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Las trampas detrás del plebiscito propuesto por Renovación Nacional

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En la práctica, su planteamiento se apropia y tergiversa una demanda ciudadana y de diversos movimientos sociales como Marca tu Voto, Manifiesto Plebiscito para una nueva Constitución y el Movimiento Ciudadan@s por la Asamblea Constituyente, entre muchos otros que han hecho su aporte al proceso. Localiza el plebiscito al final de la línea temporal constituyente, aplicando la lógica de los hechos consumados.

Leí el titular y llamó mi atención. La validez de una convocatoria a plebiscito sobre materias constitucionales aparecía planteada por un ilustre representante de la derecha chilena, el jefe de bancada de los senadores RN Alberto Espina. Era un tremendo notición que podría dar vuelta el tablero, cambiar la correlación de fuerzas como le llaman.

Hecho político que con un sistema binominal como el actual, con quórum casi imposibles de alcanzar, no era un dato menor.

Pero la emoción me duró poco. Las palabras del representante de oposición no significaban abrirse a la posibilidad de que el cambio a la Constitución se realice por la vía más democrática, devolviendo el poder constituyente al pueblo.

No planteaba que la llave para iniciar institucionalmente tal proceso fuera un plebiscito, un referéndum que nos dé a chilenos y chilenas la oportunidad de decidir si queremos mantener la actual carta fundamental o cambiarla, mediante el Congreso o una asamblea constituyente. “Lo que acordemos en el Congreso, se plebiscita” fue la frase de Espina a La Segunda.

Aunque se suma a las voces que piden plebiscito, lo hace con un pequeño detalle, que a estas alturas más parece una trampa: su referéndum sería para refrendar cambios constitucionales previamente elaborados por los parlamentarios mediante los quórum vigentes. No para definir si iniciamos un proceso constituyente de verdad.

En la práctica, su planteamiento se apropia y tergiversa una demanda ciudadana y de diversos movimientos sociales como Marca tu Voto, Manifiesto Plebiscito para una nueva Constitución y el Movimiento Ciudadan@s por la Asamblea Constituyente, entre muchos otros que han hecho su aporte al proceso.

Localiza el plebiscito al final de la línea temporal constituyente, aplicando la lógica de los hechos consumados. Pero no solo eso.

Da una salida, entrega una oportunidad discursiva a quienes quieren mantener las cosas tal como están, pero investidos de un supuesto espíritu democrático y ciudadano. Veamos.

Por una cuestión de lógica, son los partidarios del modelo social, económico y político vigente en Chile a quienes interesa mantener el statu quo y se aferran a las instituciones de veto; binominal, quórum mayoritarios, rol preventivo del Tribunal Constitucional, que les permite mantener el control de los posibles cambios estructurales incluso siendo minoría política, social y electoral. Representemos en ellos esencialmente a la derecha y a algunos grupos de centro de la Nueva Mayoría.

En la vereda opuesta, producto esencialmente de las movilizaciones sociales de 2011 y 2012, importantes sectores del oficialismo están planteando reformas de fondo a la Constitución del 80, llegando aun a exigir una nueva Constitución.

En tercer lugar están las fuerzas ajenas a NM, que anhelan cambios más de fondo que los planteados por ésta y que presionan para que se lleven adelante.

Considerando las dificultades que existen bajo la actual institucionalidad para cambiar los capítulos que requieren de 3/5 de los parlamentarios en ejercicio y la casi imposibilidad para tocar siquiera los de 2/3, no existe mucha confianza en que lo que salga del Congreso se haga cargo de las transformaciones de fondo (derechos sociales garantizados, protección del medio ambiente, terminar con la subsidiariedad del Estado, más y mejor democracia, descentralización efectiva, entre otros).

Esto, sin entrar en la discusión de la falta de legitimidad que el Parlamento tiene (por motivos electorales y políticos) y que es uno de los sustentos para el llamado a una asamblea constituyente.

Si a este oscuro escenario sumamos un plebiscito que refrende o eche por la borda los tibios posibles cambios, los únicos perdedores seguros serán quienes aspiran a transformaciones estructurales, que me atrevo a decir somos una mayoría. Y al contrario, los que sí o sí ganarán con el plebiscito ex post propuesto por Espina, son quienes quieren trabar los cambios.

Porque si triunfa el Sí, se mantendrán y en alguna medida legitimarán las moderadas modificaciones que salgan del Parlamento. Si gana el No, todo volverá a fojas cero y los celadores del legado de Pinochet podrán decir incluso que la ciudadanía valida el actual texto constitucional.

El problema es que quienes creemos que la única legítima vía para cambiar la Constitución es la asamblea constituyente nos enfrentaríamos así a la disyuntiva de votar Sí o No, cuando ninguna de las dos opciones es valedera.

Una alternativa sería boicotear el proceso mediante una alta ausencia electoral, pero si en la segunda vuelta presidencial el nivel de abstención llegó a casi el 60 % y la elite política ni se inmutó, es iluso pensar que el no participar en un plebiscito así planteado surtiría algún efecto.

Por ello la importancia de desnudar desde ya los efectos del mañoso plebiscito planteado por el congresista.

Porque, algo es necesario tener en claro. La ciudadanía exige referéndum, pero no el que está ofreciendo ahora, en lo que parece ser un acto de prestidigitación, la actual oposición. El plebiscito que se demanda es al principio, no al final.

No estamos en 1989 y lo que se reclama no son 54 reformas para dejar atrás parte del autoritarismo pinochetista, sacrificando en la pasada la soberanía popular.

Hoy la discusión es precisamente lo contrario, recuperar 25 años de democracia secuestrada. Llegó el tiempo de luchar por su liberación.

—–

Foto: PWalder / Licencia CC

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