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Primero, cambio social; luego, reforma educacional

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De esta forma, la salvífica reforma educacional, entrampada en un inmóvil debate sobre una nueva sociedad, está llamada a morir en la degeneración. Aprobada en conmovedoras maratones legislativas, e iluminada por patrióticas cadenas nacionales, con el tiempo, y frente al ensordecedor aplauso de la gran masa, terminará inevitablemente por reproducir lo que con tanto esfuerzo quiso algún día transformar: el actual orden social.

Me atrevo a escribir sobre educación. No traigo, para desgracia mía, “la” solución a la vedette del debate nacional en mi cabeza. Sin embargo, me propongo presentar un problema, digamos, para llamar la atención.

Parto diciendo que la reforma educacional, por más radical que sea, no me aterroriza. La vorágine educativa es y siempre será, históricamente, sana. Más incluso cuando el diagnóstico general es bastante compartido y la necrosis del sistema educacional en Chile, se huele por todos lados.

El problema, creo yo, es un poco invisible. Puede parecer una trampa o una maquinación dolosa, aunque creo más correcto hablar de un evidente pero oculto error. Me explico.

Como es obvio, la educación es, sino el mayor, uno de los elementos fundamentales en una sociedad. Y esta última sólo puede entenderse en una simbiosis casi magnética con el proceso educativo. Yo, al menos, no lo puedo ver de otra manera. Debatir sobre “educación” significa necesariamente debatir sobre “sociedad”. Ambos conceptos, caminan siempre juntos. No pueden ir en direcciones distintas, y menos, a largo plazo, opuestas. Entre ellos hay una relación absoluta y necesaria.

Ahora, qué duda cabe que la sociedad es ontológicamente anterior a la educación, y que además la determina en esencia. ¿Por qué? Simple. Lo accesorio sigue la suerte de lo principal, y en este orden de cosas, el modelo educativo no puede ser opuesto a la realidad cultural, social y económica imperante. La educación sólo puede reproducir el orden vigente y, me atrevo a decir, en ningún caso transformarlo. Es aquél que, más temprano que tarde, terminará por contaminar al modelo educativo. Desde luego, una infección inevitable, y de cualquier manera, lógica. El género por sobre la especie. Por más semántica e idealista que sea, con el tiempo la educación siempre degenerará hasta confundirse con la realidad social en que echa raíces. Esta necrosis es insuperable, y el proceso educativo terminará por necesidad “biológica” homologando las virtudes y, especialmente, los defectos del tipo de sociedad en que opera.

Esto ocurre y ocurrirá siempre. En la actualidad, el modelo educativo multiplica y profundiza la estratificación, la desigualdad y el incentivo animalesco a competir, y sólo competir. Comer o ser comido. Basta detenerse un momento y pensar en la PSU, el SIMCE, y todos sus primos y parientes lejanos. Así, la lógica de género-especie y de reproducción necesaria, aparece bastante clara y demostrable. No me propongo aquí hacerlo.

El asunto principal, y que motiva la advertencia de error, se da a propósito de las formas y reformas educativas propuestas por el gobierno y su debate por la sociedad civil.  La sacrosanta reforma apasiona. Ésta se intensifica cada vez con mayor vehemencia, y hasta el lenguaje se ha tornado crudo y poco reflexivo. Todo cuanto se puede escuchar, se ha dicho. Discursos y marchas se revuelcan sobre los dilemas educativos por excelencia (el libido del satanizado lucro, y todas sus malformaciones congénitas, por ejemplo).

En un primer momento, la reforma educacional sólo se entendía en su cauce natural. No podía escindirse de la reforma al orden político y social. Bajo este prisma, el debate tenía una doble cara: no puede haber otro tipo de educación, sin otro tipo de sociedad. Y, claro, emergen las asambleas constituyentes, reformas políticas y otros. En elecciones, el discurso aguanta todo.

Actualmente, sin embargo, el debate educacional ha caído, accidental o deliberadamente, en un error lógico. Se discute sobre educación, y se posterga el debate sobre sociedad. La especie y no el género. No es aquí la oportunidad de discutir el porqué de esta dicotomía. Presumamos, al menos, que se ha producido por accidente, y entonces se podría decir que es una cuestión de “tiempos”. Lo más complejo, se discute en más tiempo (los grandes acuerdos, demoran; dirán los más siúticos). Siendo bastante generoso, lo dudo. En fin.

La gran paradoja, pienso, es entender que puede discutirse sobre educación en una sociedad enferma. La reforma que pulula en los pasillos de la Moneda, es cualitativamente contradictoria al orden social y político vigente, y que heredamos por coacción. Entonces, proponer un modelo educativo desarrollista, solidario e integrativo, para una sociedad mercantil, desigual e individualizante, es bajo todo punto de vista, una trampa. Un error al que se está llegando, al menos, por inadvertencia. La educación no transforma la sociedad, sólo la reproduce. Ya lo hemos dicho.

Lo anterior preocupa, porque es cierto que el debate sobre un nuevo tipo de sociedad -la nueva Constitución, por ejemplo- que en un primer momento fue intenso y fructífero, se diluye y se petrifica con el tiempo. El inmortal “statu quo” renace invisible. El cuestionamiento -histórico, sin duda- al modelo político y económico impuesto por la dictadura, vuelve poco a poco a la academia, y abandona cabizbajo los programas y proyectos políticos originales de la Nueva Mayoría. ¡Cómo, si se mantiene en la “calle”! me replicarán. Pero esto es absolutamente insuficiente y volátil. No seamos ingenuos.

De esta forma, la salvífica reforma educacional, entrampada en un inmóvil debate sobre una nueva sociedad, está llamada a morir en la degeneración. Aprobada en conmovedoras maratones legislativas, e iluminada por patrióticas cadenas nacionales, con el tiempo, y frente al ensordecedor aplauso de la gran masa, terminará inevitablemente por reproducir lo que con tanto esfuerzo quiso algún día transformar: el actual orden social.

 

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Comentarios

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26 de junio

El punto de partida me parece que pasa primero por definir que entendemos por orden social (ya que supongo que es el argumento de tu crítica: que la reforma educacional no la transforma) En primer lugar hay muchos órdenes que están incluidos dentro del orden social como el orden institucional, orden económico, orden cultural, orden político, etc. Todos ellos entran en el social, no existe un orden social que no englobe a todos ellos porque todos los anteriores son sociales (no hay ninguno que se desligue de esa propiedad). Si hablásemos de un orden social sería más o menos el que engloba básicamente todo porque todo de lo que podamos llegar a hablar es “social”. Lo mismo que hacemos ahora es social: la oportunidad de comunicarnos como nos comunicamos y a la vez el mismo hecho de comunicar (pura mierda formal en verdad a continuación lo que importa)

Si la reforma educacional tiene siquiera la intención de iniciar una transformación económica: por supuesto que no. El modelo mixto con preponderancia de mercado y con un estado “gásfiter” (porque hay que llamarlo para acusar que el mercado está descompuesto en cierto lugar: no llega sólo, ni menos tiene la intención de hacerlo) pa cuando esté falle se mantiene inalterable y es incluso el supuesto orgullo chileno. Nadie lo cuestiona. Los estudiantes reclaman por una mejor educación pero para tener mejores oportunidades dentro de la jungla: no quieren acabar con la jungla o al menos no lo han proclamado aún. Si entendemos como modelo económico las reglas del juego de posesión y reparto de recursos y la competencia, al menos en el sistema no cambia, pero porque básicamente nadie lo pide (pero tranquilo sospecho que están en vías de pedirlo) Es más se sienten bastante cómodos y realizados con el sistema de competencias, porque el individualismo y la competencia es algo que los chilenos tenemos muy fuertemente arraigado desde el gobierno militar. Si querremos sacárnoslo nos costará algunas generaciones más todavía.

Si la reforma educacional tiene la intención de generar un cambio político: nicagando. Porque siquiera nadie cuestiona la matriz. La democracia parece dejarnos satisfechos más no completamente contentos. Creemos si que hacen falta ajustes (como el binominal) pero nos parece bien que al menos podamos llevar al candidato que se nos pare la raja a la presidencial.

Si la educación puede y pretende generar un cambio cultural: por supuesto que sí. Los tres principales ejes de la reforma son el fin del copago, el fin al lucro y el fin a la selección. El fin a la selección genera un cambio en la forma de entender la educación, y por tanto se pretende eliminar la discriminación de toda índole al menos en los establecimientos. Eliminar la discriminación es por supuesto un cambio cultural. Y estos mensajes institucionales se van permeando en la sociedad de a poco (los mismos que nos hicieron individualistas y competitivos con pinocho)

Eliminar el lucro (pero esta vez en serio) deberá generar que aquellos interesados en el negocio de la educación sean por al menos un poco de vocación, porque lucas no van a sacar tantas como antes. Que cambien los sostenedores realmente está en dirección de generar un cambio cultural: si cambia el sostenedor cambian las inversiones. Si una universidad o liceo reinvierte más en su proyecto antes que en su bolsillo o en otros negocios se genera más cultura: hay más capacidad para albergar alumnos, hay bibliotecas más grandes, hay mejores profesores, hay mejor infraestructura (lo que está probado que ayuda en el clima escolar), hay mejores computadores (y no en pocos casos se haría recién una sala de computación). Todo esto tiene como resultado una mejor calidad de conocimiento. Si una universidad genera investigación, pues claro que cambia a la sociedad, cada investigación lo hace. Tener acceso a un libro de una biblioteca antes que no conseguirlo por supuesto que significan profesionales más informados. Digo burradas, pero si un estudiante de medicina tiene acceso a materiales que antes no, claro que se genera una nueva calidad de educación.

El cambio desde luego es más formal. De todas formas es estructural, y lo estructural tiene la deficiencia de no llegar bien a lo particular. Pero es un mensaje y una verdadera transformación institucional. Es un cambio de reglas en la esfera de la educación, y si dejamos de entender a la educación como un negocio y la empezamos a ver como una mina de conocimiento en la que no se discrimina ni se lucra, pues claro que es un cambio cultural. Y todo cambio cultural es un cambio social, como todo cambio económico o político lo es también.

Natalia

26 de junio

No había considerado el factor social al analizar un cambio en el modelo educacional.
Buen aporte!

jose-luis-silva

26 de junio

Amigo mio lo que pasa es que el sistema económico no lo puede mover porque es el que permite superar necesidades que ud. da por superadas cuando piensa en estos temas del lucro, la cultura etc… nadie se va a preocupar de problemas del lucro o de la matriz politica si no tiene pega, ni sueldos reales cada vez peores (se encarece todo). Esa es la razón de esta recurrencia inevitable al modelo: no se puede sacar las murallas del primer piso para construir el tercero. Es lo que vemos y seguiremos viendo con la actual reforma tributaria para reformar la educación, es cada vez mas enredada, mas criticada y con la cual todos ya vemos cada vez mas cerca el oscuro pasaje económico en que nos estamos metiendo.

Alex Eduardo Olivares Villablanca

15 de septiembre

No dejas de tener razón en tus planteamientos pero volvemos al principio. Que es primero? El huevo o la gallina? Como cambiamos la sociedad en la que estamos inmersos si no es con educación? Educación de verdad con estándares de país desarrollado o que aspira a serlo, para ello es imperativo una reforma profunda al sistema educacional vigente, en todos sus estamentos y niveles, (alumnos, docentes, directores, sostenedores, infraestructura, malla curricular, padres y apoderados), lo cual no sucederá mientras esta sea un bien de consumo regido por el mercado al igual que la sociedad, (la sociedad como la nuestra, la que vemos hoy en día), por este camino se puede vislumbrar un comienzo del tan anhelado cambio social al que se hace mención en el artículo, al cual adhiero en gran parte.
Para qué se inicie el cambio hay que partir por algún lado ya que no se puede hacer todo de una vez y la sociedad no cambia por sí sola, tiene que haber un detonante, que generé una acción y con esta una reacción de la sociedad en su conjunto. No se sí la reforma educacional sea el mejor principio, pero lo que si esta claro, es que este puntapié da el vamos a un cambio que no termina sólo con la reforma educacional, si no que sólo es el principio de la reforma social y tendrán que haber muchos más cambios y reformas en distintos ámbitos, (binominal, tributario, constitucional, etc.), para que ello ocurra.

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