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Los desafíos de un Chile con historia

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Una vez más es fundamental la unidad social y política del pueblo. Hoy el país tiene la oportunidad histórica de redefinir un proyecto político conjunto con todas las fuerzas progresistas.

Hace medio siglo, hubo un chileno ilustre que proclamó la necesidad de la “unidad social y política del pueblo”. Se llamaba Radomiro Tomic. Señaló que la convergencia política del centro y la izquierda, así como la convergencia de los actores políticos con la sociedad civil organizada, eran claves e imprescindibles para acometer desafíos de transformación social de envergadura nacional como la reforma agraria, la promoción popular y la recuperación de las riquezas nacionales.

Hubo entonces otro chileno ilustre que acogió con entusiasmo ese llamado, manifestando que desde su juventud había luchado por la unidad del pueblo, a cuyo servicio consagró la totalidad de su vida. Se llamaba Salvador Allende.

Sin embargo no fueron escuchados por sus partidarios. Terminó prevaleciendo el muro del sectarismo y el camino propio, causando estragos en la vida política y social de Chile, cuya violenta culminación fue el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 y la imposición de una prolongada dictadura militar.

Sin embargo, esa tragedia nacional permitió abrir paso en las mentes y los corazones a esa convocatoria de Tomic. Los estudiantes que en los 80 levantamos el CONFECH desde los centros de estudios y que contribuimos a empujar la convergencia multigremial expresada en la Asamblea Nacional de la Civilidad, abrimos un sendero profundo de unidad social y política. Teníamos la mirada puesta en la conquista de un proyecto nacional y popular que democratizara el país y cambiara profundamente el eje del desarrollo nacional hacia la consecución del bien común y el predominio del interés público.

La acumulación del proceso de movilización social y ciudadana que se registró desde mayo de 1983, cuando aconteció la Primera Jornada de Protesta Nacional, culminó en el 5 de octubre de 1988, cuando fue derrotada la dictadura militar y lo que representaba, cuando la energía contenida por años se volcó a las calles y un Chile poblado de una ciudadanía dispuesta a cambiar su historia fue testigo de la hazaña.

La agenda pública ha estado marcada durante las últimas semanas por conmemoraciones de esos hechos de honda significación histórica: los 40 años del golpe de Estado y los 25 años del triunfo de la opción NO en el plebiscito. La recuperación de la memoria histórica tiene el sentido de encontrar claves fundamentales para pensar los desafíos del presente y el futuro. Para nosotros, el principal aprendizaje de esos hechos que se han conmemorado es la necesidad permanente e irrenunciable de la “unidad social y política del pueblo” de la que nos hablaron Radomiro Tomic y Salvador Allende con intuición profética y con un profundo sentido de la historia.

En Maipú, iniciamos el año pasado un proceso democrático de construcción de la unidad social y política de todos los hombres y mujeres que estaban disponibles para soñar con un nuevo destino histórico para nuestro espacio local, que colocara el horizonte de una democracia participativa como propósito de realización en el camino de la conquista de una ciudad feliz. Estábamos abriendo libre cauce a una esperanza y estableciendo además un compromiso. Pienso que estábamos contribuyendo a hilvanar la marea política y social que se expresará este año en una Nueva Mayoría que conquistará un nuevo gobierno, definido por una opción de profundas transformaciones, que permitirá que la ciudadanía vuelva a ser sujeto activo de su propio destino.

La ciudadanía no quiere ser más un mero dato estadístico. Quiere ser escuchada y tenida en consideración. Esta voluntad ha sido demostrada, en particular, por nuestros jóvenes y estudiantes, que se movilizan y se resisten por todo Chile.

Necesitamos reconciliación, pero sólo sobre la base de la verdad y la justicia.

Necesitamos gobernabilidad, pero sobre la base de cambios de fondo en la sociedad, que se hagan cargo de las demandas de la ciudadanía.

Necesitamos una nueva Constitución, democrática en su origen y en sus contenidos, que funde una nueva República y un nuevo Estado democrático de derechos; que transite en la perspectiva de una democracia participativa, que garantice el pleno ejercicio de todos los derechos humanos; que recupere para la ciudadanía la educación, la salud y la previsión como derechos sociales; que recupere asimismo los recursos naturales para el país, como el agua potable, y que garantice su calidad de bienes públicos; y que avance en una reforma laboral y una reforma tributaria que superen las irritantes inequidades en las relaciones de poder. Para todo ello, una vez más es fundamental la unidad social y política del pueblo. Hoy el país tiene la oportunidad histórica de redefinir un proyecto político conjunto con todas las fuerzas progresistas.

Estamos a poco tiempo del fin de un paréntesis regresivo en nuestra historia. Es el tiempo de volver sobre el propósito siempre inacabado y perfectible de construir un país más justo y más democrático, una patria justa y buena para todas y todos.

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claudio olivos

15 de octubre

Don Christian.

Quienes somos asiduos lectores de los medios escritos solemos encontrar hechos interesante, opiniones relevantes y, la mayoría de las veces, columnas que rayan en lo irrisorio y paradójico. Y la que acá comentamos cumple con ambos requisitos.

1. Irrisorio resulta que un “camarada” demócrata cristiano haga una apología de Salvador Allende, puesto que es de público conocimiento, a pesar de las reinvenciones y reinterpretaciones de dicho partido, que la DC propicio el Golpe de Estado e hizo lo posible por quitarle el piso al compañero Allende. No vale la pena recordar las gestiones de Aylwin ampliamente difundidas en la prensa (http://www.theclinic.cl/2013/08/27/recordando-el-dia-en-que-patricio-aylwin-apoyo-el-golpe-de-estado-para-evitar-una-tirania-comunista/).
Aunque siempre está la opción de ser proselitista cuando convenga y eso no sería cuestionable. Sin embargo resulta por lo menos gracioso, el hecho de que alguien cuestionado por tráfico de influencias, cohecho y malas prácticas, anteponiendo el beneficio personal por sobre el “bien común”, abogue por la “unidad social y política del pueblo”. Claro que existe la presunción de inocencia, pero no es fácil tapar con un dedo bocas acusatorias (http://ciperchile.cl/2011/01/13/contratos-millonarios-desatan-guerra-sucia-por-la-recoleccion-de-la-basura-en-maipu/).

2. Ahora bien los políticos y los “servidores públicos” tienden a ser sujetos de mofa, por lo tanto caeríamos en una redundancia, y quizás el dicho “de que las personas tienen los gobernantes que merecen” algo aplica. Es ineludible la paradoja que se observa al leer las opiniones del alcalde y los usos de conceptos que no maneja, pero además sostenidas por “graciosas” percepciones de la Historia.
Primero Memoria e Historia no son lo mismo, quienes lo asemejan o los usan indiscriminadamente es básicamente por adhesión ignorante, más que por una distinción crítica. Por lo tanto mal podría ser “recuperar” algo que entre sí se oponen. Segundo aseveraciones cómo “intuición profética” (propias de los mesianismos, que son la antítesis directa de la política) emparentadas con el “sentido histórico”, claramente adolecen de todo sustento argumental, por cuanto el segundo aporta evidencias de que lo primero está más cercano al mito (aquello que acontece en in illo tempore)

No quisiera extenderme demás en esta opinión, pues existe “mucho paño que cortar”, pero que prudente sería asesorarse bien antes de escribir cualquier lesera, o quizás reflexionar más los parloteos partidistas antes de asumir corrientes de opinión.

Saludos.

Jorge Urbina

16 de octubre

Quienes somos asiduos lectores de los medios escritos solemos encontrar posteos interesantes y la mayoría de las veces comentarios que rayan en lo irrisorio y paradójico. Y el comentario del señor “Claudio Olivos” cumple con ambos requisitos.

1. Irrisorio resulta que se ignore que en 1973 hubo un grupo de camaradas del PDC que rechazaron el golpe de Estado, incluyendo su candidato presidencial en 1970, Radomiro Tomic, y el ex Vicepresidente de la República Bernardo Leighton, víctima luego de un atentado de la DINA en Roma. Su punto de vista hoy es valorado ampliamente por el PDC. Ninguno de ellos, obviamente, sostuvo ese punto de vista por conveniencia.

2. Más irrisorio es que “Claudio Olivos” desempolve un trabajo periodístico de hace casi tres años y que por lo demás no formula imputación directa contra el actual alcalde de Maipú (¿en qué parte de ese texto hay evidencia de que Vittori tenga responsabilidad en “tráfico de influencias, cohecho y malas prácticas”?). Y habiendo transcurrido tres años, no existe ninguna investigación judicial que acredite la responsabilidad de Vittori en hecho ilícito alguno. Que “Olivos” desempolve entonces ese artículo lo único que prueba es el odio que siente contra la autoridad comunal de Maipú.

3. Más gracioso es su comentario sobre el uso de nociones conceptuales. No he logrado descubrir en qué lugar de la columna de Vittori se establece que memoria e historia son lo mismo. No entiendo la razón por la cual el uso de recursos retóricos como “intuición profética” sea propio de los mesianismos. Lo único que queda en evidencias con tan graciosos comentarios, aparte del odio al que ya aludíamos, es la fatuidad de “Claudio Olivos”, a quien, sin embargo, agradezco haberme concedido esta tarde unos momentos de sana diversión con su posteo.

Jorge Urbina.

Claudio Olivos

21 de octubre

Sr. Urbina.
Cabe destacar que un analfabeto funcional pueda reírse de lo que lee, aunque llama la atención si realmente entiende lo que tanto lo entretuvo.
1. El que trece miembros del PDC hayan cuestionado y rechazado el golpe no determina el accionar previo ni posterior del partido. Más aún el que hoy en día el partido reconozca dicha misiva de “los 13” habla de la conveniencia en la cual se mueve los miembros del partido. Ejemplo de eso es la cercanía de Vittori con Orrego (correligionarios), pero aún así el primero apoyo a la candidata de la Nueva Mayoría, de otro partido, lo cual lo llevo al Tribunal del PDC.
2. Se hace alusión a la presunción de inocencia y la existencia de sospechas (fundadas por cierto, no leeré la noticia para alguien que no la entiende) y cuestionamientos, sobre todo cuando la noticia señala que los cinco concejales en rechazar la mejor oferta tienen algún interés: “Los cinco tienen aspiraciones para ser candidatos a alcalde. Entiendo que por ahí va la lógica, porque no es sólo la fonda: también hacen publicidad y propaganda juntos. Y hay nexos laborales. Christian Vittori es funcionario de la Municipalidad de Cerro Navia, donde Marcelo Torres es administrador municipal. Pero lo que están haciendo es rechazar por rechazar”.
El año de la noticia no invalida el traerlo a la palestra, pues hay delitos que no prescriben menos si aún hay diligencias pendientes, además un ejemplo clásico de limpieza de imagen es dejar que la gente olvide y enviar a emisarios a desvirtuar las sospechas.
Ahora sobre la afirmación de odio, quizás el señor Urbina piensa que debería querer al alcalde o tener algún tipo de sentimiento. Sin comentarios.
3. Frente a este punto y tratando de ser lo menos engorroso en la explicación, no sólo para que Urbina lo entienda, sino que por cierto como ejercicio de comprensión lectora.
Cabe destacar el título de la columna, “Los desafíos de un Chile con Historia”, con lo cual uno establece el andamiaje desde donde va a construir su opinión, es decir una idea preconcebida de Historia y cuáles son las falencias de Chile en la construcción de su relato histórico (magna tarea para un empleado público), pero la cual se mezcla con apreciaciones del tiempo presente, en palabras de Halbwachs “…es una memoria prestada de acontecimientos del pasado que el sujeto no ha experimentado personalmente”; ahora bien el señor alcalde además señala que “La recuperación de la memoria histórica tiene el sentido de encontrar claves fundamentales para pensar los desafíos del presente y el futuro…”, algo totalmente absurdo, puesto que Memoria es (y en palabras de nuestro citado autor) “la capacidad del presente para modelar el pasado…”, o sea de inscribirse en la Historia. Y es aquí donde se observa el símil que sr. Vittori entiende entre Memoria e Historia, pues no se le puede pedir a la Memoria que oficie lo que por genealogía le ha da significado a la Historia (mis disculpas señor Urbina, se le complico la lectura).
Frente al concepto de mesianismo, es bueno leer y se dará cuenta que los recursos retóricos de “profetizar” en base a un sentido histórico no tiene relación con la esencia de la Historia, ya que está en su afán científico (Wallerstein “las incertidumbres del saber”) busca establecer procesos (Spengler), estructuras (Marx), ciclos (kondratieff), etc., que permitan entender el devenir de la acción humana en base a la evidencia que otorga el pasado, y no a profecías nacidas de la intuición.

Finalmente, si algo no le volvió a quedar claro, don Jorge, lea, use el diccionario, no le tema; si su camarada o jefe le pide que responda a una discusión, no lo haga al voleo o desde el proselitismo, infórmese, piense, critique.

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