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Ministerio de las culturas, las artes y el patrimonio: nuevas oportunidades

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El pasado 17 de Diciembre de 2015 la Presidenta, Michelle Bachelet, dio el vamos al proyecto que crea el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, iniciando así un cambio histórico en la institucionalidad del Estado que ya no sólo se preocupa de la cultura como un concepto general, sino que también de “nuestra cultura” y de su alcance en materias patrimoniales y de descentralización.

Este 9 de Agosto se aprobó en el senado el cambio de nombre de la nueva institucionalidad: de “Ministerio de la Cultura” a “Ministerio de las Culturas”. Tema en apariencia simple, pero que en el fondo pretende incorporar nuestra diversidad cultural y nuestra multiculturalidad, dando un paso en reconocer que nuestra república se compone de varias culturas que son parte y deben ser reconocidas como integrantes identitarios y con derechos. Un importante avance en dirección a la diversidad de los pueblos que nos componen como país y es una evolución a una estructura estatal adecuada a esa realidad. 


El desafío no es sólo “dejar contentos” a los actuales usuarios de la institucionalidad,  sino estar a la altura de las necesidades de un país, haciendo convivir las necesidades artísticas, científicas y otras de manera inteligente, equitativa y actualizada con la infraestructura tecnológica y el capital humano necesario para un desafío tan grande como el que se propone.

La nueva institucionalidad recogería la memoria del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA) y de otras instituciones involucradas como la Dibam y el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN), tomando las fortalezas y superando las debilidades de las actuales reparticiones gubernamentales de cultura y patrimonio, asumiendo los desafíos de un tema no menor.

Reconocimiento del Estado a nuestras múltiples culturas

Aunque no exento de oposición, el reconocimiento a las culturas y pueblos originarios es parte del ministerio, las discusiones en el parlamento buscan asegurar una mirada regional y descentralizada del proyecto. Esto permitiría no sólo proteger y desarrollar nuestras culturas, artes y patrimonio de manera general, sino que además, respetar los matices y características particulares de cada región y territorio. No obstante, el proyecto no ha estado libre de algunas críticas que sinceramente no han tenido mucho eco.

El ex Presidente Ricardo Lagos abogaba, ya en su mandato, por un Ministerio de la Cultura, sin embargo el escenario político sólo permitió la creación del CNCA, sin rango de ministerio. Durante el primer gobierno de la Presidenta Bachelet se intentó crear el Instituto del Patrimonio, proceso liderado por el abogado Raúl Allard Neumann, pero no contó con el apoyo político necesario de las organizaciones vinculadas.

Posteriormente, la creación de un Ministerio de la Cultura tomó fuerza al final del Gobierno de Sebastián Piñera, pero éste quedó ingresado sólo como un proyecto para “cumplir metas” y fue objeto de críticas por la exclusión de los pueblos originarios y la eliminación de consejeros representantes de instituciones de amplia trayectoria en este ámbito

En el actual Gobierno se presentó una propuesta para los primeros 100 días, pero con la decisión de incluir la participación ciudadana. De hecho, se incorporó una consulta indígena y un sistema de consulta participativo.

Finalmente, el ministro Ernesto Ottone lleva adelante este proyecto solo con algunas críticas por la exclusión del proceso participativo, más aquellos reclamos se vinculan también con los intereses de ciertos grupos. Sin embargo, existe un primer desafío sobre el enfoque de las organizaciones vinculadas a la cultura y patrimonio, por pensar y funcionar diametralmente distintas. No obstante, esta disyuntiva surge al pensar que el nuevo ministerio se dirigiría sólo a cubrir las necesidades de unos sectores que, si bien deben son la parte más importante, en realidad, la misión de un Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio es el desarrollo y protección de cada uno de sus elementos desde la interculturalidad y con una mirada descentralizada.

El desafío no es sólo “dejar contentos” a los actuales usuarios de la institucionalidad,  sino estar a la altura de las necesidades de un país, haciendo convivir las necesidades artísticas, científicas y otras de manera inteligente, equitativa y actualizada con la infraestructura tecnológica y el capital humano necesario para un desafío tan grande como el que se propone.

Se debe pensar, por ejemplo, un área que incorpore funcionarios públicos y que se vincule con la sociedad, abordando las necesidades de los usuarios del sistema y los desafíos legislativos y de toda índole cultural, artística y patrimonial. Se requiere también que esta misma área cuente con la variedad profesional-técnica y una metodología a la altura del desafío, que por lo demás, necesitará de los usuarios del sistema, universidades y otros miembros de la sociedad junto con el financiamiento para funcionar.

Por otro lado, un área de tales características podría ser una solución a los problemas de participación, un puente entre la ciudadanía y el estado a través del financiamiento del trabajo de las personas que intervienen en los temas asociados a esta nueva institucionalidad.

Desafío de infraestructura

Una secretaría de Estado que pretenda enfrentar los desafíos que constituyen para el país la multiculturalidad, las artes y el patrimonio requiere una infraestructura tecnológica a la altura, que permita trabajar, de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, que tenga un espectro de universalidad con acceso equitativo (como dice su texto legislativo) que posibilite la “casi rebeldía” que requieren las regiones para preservar su patrimonio e identidad. Una reestructuración que trae consigo una serie de nuevas necesidades que van más allá de satisfacer a los usuarios, beneficiados, en la medida que la infraestructura del nuevo ministerio permita el desarrollo dinámico de los temas atinentes y la retroalimentación necesaria, sin excluir las posibilidades que hoy las nuevas tecnologías nos entregan.

Sin duda un gran desafío, preocupado incluso por los derechos de los trabajadores de la cultura. Este gran logro es el inicio de un camino en que las culturas, las artes y el patrimonio como bien público y desde una visión multicultural, respetuosa, digna y descentralizada comienzan a ser una prioridad para el Estado y un derecho adquirido para los chilenos y chilenas.

TAGS: #Artes #CMN #CNCA #Dibam #MinisterioDeLasCulturas Patrimonio

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Comentarios

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Narciso Valdebenito

11 de agosto

Obviamente que los servicios del estado son para dejar contentos a los usuarios es a ellos que se dirigen los servicios públicos y dudo mucho que exista interés en crear la infraestructura que usted señala.

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