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El balance político en seguridad ciudadana y drogas I: El poder y el delito

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Aunque la seguridad ciudadana en Chile medida en términos de victimización es la mejor de América Latina, y una de las mejores del mundo, a su vez la población tiene una las sensaciones de temor más alta del mundo y, lo más paradojal, aparentemente, es que las autoridades evalúan mal los resultados obtenidos en seguridad ciudadana, ya que los estudios indican que la victimización disminuye mientras el temor aumenta.

En la víspera de la primera vuelta electoral presidencial Evelyn Matthei llamó a votar así: “La gente en Chile es muy responsable, por lo que estoy segura que va a ir a votar. Además, le preocupa el futuro de nuestro país y de seguir creciendo; de lo contrario va a haber más delincuencia. Y de esos que van a ir a votar, van ir cambiando seguramente sus votos por cómo la Concertación ha protegido sistemáticamente los derechos de los delincuentes por sobre los de los ciudadanos”[1]

Por su parte, el Presidente electo de Honduras, Juan Orlando Hernández, en la toma de posesión dijo: “A los mareros, a los extorsionadores se les acabó la fiesta oscura que tanto daño le ha hecho a este país”, “O enmiendan su conducta, … o tienen la alternativa de irse del país, o si no irán a parar a la cárcel, porque ese es el mandato del pueblo hondureño”, agregó, “Les quedan muy pocos amigos a los extorsionadores, a los mareros, a la gente del crimen organizado; y dentro de esos pocos amigos hay algunos dirigentes del Partido Libre, que los apoya”[2], así Hernández denunció la supuesta vinculación entre las pandillas y el crimen organizado con los seguidores del ex Presidente Manuel Zelaya, el cual fue sacado del poder con un golpe de estado hace dos años. La similitud de estos discursos de derecha que culpa a los sectores progresistas del aumento de la delincuencia, le da un claro cariz político al tema.

Al terminar enero aparece como el momento de hacer el balance del año que pasó, pero esta oportunidad coincide con el fin del Gobierno de la Alianza por Chile y, todo parece indicarlo, con el fin de la transición a la democracia. El movimiento social conducido por los estudiantes le impuso a los tomadores de decisiones políticas una agenda electoral muy específica: la universalidad, gratuidad y calidad de la educación, la reforma tributaria para financiarla y la reforma política para hacerla posible; la nación con contundencia mayoritaria respaldó la manera de asumir esa agenda por la Nueva Mayoría, encabeza por Michelle Bachelet, castigó a la derecha con una abstención selectiva, porque ésta no comprendió que tenía que responder a la agenda propuesta; además, la nación no se sintió convocada ni por el neo reformismo de izquierda que expresa Enríquez Ominami, ni por el neo reformismo de derecha propuesto por Parisi.

Las izquierdas tradicionales fueron ignoradas seguramente por el tradicionalismo de sus análisis y el autoritarismo de sus propuestas, incluso al neo ecologismo más puro –menos político- le fue mejor.

Desde el fin de la dictadura, pero no de su régimen político, el oportunismo de los hacedores de políticas ha venido utilizando dos modalidades de esquivar los temas políticos centrales: los temas valóricos y la seguridad ciudadana junto con las drogas. Los temas valóricos tales como los derechos a no ser discriminadas en sus ingresos por el solo hecho de ser mujeres, el derecho de las mujeres a gobernar ellas mismas su salud reproductiva –reducida maniqueamente al tema del aborto-, el derecho de las mujeres a no ser violentadas y asesinadas por el sólo hecho de ser mujeres, son deudas graves de nuestra sociedad y de sus instituciones políticas con la otra mitad del mundo.

El derecho de las y los homosexuales a no ser discriminados en el campo laboral o las prestaciones de servicios por el solo hecho de serlo, el derecho al matrimonio igualitario por la sola dignidad del amor y por tanto con derecho a amar y criar hijos y, finalmente, el derecho a no ser violentados y asesinados por el solo hecho de ser homosexual. Estas no tan solo no son demandas legítimas, además, para los que gustan de las mediciones de prestigio, son un indicador del grado de modernidad de las instituciones sociales y políticas.

El tema valórico de la protección del medio ambiente y del uso de los recursos naturales, además, hoy de profunda significación económica, ha de ser explicado una vez más. Todos esos temas valóricos y otros más, tienen que ser resueltos, pero centrarse en ellos solamente o anteponerlos a los temas de la agenda política instalada por la sociedad civil –eso que despectivamente y aprehensivamente la derecha y sectores retrógrados de la ex Concertación llaman “la calle”- es una manera hábil pero inútil de esquivar el tema político central que es la redistribución de la riqueza nacional producida por todos y de la institucionalidad política para decidir de acuerdo al principio de las mayorías que se hace con esa riqueza sin que las minorías tengan derecho a veto.

El otro conjunto temático es la seguridad ciudadana y las drogas. El tema de la seguridad ciudadana está estrechamente ligado al control social de la población, basta criminalizar una conducta social como usar drogas o ejercer la homosexualidad, o una conducta política como manifestar la oposición al gobierno en las calles, oponerse al racismo o ser comunista para que se aplique en contra de los ofensores de esas normas todo el sistema penal;  desde la policía, pasando por la fiscalía, los tribunales y terminando en las cárceles, de igual manera como esos recursos institucionales, el aparato de la política criminal, son usados en contra de la delincuencia común y el crimen organizado, los cuales sí trasgreden derechos específicos de los ciudadanos, como la vida, la integridad de la persona, la libertad, la propiedad, etc.

Un buen ejemplo de ello es la ley Hinzpeter mediante la cual, pese a que la ley Nº 20.352 de control de identidad, autoriza a detener a los encapuchados por el solo hecho de estarlo, se quiere ahora penalizar el hecho mismo de estar encapuchado, de la misma manera que se castiga al usuario de drogas por el solo hecho de poseerla o procurársela, pese a que el consumo privado no es un hecho delictivo.

Aunque la seguridad ciudadana en Chile medida en términos de victimización es la mejor de América Latina, y una de las mejores del  mundo, a su vez  la población tiene una las  sensaciones de temor más alta del mundo y, lo más paradojal, aparentemente, es que las autoridades evalúan mal los resultados obtenidos en seguridad ciudadana, ya que los estudios indican que la victimización disminuye mientras el temor aumenta.

Decimos que esa paradoja es aparente, ya que las políticas criminales precisamente tienen por finalidad infundir temor entre la población, para que esta acepte cada vez más medidas punitivas y restricciones a su derechos. Como veremos más adelante esta paradoja ya tiene otra paradoja.

———–

Foto: El Mote / Licencia CC

[1] El Mercurio, Santiago,16 noviembre 2013, p. C2.

[2] Diario de Hoy, Tegucigalpa, 11 de Enero de 2014

TAGS: #Legalización #Marihuana Drogas

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