#Política

Representación tradicional + representación online

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Quienes provienen del mundo de las Ciencias Sociales sabrán que es innegable el potencial que han estado teniendo las redes sociales digitales (Facebook y Twitter, entre las más conocidas) en la configuración de la opinión pública en Chile. Pero incluso más, la importancia que han tenido las redes sociales digitales como espacio de construcción identitaria y refugio de presión social. No es menor que el país tenga la mayor cantidad de usuarios registrados en Facebook (aproximadamente 10.800.000, es decir, casi la mitad de los habitantes del país), y que entre el 50% y 75% de lo que está despierto una persona, un 30% lo pase frente a una pantalla. Experiencias pasadas en Chile y a nivel internacional han existido por doquier: Patagonia Sin Represas, Alza del gas en Magallanes, Salvemos Punta de Choros, demandas del movimiento estudiantil, Greenpeace, #Yosoy132 (México), #Movimiento15M (España), #OccupyWallStreet, Primavera Árabe, etc.


…existe una práctica dual o híbrida que, eso sí, está privilegiando paulatinamente la preeminencia de la esfera virtual.

Algunas disciplinas ya han estado preocupándose sobre dichos asuntos: a) La Psicología Social, que apunta a los vínculos socioemocionales, a la satisfacción de las necesidades del Yo, a la formación de hábitos e interacciones, a una expulsión de catarsis individual y reafirmación de las opiniones aprobadas por el núcleo inserto en la red; b) La Sociología, mediante el estudio de los comportamientos disruptivos de protesta social, los cambios de los patrones identitarios en la sociedad tras el auge de las nuevas tecnologías de la información y comunicación (TIC’s), y las nuevas características que asume la sociedad debido a la influencia (tanto positiva como negativa) de la tecnología; c) La Ciencia Política, intentando develar los comportamientos de los actores, las nuevas relaciones entre tecnología/política y, finalmente, las nuevas formas de participación política, a la luz del contexto marcado por la crisis procedimental en la cual está subsumida la democracia liberal representativa chilena. Es desde este punto donde quisiera comenzar la reflexión.

Tras la incapacidad de las reglas del juego democrático para atender, captar y canalizar las demandas o disposiciones, las personas se dan cuenta que es posible prescindir de las mediaciones institucionales (distanciándose de los partidos políticos y sus representantes) y encontrar una fiel alternativa de “representación” en una red social digital que le permitirá influir en el espacio público, desterritorializando su demanda para hacerla virtual, y transformándose en un vigilante de todas las actuaciones políticas que atenten contra su propia ética.

Lo anterior no significa tampoco que haya un rechazo absoluto a las formas tradicionales de involucramiento con los asuntos públicos (marchas, protestas, boicots o tomas, entre otras), sino que existe una práctica dual o híbrida que, eso sí, está privilegiando paulatinamente la preeminencia de la esfera virtual. Ejemplos de ellos abundan cuando se navega por una red social digital: usuarios comunes y corrientes realizando un podcasting (publicación de audios, videos e imágenes) que alteran una cierta “sensibilidad social virtual”, conformándose muchas veces estallidos digitales que pueden eventualmente tener una resonancia sin precedentes en la opinión del público (efecto bola de nieve). Esta alteración pareciera que lograría, en primera instancia, galvanizar socialmente, es decir, despertar emociones y sentimientos de aquellos(as) que por sí solos(as) no están dispuestos(as) a realizar.

Sin embargo, si bien es cierto que las redes sociales digitales sirven como refugio, al mismo tiempo pueden ser susceptibles o proclives a caer en un estado mucho más apático con la política tradicional (“por la comodidad de no moverse de su silla”) y ser vistos más como “consumidores” que ciudadanos de derechos y deberes. En un momento donde se privilegia más la imagen por sobre la palabra (muchas teorías y enfoques han dado cuenta de ese fenómeno), la opinión pública puede tornarse mucho más fácil de manipular por aquellos(as) que pueden movilizar efectivamente sus “recursos”. En ese sentido, no es menor que la comunicación política se transforme más en marketing político que en un discurso racional-deliberativo, hablando en clave de “consignas” y no como una discusión sobre qué es lo que se quiere tener como sociedad.

Lo mismo sucede con la “clase política”, que agota su comunicación a una estrategia de branding, posicionando “X palabra” con una identificación clara y digna de ser recordada. O simplemente el fenómeno “cuantitativo” de la información circundante en las páginas por las cuales navegan las personas sin ni siquiera detenerse a leerla (“se comparten solamente los titulares”). En suma, la opinión pública formada en las redes sociales digitales es más versátil, dada la vorágine de información que circula diariamente. Muchas veces esto puede transformarse en un problema de racionalidad política, en el sentido de no saber cómo decidir y qué pensar sobre algo.

En consecuencia, reconociendo su potencial, su importancia como configuración de opinión pública y espacio de refugio, las redes sociales digitales también pueden ser vistas como un “producto” más de mercado. Por lo tanto, el desafío está en saber distinguir los tipos de usos que pueden tener y los fines que es posible alcanzar con ellas. Del mismo modo, el debate debería ahora encaminarse a la posibilidad de conciliar estas nuevas formas de participación política con los principios clásicos de la representación tradicional.

Columna publicada en el diario “El Mostrador”

TAGS: #RedesSociales

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29 de diciembre

Cámara Ciudadana Digital…

Eso es lo que trata de proponer el autor del artículo…

Yo solamente trato de interpretarlo, obviando, claro, y perdonándole al mismo tiempo, el uso de la creencia “subsumida” de que vivimos en una democracia y que, “concomitadamente” ella misma pueda tener incluso apellidos…

Tal vez si lográsemos asumir, definitivamente, que nos han enchufado el dedo en el entendimiento por cuatro décadas y comprendiéramos que no existe democracia en nuestro país, sino que sólo una dictadura de la mafia de los partidos políticos, quizá sería más fácil asumir que se necesita construir esa democracia, misma en la que deben cohabitar los intereses ciudadanos, expresados digitalmente (porque de otra forma no es posible pensar lograr una cobertura suficiente para interpretar al colectivo nacional y no sólo a pequeños grupos que pueden ejercer poder con alguna situación particular), con aquellos intereses del staus quo, que no es posible, de una forma sana y en el largo plazo, pretender cambiar de un día para otro, porque la experiencia nos ha enseñado, con sangre debo recalcar, que cuando las ideas del tipo comunistas, progresistas o reformistas, pretenden darle una vuelta a la tortilla, casi siempre con poco tino, termina quedando aquella misma de la que todos nos lamentamos…

Para eso debiera servirnos la Cámara Ciudadana Digital, en primer lugar… Para idear y mejorar soluciones factibles, de la clase aquella que a nadie perjudica, sino que tiene por resultado, aún en el papel o en una fase de diseño, la previsión o pronóstico de que las modificaciones que se harán a los sistemas nacionales, serán útiles para todos y que al mismo tiempo no habrán de convertirse en el botón que detona una debacle…

No estamos lejos de esta solución, sino que apenas a un paso de ella… El que da pie a todo, simulando la Cámara Ciudadana, misma que debiera ser institucionalmente el mecanismo oficial de participación ciudadana de la República, pero, considerando los hechos y comprendiendo que la mafia política y que la mafia ciudadana aún no han madurado lo suficiente para tener actuaciones con una performance digna y valiosa, sólo podemos tener la pretensión de la simulación de un sitio en la red que organice las ideas y propuestas ciudadanas y que termine planteándose objetivos concretos y medulares, tales como la formulación de un Programa de Gobierno Ciudadano y al mismo tiempo preseleccionando a candidatos potenciales, vía postulación en línea, que puedan ejecutar fielmente ese Programa de Gobierno en cada uno de los cargos de la administración del Estado y, eso, desde concejales hasta quien asuma la Presidencia de la nación, pasando por todos los conocidos carguitos “aquellos”…

No creo que eso sea lo difícil… Comprendo que para muchos resulte comprensible pensar que pudiéramos estar a kilómetros cuadrados de conseguirlo (en un mundo en el que hablamos, comemos y pensamos en milímetros), pero, no es así… Lo complicado de esto, es comprender que de forma inicial la organización digital de las pretensiones y aspiraciones ciudadanas, deben fundarse sobre una metodología de convivencia de lo existente y de aquello en lo que se desea “cometer innovación”, de forma de no terminar “dejándola”, tal como lo hizo Chile cuando nacionalizó el cobre… Es decir, la ciudadanía debe comprender, principalmente los idiotas ilustrados de la mafia ciudadana, que si se han de modificar los sistemas nacionales, primero debe haber un extenso análisis que descubra todas aquellas vías por las cuáles la bombilla de Edison que ilumine nuestros caminos a seguir, no nos funcione…

Paralelamente, sí debieran aparecer, vía aquellos intensos análisis, las soluciones que necesitamos, las prioridades que debiéramos tener, así como las precedencias de cada acción que se decida ejecutar, dentro de regiones factibles de solución y no unas basadas en diseños cuyas filosofías resultan quimeras imposibles, de forma que las cosas no nos cojeen cuando queramos aprender a caminar o correr…

Es tan sencillo comprender esto…

Quizá lo que nos está faltando es enfocarnos, de forma personal, en las formas de implementación de esta solución, dejando atrás la etapa de diagnósticos de la realidad nacional, cuyas conclusiones nos resultan un peso agobiante, que pareciera limitar nuestra creatividad para imaginar las soluciones que necesitamos desarrollar, y que también pareciera convertirse en un opio que nos hace revolvernos en el mismo punto gravitante, que ciega nuestra comprensión, con ánimos de liberaciones de la esclavitud que sufrimos, pero, que no nos concede la lucidez que necesitamos para abordar una solución sencilla y factible…

Es decir, en español, la pregunta aquí es: si nadie lo hace, ¿cómo lo hago yo en nombre de todos?… Y esto es así, porque no estamos jugando en equipo, a pesar de que tantos entendemos lo mismo, por lo tanto, se requiere una individualidad excepcional, colectiva o personal, que lo haga en nombre de todos y para todos…

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