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Renovación política: Paridad, mejor que cuotas

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En la columna “La ley de cuotas y la oportunidad de renovar la política”, Paola Cabezas vincula a la Ley de Cuotas chilena (40%) con la renovación de la política. La correlación que establece la autora y que sustenta su argumentación, sin embargo, no es automática. La renovación de la política, entendida en esos términos como la renovación de los representantes en las instituciones de la democracia liberal moderna, depende de otras variables, quizá anteriores a la cuota de género, como las estructuras internas de los partidos políticos (tradicionales), la cultura política de la élite o el cumplimiento efectivo de una cuota de acuerdo a los parámetros de la ley. Chile, que hasta el 2015 compartía el mismo grupo con Paraguay, Honduras, Cuba, Trinidad y Tobago y Surinam, fijó una cuota de género que es transitoria -de 2017 a 2029- porque los integrantes del Parlamento actual suponen que de aquí a doce años esa norma ya no será necesaria. 


La cuota en América nunca consiguió superar el promedio del 30% de mujeres en los Parlamentos del continente. El problema es mayor, supera a un mecanismo, pero es evidente que uno de los obstáculos es que las sociedades avanzan, pero los partidos políticos (tradicionales) no.

Nada más alejado si comparamos nuestra legislación a la de otros países, como Ecuador, México o Costa Rica que tras años con un mecanismo de cuota se dieron cuenta que, o la ley no se cumplía y las sanciones dispuestas ante la infracción no eran suficientes, o en muchos casos los partidos presentaban el número estipulado de candidatas por ley pero la mayoría de ellas tenía escasas posibilidades de ganar. Entonces, avanzaron hacia la paridad (50%), elevando además las sanciones para quienes hecha la ley incurrían en la trampa. En el continente, sólo El Salvador comparte la transitoriedad, que a diferencia nuestra tiene un sistema de lista cerrada y bloqueada, vale decir, el orden de los candidatos no se puede modificar.

Por eso, si bien las cuotas han sido alentadas durante décadas por organismos internacionales como la Cepal, en la última Conferencia Regional sobre la mujer en Montevideo, en octubre de 2016, esa entidad asumió que la cuota por sí sola no había logrado conseguir en América una democratización real de los espacios de la política. Según la Unión Parlamentaria, en 10 años, el promedio en el continente ha avanzado desde un 19% al 28%. La cuota en América nunca consiguió superar el promedio del 30% de mujeres en los Parlamentos del continente. El problema es mayor, supera a un mecanismo, pero es evidente que uno de los obstáculos es que las sociedades avanzan, pero los partidos políticos (tradicionales) no.

Por eso, no es tan simple como decir que los partidos “deben mirar más allá dónde están acostumbrados”. El problema de la participación de la mujer tiene que ver con una cultura política anquilosada en una élite que ha optado por tomar distancia respecto a las posiciones de avanzada que puede manifestar, de diferentes formas, la sociedad chilena. Esto no es patrimonio nacional, en todo el continente la implementación de las medidas de género no ha sido fácil.

Y es que en lo práctico, descartando a aquellos liderazgos que proceden de la élite, en Chile los candidatos tienen que pasar por un largo período de formación o deben ser apadrinados por un dirigente de la elite. Son esos cuadros intermedios (algunos de esos militantes devienen en operadores políticos, otros ante la imposibilidad de avanzar en la escala abandonan la política) quienes finalmente permiten a un partido vivir en el día a día. Poco a poco -y muy lento si es que no pertenecen a los círculos de la élite- los dirigentes comienzan a participar en las decisiones de un partido político. Esas decisiones generalmente son adoptadas por comisiones que no son paritarias, con otras consideraciones prioritarias. También hay que considerar que son muchas las mujeres que tienen doble labor: el trabajo y la casa. El tiempo que tienen para estar en política es reducido, más aún para abrirse camino en un espacio dominado a todo nivel por hombres.

Salvo en los partidos de nuevo tipo, es difícil ver en partidos tradicionales a un elenco parlamentario con una candidata con poco recorrido partidario, o que esté allí porque destaca en otros campos (sindicatos, organizaciones sociales, ong’s, entre otras), o porque cumple con un perfil profesional o político que la vincula a grupos sin representación en los espacios formales.

En Chile, los partidos recién están adoptando sus estructuras internas en favor de una participación igualitaria. Pero los esfuerzos, en la mayoría de los casos, son tímidos: secretaría de la mujer, vicepresidencia de la mujer, pero nunca paridad en el Tribunal Supremo, en la comisión electoral, en la comisión de ética o en la directiva nacional, salvo casos excepcionales. El camino de la renovación tiene que entenderse como una obligación que supone transformaciones radicales. Una de esas transformaciones es la paridad a todo nivel. Paola Cabezas da el ejemplo de Noruega, mencionando que ese país tiene paridad en los organismos privados. En Chile algunos senadores han presentado mociones para que la paridad exista por ley en el gabinete, en el TC y en los directorios de empresas. Revisando la discusión de la Ley de Cuotas (incluida en el cambio al sistema electoral) se percibe lejano un debate más profundo respecto al significado de la paridad para una sociedad que en 2017 tiene sólo un 19% de mujeres en la Cámara de Diputados.

Paridad es mucho más que un mecanismo que ayuda a la renovación de la política. Paridad significa, de forma general, que un grupo que ha estado sub representado en el Parlamento sea parte de él de acuerdo a su presencia en la sociedad y a su sentido de pertenencia a la vida de un país. Ya es un indicativo que en las elecciones presidenciales, desde el 90 en adelante, las mujeres voten en mayor número que los hombres. Paridad también significa que las mujeres son capaces de ser representantes, de ser mayoría si es posible, y de ejercer los más altos cargos a todo nivel porque tienen las mismas -e incluso mejores- habilidades que los hombres. La representación descriptiva de Mainsbridge. La paridad no significa, por si sola, que si hay más mujeres en el Parlamento las temáticas de género avanzarán más rápido, así como las cuotas no garantizan instantáneamente la renovación. Una senadora mujer, Ena Von Baer, se opuso a la cuota de género en la discusión parlamentaria. Sin embargo, la visión de la mujer respecto a la sociedad estará activamente presente en los debates de la democracia liberal moderna y, sobre todo, en las decisiones de las instituciones de representación. Nadie podrá decidir por ellas o en su nombre. La paridad es un imperativo porque en Chile, con una sociedad profundamente machista -atribuible a una “clase de jefes” como describía Duverger- es una ilusión pensar que la mujer ocupará más espacios sin un entramado legislativo que aliente a esa irrupción y disperse el poder de una elite en constante desfase. Y es aún más impensado que los partidos tradicionales se pondrán espontáneamente a tono, en especial, ante la preocupación por la falta de elenco, que no es otra cosa que el cerrojo impuesto por una elite.

TAGS: #Democracia #LeyDeCuota #Mujer #Paridad

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09 de agosto

No es así. Puede ser “mejor con paridad”, pero, con o dado el método actual o en ejercicio. Si se cambia el método, la paridad no es el óptimo. El óptimo tiene que acercarse a otras formas de evaluación, tal como inteligencia, sabiduría y asertividad.

“Pero, ¿qué le pasa a nuestro método actual que la paridad no podría ser lo óptimo?”

Los partidos colocan personajes. Si usted los escucha, como a los dos últimos entrevistados de Tolerancia Cero, o como cuando hablan personajes de la extrema derecha, probablemente coincida conmigo en que son unos tongos con una calculadora política en la mano. No sirven para nada. Cero asertividad. Pero, 99% de calculadora. Esos mismos procedimientos de partidos y personajes, escogerán a las damas que se unirán a sus listas.

Lo harán de entre damas cerradas, como ellos, fieles a sus partidos, en primer lugar. Luego, las manipularán todo lo que pueden. Es decir, ellas sólo van a ser un complemento adicional a un sistema duro. ¿Lo ablandarán?, sí, pero, con esa metodología de operación, donde habrá restricciones a las posibilidades de hacer algo mejor, escogiendo los candidatos con un instrumento institucional para buscarlos, tal como una Cámara Ciudadana Digital, que sería otro método para “rellenar” el Parlamento de personas.

También así el Congreso podría ser más económico. Igualmente, se podría procurar que el Presupuesto Nacional sea decidido en un % por la población…

Y así tenemos otro método y habría otros resultados…

11 de agosto

En conclusión son leyes que declaran que las mujeres son tontas. O sea a mi hija debo enseñarle: “mira ya que por ser mujer serás incapaz de asumir liderasgos y responsabilidades mayores la gente buena logró que lo consiguieras de esta forma de cuotas”. Las mujeres demuestran por todos lados que son igualmente capaces sin esta estupidez, ahora ¿como sabremos la que está ahí por sus capacidades o por disposición de cuota?. Ahóra sí que nadie las tomará en serio. ¿Como las mujeres no alegan y permiten que esta gente haga una ley que las deje sentenciadas como incapaces? Hay mujeres muy tontas como las que proponen esta ley pero sabemos que hay otras muy inteligentes ¿porque no se ven las segundas? ¿o las primeras las convencieron que son iguales a ellas?.

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