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Hacia una ley de memoria histórica en Chile

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Cuando hablamos de “memoria histórica” nos referimos a un concepto bastante controvertido tanto para las ciencias sociales como para el ámbito político. En ambos espacios resulta complejo porque lo que subyace tras de esta noción es la interrogante de cómo una sociedad “se recuerda” a sí misma y ello inevitablemente nos lleva a los conflictos de memoria. El caso del homenaje a Krassnoff es una muestra clara de aquello y nos permite avanzar algunas reflexiones acerca de la prohibición de actos de apoyo a criminales de lesa humanidad a partir de leyes de memoria.
 
La sociedad no posee “una” memoria colectiva, existen muchas memorias colectivas cuyo alcance está determinado por la vida de los grupos que las portan y que las reproducen. Cuando el grupo deja de existir esta memoria colectiva desaparece también con él. Los conflictos de memoria son precisamente la oposición y beligerancia entre diferentes maneras de recordar social o colectivamente y que se expresan en el conflicto entre los individuos portadores de tales memorias como los militares en retiro que apoyan a Krassnoff y los familiares de las víctimas de la dictadura. Lo que está en juego no es la distribución de un bien, un servicio o el acceso a un derecho, sino una manera de recordar. Por el contrario, lo que conocemos como la “memoria histórica”, como señaló Maurice Halbwachs,  sobrepasa a las memorias colectivas e individuales y la vida de los grupos, tiene una perspectiva amplia del tiempo y la capacidad de imponer ciertos criterios por la fuerza de la veracidad de su contenido. Sin embargo, a nuestro juicio, no es sinónimo de historia, es más bien una forma de recordar el pasado a la luz de un contexto presente. En el caso de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura de Pinochet la historia es clara y no hay lugar a equívocos. Podemos invocarla con certeza para señalar a las más de 3.000 víctimas que dejó la barbarie militar y es aquí donde reside su fuerza moral. La memoria histórica no es un conjunto de hechos factuales sino la organización de ellos con el fin de reivindicar a las víctimas y condenar las violaciones.
 
Otros países que han vivido episodios terribles de violaciones a los derechos humanos han puesto en práctica dispositivos legales bajo la forma de “leyes de memoria” que prohíben símbolos, prácticas y organizaciones que se fundan en la apología de la violación de los derechos humanos y que a la vez establecen mecanismos de divulgación de los hechos históricos en pos de una “memoria democrática”. Destaca Alemania como caso emblemático y drástico con su prohibición de cualquier expresión de apoyo o de reivindicación del nazismo, al punto de impedir burlarse del Holocausto o incluso dar el nombre del Führer a los hijos. España en el 2007 aprobó una “ley de memoria histórica” en respuesta a la demanda de las asociaciones de familiares de víctimas de franquismo creando ciertos derechos de naturaleza simbólica para los descendientes de republicanos, prohíbe todas las manifestaciones de apoyo al franquismo y establece el retiro de todos los símbolos y monumentos en su honor entre otras medidas. Argentina en el 2011 ha igualmente prohibido todo tipo de homenajes a criminales y anteriormente Néstor Kirchner hizo quitar de las dependencias del ejército los retratos de los miembros de las juntas militares.
 
Con todo, la existencia de leyes de memoria o de una ley de memoria histórica no elimina el conflicto ni tampoco protege de los usos políticos que puedan hacerse de la memoria. Alemania sigue teniendo (neo)nazis que van in crescendo y si bien ya no son los judíos los amenazados, la población turca es la más discriminada en el país germano. Asimismo, son muchos los españoles que siguen cantando el Cara al Sol (himno fascista adoptado por el régimen de Franco), haciendo el paso de la oca y teniendo fotos del caudillo en sus casas, ni hablar de la discriminación hacia los latinoamericanos invocando consignas nacionalistas provenientes de la derecha más reaccionaria. Incluso, puede suceder que a propósito de la instauración de una ley de memoria pueda haber un resurgimiento de estas manifestaciones de apoyo a regímenes indeseables a propósito del conflicto de memoria.
 
Entonces, ¿de qué sirve una ley de memoria? ¿Valdría más una ley de reparación, que de alguna manera juega el rol de memoria? La respuesta no es en orden al grado de eficacia de tales leyes para terminar o pacificar los conflictos de memoria, ni tampoco para impedir que vuelvan a ocurrir hechos similares, la razón de su existencia no es otra cosa que de tipo moral. Las leyes de memoria son necesarias porque responden a la doctrina consagrada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, superior a los ordenamientos jurídicos nacionales y son un instrumento de lucha política contra la negación de crímenes de lesa humanidad. Este es el bien superior. No estamos hablando de leyes reparatorias, de amnistía o reconciliación, aquí hay una voluntad explícita de condenación ideológica y política de cierto tipo de regímenes, lo que implica en algunos casos, una re-escritura de la historia con el fin de imponer la doctrina de los derechos humanos por sobre los “conflictos de memoria” de ciertos grupos.
 
Todos los sectores políticos chilenos, en distintos momentos, énfasis y grados de sinceridad, han condenado las violaciones a los derechos humanos cometidas durante el gobierno de Pinochet. Hoy ese rechazo puede perfectamente materializarse en una ley de memoria. Ha llegado la hora para que quienes apoyaron a Pinochet y luego reconocieron los abusos durante su gobierno sellen su compromiso con los derechos humanos y adhieran a la cultura política que rechaza tales actos.
 
En consecuencia, prohibir actos públicos en favor de criminales de lesa humanidad, renombrar calles alusivas al régimen militar, quitar los retratos de Pinochet de edificios públicos, sobre todo del ejército y prohibir cualquier tipo de monumento u homenaje a lo que represente el régimen más genocida de nuestra historia independiente, es hoy una necesidad. Si contamos con un Museo de la Memoria que fomenta los valores propios de los derechos humanos, podemos perfectamente establecer una ley de memoria histórica para decidir democráticamente la manera en que queremos recordar nuestro pasado y pensarnos desde allí como sociedad en el presente.
 
* Daniel Grimaldi es politólogo, doctorando en Estudios Políticos en la EHESS (París, Francia) e investigador asociado de la Fundación Chile 21.
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Comentarios

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09 de diciembre

O sea, establecer una historia oficial como única. Alguien define lo que la sociedad, en el futuro, tiene que saber sobre las cosas. Me parece muy totalitario.
De existir algo así, permitiría eliminar de la historia oficial aquellos elementos que el rector de turno no quisiera que se viera. No faltarían aquellos que les encantaría borrar a Portales de la historia oficial, o quizas la eterna disputa entre O´higginistas y Carreristas le permitiría al bando vencedor escribir la versión oficial y única de las cosas.

12 de diciembre

Prefiero la libertad de expresión como una de las premisas básicas de toda sociedad democrática moderna. Siendo detractor de la dictadira militar, soy poco amigo de las declaraciones o intentos que pretendan darle un cauce determinado a la memoria o historia de un país desde la esfera de los poderes públicos.
En unas décadas perfectamente podría ser factible que un grupo que llegue al poder decida por decreto “borrar” todo registro del itinerario histórico de una minoría de cualquier índole. Aspiro por lo tanti a que nuestro presente como país no contribuya a sumar antecedentes para esa aberración.

12 de diciembre

Entiendo que bajo el argumento de la libertad de expresión a algunos les pueda parecer poco conveniente una ley que sancione moralmente ciertos hechos de la historia. Pero no nos estamos refiriendo aquí al simple curso de la historia o de conflictos poco claros, la dictadura de Pinochet aplicó el terror de Estado, hubo una política de exterminio y quienes la defienden o justifican están incurriendo lo que en derecho se conoce como apología del crimen o del delito. No se trata de borrar el material histórico, al contrario para eso existe un museo de la memoria, se trata más bien de relevar la importancia de los derechos humanos y exigir su respeto.

30 de enero

El concepto de «memoria historica» adquirió un importante valor cultural y político en las
luchas de la población y, en particular, de las organizaciones de derechos humanos.
La política sistemática de desapariciones, represión clandestina y supresión de la identidad
de opositores, lleva a que la democracia impulse una política activa de «reconstrucción de la
memoria» y descubrimiento de «la verdad», aludiendo fundamentalmente al destino de los desaparecidos. La estructura básica de régimenes de terrorismo de Estado (Argentina, España, Alemania) fué destruir la memoria de las actividades y la identidad misma de los opositores.

En Europa el complejo de campos de concentración y campos de exterminio denominado
Auschwitz marca un hito en la historia humana que obliga a replantear el pensamiento y la
acción sin el olvido de las víctimas, necesitadas de presencia y redención, de memoria, pero
de una memoria moral, y que habitualmente han sido preteridas y borradas en la historia oficial.

Un paso fundamental en la reconstrucción de la memoria histórica en Argentina fué la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas CONADEP, creada en 1983 por el presidente Raúl Alfonsín, que investigó profundamente el modo en que se ejecutó la represión clandestina, para
producir un famoso informe conocido como el “Informe Nunca Más” (1985), pieza de prueba central
en el “Juicio a las Juntas” que condenó a los militares que condujeron la represión y dio a conocer masivamente los actos criminales de Terrorismo de Estado.

En Colombia, después de la promulgación de la “Ley de Justicia y Paz” (2005) el gobierno crea la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR), la cual incluye dentro del derecho de reparación la preservación de la memoria histórica:
“Se entiende por reparación simbólica toda prestación realizada a favor de las víctimas o de la comunidad en general que tienda a asegurar la preservación de la memoria histórica, la no
repetición de los hechos victimizantes, la aceptación pública de los hechos, el perdón público
y el restablecimiento de la dignidad de las víctimas.”

02 de febrero

No creo q las memorias dejen de existir con la desaparición del grupo que recuerda, hay un ejercicio importante de transmisión de la memoria, por eso no sólo las víctimas o sus descendencias directas adhieren al repudio de personajes como Krassnoff, por eso aunque desaparezcan las personas que vivieron en ese acontecimiento traúmatico, la memoria no desaparece, siempre y cuando nos hagamos responsables de mantener latentes nuestro pasado, ya sea para aprender de él o para potenciar nuestra rebeldía con la historia oficial y/o lograr profundas transformaciones en el sistema, de acuerdo a lo que tuvimos y nos arrebataron.
Una ley que resguarde “la memoria de los vencidos o de las víctimas” no me parece que sea el camino adecuado, pues así delegaríamos nuestra responsabilidad de impedir que se den los contextos de enunciación en que homenajear a criminales sea “bueno para la opinión pública”. Invisibilzar a quienes aún se golpean el pecho en las Iglesias con los fusiles con los que nos dispararon, me parece mucho más peligroso a que manifiesten a viva voz su adhesión a la dictadura, que desde hace muy poco dejó de ser un tabú, y esto no tiene nada que ver con la libertad de expresión, sino que de todas formas es socialmente inaceptable y políticamente incorrecto decir que estuvo de acuerdo con el régimen dictatorial, sin embargo hoy tienen más voluntad de disputar la memoria reconociendo a sus “líderes”. A su vez, las producciones cinematrográficas, están comenzando a representar no sólo a los torturados, sino que también a los torturadores, humanizándolos en alguna medida- mostrándolos en acciones como hablar por teléfono con su familia en horario de “trabajo” o liberando a los secuestrados como el CNI de los 80- aunque en los hechos sigan siendo malos, pero que a mi parecer a lo que apuntan es a relativizar a los militantes y militares, es decir, no todos los detenidos desaparecidos eran blancas palomas, pero tampoco todos los torturadores hacían su trabajo con convicción sino que por mandatos superiores (Como el Mocito). Supongo que esa será la forma que se intentará llegar a la mentada “unidad nacional” y la “reconciliación”. Pero como por lo menos a mí no me interesa que la dictadura quede en el olvido, ni mucho menos se olvide a quienes dieron su vida por un proyecto de país para todos, no tengo intensión que la disputa por la escritura y reescritura de la Historia deje de ser, creo q es absolutamente necesaria la dialectica para la construcción de la memoria, porque tengo la plena convicción de que al menos en esa batalla venceremos.

Escribe tu nombre

02 de mayo

vale pico tu wea de contenido toi haciendo tareas y no me sirve la wea

allyson olaechea

02 de mayo

vale pico tu wea de contenido estoy haciendo una tarea y no me sirve

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