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La izquierda y la brújula

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La izquierda chilena ha sido históricamente fuerte en términos ideológicos, culturales, políticos y electorales. Para la derecha y para el centro político es funcional su debilidad. Ha llegado la hora de la re-fundación. Hay historia y fuerza electoral. Sin embargo, falta unidad, liderazgo, proyecto y programa.

Han pasado más de 200 años y todavía la dimensión izquierda-derecha sigue siendo útil –a lo menos en Chile- para ubicar y posicionar las fuerzas políticas del país. Sin embargo, el paso del tiempo va diluyendo “todo lo sólido”; el “ser” de izquierda va cambiando con los tiempos y las nuevas realidades que van emergiendo. Cada izquierda tiene su afán.

Hemos entrado a un nuevo ciclo político; y por tanto, a una reformulación de los que es y debe ser la izquierda chilena. Sin duda, estamos frente a una coyuntura relevante para su reposicionamiento político e ideológico. Los esfuerzos de los últimos meses van en esa dirección.

En este escenario, la izquierda no sólo debe reconocer su identidad histórica –lo que los identifica y diferencia-, sino también construir confianzas, compromisos, proyecto y programa. Básicamente, tiene que responder por el sentido actual del “ser” de izquierda

¿Qué significa ser de izquierda hoy?

El primer elemento que debe identificar lo encontramos en el origen del concepto. En esa dirección su identificación como “tercer estado” es un elemento doble; diferencia e identifica. Por tanto, la izquierda representa al pueblo, a las mayorías, a los postergados, a los no privilegiados; a los pobres, a los excluidos y marginados sociales; a los trabajadores y a las clases subalternas –que en la época de la revolución Francesa eran los campesinos y  la burguesía emergente de corte urbano-. En la semántica política y social de la coyuntura se habla del “ciudadano”. Vemos, por tanto, que el primer elemento de su identidad se relaciona con la representación; es decir, ¿a quién debe representar?

El segundo elemento tiene que ver con la nivelación; es decir, con la igualdad. La acción política de la izquierda tiene –como foco principal- fomentar la igualdad en general y en particular para “sus representados”. Chile reclama hoy igualdad. Aquí está el elemento articulador de las oposiciones. De hecho, ya ha comenzado el diseño del “relato de la igualdad”.

El tercer elemento es más controvertido ya que se vincula con la libertad; sobre todo, si se trata de asociar los “socialismo reales” con la izquierda. La libertad política, económica y de conciencia no puede ser patrimonio de la derecha. En el plano político la izquierda fomenta las libertades públicas y la democracia. Ser herederos del “tercer Estado”, que fueron los que crearon la Asamblea Nacional, los ubica en una posición de privilegio a la hora de identificarlos como los creadores políticos de la democracia. La izquierda no puede ni debe alejarse de su vocación democrática.

Representar a “los comunes”, igualdad y libertad son los tres pilares sobre los que se refunda la izquierda actual. Son elementos transversales que no cambian con el paso del tiempo. Sin embargo, esta refundación hay que hacerla sobre la base de un proyecto país y un programa de gobierno. Hay que dar contenido a los pilares básicos. Justamente, en este punto surgen los problemas; ya que, es la instancia en que emergen los “hombres, mujeres y grupos de carne y hueso” con necesidades y demandas concretas.

Para avanzar y materializar estos aspectos, la izquierda chilena presenta algunos problemas y debilidades que dificultan su avance. Fragmentación, falta de liderazgo, diagnósticos y  propuestas son tensiones que la izquierda local debe resolver.

La fragmentación es profunda. En ese escenario encontramos al socialismo oficial encarnado en el PS y sus fraccionamientos –allendistas, MAS, PAIZ,- el PC, los ecologistas, humanistas, progresistas, cristianos de izquierda y grupos diversos. ¿Cómo articular y construir proyecto desde todos estos grupos?

La raíz de esta fragmentación se vincula con el hecho de que cada segmento pertenece a universos culturales, sociales y productivos distintos. Estudiantes, trabajadores, profesionales, intelectuales, artistas, ecologistas, humanistas laicos, pobladores, etc. forman un universo muy amplio que dificulta la unidad. En el Chile actual hay muchas izquierdas. Identifico a lo menos diez.

Este hecho, se vincula a la falta de liderazgos. La izquierda chilena no tiene liderazgos nacionales con vocación de poder. ¿Quién puede liderar este proyecto? No sólo hay que consensuar proyecto y programa, sino también equipos.

Esta dispersión genera diagnósticos distintos. Se trata, principalmente, de diferencias en torno al rol de la técnica en la política y en las decisiones públicas, al del mercado, de la empresa y del capital,  al rol del Estado y  de la propiedad de los recursos naturales, a la inserción de Chile en el mundo; al tipo de democracia y de sociedad que se va construir, al modo de relacionarse con el mundo social, etcétera. Es más –y en esto radica su debilidad política- a sus diferencias en los objetivos y estrategias políticas de la fase.

La fragmentación y los diagnósticos tienen efectos sobre el programa. Un programa de gobierno es la propuesta y las ideas centrales con las cuáles se va gobernar el país por un periodo presidencial
específico. No se puede gobernar con la banderas de la “asamblea constituyente”, de la nacionalización de los recursos naturales y de la salud y educación gratis. Sin duda, son ejes fundamentales –sobre todo, los dos últimos-; pero, el país es largo, ancho y diverso. Hay que bajar de la ficción a la política real y dar cuenta de una infinidad de problemáticas. Política energética y ambiental, políticas públicas y el rol de los subsidios, relaciones internacionales, política tributaria, propiedad de los recursos naturales, tercera edad, política nacional de deportes, etc. La izquierda no puede olvidar que en el país existen distintos grupos e intereses y que un gobierno tiene entre sus misiones reducir la incertidumbre.

La izquierda chilena ha sido históricamente fuerte en términos ideológicos, culturales, políticos y electorales. Para la derecha y para el centro político es funcional su debilidad. Ha llegado la hora de la re-fundación. Hay historia y fuerza electoral. Sin embargo, falta unidad, liderazgo, proyecto y programa.

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Foto: La Liberté guidant le Peuple, Eugène Delacroix

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Comentarios

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llaguno

20 de julio

Del PAIZ me dicen que no son por parte de ningún fraccionamiento del PS… por ello, debo eliminar un mal tipeo y dejar el párrafo como sigue :”En ese escenario encontramos al socialismo oficial encarnado en el PS y sus fraccionamientos…,Paiz…” y lo que sigue.
Sin embargo, no olvidar que lo sustancial es otra cosa… de eso hay que hacerse cargo

Al Farías

20 de julio

Buena lectura de la problemática, buen análisis y buena conclusión, claro la que ya sabíamos, ahora sólo esperar que alguien decida que se puede hacer. Ami juicio es cuestión de tiempo, un largo proceso en ningún caso una revolución…

Patricio Palavecino

22 de julio

El diagnostico es claro..una izquierda neoliberal, servicial a modelo económico, sin vocación de cambio, con una base filosófica pos moderna y en donde el poder es para profundizar o mejorar un sistema que desde su génesis esta diseñado para mantener la desigualdad. Una izquierda que da risa.

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