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El problema de mirar hacia los países desarrollados

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El 7 de mayo de 2010, nuestro país se convirtió en el primer país sudamericano en ingresar a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Más allá de los méritos existentes para haber sido invitado a formar parte de esta institución, los cuales han sido evidentes, hay un fenómeno que se ha ido potenciando con el tiempo: con el fin de apuntar a implementar “las mejores prácticas” de los países desarrollados, nos hemos olvidado de la idiosincrasia existente al interior.


No debemos olvidar la posición que intentan mantener los países desarrollados ni nuestra idiosincrasia expresada en los distintos ámbitos de la vida. Con esos puntos presentes, la mirada que tendremos para realizar políticas públicas será más realista y aterrizada.

Un ejemplo de antología es el Transantiago. Un modelo de transporte, en comparación al anterior, más moderno y más seguro, pero que se alejó completamente de la realidad de la Región Metropolitana (RM), donde las personas estaban acostumbradas a pagar un solo pasaje para un trayecto largo y se podía, literalmente, ir de un extremo a otro de la ciudad sin tener que verse en la obligación de realizar combinaciones sucesivas como hoy. Ni hablar del gasto anual que debe realizar el Estado para mantener el funcionamiento de un sistema que se gestó omitiendo el comportamiento habitual de las personas.

Realizando un análisis más actual de este fenómeno podríamos remontarnos a la reforma educacional y laboral. En la primera, por una parte, se pecó en creer que la voz del movimiento estudiantil era la voz de la población en su totalidad y, por otra, decidimos mirar hacia Finlandia y su modelo educacional. Somos tan similares a los finlandeses ¿no?

 Al final, como dice un dicho, el resultado no fue ni fu ni fa. Se prometió gratuidad universal, se apuntó hacia calidad y, en resumidas cuentas, hasta el momento no está presente ninguna de esas características de forma generalizada. Obviamente, cualquier grupo profesional serio, al elaborar un plan de gobierno dirigido a realizar reformas profundas debería ser responsable con sus promesas, entendiendo que la mejor manera de desarrollar un cambio significativo es realizándolo de manera gradual y, en lo posible, con una discusión política y social equilibrada en tiempos y contenidos.

En la segunda reforma la evolución ha sido similar. Básicamente, miramos a los países desarrollados, el estado actual de sus mercados laborales y decidimos que lo mejor era intentar implementar algo similar a lo que ellos han hecho. Claro, si a ellos les funcionó ¿por qué no podría funcionar en nuestro país? Así es como la discusión, la cual no tuvo el equilibrio necesario en tiempo y contenido, se centró en fortalecer a los sindicatos; claramente con una gran influencia de organizaciones sindicales que, a todo esto, solo representan a un parte que no es representativa de la totalidad de trabajadores del país.

Hoy vemos que Francia está intentando realizar una reforma laboral que va en una sintonía completamente distinta a la de nuestro país, obviamente como respuesta a la situación económica por la que están pasando, en donde se requieren medidas importantes para reactivar la economía y, por consiguiente, el empleo.

En síntesis, hay varias preguntas que cualquier ciudadano podría hacerse. ¿Se debe mirar la experiencia internacional en materias de interés? Efectivamente, es necesario contemplar lo que ha sucedido en otros países. De esa forma se obtienen antecedentes adicionales sobre los procesos vividos y resultados obtenidos que podríamos tener presentes a la hora de querer hacer lo mismo.

¿Las reformas que han implementado los países desarrollados, son replicables en Chile? No necesariamente. Los países, a pesar de tener muchas similitudes, también tienen una gran cantidad de diferencias que pueden determinar el éxito o fracaso de una muy buena idea, en el caso de que no se consideren aquellos puntos en donde se difiere.

¿Existe una manera única de alcanzar los mejores estándares? No. Esta respuesta, por más negativa que es en su esencia, presenta una gran oportunidad para quienes realizan políticas públicas. Hay un espacio enorme para conocer en profundidad los fenómenos que intentan solucionar y las características diferenciadoras que tiene nuestro país respecto a cualquier otro. Solo un dato adicional, no estoy inventando la rueda. Esta información está disponible para quien desee considerarla, solo hay que salir de las cómodas oficinas en donde estamos acostumbrados a planificar y conocer el entorno al cual apuntamos.

Cierto, es importantísimo alcanzar los estándares de los países desarrollados pero también hay que considerar que nosotros recién vamos de ida, ellos vienen de regreso hace rato y cambiando algunas cosas que han notado que no funcionaron como esperaban. Omitir ese antecedente fundamental sería un gran error.

Por último, hay que reconocer que Chile ha sido uno de los países más vanguardistas de la región en algunos sentidos. Al respecto podemos retomar el punto inicial de esta columna o, también, considerar que somos uno de los países con más acuerdos comerciales firmados en el mundo. Eso, a su vez, supone compromisos que hay que respetar y cumplir.

 A propósito de lo anterior, el destacado economista coreano de la Universidad de Cambridge, Ha-Joon Chang, en su libro Retirar la escalera, señala una situación muy interesante: los países que hoy son desarrollados, a través de los diferentes acuerdos internacionales, han llevado a los países en desarrollo a que cumplan ciertos requisitos que ellos omitieron de forma significativa en su camino al desarrollo. O sea, para lograr llegar a esa altura utilizaron una escalera que, en el tiempo, le han retirado al resto de países que quieren llegar donde ellos se encuentran, haciéndoles más complejo el avance.

Sin duda hay grandes desafíos que como sociedad debemos afrontar pero no debemos olvidar la posición que intentan mantener los países desarrollados ni nuestra idiosincrasia expresada en los distintos ámbitos de la vida. Con esos puntos presentes, la mirada que tendremos para realizar políticas públicas será más realista y aterrizada.

TAGS: #PolíticasPúblicas Desarrollo idiosincracia

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Comentarios

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Jose Luis SIlva Larrain

20 de mayo

Lo felicito por el articulo señor. Efectivamente ningún país ahora desarrollado puso trabas ambientales y otras por el estilo que obstaculizaran sus empresas durante su proceso de desarrollo, ellos las impusieron después cuando ya eran ricos y altamente industrializados. Ninguno de ellos habría logrado desarrollarse si hubiese adoptado las políticas que tienen actualmente. Cualquiera de ellos se habría empobrecido si intenta las medidas redistributivas que tienen actualmente si las hubiese hecho cuando el país no era rico porque ellas sólo han funcionado en países ricos, solo funcionan donde hay muchos ricos y pocos pobres, o el definitiva cuando hay muchos para ayudar a pocos y no al revés como lo entiende la mayoría del país que es títere de los gestores del transantiago y las reformas fracasadas.

Si investiga bien, los estudiantes ingenuamente querían mejor educación, un acceso mas justo a ella, mejores condiciones para educadores y educados, etc.. esas eran las preocupaciones originales. Fue después de eso que llegó la turbia manipulación política para inyectar al movimiento con tonteras como del cuento del lucro lo que lo provocó el estrepitoso fracaso de la reforma educacional y las consecuentes.

Es la cultura política que impide a Chile tomar un camino para llegar a ser como esos países. El gobierno militar y su herencia cultural e institucional mientras duró ha demostrado ser sólo un paréntesis en el tiempo, una excepción que confirma la regla.

Saludos

solopol

20 de mayo

No es ni tan dificil implementar cambios para mejorar ciertos aspectos… el caracter chileno es perfeccionista, “demasiado producido”, por decirlo de alguna manera, no por nada nuestro metro tiene ruedas de goma y el de muchos paises desarrollados, solo acero. Tambien cuando se hace planes para instalar un tren hacia Valparaiso o hacia el norte se piensa en “trenes bala”. Por que? Si basta con un tren normal. El verdadero caracter chileno, no el de historieta, es complicado. Es hacerse problemas por todo. Por eso se mira a Finlandia cuando basta un sistema normal, estatal, en que el Estado financie las escuelas y universidades propias. Es tan dificil eso?, no. Tampoco cuesta instalar trenes normales, modernos y rapidos, pero normales. Existen los tranvias tambien, tranvias habia en Chile. Igual que en Suiza. Es una tecnologia normal, simple y normal. Es basica, no tiene mayor complejidad. Muchas cosas no tiene ninguna complejidad. Por que tanto rollo? Saludos

solopol

20 de mayo

Dicho de paso, no costaba nada crear una linea alternativa a la linea 1 del metro, y con “alternativa” me refiero a “paralela”. Actualmente tres lineas (2, 4 y 5) convergen en una sola linea (linea 1). Costaba tanto hacer eso? No. En añadidura, todas las ciudades europeas incluyendo las mas grandes, son menos extensas en superficie que Santiago. Por los recorridos del transporte son mas cortos (lineas de microbus y de metro y tranvia mas cortas). Tema para repensar en el papel del urbanismo respecto a los temas propios de la ciudad (novedad, parece).

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