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La izquierda que Chile necesita

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Pretender que la Concertación recupere la credibilidad y asuma la representación de los sectores populares es ingenuo. Primero, porque desde su origen, jamás tocó el modelo socio-económico heredado de la dictadura. Segundo, porque el nivel de aburguesamiento alcanzado y su mimetización con la derecha neo-liberal, hacen imposible pensar en reformas estructurales que atenten contra la estabilidad del modelo buscando equidad. Mientras Chile vivía la transición a la democracia, la Concertación vivía su transición hacia la elitización y ese proceso es irreversible.

El diagnóstico general sobre el actual momento de la centro-izquierda en Chile es que ha perdido su raíz social. Esto se evidenció con claridad tras su salida de La Moneda, ya que, hasta hoy, no ha sido capaz de generar consenso acerca de su futuro y ha tomado la cómoda decisión de sentarse a esperar la llegada de Michelle Bachelet para cargarle la pesada mochila de la representación social. Pero esta pérdida de representatividad no es un fenómeno actual. Si revisamos las regiones más pobres de Chile, que en teoría son los sectores más afines con la izquierda, notamos que, históricamente, varias de ellas tienden a la derecha. El caso más emblemático y paradójico es el de la Araucanía, que es la región más pobre de Chile y, por algún motivo, representa uno de los sectores más duros de la derecha en cuanto a voto.

Evidentemente, el gran culpable de esta situación es el sistema binominal. Este mecanismo creó y fortaleció al duopolio político que hoy se reparte en proporción 50-50 los escaños del parlamento y ha distanciado de tal forma a la clase dirigencial del pueblo y sus intereses que hoy no es posible establecer una clara diferencia entre la Coalición por el Cambio y la Concertación. En cierto sentido, las banderas de lucha originales de ambos conglomerados se han cruzado, dando origen a una más apolítica difícil de definir y ubicar en el eje tradicional de izquierda-derecha. Por ejemplo, tenemos a una centro-izquierda que protege al modelo económico sin intervenirlo y no parece inmutarse por los altos niveles de desigualdad y segregación social. Tenemos, además, una centro-derecha que entrega bonos, que habla – vagamente, pero lo hace – de regulación y temas valóricos. En síntesis, se ha instalado en el poder una clase política homogénea, difusa y, lo peor de todo, ineficiente y alejada de las personas.

Dado este escenario, pretender quela Concertación recupere la credibilidad y asuma la representación de los sectores populares, es ingenuo. Primero, porque desde su origen, jamás tocó el modelo socio-económico heredado de la dictadura; todo lo contrario, lo profundizó y se benefició de él. Segundo, porque el nivel de aburguesamiento alcanzado y su mimetización con la derecha neo-liberal, hacen imposible siquiera pensar en reformas estructurales que atenten contra la estabilidad del modelo buscando equidad. Mientras Chile vivía la transición a la democracia, la Concertación vivía su transición hacia la elitización y ese proceso es irreversible.

La pregunta evidente ante todo esto es ¿Será capaz esta suerte de “centro-izquierda derechizada” de liderar a Chile en las siguientes décadas? Una respuesta negativa a esta interrogante es igualmente evidente. Lo que el país requiere, entonces, es que distintas fuerzas políticas, renovadas y contextualizadas, emerjan para equilibrar el escenario, buscando terminar con la etapa corporativa económica, en palabras de Gramsci, que hasta el día de hoy mantiene una relación de dominación entre el Estado y la masa popular. Estas fuerzas, además, deberán reparar el tejido social, que permanece en coma desde la dictadura, encontrando así una representatividad no meramente discursiva, sino real y legítima, ya que provendrá desde la ciudadanía y no de las élites.

A Chile le llora una fuerza de izquierda capaz de encarnar estas necesidades – abandonadas por la Concertación- y que vaya más allá de la vetusta añoranza de la revolución cubana, las luces castristas y las camisetas del Che Guevara. En suma, Chile necesita una izquierda que permita modificar la correlación de fuerzas  en favor de la sociedad. Afortunadamente, están surgiendo movimientos que han comprendido esta necesidad y ya trabajan en esta difícil tarea. Es tremendamente interesante, en ese sentido, constatar propuestas como la de Izquierda Autónoma, colectivo de la Universidad de Chile(que recientemente logró la reelección de la presidencia de la FECh), que recoge y promueve una ideología de izquierda renovada, propositiva y libre del yugo de partidos tradicionales. Esa es la dirección correcta.

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Comentarios

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servallas

15 de noviembre

A mi me parece que no necesitamos ni de izquierdas ni de derechas, ni de reyes ni dictadores, necesitamos gente comprometidas con el país, que tengan estima por sus compatriotas, que tengan nobleza, etica, buen juicio y sobre todo que no se creanel cuento de las izquierdas y las derechas.

brigada chacon

15 de noviembre

Podemos estar de acuerdo en las necesidades de la soc chilena,pero en lo que no puedo coincidir es en tildar a la concerracio como centroizquierda,nada mas alejado de la realidad,basta con revisar sus min de hacienda todos neoliberales

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