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A propósito del Obamacare

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El Obamacare está lejos de ser una reforma revolucionaria de salud, incluso refuerza el concepto del “mercado de seguros médicos”. No obstante, no deja de ser un avance considerable en cobertura y ampliación de la seguridad social de EE.UU., y un llamado de atención global al desmantelamiento del Estado en materias fundamentales como la salud.

La contingencia política de los Estados Unidos ha estado en los titulares de la prensa mundial durante esta última semana. Esto debido al reciente cierre del gobierno o bloqueo federal (“shutdown”) propiciado por la mayoría republicana en la cámara baja, que ya tiene a más de 800.000 empleados públicos sin trabajo. Esto ha sido una herramienta de presión política que no había sido utilizada desde 1995-1996 bajo el gobierno demócrata de Bill Clinton, en un congreso dominado por los republicanos, quienes exigían un considerable recorte presupuestario en áreas como la salud, educación y medio ambiente.

En este caso, nos encontramos nuevamente con una oposición republicana enmarcada en el rechazo al proyecto emblema del presidente estadounidense Barack Obama: la reforma al sistema de salud. Proyecto fuertemente criticado por los republicanos, quienes poseen mayoría en la Cámara de Representantes e intentan imponer condiciones y vetos a la entrada en vigencia de esta nueva reforma.

Algunos detalles del Obamacare

La ley “Patient Protection and Affordable Care Act” también conocida como PPACA, intenta expandir la cobertura del sistema de salud a todos aquellos que no están en la actualidad cubiertos por algún seguro médico, esto por medio de la aplicación de multas a todos aquellos que no se inscriban en alguna de las alternativas gubernamentales o privadas, proceso conocido como “mandato individual”. Dentro de las alternativas de seguros estatales se encuentra el Medicaid, que es el sistema público de salud estadounidense que cubre a las personas de bajos recursos, de tercera edad y especialmente niños. Otro seguro médico es el Medicare que cubre a los mayores de 65 años y personas discapacitadas. Para asegurar el ingreso de las personas con bajos recursos se considera aumentar los subsidios estatales de aquellos que no tienen para costear los planes de salud vigentes en el mercado. Por su parte, dentro de las entidades privadas se intenta regularizar a los seguros médicos, por medio de prohibiciones, entre las que destacan la discriminación por sexo o enfermedad pre-existente, obligando a las aseguradoras a mantener el precio de sus planes de salud.

La disputa ideológica republicana

La disputa entre ambos partidos se enmarca en “una cruzada ideológica” -como acierta el mismo Barack Obama-, ya que el debate va más allá del conflicto en torno a la reforma de salud, y adquiere un significado más global, afectando directamente los valores y principios que componen a la individualista y reacia al Estado sociedad norteamericana.

Podemos analizar este conflicto ideológico por medio del teórico Antonio Gramsci, quién desarrolla el concepto de “hegemonía”, que ayuda a entender el fenómeno experimentado a raíz del proyecto de ley de Obama. Primero, es importante resaltar que estamos frente a una sociedad basada fundamentalmente en la libertad irrestricta del individuo y con un desapego a las políticas que signifiquen el aumento del Estado, postura que representa el ideario hegemónico de la élite norteamericana, encarnado por el republicanismo y en especial el movimiento político de ultraderecha denominado “Tea Party”. Segundo, nos encontramos frente a una arremetida contra-hegemónica propiciada por los demócratas, que intenta modificar a la estática superestructura -en términos marxistas- de la sociedad norteamericana, por medio de una reforma que aboga por el principio de la seguridad social universal por sobre el de la libertad individual, esto por medio de coerción estatal consistente en multas a todo aquel que no esté afiliado a algún seguro médico.

En el Obamacare podemos ver una especie de movimiento orgánico que intenta cambiar no sólo los aspectos excluyentes del sistema de salud estadounidense, sino que más bien afecta al conjunto de lo político, económico y social del país,  y emerge como un choque o una ruptura de lo “hegemónico” debido a la fuerza antagónica que se genera frente a una profunda crisis económica-financiera, donde aumentan los ciudadanos excluidos y vulnerables. En cierta parte, es por esto, la preocupación y explicación del por qué los republicanos son acérrimos a la idea del bloqueo al gobierno.

La crisis del sistema de salud norteamericano

El sistema de salud estadounidense contrasta con los sistemas públicos de salud de gran parte de Europa Occidental, al basarse fundamentalmente en un sistema privado en contraste al sistema de salud socializado de países como Inglaterra o Francia. Se puede decir mucho respecto de esta temática, ya que son debates que provienen incluso desde la guerra fría con la temida idea de un Estado intrusivo y coartador de las libertades individuales. Pero lo que sabemos, es que Estados Unidos presenta una situación crítica respecto de la salud de sus ciudadanos. Las cifras demuestran que países mucho más pobres como es la vecina Cuba tiene mejores indicadores de salud de su población. Por ejemplo, la tasa de mortalidad infantil de Cuba corresponde a 5,12 y en Estados Unidos a 6,81 (resultado promedio entre el 2005-2010). Además existe un gran porcentaje de indocumentados, y más de 48 millones de ciudadanos excluidos sin seguro médico, por lo tanto vulnerables a los riesgos de las costosas contingencias en salud.

El clásico debate entre derechos individuales y sociales

La crítica republicana a la reforma de salud de Obama, reside en el aumento a los impuestos para el financiamiento de la reforma con nuevos impuestos, la proyección del gasto que producirá en un futuro cuando la generación del “baby boomers” ingresen al sistema público de salud, o la posible saturación de Medicaid, donde ingresará una gran cantidad de población de bajos recursos actualmente sin seguro, además de ver mermada la libertad individual al momento en que el Estado atenta contra su decisión de optar o no por algún seguro médico.

Por otro lado, no se puede negar que a pesar de ser un vago un intento capitalista de socialización de la salud el intentar universalízarla (al momento de considerarla obligatoria), confirma un gran cambio en la ética norteamericana en temas relacionados con la salud pública, y principalmente, con la intervención del Estado en la vida social como garante de derechos y protector (frente a las aseguradoras) de los ciudadanos.

Experiencia en Chile

Debido a las constantes contingencias que presentan las Isapres en la opinión pública chilena, es importante ver cómo esta ley aplica el concepto de la no discriminación por sexo o enfermedad, y genera un control en los precios de los planes de salud al exigir que se cobren las mismas tarifas de salud sin importar sexo o enfermedad preexistente. Esto muestra, la tendencia a reforzar al Estado como garante de los derechos de los ciudadanos a una salud digna, también vislumbra una victoria del Estado frente a instituciones privadas que lucran desmedidamente y discriminan a sus afiliados por su nivel de riesgo, y que con sus altos costos excluyen a parte importante de la población. También nos exige como sociedad una profunda reforma a la salud, en pos de una salud pública solidaria, que garantice acceso gratuito, universal, y de calidad.

Es importante destacar que el Obamacare está lejos de ser una reforma revolucionaria de salud, incluso refuerza el concepto del “mercado de seguros médicos”. No obstante, no deja de ser un avance considerable en cobertura y ampliación de la seguridad social de EE.UU., y un llamado de atención global al desmantelamiento del Estado en materias fundamentales como la salud. Para finalizar, lo que está sucediendo en Norteamérica nos refuerza pensar lo que comprendió alguna vez quién fuera el presidente norteamericano gestor del New Deal: “A final de cuentas, el éxito o fracaso de cualquier gobierno debe medirse según el bienestar de sus ciudadanos. Nada puede ser más importante para un estado que la salud pública; la primera preocupación de un estado debe ser la salud de su pueblo” (Franklin D. Roosevelt).

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Foto: White House / Licencia

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16 de octubre

Como muchos otros casos, hay un punto que tiene que ver con que se quiere/debe dar, y otro con quien paga la cuenta….

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