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El descontento desbordado, la movilización estudiantil y el nuevo Chile

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Esta revuelta social, ciudadana, y popular contra el sistema neoliberal en Chile, coincide con un momento mundial de decaimiento y crisis de éste. No sólo por las revueltas y los problemas sistémicos puestos a prueba durante este año 2011 y los anteriores, con la literalmente crítica situación económica en Europa y Estados Unidos en particular, sino del capitalismo neoliberal en su conjunto.

Si Chile antes era utilizado como ejemplo de un modelo neoliberal y ultracapitalista exitoso y “ejemplo a seguir”, la movilización actual derrumba ya definitivamente tal apología sostenida por las derechas y clases dominantes a nivel regional y global. El mundo y nuestra América miran con atención lo que está sucediendo, pues lo que aquí sucede es una revuelta en un país donde el sistema funcionaba, y de hecho, bajo sus parámetros, sigue funcionando con éxito.

Otro punto importante: esto no es un estallido social gatillado por una baja repentina en el funcionamiento del sistema, ni por una medida política en particular, sino que es una multitud en movimiento y puesta en marcha de manera relativamente autónoma, y tal característica debe ser defendida, desarrollada, potenciada. La coyuntura ha sido alimentada por varios factores, como la derrota electoral de la Concertación y la puesta en el Gobierno de una coalición con menos anclajes sociales, experticias políticas, y legitimidades históricas, o como el mismo terremoto que hizo evidenciar un sinnúmero de falencias y irracionalidades del modelo, o la demostración de un soterrado descontento regional en la revuelta magallánica, o el muy mayoritario rechazo a la política ambiental y energética del país.

Pero aún teniendo todo lo anterior en cuenta, el movimiento social ha logrado levantar un ciclo de movilizaciones de manera relativamente independiente de los factores externos, y más aún, tomando por sorpresa a la misma elite política que ha copado tan monopólicamente el espacio público e institucional del país. Ésta última, junto con los actores dominantes económica y mediáticamente, claro que ya intenta revertir su distancia hacia el fenómeno histórico constituyente desplegado, pero ya no tiene la iniciativa exclusiva y excluyente al que le llamó eufemísticamente como “la extraordinaria gobernabilidad de la democracia chilena”, o, con más soberbia que realidad, “la excepcionalidad chilena en el contexto latinoamericano”. Bajo sus pies, se forjó un proceso social e histórico que no controla, no gobierna, ni tiene muchos mecanismos de cooptación y dispersión, por mucho que en la coyuntura específica y más concreta de las demandas más directas, la termine ganando: más bien será una tregua transitoria que una solución definitiva.

En esa coyuntura de largo plazo que se ha desplegado, de aquí en adelante al movimiento social le caben múltiples tareas, pero que tienen en la proyección política de sus demandas y anhelos el eje crucial y determinante. No se trata de que se haga un viraje en sus acciones y trayectorias hacia el presente en que se encuentra, sino que, justamente, es el paso que lógicamente deben dar hacia construir una mayoría amplia y diversa que, primero, ponga en juego en su seno una unión identitaria, programática, y también electoral, construida sobre la base de su diversidad interna y de lo que ha venido haciendo y pensando hasta ahora.  En ese sentido, entendernos como un proceso constituyente en construcción y en curso, permite a los diversos actores mirar las perspectivas que todo paso va a ir teniendo en distintos planos y tiempos. Bajo esa dinámica, ese nuevo Chile en movimiento y en marcha que estamos presenciando en las movilizaciones actuales irá adquiriendo su unidad y solidificando sus convicciones y capacidades, y no se detendrá, por mucho que las coyunturas más inmediatas vayan cambiando y sucediéndose. Seguimos en un escenario institucional y político-electoral altamente desfavorable, y falta mucho camino por recorrer en términos de articulación política de los descontentos y movilizados.

* El documento completo lo puedes leer en el archivo adjunto.

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24 de mayo

Mucha mistioficación y argumentos falaces. Por ejemplo: “la movilización actual derrumba ya definitivamente tal apología sostenida por las derechas y clases dominantes a nivel regional y global” – Pregunta: ¿Cuánto poder tienen los 4 grupos controladores del país? ¿Qué pierde Lucksic con la movilización?
“como el mismo terremoto que hizo evidenciar un sinnúmero de falencias y irracionalidades del modelo” ¿Alguien cree por ventura que Chile sería más eficiente con otro modelo? La demostración más dura es la Unidad Popular, el summun de la ineficiencia en la historia de Chile.
” de aquí en adelante al movimiento social le caben múltiples tareas, pero que tienen en la proyección política de sus demandas y anhelos el eje crucial y determinante.” No hay divergencias insolubles entre los distintos segmentos: alumnos que piden calidad y profesores que piden inamovilidad y centralización; entre la Región Metropolitana que absorbe miles de millones en obras públicas para dar bienestar a los más ricos y el resto de las regiones, que carecen de recursos suficientes para resolver sus problemas más dramáticos y, lo más vergonzoso, entre todos los manifestantes – todos de clase media – y todos los pobres de Chile, que van a volver a perder en esta vuelta, mirando como los subsidios se van a la clase media mientras ellos no tienen ni casa decente. Este es un análisis voluntarista. No tiene asidero en la realidad política de Chile.

El descontento desbordado, la movilización estudiantil, y el nuevo Chile | Blog personal de Héctor Testa Ferreira

17 de marzo

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