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La importancia de los significantes vacíos para la política chilena

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mientras los partidos políticos de la oposición sigan encerrados en las lógicas netamente electorales y no sean capaces de abrir un debate programático, que se desarrolle en función de construir un proceso político nuevo, y que implique fuertes cambios estructurales al sistema para poder unificar las demandas de los sectores movilizados de la población, no será posible solucionar el grave problema de legitimidad que enfrentan las instituciones

Por estos días, la sociedad chilena está viviendo un momento político clave en su consolidación democrática. Este momento tiene relación con los bajos niveles de legitimidad de sus instituciones.

Para efectos de este análisis, es preciso centrarse en la falta de legitimidad de las instituciones políticas, entre las que se encuentran el gobierno, el parlamento y los partidos políticos. Todas estas instituciones marcan niveles históricamente bajos de desaprobación ciudadana. Los movimientos sociales que han estallado con fuerza en los últimos dos años, permiten encontrar una solución a este problema, ya que representan los síntomas de la enfermedad por la que atraviesa la política y que se encuentran en las demandas particulares que tienen distintos sectores de la sociedad chilena y que son, en definitiva,  las necesidades y carencias que tienen los ciudadanos en distintos ámbitos del orden social.

A partir de estos síntomas, podemos recurrir al análisis político que hace Ernesto Laclau, respecto de la importancia de los significantes vacíos para la política. Laclau explica que en aquellos momentos en que la política carece de significados y en donde existen distintas particularidades –que son representadas por las demandas sociales- es necesario encontrar un objeto totalizante de dichas particularidades, que permita universalizar aquellas demandas y con esto construir un proceso hegemónico que a la postre otorgará un nuevo significado a la política.

Es decir, cuando existen diversas demandas sociales, es necesario universalizar aquellas demandas en una más general que asume esa función hegemónica. Uno de los ejemplos que cita Laclau es el del caso “Solidaridad” en Polonia, en donde, “las demandas de los obreros, eran al principio demandas particulares de un grupo de personas en una cierta localidad. Pero al darse esas demandas dentro de un clima general represivo, en el que todas las demandas eran negadas, esas demandas particulares asumieron una representación simbólica más general y en eso consiste precisamente el proceso hegemónico”.

En la medida que las demandas de los movimientos sociales logren unificarse en una más general, como podría ser el cambio de la Constitución, entonces será posible otorgarle nuevamente un significado a la política.

Esto lo podrían hacer perfectamente los mismos movimientos sociales, si es que logran ponerse de acuerdo y universalizan sus demandas en una sola más general, pero también podría hacerlo una coalición política que pretenda llegar al poder y que tenga un programa de gobierno que cumpla este mismo objetivo, construyendo de esta manera un proceso hegemónico.

Esto ya ha ocurrido en Chile en otras ocasiones y el mejor ejemplo es lo logrado por la Concertación al momento de volver a la democracia, cuando la demanda hegemónica era precisamente esa, recuperar la democracia y con esto la libertad, terminar con las violaciones a los DDHH y dar solución a la crisis económica del momento, pero en un ambiente democrático que permitiera la participación de todos los actores.

En consecuencia, la mejor forma de sanar esta enfermedad y otorgarle sentido nuevamente a la política y sus instituciones, es construyendo un proceso hegemónico de cambio, que otorgue una solución a los problemas de las personas. Este proceso, naturalmente, lo deben construir los partidos políticos y particularmente los partidos de oposición, debido a las características de las demandas sociales, que tienen una fuerte carga ideológica de izquierda, pero además por el momento político en que ocurren, que es bajo la administración de un gobierno de derecha que representa lo opuesto a lo que demanda hoy día la sociedad.

Mientras los partidos políticos de la oposición sigan encerrados en las lógicas netamente electorales y no sean capaces de abrir un debate programático, que se desarrolle en función de construir un proceso político nuevo, y que implique fuertes cambios estructurales al sistema para poder unificar las demandas de los sectores movilizados de la población, no será posible solucionar el grave problema de legitimidad que enfrentan las instituciones.

Este es el momento político de los cambios, es el momento de consolidar la democracia en Chile, y para esto es necesario abrir la participación, mejorar la calidad del debate, proponer soluciones más concretas a los problemas que aquejan a la sociedad chilena, pensar en construir una sociedad nueva, devolver la ilusión y el sueño a las personas, cambiar en definitiva, las formas de hacer política y tener, por sobre todo, la convicción de que hoy existen las mejores condiciones para lograrlo.

*Entrada publicada originalmente en www.politika.cl

**Víctor Díaz Escobar es estudiante de Sociología de la Universidad Alberto Hurtado, fue dirigente estudiantil durante la revolución pingüina, y presidió  el centro de alumnos del Instituto Nacional en el año 2007. Comentarios en twitter a @vdiazescobar.

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Comentarios

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Antonia Pavez E.

03 de mayo

Absolutamente de acuerdo. Buena columna felicitaciones.

03 de mayo

Interesante. Me parece que estamos en una fase de dislocación del discurso autoritario. La sociedad civil se reactiva desde diversas cadenas de equivalencia. La sutura, que es la hegemonía finalmente de un discurso, aún no ocurre, porque no hay un significante vacío realmente.

Del agonismo que primó durante los gobiernos concertacionistas, hemos vuelto al antagonismo –pero no en un sentido de clases esencialmente como algunos pretenden- sino en cuanto al poder político versus la sociedad civil. Es decir, desde una ontología liberal.

Por lo mismo, me parece que los actores políticos tradicionales -que son parte del poder y las castas políticas- son más bien parte de la dislocación -del discurso dislocado- y no parte de la sutura.

Saludos y paz

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