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Las tareas políticas de las organizaciones sindicales

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Las organizaciones populares y las grandes organizaciones sindicales deben resolver si actuarán sólo en defensa de sus intereses corporativos o si, al contrario, entienden que la oferta contenida en el Programa de Bachelet debe ser apoyada y exigida.

El acto electoral del 17 de noviembre permitió comprobar que efectivamente se están verificando alteraciones en el ordenamiento político y que estos pueden abrir paso a transformaciones profundas. Lo decimos en condicional porque está de por medio la crisis de confianza en el sistema político y, en particular, en el personal político de la Concertación.

El nuevo cuadro político, abstención incluida, es el resultante de los cambios de paradigma provocados por los movimientos sociales que abrieron fisuras en el modelo de dominación vigente.

La Nueva Mayoría está cerca de los 4/7 de votos que se requieren, en ambas cámaras, para alcanzar reformas constitucionales. Por cierto, tienen votos suficientes para otras leyes que requieren un quórum menor.

Con el movimiento centrífugo que se desencadena el 17 de noviembre, Michelle Bachelet debe ganar holgadamente el 15 de diciembre y fortalecer la mayoría parlamentaria en cada propuesta de reforma legislativa específica, a partir de marzo 2014.

Con esta acumulación de fuerzas no debería ser difícil cumplir con el Programa de Gobierno, salvo el “pequeño” detalle de probables discrepancias en la interpretación de aspectos concretos del Programa y de lógicas de entendimiento con la oposición para construir mayorías sociales y políticas relevantes.

En el escenario de dificultades, ¿cómo se avanza? Nos parece que con un fuerte ejercicio de autoridad presidencial respaldada por un núcleo duro de parlamentarios afines en corte transversal y que no se identifican, necesariamente, por partidos. La renovación del parlamento ha sido notable. Aún con las reglas que protege a los incumbentes. Este parlamento tiene menos edad promedio y es más progresista mirando, más que la pertenencia partidaria, las trayectorias personales de los electos.

Lo anterior está incompleto si nos olvidamos de la calle. La Nueva Mayoría  requiere aprender a operar en la calle, con fuerza propia o en alianza con núcleos sociales precisos. No basta con mayorías parlamentarias. Por razones de salud pública y para levantar un pacto social legitimado por una nueva constitución, se necesita un maridaje entre el pueblo llano y este parlamento que carece de prestigio y encaramado en poco más del 55% de los votos con derecho a emitirse.

En el terreno de los actores sociales y de los movimientos sociales más corporativos, se deberá considerar  a miles de ciudadanos que han desarrollado en los últimos años un aprendizaje en las calles y que adicionaron entrenamiento en las armas de la política, durante esta campaña. Ellos constituirán un diferencial positivo en la sociedad civil, disputando espacios con los dirigentes y militantes de las antiguas orgánicas políticas. En el caso de núcleos más estructurados como los estudiantes, profesores, ambientalistas, pro igualdad de derechos, demandas locales y regionales, salud y sindicalistas, se debería esperar mayor claridad estratégica y nuevas capacidades de acumulación de fuerza tras plataformas más consensuadas y mejor definidas, en sus propias organizaciones. Para eso ha servido esta larga campaña de consejeros regionales, parlamentarios y la  amplia lista de presidenciables.

Este protagonismo ciudadano es ahora un dato de la realidad que, incluso, penetrará en las propias fuerzas políticas de gobierno y oposición.

Los antecedentes que provienen de la economía otorgarán más complejidad a este nuevo ciclo político. Un precio del cobre oscilante entre el término de su propio “superciclo” y nuevos precios a la baja (inferiores a U$3 la libra para 2015), serán otro de los  factores de tensión del contexto. A saber: a) Las fuertes expectativas que tironearan el gasto público; b) Un presupuesto 2014 contractivo; c) Recaudación tributaria insuficiente por falta de acuerdo para Reforma Tributaria y por menor actividad económica derivada de realidad internacional; y d) lo ya dicho, el menor aporte del cobre al fisco, como dato en los años que vienen.

Entonces, para ejecutar el Programa de Gobierno (única garantía de continuidad en el poder en 2018, para la Nueva Mayoría), Bachelet requiere la decisión de hacerlo desde el primer día de su mandato. Esta vez no habrá un tiempo de gracia prolongado. Sus herramientas son dos: una fuerza parlamentaria activa, disciplinada pero participante e impulsando las transformaciones; y la apelación directa a sus propios votantes y los que lentamente se sumarán cuando comprueben que se avanza en serio.

A su vez, las organizaciones populares y las grandes organizaciones sindicales deben resolver si actuarán sólo en defensa de sus intereses corporativos o si, al contrario, entienden que la oferta contenida en el Programa de Bachelet debe ser apoyada y exigida. O se comportan como testigos y simples demandantes o se organizan como fuerzas de tarea para intervenir y tironear junto a los núcleos parlamentarios que sean partidarias de cambios profundos.

Si se opta por lo segundo, cumpliendo con estas responsabilidades históricas, el protagonismo de las organizaciones populares y de trabajadores tendrá un salto cualitativo en sus  vínculos con la mayoría de los ciudadanos. Recordemos que hoy, aunque no nos guste, la mediación entre el Estado y la gente, la representación ante el Estado de los intereses de la gente, continúan haciéndolo “los políticos” que tanto detestamos y no las organizaciones sociales. ¡Que duda cabe, con el resultado electoral del 17 de noviembre!

Hemos propuesto en el último año, anticipando los hechos políticos que estamos viviendo, que los sindicatos busquen establecer vínculos y construir compromisos con quienes gobernarán Chile. La maniobra que corresponde, en esta etapa, a la estrategia que describimos, es obvia.

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Mario André Ramírez Flores

28 de noviembre

Claro pues , si las organizaciones populares y sindicales se entregan a satisfacer sus necesidades inmediatas, si se dejan caen en los “acuerdos” y negociaciones bajo la lógica del reformismo, si las “masas” deciden, con el culto a la espontaneidad que las ha conducido en estos últimos años de gobiernos concertalianza, si los trabajadores sólo se limitan a una lucha económica y siguen teniendo esperanza de que estos gobiernos (Alianza o derecha dura y nueva mayoría o derecha social), que están al servicio de un improductivo pero acaudalado 1% del país siendo sus operarios políticos, van a realizar transformaciones estructurales y en consecuencia reconfigurar el modelo económico- social de dominación de clase y, si finalmente nuestro pueblo realiza aquella ingenua o ciega estrategia que propone el señor cano y/o CETRA de “establecer vínculos y construir compromisos con quienes gobernarán Chile” (suponiendo que lo hará la derecha dura o la derecha social como distinguí arriba) se destinaría a tan solo ser lo que en la historia ha sido siempre: los que esperan pasiva y servilmente bajo la mesa con un plato en las manos a que caigan unas migajas mientras los patrones Comen y Comen. En consecuencia asumir ese rol o postura que proponen significaría esperar que los patrones de Chile (que por cierto no son los parlamentarios ni el presidente, sino que los Lucksic, los Matte, los Angelinni, Yarur, Solari, la Barrick Gold, los Saieh, Paulmann, Arturo Claro, Cuneo, Felipe Larraín, entre otros) terminaran de comer. El problema es que su apetito es infinito y ya nos están comiendo a nosotros, a los trabajadores, al pueblo, debajo de la mesa que por tantos años han comido mientras nosotros miramos y esperamos.

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