué que muchos terapeutas jóvenes no están al tanto del poder que tienen sobre un diagnóstico, no comprenden o no conocen que esa etiqueta puede marcar de por vida, como un tatuaje en la frente en los niños, porque estamos en una sociedad en la que todo necesita una explicación científica, en la que la vida psíquica aún no es tan comprendida. A nosotros nos enseñaron la anamnesis, y buscar en el libro qué calza mejor, nada más que eso. Todo esto fue enviado a modo de carta escaneada, con mi firma y todo, titulada “Carta Reflexiva”. La respuesta que obtuve por parte del colegio fue la siguiente:

En el ejercicio profesional, vemos cómo el Trastorno por Déficit de Atención (TDA) es un diagnóstico que ha aumentado su frecuencia. Sin embargo no conocemos estudios de prevalencia que nos permitan cuantificar este aumento y establecer si es realmente significativo o no. Creemos que es importante tener prudencia en afirmaciones que comprometen datos que parecen poblaciones.”

Esto acompañado de una extensa explicación de cómo el DSM-IV reflejaba un trabajo arduo de la comunidad científica (haciendo oídos sordos a mi critica no al DSM-IV, sino a los que lo usábamos), y un listado de estudios comparativos realizados en Estados Unidos que mostraban con claridad el éxito que tenía el tratamiento cognitivo-conductual junto con tratamiento farmacológico para tratar el ADD. (¿Éxito desde el punto de vista de los adultos o de los niños?) Creo que basta tener sentido común para leer esto último planteado por el colegio y darse cuenta del problema allí escondido y cobijado detrás de un grande.

Como si esto no fuese suficiente, añadieron que:

Sobre el rol de psicólogo, sibien aún no contamos con un endofenotipo descrito a cabalidad, sabemos que es un trastorno del neurodesarrollo con consecuencias conductuales. Por ello, la definición del diagnóstico es clínica y no cognitiva, neuropsicológica o afectiva.”

Vaya, no sé cómo reaccionar a esto último. Mucha palabra grande y pocaactitud. Para que decir que ni hubo mención de mis ofrecimientos, ni se leyócon detención la carta, a mi parecer. Lo primero que pensé fue “bueno, le tengo fe a los jóvenes, no tanto así a los viejos”.

Con mi poca experiencia recalco lo importante que es,al conocer a un niño, preguntarse ¿Qué le ocurre realmente a este niño? ¿Qué es lo que a los padres les molesta? ¿Qué le molesta a los profesores? Porque para que estamos con cosas, muchas veces somos los adultos los que no soportamos y los que no sabemos manejar situaciones. Beatriz Janin, psicoanalista argentina, explica en su libro Niños desatentos e hiperactivos:

“La medicación es la primera salida frente a las dificultades de aprendizaje, indicada en muchos casos desde los mismo maestros, presionados a su vez por las exigencias sociales, tanto de los padres como de las autoridades, de que todos los niños aprendan a un mismo ritmo. Y esto en un mundo en el que lo que importa es el rendimiento, la eficiencia, en el que el tiempo ha tomado un cariz vertiginoso y los niños están sujetos a la cultura del zapping. Esto nos llevaría incluso a preguntarnos qué tipo de atención requerimos cuando les pedimos que sigan el discurso del docente a niños a los que socialmente se los incita a atender estímulos de gran intensidad, de poca duración y con poca conexión entre sí

Todo esto tiene relación directa con la exigencia social a la que sometemos a los niños, para que se preparen para ingresar a una sociedad en la que muchos quedan afuera. Medicamos al niño con dificultad en el aprendizaje y los padres quedan fascinados porque, efectivamente, mejora el rendimiento (volvemos a lo observable). Pero los niños parecieran no estar de acuerdo con los padres.

No podemos pensar que una pastilla o un diagnostico lo soluciona todo, no podemos dejar de lado la vida psíquica del niño, no podemos olvidar indagar en cómo es el colegio, la maestra, la situación en su casa. Hay que considerar todos los factores sociales, culturales, educativos que pueden estar en problemas. Muchas veces son estos los que necesitan modificaciones, no los niños. Es más fácil darles Aradix y obtener buenos resultados académicos, que mirar hacia uno mismo como padre y decir “qué estoy haciendo mal”.

Para ir más allá habría que escribir un libro, no tanto una nota. Pero creo que queda en claro mi inquietud. Creo que está en juego lo ético y creo que la actitud pasiva del colegio de psicólogos es alarmante. En un país donde hay miles de psicólogos no hay control de sus prácticas. Seguramente el que me respondió la carta atiende en su consulta privada, y viaja a lo largo de Chile para asistir a seminarios y dar charlas.Pero que grave que se haga vista gorda a lo que pasa en todo el país. Lo que pasa en Chile está afuera de la consulta privada. El sobrediagnóstico del ADD es algo real y, por qué no, observable.

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Comentarios

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ignaciofuentesl

08 de abril

Muy buena columna, en tanto lo observable de lo ciertamente irracional del cada vez más común diagnóstico infantil sin considerar el malestar particular del sujeto infantil.

Por otro lado, cabe preguntarse por qué clase de inquietud o impulsos queremos acallar con tanta medicación o, lisa y llanamente, con tanta patologización de la infancia.

Excelente saber que colegas están haciendo más que sólo aplicar técnicas o manuales, sino el bello arte de pensar.

Saludos!

08 de abril

Gracias por tu comentario Ignacio. Sin duda queda mucho por investigar y trabajar. Saludos!

08 de abril

increible, esta es la primera vez que leo un articulo de una sicologa que tiene sentido comun, el menos comun de los sentidos.

Bravo!! crei que no existian.

Yo no se si es por culpa del pollo con muchas hormonas, o el smog o el arsenico en el agua, pero es que no puede ser, simplemente no puede ser que en los colegios casi todos los chicos estan diagnosticados con ADD. ¿Que paso con aquel diagnostico mucho mas real de “malcriaditis” que sí afecta a mucho niño?

Ser padre es dificil, pero nunca tanto como para tener a tanto niño con ADD. Vamos!! que les pasa??

Creo que lo mas nefasto que le ha pasado al mundo es que los sicologos hayan salido de sus oficinas a sentarse en los platos de television a dar “consejos” o a “diagnosticar”. Porque eso ha convertido a la gente en presa faciles de personajillos inescrupulosos que, coludidos con farmaceuticas, pum! pastilla para todo, en vez de hacer lo que el sicologo deberia hacer: guiar a una persona que esta desorientada, ayudandola a encauzarse.

08 de abril

Gracias por tu comentario! Esperemos que pronto empecemos todos a tomar más acción. Saludos!

gladys baldwin mariategui

09 de abril

EXCELENTE,OJALA SE PUDIERA HACER ALGO MEJOR,COMO DICE
ESTA DOCTORA VERONICA ARIAS SEGOVIA.
FELICITACIONES

Tito Bohle

12 de abril

Vero, te felicito por la iniciativa y por materializar tu pasión en intenciones como ésta, creo que si buscas fundamentos científicos en enfoques humanistas podrás tener mayor éxito en la recepción que pudiesen darte: la gestalt, el paradigma experiencial o la PNL son riqueza invaluable en la validez de la perspectiva que ofreces en tu reflexión.
Me llamó bastante la atención el foco de tu crítica, pues es una lucha constante en el ámbito de mi especialidad (psicología deportiva), el mayor obstáculo es la etiqueta o prejuicio hacia la figura del psicólogo o la eficiencia de su labor, por ende el posicionamiento, tanto a través de su ejercicio como en la imagen que pueda re-instaurar, es el factor clave para fortalecer vínculos y a su vez el éxito terapéutico. No obstante, desde mi visión, plantear una reflexión de tal envergadura a una comunidad científica requiere de datos estadísticos, mucha discreción argumentativa (puesto que quien lo lee percibe intenciones y absorbe negativamente las generalizaciones) y hacer mención exhaustiva a las fortalezas de, en este caso, el DSM-V en contraste a tu reflexión para no levantar discrepancias sólo con la lectura panorámica. Te lo planteo a modo de crítica constructiva ya que por momentos percibo en tu redacción ese marcado espíritu de “psicólogo joven” que tu mencionaste y esto por supuesto que nos resta puntos. Por lo demás, Estoy completamente de acuerdo contigo…sería interesante escuchar o leer más al respecto. Un abrazo!
Tito

12 de abril

Gracias Tito por tu comentario. Estoy muy de acuerdo con lo que planteas sobre el requerimiento de datos estadísticos, no obstante, una investigación de tal envergadura requiere de experiencia, dinero y un equipo de trabajo disciplinado en el área de investigación. Espero algún día poder hacerlo. Mi crítica no era al DSM, era a los psicólogos jóvenes que lo usaban, la reflexión a lo que iba es que la mayoría no sabe o no conoce el peso que tiene diagnosticar a un paciente (lo ven como algo más mecanizado). Y sí, al escribir se me notó mucho el espíritu de “psicólogo joven” que resta puntos en el ámbito científico, pero la carta que envié tenía un tono diferente, aunque sí reconozco que me faltó discreción argumentativa, como tú bien dices. Aún así, lo que buscaba lograr con esta columna de opinión en particular, era llamar a reflexionar.
Es una idea embrionaria la que planteo, y sin duda concuerdo contigo en que queda mucho por hacer e investigar.Espero poder ir desarrollándola a lo largo de mi profesión. Para ser escuchado en una entidad como la del colegio de psicólogos, primero debo ganarme nombre y respeto.
Daré una mirada a la postura humanista, ya que reconozco que solo había buscado libros e información desde la teoría del psicoanálisis. Gracias por tu tiempo y tus consejos esclarecedores. Un abrazo!

Tito Bohle

13 de abril

Yo desde hace mucho tengo la misma inquietud, si algún día asumes alguna iniciativa al respecto cuenta con mi apoyo, y si entendí completamente el sentido de tu carta. En cuanto a los datos estadísticos me refería a indagar en investigaciones ya realizadas por supuesto, entiendo también que no es una crítica al DSM, sino a los psicólogos jóvenes, no obstante (hago la suposición) de que la redacción es recepcionada por autoridades (llamemosle expertos) y muchos de ellos muy acérrimos a un entendimiento diferente, quizás con un mapa mental que asume otro nivel de complejidad respecto al mismo tema y que imagino deben defenderlo constantemente ante otros modelos también muy útiles, esto lo infiero por la respuesta que te dieron. Entonces mi comentario plantea la reflexión entorno al tema de “cómo” podemos persuadir o convencer a este tipo de profesionales dando luces de una realidad tan visible e inquietante para psicólogos como tu y como yo, pues realmente me conmueve lo que para mi es “falta de consciencia” al respecto…me gustaría mucho trascender la reflexión y movilizar mentes, en ese sentido te planteaba una crítica constructiva no al contenido sino a la forma, al método que tan obstaculizante me parece por momentos ante una realidad tan legible, al menos para nosotros.
Te sugería buscar respaldo en fuentes humanistas ya que hacen la misma crítica, y está fundada en modelos altamente eficientes y de increíbles resultados muy reconocidos a nivel contemporáneo, que de hecho han posicionado estos enfoques, por ejemplo el “paradigma experiencial” y la PNL hacen especial énfasis al uso del lenguaje y cómo éste incide en el “proceso de experiencia” permanente como agentes de transformación, también la implicancia del centramiento en los recursos como eje del desarrollo y cómo estos circuitos se llevan a cabo neuronal y vivencialmente…este tipo de material, tiene una profunda concomitancia con lo que planteas y… en esencia va en desmedro de quienes usan diagnósticos indiscriminadamente creando rótulos muy difíciles de acarrear para el paciente, ya que (pienso yo)…EL DIAGNÓSTICO ES MÁS BIEN UN PARALIZANTE CUANDO EL PROCESO TERAPÉUTICO FUNDADO EN EL VÍNCULO TERAPÉUTICO NO ES EL ADECUADO.

13 de abril

Que buenas palabras Tito, te agradezco mucho tus comentarios. A ver si en el futuro (no tan lejano espero) nos unimos para realizar un trabajo más completo. Un fuerte abrazo!

11 de junio

Verónica:

Muy interesante tu columna, en especial porque entregas perspectiva para analizar un problema complejo desde el punto de vista de la salud mental infanto juvenil.
Es cierto que en Chile no existen prevalencias claras respecto al diagnóstico que mencionas. Por eso se estiman las estadísticas internacionales, en especial las norteamericanas. Sin embargo, existe una interesante aproximación de prevalencia de la Dra. Flora de la Barra que ha investigado longitudinalmente esta materia. Años de investigación y comparación de datos para llegar a la conclusión que es tu tesis: sobrediagnóstico, vale decir, aumento de la prevalencia de niños/as diagnosticados/as con un trastorno mental.
En mi lugar de trabajo 2/3 de las solicitudes de atención especilizada en salud mental se deben al diagnóstico del TDAH, ADD o como quieran llamarle. Esto no puede sino significar que algo pasa con el cuerpo los niños/as, que requiere de “palabras maestras” para traducir lo inexplicable del movimiento hiper.
Te comparto mi blog para poder intercambiar opiniones y experiencias infanciaysaludmental.blogspot.com
Por último, destacar el lugar que tienen ciertas perspectivas biomédicas que pretenden hacerse políticas públicas, a través de la industria farmacológica y los diagnósticos burocratizados, aplastando con su maquinaria, el arte de escuchar y legitimar al otro con una ética que, antes que todo, respete a los niños/as en sus derechos humanos.
La clasificación diagnóstica no es lo mismo que “la clínica” y la “salud mental” no se agota con manuales tipo DSM; sino que apela a un amplio espectro de determinantes que exceden las disciplinas de la salud.

Saludos!

gladys

13 de agosto

Excelente artículo!
Las etiquetas te destruyen en el colegio. Cada año te citan y luego te vuelven a citar recordándote lo que tu hijo no puede hacer porque tiene deficit de atencion. Si el diagnóstico es acertado deberían concentrarse en lo que pueden hacer con sus capacidades!!!!!
Y, sí, es verdad que ya hay tanto niños con ese diagnóstico que ya casi pienso que podría creerse que es contagioso!!!!
Sigue luchando para hacer cambiar de actitud a quienes son partícipes del proceso educativo que busca como unica respuesta un diagnostico!!!

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