El dolor de los demás: otro lucro inmoral

De un tiempo a esta parte, cada vez que un temblor amenaza con salirse de madre el gobierno aprovecha de sobrereaccionar, recordando que “en el pasado” hubo negligencias que costaron vidas humanas. No les importa evacuar un pueblo ante una marejada apenas anormal, y nadie podría culparlos por aquello. Como suponen que Michelle Bachelet va a repostular a la presidencia, quieren transformar el terremoto del 2010 en un tema principal de campaña. Es una movida política astuta sobre la que se podrá estar en contra, pero no se les podría acusar de lucrar inmoralmente a costa del dolor de los demás. No ocurre lo mismo con los ejemplos que vienen a continuación.

Las noticias pasan de prisa, pero es necesario atar cabos. El pasado 11 de noviembre, el ministro Hinzpeter utilizó una estrategia similar. En medio de su disputa con el Fiscal Nacional, y aprovechando de posicionarse como el sheriff contra la delincuencia, recibió en La Moneda a los padres de Vicente Covarrubias, un niño de 5 años al que le llegó una bala perdida mientras viajaba a bordo de una micro. “Estoy seguro y confiado en que en las próximas horas o días vamos a ponerle las manos encima al asesino de Vicente. Vamos a trabajar juntos con Carlos (el padre del menor) para poner tras las rejas a la persona que le quitó la felicidad a una familia completa”. Frente a una nube de reporteros gráficos y cámaras de televisión, buscó el abrazo de los padres, cerró los ojos al poner la cabeza sobre el hombro de la madre y dejó pasar unos segundos. Esa misma semana había dicho en una entrevista que “no entendía por qué” la gente lo veía como un ministro “distante”. Creo demasiado probable que citó a esos padres a La Moneda pensando más en mejorar su imagen pública que en otra cosa.

Durante la campaña presidencial, en al menos dos oportunidades Piñera asistió a funerales en los que no sólo no estaba invitado, sino que podía fácilmente prever que no iba a ser bien recibido. Uno fue el de Claudio Huepe y es obvio que lo que quiso fue enfatizar su supuesta vinculación con la Democracia Cristiana, sin importarle que hubiera allí gente frente a un ser querido dentro de un ataúd. Menos de un mes antes que eso, fue con cámaras y asesores al velorio de María José Esquivel, una chica de 16 años que, al igual que Vicente, murió por culpa de una bala sin dueño a bordo de un bus del Transantiago. A la salida de una casa ubicada en el paradero número 32 de Santa Rosa dijo: “Quiero decirle abiertamente a la gente que hice un compromiso con la señora Alicia (madre de María José). Si yo soy Presidente de Chile no voy a permitir ni por un momento que un puñado de delincuentes tenga aterrorizado a todo un país y que causen daño, dolor y sufrimiento”. Las palabras son similares a las de Hinzpeter, años después y son evidentemente un acto de campaña. Un evento publicitario en el Palacio de Gobierno en un caso, en el otro afuera de la casa de unos padres que están sufriendo lo que más dolor le puede causar a un ser humano. ¿Habrá vuelto a hablar con Alicia nuestro presidente? ¿Distinguirá ese evento de otro en el que fue a entregar los premios de un bingo solidario? ¿Mejorará esto en la siguiente campaña? Si volvemos la mirada sobre los presidenciables encontramos visitas indecorosas a tragedias aéreas en las que no se tiene mucho que decir y periódicas menciones a la comuna de Maipú que desde luego no se hacían antes de ser ministro, como si ser maipucino y exitoso fuera una excentricidad.

No tengo dudas de que políticos de la Concertación y del Partido Comunista han conversado en muchas oportunidades con funestos asesores sobre cómo sacar provecho de una tragedia. No he seleccionado estos ejemplos proponiendo la exclusividad de la Derecha en estas chanchadas, pero a la vez estoy seguro de que “la visión empresarial” de la vida muchas veces se traduce en que, como “una crisis es una oportunidad”, el sufrimiento de los demás es primordialmente una instancia para sacar ventajas.

Una parte del pudor tiene que ver con respetar el dolor ajeno. Si no podemos pedirles que frente a casos como estos no sean salvajemente utilitaristas, al menos podemos pedirles que sean pudorosos. Cada momento de la vida no es una oportunidad para ganar. En muchos casos no se espera de nosotros más que silencio.

Patricio Hidalgo