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“¿Qué hacer?”, según Daniel Cohn-Bendit

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Otra vez Cohn-Bendit provoca y seduce a Europa. Este año el eurodiputado recorrió algunas ciudades de la Unión agitando su nuevo libro: ¿Qué Hacer? (y no es casual que el título sea una replica de la pragmática pregunta en la incendiaria obra de Lenin). Se trata, dice el subtítulo, de un “Pequeño tratado de imaginación política” para ciudadanos europeos (agregaría, y por eso mi afán en compartirlo, que lo es para los ciudadanos del mundo).
 
Tres grandes temas cruzan la obra. Primero, Cohn-Bendit (C-B) nos invita asumir con urgencia un cambio que es mayor y a la vez un desafío planetario: la transformación del actual modo de producción y consumo, de los fundamentos mismos de la economía, y de su forma de convivencia asociada. La sociedad moderna –ya antigua- se construyó anclada firmemente en la creencia de operar en una suerte de fondo natural eterno; dogma que ya casi nos tiene al borde de la destrucción ambiental, lo humano incluido.
 
Dos, en el marco de la sociedad planetaria, nos invita a profundizar en la construcción de sociedades multiculturales, cuya convivencia se funda en el respeto al otro diferente. “Hoy día las cuestiones relacionadas con el multiculturalismo conforman el núcleo de la definición de convivencia en las sociedad europeas” (y no europeas, agregaría, pues en Chile mismo tenemos nuestros propios desafíos, con los habitantes originarios y con los inmigrantes). Para C-B el “multicultaralismo es una sociedad compuesta de diversas culturas, que pemite la multiplicidad de identidades culturales de cada uno, porque todos formamos partes de varias culturas, y que se esfuerza por darles visibilidad y por fomentar la comprensión mutua”.
 
Y tres, declara C-B, “escribo este libro porque tengo la convicción que podemos cambiar las cosas y que (en nuestro caso) Europa es la escala adecuada.” Esta dimensión de su reflexión se encuentra muy en línea con “El Sueño Europeo” del ensayista norteamericano Jeremy Rifkin en su obra homónima. Para C-B y Rifkin, la Unión en construcción aparece como el crisol donde se une el pasado orgánico, que construyó a la modernidad, con un presente que, por devenir de su propio pasado, es hoy capaz de criticar y superar a la modernidad como histórico modo de vida. En el proceso de deconstrucción de lo antiguo se estaría simultáneamente sentando las bases de un nuevo modo de vida, el que sólo será “posible (cotidianamente) soñando lo imposible”. Sí, la propia imagen insigne de mayo del 68, cuando C-B inicio su deriva político libertaria, hoy subyace en su convicción europeísta.
 
Es que la mirada y la escritura del eurodiputado deviene de su propia vida. De padres alemanes, nació en 1945 en Francia. Se considera asimismo franco-alemán y ciudadano de Europa. Fue el líder universitario más visible del mayo francés del 68, “Danny el Rojo”. Más tarde mutó a “Danny el Verde”, políticamente clave en el ecologismo paneuropeo. Sin soslayar a “Danny el Lila”, por su activo rol en la gestión de políticas públicas multiculturales durante varios años en la Alcaldía de Frankfurt, Alemania.
 
Más allá de compartir o no sus planteamientos, es innegable la coherencia de su vida, pues los colores de su “paleta vital” (el rojo de la equidad social, el verde de la ecología y el lila del respeto a la diversidad de toda laya), se han ido complementando en su quehacer como actor político. Cuando se le pregunta, lo que suele ocurrir, si continúa fiel al revolucionario de su juventud o bien hoy es un reformista realista y moderado, él responde: “Soy ambas cosas, porque fundamentalmente (siempre he sido) un demócrata. Tengo el anti-totalitarismo pegado al cuerpo… creo que se tiene que discutir sin descanso para convencer. Eso es el reformismo. No es el compromiso a media, sino la firmeza de las convicciones, pero acompañada de la certeza que estas no valen nada si no son compartidas”. 

 
A finales de los 90, C-B se entusiasmaba con el 10% de apoyo a los verdes en las elecciones de la Unión Europea, con máximos de 15 y 20% en los centros urbanos. Y esta influencia, él lo sabe, más allá de los guarismos coyunturales, no ha sido efímera. Los programas ecologistas, con más o menos consistencia, han sido asumidos por izquierdas y derechas tradicionales, siendo muchas de sus banderas del ayer, actuales políticas de Estado en Europa (una vez más, “imaginación de ayer, evidencia de hoy”, otra consigna sesentera).
 
El año 2000, en el “Manifiesto Por Una Tercera Izquierda Verde (TIV)” -publicado en Chile el mismo año en el Nº9 de la revista Plaza Pública- C-B escribía: “aferrada al corazón de la izquierda, la TIV no está ni a la izquierda de la izquierda ni a la derecha de la izquierda. Simplemente está adelante, es su ala innovadora y desoxidante. La genealogia de la TIV es larga. Aunque fuimos durante largo tiempo los únicos que mantuvimos la lucha medio-ambiental, es claro que para nosotros esta no es la única lucha”. Tal vez por eso ahora en “Qué Hacer” aborda de todo, aunque en el documento adjunto (en PDF) sólo trataremos la urgente interpelación económica que nos hace en su obra. 
   
* Hernán Dinamarca es periodista y ensayista. Doctorando en Comunicaciones – Universidad de Málaga. Reside en Heidelberg, Alemania.
 
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