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Lo que está en juego

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Todos sabemos que una cosa es lo que diga un programa, que expresa una voluntad de hacer lo que se dice o escribe, pero otra cosa, es lo que se pueda hacer. Y eso no depende solo de Michelle y de la coalición que la respalda, sino que de la correlación de fuerzas parlamentarias que emerja de las próximas elecciones. 

La reacción oficialista ante la publicación del programa de gobierno por parte de Michelle no se hizo esperar. Cuál hienas al acecho de su presa, esperaron horas, días, semanas, para lanzarse con tutti con miras a descuartizarlo. No necesitaron ni leerlo porque el hambre pudo más.

No se podía esperar otra cosa. La ansiedad los corroía. Era la fase en que querían entrar para salir del letargo, del derrotismo, la fase de la esperanza. No obstante, es poco probable que esta estrategia tenga éxito, tanto porque la población pareciera tener una opinión ya formada, con independencia del programa, como porque su contenido no arroja mayores sorpresas. Los resultados de las encuestas lo confirmarían.

La confusión desde el gobierno es total cuando el Ministro del Interior afirma: “lamentamos lo que hemos conocido del programa presidencial de la candidata Michelle Bachelet. Lo lamentamos porque hoy día tenemos un país que va a avanzando, que se está desarrollando, que ha sido capaz de crecer, ha sido capaz de crear empleos, dar mejores remuneraciones, de ir por el camino correcto para poder avanzar”.

Se equivoca, porque en ninguna parte del programa se desconoce que el país avanza, se desarrolla, crea empleos, da mejores remuneraciones, pero desgraciadamente lo hace por el camino incorrecto: acentuando la desigualdad, la segregación. La inmensa mayoría del país no está contento con el país que estamos construyendo. Ese es el punto medular. O transitamos por el modelo que nos rige, un modelo de progreso para unas minorías, o cambiamos de rumbo hacia un modelo de progreso para las mayorías, de menor desigualdad y segregación. Ese es el punto.

Se equivocan cuando desde el gobierno y la derecha se cree que se puede seguir creciendo con las grotescas diferencias de ingreso que tenemos. Este camino es insostenible, lo que explica la imperiosa necesidad de cambia de rumbo.

El mismo ministro, Chadwick, también objeta que “en el programa de Michelle Bachelet no hay ninguna palabra en contra de los encapuchados y favor del proyecto de ley para hacer más severas las penas y las acciones de la policía contra los encapuchados. Ahí vemos una debilidad muy importante”. ¿En qué planeta vive? Ellos, los mismos que para llegar al gobierno prometieron terminar con la fiesta de los delincuentes en base a represión, hoy no pueden sino irse con la cola entre las piernas: los niveles de inseguridad de la población en el día de hoy son mayores que ayer. Los delincuentes no están de fiesta, sino que de carnaval! ¿Por qué? Porque la mirada desde la derecha es demasiado simplista, burda, que los lleva a creer que se resuelve con represión, con endurecimiento de penas, con legislación antiterrorista, con más policías, con un Estado policial. La mirada desde el centro y la izquierda es más holística, global, apunta a las causas últimas de los problemas que nos afligen, antes que a sus consecuencias. No se limita a la venta del sofá de Otto.

Por su parte, la candidata del oficialismo aprovechó de llevar agua a su molino con una declaración para el bronce: “el proyecto nuestro apunta a la Alemania de Merkel, el proyecto de ellos apunta a la Alemania del muro de Berlín”. Si conociera Alemania se percataría que su proyecto no tiene nada que ver con el de Merkel, así como el de Michelle no tiene nada que ver con el de la Alemania del muro de Berlín. Por el contrario, el programa de Michelle se asemeja mucho más a la Alemania de Merkel que el programa de Evelyn. Allá no se venden los parques al mejor postor como en Chile presionados por los apetitos inmobiliarios. Allá existe una concepción de lo público mucho más arraigada que acá.  Allá la relación entre los dueños del capital y los trabajadores es de una naturaleza radicalmente distinta a la que tenemos acá, donde el modelito se basa en la sumisión del mundo laboral a los designios del mundo empresarial. La Alemania de Merkel es la de la CDU, la Democracia Cristiana alemana. Ello explica que la DC chilena esté con Michelle y no con Evelyn.

Por lo demás, todos sabemos que una cosa es lo que diga un programa, que expresa una voluntad de hacer lo que se dice o escribe, pero otra cosa, es lo que se pueda hacer. Y eso no depende sólo de Michelle y de la coalición que la respalda, sino que de la correlación de fuerzas parlamentarias que emerja de las próximas elecciones. De no haber una mayoría parlamentaria contundente, difícilmente podremos esperar cambios como los que muchos esperan en el país. Cambiar el modelito que tenemos no es broma: la institucionalidad vigente exige mayorías sustantivas que el binominalismo dificulta severamente. Eso pareciera no entenderlo las candidaturas alternativas que lanzan ideas al voleo como si esto fuese un juego. Otra cosa es con guitarra.

A modo de ejemplo, en el ámbito educacional, lo más sustantivo que propugna Michelle es terminar con el lucro, esto es, que la educación deje de ser un negocio. ¿Tendremos un Congreso que lo hará posible? También piensa allegar más recursos, lo que implica una reforma tributaria. ¿Tendremos un Congreso que lo hará posible? En lo político postula cambiar la Constitución nacida en dictadura y que hasta la fecha solo se ha podido reformar en todo aquello que la derecha admite. ¿Será posible cambiarla con el parlamento que salga de estas elecciones? Lo mismo vale en lo que se refiere a las relaciones laborales, la salud, la previsión. Difícil, muy difícil, pero de nosotros depende.

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cindy-iriarte

31 de octubre

Muy bueno el artículo… un tapa-boca para las ‘excelencias’ mediocres del gobierno.

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