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Cambio la o por la y. Yo soy de los que van a misa de 8 los sábados a la mal llamada Iglesia El Bosque (se llama Sagrado Corazón) hace 20 años. Allí quedé impresionado con las homilías del padre Karadima: bien preparadas, precisas y concisas. Sé que llegó a ser cura por que tuvo un encuentro con un buen amigo que lo acercó a la Iglesia, conoció al Padre Hurtado… en fin, un cura ideal, con olor santurrón en su vida.

Sin embargo, hoy, escuchando la radio, saltó la pus: el curita, ejemplo de ejemplos, inquisidor a veces, doctor en temas de moral y con  una actitud tan de príncipe que parece que no caminara, sino levitara. Ese curita está acusado de pedofilia, de cargar con años de abuso de menores en su conciencia.

Aquí quiero separar las cosas. Me parece repudiable y lamentable lo que sucede con ese cura; me parece que la Iglesia Católica debería detectar y prever estas situaciones, así como castigarlas severamente. Me parece que también es importante que los afectados por estas situaciones -por favor- no callen. Estos hechos deben ser denunciados, primero a la Justicia, luego a la jerarquía eclesiástica y a los medios de comunicación.

En mi opinión, un hecho así merece un castigo ejemplar: el castigo humano y el divino. Este tipo de crímenes, en curas, debería ser muy difícil de absolver en la confesión. Casi habría que consultar al concilio Vaticano. Mientras tanto, se va al purgatorio especial el abusador; allí no se purgan penas, se sufre nomás, no se aplican indulgencias ni nada.

Además, pienso que debería evaluarse lo que se hacía en la Edad Media. Antes de matar a los cristianos se les hacía apostatar, renunciar a su fe. Con eso aseguraban los verdugos que el ejecutado se fuera al infierno, Ese sí que es castigo, ¿eh? No tiene vuelta, no hay apelación posible, es eterno. Por suerte para el cura, en ese caso el que juzga es Dios y no yo.

Eso es lo que yo haría con el pedófilo, pero ¿qué hacer con la Iglesia?

Yo la voy a seguir amando, sobre todo porque a una madre no se la deja botada en medio de las dificultades. Hay que rogar a Dios todopoderoso para que se extirpe toda la pus, que salgan todos los casos  a la luz y que por cada cura de éstos, haya 100 curas Santos. Que llegue el tiempo en que nunca más se produzcan estos dolorosos sucesos en el clero ni en ningún sitio.

Entonces no basta con ser ni basta con parecer; hay que ser y parecer Santo. A esto que sale a la luz, ya lo dijo jesus en la Biblia, "No le tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz y lo que oís al oído, proclamadlo desde los tejados" (Mateo 10: 26-27).