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Sobre la columna de Francisco Covarrubias respecto de Teillier en primera clase

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El 18 de febrero, El Mercurio publicó una columna del académico Francisco Covarrubias, (UAI), en que el autor utiliza como telón de fondo un viaje en primera clase de cierto vuelo del diputado y presidente del PC chileno, Guillermo Teillier,  para hacer una crítica a las inconsecuencias en las formas de vida que mantienen aquellos autoproclamados de izquierda y con raíces o matices marxistas, y además para plantear una nueva teoría del hombre, en un contexto económico no manifiesto.

Analicemos por partes la columna, en sus exposiciones ideológicas más profundas.


Tal vez si se quedaran entre la gente de sus orígenes, su barrios originales, a medida que van ascendiendo en el poder, “quedándose a vivir en el terreno”, en lugar de volver a visitarlo para las campañas, habrían más problemas resueltos en nuestra sociedad.

Primeramente, sobre la descripción de las formas de vida según el marxismo y las formas de vida de algunos marxistas. No puedo sino encontrarle razón puedo a esta crítica social. Puedo agregar, parafraseando a Coco Legrand: ¿Por qué tantos izquierdistas, en cuanto pueden, “huyen” a barrios mejores, tal como las clases acomodadas cuando se van sintiendo acorraladas por la plebe, (o pueblo, “rotada”, nuevas clases emergentes)? ¿De qué huyen? O ¿a quiénes persiguen?

Tal vez si se quedaran entre la gente de sus orígenes, su barrios originales, a medida que van ascendiendo en el poder, “quedándose a vivir en el terreno”, en lugar de volver a visitarlo para las campañas, habrían más problemas resueltos en nuestra sociedad. Lo ideal sería que todos lo hicieran, también los políticos de derecha, los cristianos, así como uniformados, empresarios, jueces y clero. Conociendo los problemas in situ, viviéndolos, comprendiendo e internalizado las necesidades de soluciones. Siendo pueblo.

Como dije, creo que esta “lealtad” para con los suyos deberían practicarla todos, pero por alguna razón resulta más esperables de los autodenominados izquierdistas. No obstante, ellos también son personas y tienen familias, por lo tanto quieren seguridad, sí, buena educación, también, tal como salud, accesos, comodidades, así que ¿por qué no? Para responder, se debe introducir uno en los mundos particulares de cada uno, de sus respectivos discursos y actos consecuentes o inconsecuentes. Un ejemplo para determinar la base de esta observación es la salud propiciada por el estado. ¿Qué se “discursea” sobre la salud y cómo las enfrentan como ciudadanos, como personas? Lo mismo sobre educación, sobre los servicios. O sea: ¿Qué hace como político al respecto y qué hace como persona? Tal vez esto tenga que ver con cómo cambian las personas y las percepciones de sí mismos, versus las percepciones del resto sobre ellos. Las irrealidades de cada cual.

Un segundo contenido destacable corresponde a una declaración valórica sobre cómo funciona la sociedad según el académico, y seguramente muchos otros. Revela que, de acuerdo a su visión, la sociedad funcionaría en base a: a) el lucro; b) el natural y por lo tanto incontrarrestable deseo de consumir; c) la búsqueda de la comodidad; y d) la búsqueda de la diferenciación. Por su decir, las anteriores serían conducta esperables, inalienables e incontrarrestables de los seres humanos. Una suerte de ley vital, posiblemente del orden genético.

Sin temor a equivocarme, puedo decir que asemeja a un postulado post-Maslowiano, una nueva pirámide de necesidades, o cualquier otra figura geométrica, que desdice al insigne psicólogo. El escalón de la afiliación quedaría anulado y la autorrealización sólo se lograría mediante la posesión de cosas. Es una perspectiva no clásica.

Esta declaración además parece contradecir o negar las intenciones y motivaciones de millones de soldados y bomberos que prefieren el servicio público, de otros tantos voluntarios de distintos tipos y en distintas causas, de médicos sin fronteras, de millares de misioneros, de todo aquel que declara la humildad y la vive, voluntariamente, y los desacredita, o descarta, de alguna forma, como un buen tipo humano, y a sus motivaciones como en contradicción con los que debieran ser los impulsos naturales del ser humano.

Por lo tanto, estos enunciados también pondrían en contravención a las llamadas hasta hoy buenas costumbres y a las actuales forma de convivencia, imponiéndole más valor al egoísmo por sobre la solidaridad, a la competencia por sobre la colaboración, al exceso por sobre la templanza, omitiendo como formas de vida al autocontrol y la conciencia planetaria. Buda, Jesús, Confucio, Juana de Arco, San Pedro, Schweitzer, Nightingale, Prat, San Martín, los Carrera, O’Higgins, Bueras, todos los altruistas, y los millones que lo han dado todo por una causa, legítima o equivocada, hasta la vida, de uno y otro bando o país, pero de buena fe, con generosidad, resignación y heroísmo, no habrían tenido estas motivaciones humanas planteadas por Covarrubias. Sería interesante saber si esta teoría los califica como humanos o si los descarta como tales. Ellos no prefirieron el consumo ni la comodidad, es más, renunciaron a ello.

Por último, esta teoría tiene un alcance económico, ese contexto subyacente no planteado. Analizándolo desde este punto de vista, no creo, pocos creen, que el planeta pueda soportar a siete mil millones de personas haciendo pesca deportiva, o cruceros, o si se pueda fabricar la misma cantidad de autos último modelo cada año, o que cada persona tenga un avión particular y un yate de 100 pies, un departamento en Londres y otro en New York, además del que habitan, y que todos tengan una hacienda y una piscina, o que todos puedan comer ostras, caviar y carne cuando quieran, sólo por consumir, por satisfacer sus deseos, o que tengan cada uno 1.000 zapatos como Imelda Marcos. Si todos quisieran vivir en un penthouse… ¡Sería todo un desafío para la arquitectura mundial! No, no me parece viable desde el punto de vista económico. Sin embargo, dos cosas resultan rescatables de sus dichos: Una es el reconocimiento de la necesidad de un alto impuesto a la riqueza y al lujo. Y la otra, es que el estado necesita crecer e incrementarse el gasto público y que tales iniciativas funcionen, es decir, que se obtenga satisfacción de la población.

Se puede replicar lo que digo, y se hace, diciendo que depende de cada uno, de su fuerza, de sus ambiciones, de su empuje… Que todos podemos elegir entre ser ricos o pobres. Si te esfuerzas, puedes cumplir tus sueños. Querer es poder. Pero ya está dicho. Aún con una población lo suficientemente habilidosa como para ser capaz de luchar por sus ambiciones, a mí me parece que el planeta no puede sostener a una población global que permanentemente estuviera deseando y satisfaciendo necesidades de todo tipo, sin siquiera analizar civilizadamente tales necesidades ¿Cuántas necesidades son producto de formas viciosas de vivir, de la envidia, los celos, la codicia, la lujuria, el desprecio, la jactancia, de distintas ambiciones espurias, de los así llamados “pecados”? Y estas características sí que son indiscutiblemente humanas, ancestrales, congénitas y primigenias. Pero ¿las hace eso permisibles, aceptables, deseables? Me parece que la evolución del pensamiento dice que no. ¿Cuántas “necesidades” son reales, cuántas ilusiones, producto de una mala educación, carente de filosofías a excepción de la dominante? ¿Cuántos deseos son inculcados o inducidos? ¿Qué pasaría con los impedidos, con los humildes de espíritu? ¿Estarían condenados a la pobreza y al desamparo? ¿Cómo conseguiría un profesor tales riquezas, o un barrendero, una enfermera, una asistente de párvulos?

La educación toma su lugar en la discusión, tal como la propiedad del conocimiento y su disponibilidad, ya sea para capacitar a las personas por igual para ser millonarias o para que vivan sus vidas de formas más sabias. Y para entender la diferencia entre consumo, inevitable, y consumismo, evitable. Por lo demás: ¿No existe el deseo del conocimiento según esta nueva teorización? Parece que hay acuerdos en que buenas educaciones de las poblaciones podrían llevar a un mayor equilibrio entre las personas y entre las personas y el planeta.

Nadie quiere ser pobre, incluso más, es signo de inteligencia querer terminar con la pobreza, (lo que lógicamente no significa eliminar a los pobres). Pero no ser pobre no debe significar por fuerza ambicionarlo todo, o tenerlo todo, o siquiera intentar tenerlo todo. Ni menos pasando por sobre los demás. Ya no hablaríamos de Maslow ni de Covarrubias, hablaríamos de la ley de la selva, de la ley del más fuerte, para siempre.

 

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Comentarios

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26 de febrero

Respecto a lo primero: Los izquierdistas son como el resto y sus anhelos de sociedad mas igualitaria es para el resto, ellos no se ven igualándose con los mas pobres que ellos sino a que los mas ricos se igualen con ellos, entonces ese absurdo es mas evidente cuando se encuentran en estos tramos de privilegio tan expuesto. Lo mas contradictorio es que para mentenerse con los previlegios deben sostenerr su discurso “social” y al mismo tiempo no abandonar el motor que lo hace posible, el esquema de Maslow o post-Maslow, lo que nos lleva al segundo tema.

En la medida que el sistema nos permite alejarnos de los tramos de necesidades mas elementales, las otras se van haciendo cada vez mas subjetivas y por supuesto podemos ser bomberos, ambientalistas, hasta sindicalistas, etc… sólo hay que cuidarse de que la búsqueda por satisfecer estas necesidades superiores no contravengan los pilares de necesidades basicas ya satisfechas: normas ambientales que aumentan costos y por lo tanto afecta el empleo, o sueldo mínimo de 600 que deja sin los que ganan menos y produce inflación porque se produce menos que lo que la gente puede comprar, etc..

Igual que las personas, cuando las sociedades están preocupadas de nuevas constituciones o aspectos culturales, etc.. es porque ya tienen pan, techo y abrigo de sobra. Pero si volvemos a preocuparnos de la pega es porque retrocedimos.

Y cuando todos puedan tener aviones yates ya no tendrá gracia tenerlo, como los autos ahora.

Saludos

26 de febrero

José Luis:

Gracias por darte la pega de opinar, aunque no concordemos 100 pc. Y aunque no es la única diferencia, para muchos tener auto sigue siendo una gracia.

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