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Maldita clase media

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El discurso pro clase media ha servido, gracias a un muy buen montado sistema simbólico de larga data, para profundizar en cierta alma chilena el individualismo en su más amplia expresión, de desprecio por el interés común, de lo político. Eso sí, muy bien disfrazado de derecho a la libertad y el emprendimiento para el éxito personal no colectivo.

Con extraña sensación me muevo por estos días. No es el caluroso invierno de un Santiago que por mucho que visite no me acostumbra a sus aires –más de los santiaguinos que de una urbe que no tiene, no puede, tener opinión- del estilo “solo acá discurre lo importante”. Tampoco es este raro agosto de Coyhaique que chubascos por acá, aguanieve por allá, nos hace pensar que eso del cambio climático ya nos alcanzó.
Son las reformas. O, más bien, las casi reformas.

La borrasca de los años 2011 y 2012 hizo a muchos clamar Chile cambió.  Sin embargo, el statu quo se resiste a mutar y los anhelos transformadores tambalean ante tanto espolonazo que los celadores de la normalidad –esta radical, ultronamente neoliberal normalidad- han lanzado para apuntalar un modelo que cruza nuestra educación, sistema impositivo, de salud, de previsión social. Es nuestro modelo de sociedad de mercado, en las antípodas de la sociedad con economía de mercado.

Ya sé el origen de mi desasosiego. Es la escasa acción ciudadana pública que he visto en esa gran masa supuestamente beneficiada por las reformas tan ampliamente votadas en las presidenciales de 2013. Porque no es precisamente un ejército el que, desde la ciudadanía, le ha salido al paso a históricos aliados: el gran empresariado, los medios de comunicación mainstream y los promotores políticos de la ideología que sacraliza la propiedad privada, teñida de ímpetus de libertad.  Que se me entienda, no circunscribo entre estos últimos solo a los partidos de la Alianza, extendiéndolos también a ciertos actores dentro y fuera de la Nueva Mayoría.

El rechazo de la divina trinidad neoliberal a las reformas estructurales no debe extrañar. Para nadie es un misterio que son los principales impulsores del modelo social y económico (y político) vigente. Son los grupos conservadores en su sentido más estricto, de todo aquel que se siente cómodo con el estado vigente de las cosas. Son quienes estiman que el sistema ha funcionado para ellos, por tanto buscan mantenerlo.

Pero hay un cuarto grupo que ha salido al ruedo. Son las organizaciones que, apoyo de la derecha ideológica y los medios de comunicación mediante, han podido tomar protagonismo en la discusión tanto sobre los impuestos como sobre la enseñanza.

En la primera, la Asociación de Emprendedores de Chile (Asech) cuya cara visible es Juan Pablo Swett. Donde su principal contenido publicitario es que la Reforma Tributaria es un “golpe a la pyme”.

En la segunda, la Confederación de Padres y Apoderados de Colegios Particulares Subvencionados (Confepa), que hoy por hoy tiene como entrevistada estrella de múltiples medios a su presidenta, Erika Muñoz. Acá sus lemas fundamentales son “que no experimenten con nuestros hijos” y “así no la quiero”. La Reforma Educacional, se entiende.

El disímil origen socioeconómico de ambos representa, en alguna medida, lo que en el último tiempo ha llamado mi atención sobre el discurso público pro clase media. Swett es hijo del importante empresario agrícola Juan Pablo Swett y estudió en el colegio ABC1 Verbo Divino de Santiago. Muñoz es dueña de casa, usuaria Fosis y ha incursionado en distintos rubros para sacar adelante a su familia.

Ambos se paran en el debate público en defensa de la clase media. Esa masa ciudadana informe y amplísima, que en el último tiempo se utiliza recurrentemente para emprenderlas contra toda política que intente redistribuir los ingresos (subir el sueldo mínimo golpea a las pymes clase media) o garantizar derechos sociales a todos los ciudadanos del país (otro ejemplo de ello es la incipiente crítica a una eventual reforma estructural a la salud). Reiterativas son frases del tipo “las únicas familias que no reciben apoyo del Estado son las de clase media”, “a los pobres los protege el gobierno, los ricos no necesitan beneficios y a la clase media no la ayuda nadie”. También están sus primas hermanas “da lo mismo el Presidente que se elija, total al día siguiente debo trabajar igual”, “para qué tener más parlamentarios, si al final no hacen nada”.

Así las cosas, en última instancia el discurso pro clase media ha servido, gracias a un muy buen montado sistema simbólico de larga data, para profundizar en cierta alma chilena el individualismo en su más amplia expresión, de desprecio por el interés común, de lo político.  Eso sí, muy bien disfrazado de derecho a la libertad y el emprendimiento para el éxito personal no colectivo.

El derecho a elegir en un mercado donde todo es transable: valores, bienes comunes, derechos. Como si vivir en sociedad no fuera más que la suma de las individualidades y que cuando se busca hacer de este un Chile menos desigual e injusto nadie está disponible para meterse la mano al bolsillo o para sacrificar un poco de su cómoda situación “porque siempre los golpeados somos la clase media”. Clarificadora es la frase de un grupo de apoderados de Temuco, durante una actividad pública: “¡Nico, con mis hijos no te metas!”. Mis hijos, mis hijos. Ellos, los míos, son intocables, no importa que una parte importante del resto (esos otros que quizás no son clase media, pero eso ya es mala suerte) la esté pasando mal. Total, en un mundo mercantilizado cada uno se rasca con sus propias uñas.

Fue en pleno movimiento estudiantil que un grupo de alumnos de Coyhaique dio un ejemplo claro de que vivir en sociedad no son solo conocimientos, plata en los bolsillos. También es solidaridad contemporánea e intergeneracional.

Así lo demostró una joven dirigenta. Rememoro lo columneado en aquella ocasión: “Aún hoy escucho a una estudiante del Liceo San Felipe Benicio, expresando en plena toma que ellos sabían que tenían una buena educación. Y que su movilización no era por ellos mismos, sino en adhesión a un proceso que buscaba que todos los niños y jóvenes de Chile hoy y mañana tuvieran derecho a una educación como la suya. Que ésta fuera un derecho y no el premio para algunos afortunados. ¿No vale tal fundamento más que varios 7 en matemáticas?”.

Desde que ingresé el mundo laboral estoy adscrito a Fonasa, tramo D. Hasta hace poco planteaba que si se aprobaba la AFP estatal haría el tránsito hacia ella. Hoy ya no estoy tan seguro, creo que lo que se requiere es cambiar el sistema general de previsión (desde uno de capitalización individual a uno de reparto), dentro de un modelo donde todos los derechos sociales debieran ser garantizados por el Estado y los bienes comunes no pudieran ser mercantilizados.

No sé si soy clase media. Y saben qué, la verdad es que me tiene sin cuidado. Mi intención solo es dejar establecido que creo que para dejar atrás un sistema perverso como el actual se requiere cambiar de paradigma.  Y uno importante es que, en ocasiones, hacer lo correcto debe involucrar sacrificios.  Aunque eso beneficie a otros menos afortunados y no particularmente a uno.

El tema es que no estoy tan seguro que este principio permee el interés de una clase media individualista y aspiracional que tantos, demasiados, compiten por defender y representar.

—–

Foto: Mauro! / Licencia CC

TAGS: Clase Media Distribución de Ingresos Reformas

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Comentarios

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Luis G.

18 de agosto

“El ESTADO , con su Ministerio de Educacion a la cabeza, debe centrarse en SU NEGOCIO, que es POTENCIAR la Educación Pública-Estatal y por lo tanto , destinar los dineros disponibles a soluciones REALES, no a parar inventos ficticios como los subvencionados. Si aun así se considera la participación de entidades educacionales privadas, debe establecerse un férreo control del cumplimiento del programa educacional MINIMO establecido por el Ministerio para todos. Si el particular quiere ir mas allá con algunos ramos haciendo foco en otras áreas como religión, música avanzada, mas idiomas, educación física, etc etc, es tema de ellos. Pero la matriz de requerimientos mínimos debe ser controlada y regulada por el Estado, para garantizar oportunidades lo mas iguales posible para todos. En la práctica , si la Educación Pública llega a ser competente y eficaz, se caerá de maduro que la gente misma reaccionará cambiando a sus hijos a éstos colegios que ademas serán GRATIS, o mejor dicho, pagados por los impuestos de todos, de la forma que esté establecido por la reforma tributaria en curso.”
Hago mía esta opinión que leí en unos de los videos adjuntos a la columna.

jose-luis-silva

19 de agosto

Le informo que se hizo de una opinión ideologizada que solo perjudica a la educación de calidad porque todos estamos de acuerdo en “la matriz de requerimientos mínimos debe ser controlada y regulada por el Estado, para garantizar oportunidades lo mas iguales posible para todos”. Lo que discrepamos es la forma mas eficiente de hacerlo y para eso debe despegarse de ideologías.

Si los colegios público fuesen reconocidos por todos como los mejores y los que propagan la reforma metieran a sus hijos en ellos para ser consecuentes con lo que hablan, esto y de acuerdo en que el estado se haga cargo de educar, además de regular y que se terminen o reduzcan los colegios malos, en este caso lo privados.

Pero si los son los colegios privados donde todos quieren meter a sus hijos porque entregan mas calidad, lo lógico es que el presupuesto no se destine a colegios públicos sino a las familias que no tienen dinero para meter a sus hijos en colegios privados para que lo puedan hacer.

Eso seria una visión clara, honesta, no ideologizada, a diferencia de la actual, que siempre estará en contradicción con la realidad y que no nos llevará a nada bueno.

Saludos y agradezco el dialogo directo y sincero

Luis G.

19 de agosto

No veo lo ideológico en ese comentario.
Simplemente dice fortalecer la educación pública.
No habla de intervenir directamente en los subvencionados ni menos en los privados, cuco que ud. le esta dando.
Creo – y espero no ser el único en pensar así – que destinar tanto dinero en una reforma educativa que va a, por ejemplo, comprar establecimientos subvencionados a los sostenedores no tiene ningún sentido.
¿Por qué no mejor con esa millonada mejorar directamente la educación pública? Y ni siquiera hablando en términos de desmunicipalización, sino que meramente en términos de mejoramiento de sueldos, mejor repartición de niños por salas, mejores instalaciones, etc.
La calidad no es una característica inamovible de la cual los privados sean los únicos depositarios, es más bien una cualidad que emerge de la interacción de factores positivos. Los niños de los colegios privados no son más inteligentes, ni más capaces, ni nada por el estilo, sencillamente cuentan con mejores oportunidades y factores de tal índole mejores.
La propuesta que respaldo (que claramente NO es la de este gobierno) es mejorar tales factores en los niños que no han tenido tales oportunidades. Pues, insisto, la calidad no está dada en el mundo como algo para ser encontrado sin relación a nada, al contrario, es una cualidad relacional entre entorno y estudiantes.
Eso es igualdad de oportunidades. Eso es lo único ideológico que tiene mi propuesta. Si ud. eso lo encuentra ideologizado, entonces lamento comunicarle que su postura está en contra de un principio básico de la democracia que es vulnerado y apenas logrado por el estado subsidiario.
Saludos.

jose-luis-silva

19 de agosto

No me entendió. La premisa de fortalecer la educación publica a cualquier costo es lo ideológico y que perjudica la educación. Mientras no haya una educación publica de calidad hay que procurar que los niños estudien con la mejor educación, la privada, eso seria una visión no ideológica. Si su postura no fuese ideológica estaría de acuerdo conmigo de terminar con la educación publica y la subvención a los de copago y destinar todos esos recursos a las familias que no pueden pagar un colegio privado para que lo puedan hacer. Muchos públicos y subvencionados actuales se harían privados porque tendrían una demanda segura de alumnos que van gastar el presupuesto del estado en colegios privados. Así cumpliríamos con el objetivo suyo y mio de asegurar la calidad y asegurar el acceso a todos a la mejor educación, lo único que no se cumpliría seria lo de “fortalecer la educación publica”, una porfiada concepción absolutamente ideológica, que genera odiosidades y que empeora la educación

La educación de la mejor calidad y para todos está a la vuelta de la esquina, es esa porfia ideológica que usted comparte lo que impide llegar a ella.

Saludos

19 de agosto

¡Por fin se muestra tal cual es! Autoritario y sesgado.
¿Acaso ud. no es de los que está a favor de la “libertad de elegir”?
¿Y ahora me está diciendo que hay que transformar todo a educación privada?
Lo cito:
“(…) Terminar con la educación publica y la subvención a los de copago y destinar todos esos recursos a las familias que no pueden pagar un colegio privado para que lo puedan hacer”.
¿Transformar todo a educación privada?
Eso es precisamente destruir la elección y hacer todo lucro.
Ahora no entiendo como su sector político tiene la cara dura de poner el grito en el cielo cuando otros sectores hablan de estatizar los subvencionados a la vez de no tocar la educación privada cuando su propia propuesta es destruir las opciones de elegir.
Por lo menos desde mi perspectiva tengo la decencia de no tocar un ápice el modelo, dejando ser a los que quieran lucrar, y simplemente dar otra dirección a la inversión que si o si hará este gobierno de pseudo-izquierda en “mejorar” la educación.

jose-luis-silva

19 de agosto

La libertad de la personas es lo primero. Son las personas las que eligen a los colegios privados apenas pueden hacerlo, lo hacen hasta los mas encendidos detractores del lucro. Eso me dá respaldo para asumirlo como un dato dado que no necesito probar. Me entiende? Asumo que siendo asi estaria demas preguntar: “que prefire, que le pasemos la parte del presupuesto a Ud. para que elija el colegio privado asu hijo o quiere o se lo pasemos a la escuela municipal para que lo mande allá”. Todos sabemos la respuesta, es usted el que no está dispuesto a dar esa opción y yo no tendria problemas porque en el fondo Ud. y yo sabemos la opción que elegirian.

Saludos

Luis G.

20 de agosto

A ver… releyendo esta conversación haré las siguientes acotaciones:

1.- Cada uno al final ha desenmascarado al otro ideológicamente (aunque ninguno de nosotros quiere admitir que esto es ideológico):
1.1- Ud. considera que la educación es un bien de mercado. Considera nefasta la opción de un Estado docente, aun cuando esta opción no implique la inexistencia de la educación privada, como he repetido hasta el cansancio.
1.2. Yo no creo que la educación sea un bien transable, sino más bien un derecho que debe ser dado por la sociedad en su conjunto, cuya representación es el Estado. Luego el Estado docente es mi opción.

2.- Más allá de la discusión ideológica (1) y de si (1.1) o (1.2) son alternativas válidas, situémonos en la “neutralidad” de la conversación económica.
2.1.- Vamos primero por su propuesta: Supongamos que le damos un subsidio a aquel porcentaje de niños y jóvenes que van a pasar de un sistema de tres formas de administración a uno solo: el privado. Según cifras informales (mirando en google en diversas fuentes no oficiales y solamente para estimar), la cantidad de alumnos en el sistema privado es de aprox. 250 mil. sobre un total de 3 millones. Luego tendrá que financiar con un subsidio (que según su propuesta sería pasarle esa plata a las personas/familias) a 2.75 millones de alumnos permanentemente, algo así como poco más del 90% de estudiantes.
Ahora bien, el máximo del copago es de 70 mil pesos en particular subvencionado, con una subvención entre 40 mil y 50 mil en promedio. Tomo en consideración el máximo del copago ¿por qué? Porque sigo su lógica de que “todos quieren irse a la educación privada”, ergo, si alguien tiene 70 mil pesos para invertir en su hijo mensualmente se sigue de su “lógica” que si tuviese la opción de enviarlo a uno privado por ese costo lo haría, pero como no lo hace, entonces el costo de eduación privada por alumno mensualmente debe ser superior a 70 mil pesos promedio.
A vuelo de pájaro eso sería una inversión (en relación con los números actuales) por alumno de 120 mil pesos, la cual se tendría que hacer cargo su propuesta de privatización absoluta.
Multiplicando (2.75 mill. por 120 mil) y redondeando, y convirtiendo a dólares, sería algo así como 567 millones de dólares MENSUALES. Todo esto con redondeos hacia abajo. No me meto más a investigar el promedio de gasto por alumno mensual en educación privada en Chile porque los datos son duros de minar en internet y llos colegios privados NO transparentan sus gastos. (Y no tienen porqué tampoco.)
Multiplique por 12 meses: 6800 millones de dolares anuales cuesta su reforma de subvencion directa a las familias. ¿Sabe cuánto se desea invertir en la compra de los colegios particulares subvencionados? 5000 millones de dolares en un plazo de 12 años. Otro numerito le doy (de la editorial de El Mercurio): 1800 millones para la educación superior (gratuita).
2.2.- Mi humilde propuesta es invertir los 400 millones de dolares anuales que se quieren invertir en la compra de los particulares subvencionados en colegios municipales, cuya matricula absorbe algo así como 1.5 millones de alumnos. Multiplicando y dividiendo eso significa una inversión de 140 mil pesos anuales por alumno, poniendo la inversión por alumno en educación pública a un nivel que pueda ser un poco más competitivo con lo privado.

3. Conclusiones:
3.1. Su propuesta, poniéndole algunos números, es inviable en términos estrictamente de costo. Creo que, de ser ciertas mis estimaciones (a usted le queda la tarea de averiguar que tan cerca estoy de su propia propuesta real, si es que la tiene) su propuesta es MUCHÍSIMO más cara que la mía de sólo mejorar la educación pública. La privatización subvencionada de manera directa es una MALA idea económicamente hablando, fuera de que ideológicamente me es totalmente repugnante.
3.2. El estado docente no significa NADA en términos ideológicos. Es simplemente la afirmación de que el Estado como depositario de la soberanía del pueblo se haga cargo de una tarea que es un derecho para todas las personas. Nada más y nada menos. No significa que se adoctrine a los alumnos, ni que se reescriba la historia, ni nada por el estilo. Los planes de estudio hoy por hoy dependen del ministerio de educación (hay un centralismo por medio) y eso no cambiaría en el régimen administrativo que es mi perspectiva ideal. Lo único que cambia es quien hace la gestión y, por tanto, habría una reestructuración que, en teoría y mediante reforma tributaria y educacional, significaría mayor inversión en los niños que se traduciría finalmente en igualdad REAL de oportunidades entre los niños educados en colegios particulares versus los estatales.
3.3. Usted ha atacado que quienes muchas veces tienen la voz cantante contra el sistema son los primeros en adecuarse a él, algo así como “comunistas hasta que se enriquecen” y ¿sabe qué? en todo lo que ha dicho es lo único que se lo concedo. Pero, en lo que a mí concierne, ese grupo que se hace llamar “socialistas” o “centroizquierda” me merece mayor rechazo que los propios de derecha. Por lo menos con alguien de derecha se sabe uno a qué se enfrenta, pero con los otros…

jose-luis-silva

20 de agosto

Luís agradezco el dialogo y su deferencia. Antes de que se pueda demostrar si es o no viable, la pregunta es: Está UD dispuesto a dar la opción de elegir ellos el colegio privado para sus hijos con la parte el presupuesto que le da el estado a través del sistema estatal? ¿Tomaría UD. el riesgo que se termine el sistema estatal en forma natural porque hasta la gente que dice defenderlo toma la opción privada? Esa es la pregunta ¿esta dispuesto a hacerlo o no?

Obviamente que viene el tema financiero, yo asumo el riesgo de que el presupuesto no es obstáculo y de serlo obviamente se deshecha la opción por inviable, no tengo problema. Pero ¿UD? La respuesta a eso le indicará si ud. antepone su ideologia en su postura.

Saludos y agradesco el dialogo

Luis G.

20 de agosto

El criterio financiero es una buena manera de construir políticas, pero desde mi perspectiva usted nunca toma en cuenta el criterio utilitarista de Mill que reza “el mayor bien para el mayor numero de personas”, es decir, si hemos de invertir en construir una política educacional, entonces debiese ser guiada por el criterio de beneficiar a la mayor cantidad lo mejor posible.
La conjunción de ambos criterios (costo y utilitarismo) es suficiente para mí para persuadirme a que una política es correcta independientemente de su origen ideológico.
Por cosas del destino las ideas de izquierda propenden a conjugar estos criterios más que las ideas de derecha. Y ojo aquí que hablo de ideas y no de práctica, pues ahí nos metemos a la cuestión histórica sobre la cual ya sabemos que tenemos divergencias de exégesis.
Ahora bien, a pesar de que ese es mi ideal no soy un iluso que cree que los sistemas por sí mismos son suficientes para cambiar tendencias innatas en la psiquis de las personas, como por ejemplo la depredación o la competencia. Pero, y he aquí mi punto, ud. niega sistemáticamente que el ser humano tenga otra clase de tendencias más cooperativas y, por tanto, que otros sistemas polítco/sociales también puedan ser adecuados para organizarse como sociedad.
Si la mayoría quiere un sistema más que otro (capitalismo), entonces que así sea. Pero, si al contrario, la mayoría busca otro alternativo, entonces ¿quienes somos como minoría para impedir que la sociedad cambie? Y eso es lo que obscenamente han hecho grupos políticos como el suyo (si mal no recuerdo ud. dijo ser simpatizante UDI) quienes sistemáticamente se han opuesto a reformas que van en línea con los criterios apuntados al comienzo.
Insisto: no soy un iluso que crea que todos quienes se movilizan tienen en serio una convicción ideológica como la mía. Creo que gran cantidad de personas están cómodas con el sistema y sus protestas son más bien de tipo “consumidor que exije sus garantías”. Pero esto no me persuade de pensar que se pueda crear una real mayoría de izquierda que piense en reformas profundas y no a medias como lo hace la neoconcertación.
Somos pocos, lo sé por los resultados de las urnas, pero no renunciaremos a demostrar que nuestra alternativa merece ser respaldada por la mayoría para refundar Chile.
Ahora sí me despido
Saludos.

jose-luis-silva

20 de agosto

UD dice “los criterios (costo y utilitarismo) es suficiente para mí para persuadirme a que una política es correcta independientemente de su origen ideológico”, pero soy yo el que estoy dando una alternativa de tener educación de la mejor calidad y a la que todos tengan acceso. Pero UD. lo evade.

UD. habla de la voluntad mayoritaria con gran solemnidad. La mayoría quiere dejar de pagar colegio de los niños pero si para eso se aprieta tanto la economía que quedan sin pega esa voluntad mayoritaria ya no quiere lo mismo. Yo prefiero preocuparme mas de valores mas permanentes como la libertad de las personas, mucho mas que de la espuria “voluntad mayoritaria”. Yo tengo muy claro que mientras no seamos como Suecia, donde a diferencia nuestra hay muchos ricos para ayudar a pocos pobres, el intento de copiar una política redistributiva termina pronto porque la única forma de recaudar acá es haciendo pebre a la clase media. Al final la “voluntad” contra el sistema es puro show porque nadie está dispuesto a arriesgar lo que el sistema le da. ¿para que sumarme a algo tan estéril como una “voluntad mayoritaria” tan volátil? Es mas importante aferrarnos al camino para lograr realmente ser un país donde haya muchos ricos para ayudar a pocos pobres o conservar la libertad a las personas como algo mucho mas valioso que el totalitarismo que recibimos de un estado “omnipresente”.

Saludos señor, fue un agrado.

19 de agosto

Son varios los mitos a través de los cuales la derecha duopólica intenta mantenernos desmovilizados. Uno de ellos es que la mal llamada clase media es el sector numéricamente mayoritario de nuestro país. En realidad, la mayoría de los chilenos somos trabajadores profundamente flexibilizados, tercerizados y humillados en nuestros derechos, somos los que ganamos el sueldo mínimo mientras vemos que son otros, una minoría sin duda, la que goza de los beneficios de nuestro esfuerzo cotidiano. Así las cosas el discurso pro clase media ha servido, gracias a un muy buen montado sistema simbólico de larga data al que se refiere el autor de este artículo, para profundizar en el individualismo, en el egoísmo y en el desprecio por el bienestar común y hacia la política entendida como herramienta de cambio en favor de todos.

Dicho lo anterior, me gustaría hacer hincapié en otro mito relacionado con la “clase” media. Me refiero a que como grupo social se sienten muy cultos, como un sector en ascenso y políticamente de avanzada. De hecho, muchos de ellos hasta se piensan como elite dirigente, como vanguardia del proletariado y demás al tiempo que desprecian a sus compañeros de clase, a esos otros trabajadores que al igual que ellos también intentan vivir de un salario definido de antemano por los intereses de la patronal. Sin embargo, la experiencia histórica nos muestra que son los sectores más humildes del pueblo, los socialmente más vulnerables, los que acaban por transformarse en el sostén político e ideológico de los cambios, de la (r) evolución digo, mientras que esa maldita clase media, que se piensan tan lúcidos, siempre terminan siendo usados por la reacción para los propios fines de la élite: pasó con Chávez y con Allende y hoy pasa con Maduro, con Evo Morales, con Correa, con Cristina en Argentina, con Mujica en Uruguay o con Dilma en Brasil.

jose-luis-silva

19 de agosto

La gente se moviliza por cuestiones sociales mientras esa movilización no le afecte el bienestar propio Don Alfredo. La gente se manifiesta de izquierda pensando que así aumentará su bienestar, nadie se preocupa tanto de lo bajo que es el sueldo mínimo si está sin pega.

Respecto a lo otro me parece que se equivoca, los mas humildes y socialmente vulnerables eran el sostén político de los cambios cuando eran claramente una mayoría. Ahora, gracias al sistema económico que tanto critica, la mayoría ya es de clase media, no los mas pobres, los grandes cambios ya no son ni serán provocados por los mas pobres. A menos que esos cambios vuelvan a convertir a los pobres en mayoría, ese es el gran triunfo de su sector, no de la derecha que procura sostener el sistema que le ha dado mas bienestar a la mayoría que en toda la historia de Chile.

saludos y agradesco el dialogo

19 de agosto

José Luis Silva Larraín: Estamos en veredas ideológicas totalmente opuestas, sin embargo, decidí escribirle porque a pesar de ello, de que nos separa un abismo en relación a nuestras ideas, es bastante respetuoso en su comentario. Eso es algo que se agradece y que merece pleno reconocimiento porque es difícil encontrar esa actitud en muchas personas de derecha como también de izquierda. Saludos.

jose-luis-silva

19 de agosto

Estamos muy de acuerdo y me alegro mucho que piense asi. Creo que nadie es dueño de la verdad y lo mas cercano a ella sólo podemos encontrarla todos juntos.

Saludo cordial y afectuoso Alfredo.

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