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Dieta parlamentaria: “que se vayan los viejos y que venga juventud”

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Los diputados chilenos son los mejores pagados entre los países de la OCDE, de acuerdo a una medición en dólar de EE.UU. nominal ajustado por paridad del poder adquisitivo. Aunque parezca increíble, en Chile los miembros de la Cámara Baja ganan más que en EE.UU., de hecho, no solo en eso somos campeones: el sueldo de los parlamentarios es 11.8 veces mayor al PIB per cápita. Nos sigue –desde lejos– Turquía, México e Italia, marcando 6.3, 5.6 y 5.1 respectivamente. Sin contar los 5 millones recibidos como asignación mensual para gastos operacionales, y los 2 millones para asesorías externas, los diputados reciben una dieta líquida mensual de libre disposición de $6.200.000, lo que equivale a casi 26 veces el sueldo mínimo. En los últimos 13 años los parlamentarios han aumentado en un 245% sus remuneraciones; mientras que el sueldo mínimo solo ha crecido un 42% desde el 2003. Y ojo: a fin de año se viene el reajuste, en donde deberían subir cerca de medio millón más.


Hay cuestiones, como dice Michael Sandel, que "el dinero no puede comprar", y que no deben regirse en base a criterios de mercado, pues con ello solo se denigra la esencia misma de la institución. Pues, “en ocasiones, los valores mercantiles desplazan a valores no mercantiles que merecen ser protegidos”.

Se pueden hacer muchas comparaciones; son todas vergonzosas. Pese a ello, cuando dos parlamentarios jóvenes tuvieron la idea de proponer rebajar la dieta parlamentaria a la mitad, no solo no tuvieron el apoyo necesario, sino recibieron críticas, bromas y burlas de parte de otros “honorables”.

De (parte de) la derecha era esperable el rechazo del proyecto. Incluso era lo “consecuente”: niegan la política, reduciendo toda discusión a intereses privados; reducen al ser humano al Homo Economicus. Entones, era previsible que críticas cayeran desde ese lado.  Sin embargo –aunque probablemente también era previsible–, la resistencia al proyecto no vino solo desde la derecha (formal), sino que también de la Nueva Mayoría (y no por eso de izquierda). Ignacio Walker señaló que era un “cambio bien brusco” pasar de la “mesada familiar al sueldo parlamentario”; Pepe Auth dijo que para Boric y Jackson cualquier salario era elevadísimo porque “hasta 10 de marzo vivían de una mesada”; Ricardo Rincón dijo que “cuando un futbolista  $100 millones en un mes nadie se ruboriza”, etc.

Pese a que las respuestas no suenen tan “honorables”, y a que parezcan diatribas infantilmente impulsivas, en ellas se refleja un problema de fondo: la completa confusión entre la función pública y la función privada. La comparación de Rincón es pornográficamente gráfica de aquello. En el mismo sentido, siguiendo la lógica de Nicolás Eyzaguirre (if you pay peanuts, you get monkeys), Ward dijo que si se rebaja “sustancialmente la dieta se restringe el acceso de los profesionales más preparados al Parlamento, ya que en el sector privado podrían percibir una mejor remuneración”. Ante esto hay dos cuestiones. En primero lugar, desde una mirada más trivial, podríamos decir que no es cierto que el mundo privado se estaría peleando a los parlamentarios para ofrecerles suculentas sumas de dinero. Puede que en varios casos sería así, pero, en muchos otros, el interés privado vendría solo por los pitutos que hayan logrado en política o por la capacidad de lobby que pudieran tener. O sea, el valor que tendría el parlamentario en “el mercado” vendría más de lo obtenido en el ejercicio de su cargo que de sus capacidades profesionales o intelectuales. Lamentablemente, los curriculum de varios parlamentarios dejan mucho que desear. Quizás por eso son tan reticentes a limitar la reelección, saben que en el sector privado no podrían percibir una mejor remuneración.

En segundo lugar, esa forma de entender al Parlamento degrada la idea de democracia. Habrá algunos que creerán que el ser humano siempre busca maximizar los beneficios y reducir los costos, y puede que eso funcione sin problemas en el mercado. Sin embargo, en la función pública hay (o debe haber) algo más. El Parlamento es la institución democrática por excelencia, es donde aquellos que nos representan a todos deliberan sobre cuáles son las mejores leyes para regir a nuestra comunidad y orientarnos hacia el bien común. En ese plano, no es admisible la pretensión individual; no es deseable alguien que no estaría ahí si es que allá (en el sector privado) pudiera ganar más. Hay cuestiones, como dice Michael Sandel, que el dinero no puede comprar, y que no deben regirse en base a criterios de mercado, pues con ello solo se denigra la esencia misma de la institución. Pues, “en ocasiones, los valores mercantiles desplazan a valores no mercantiles que merecen ser protegidos” (1). Si bien, en este caso no nos referimos propiamente a intercambios de bienes, es la lógica neoliberal la que desplaza la lógica de la ciudadanía. El Parlamento donde priman los intereses individuales no es Parlamento.

El parlamentario, como representante de la comunidad electo democráticamente, debe tener una especial disposición hacia el interés público y su actuar debe orientarse a ese fin. En ese contexto, no es aceptable que gane un sueldo tantas veces mayor al sueldo mínimo. A menos que queramos una sociedad que no sea más que un cúmulo de intereses individuales encarnados en hombres por naturaleza egoístas, se puede exigir algo más. La comunidad se construye, y, para ello, los parlamentarios tuvieron una gran oportunidad. La precariedad del sueldo mínimo y la enorme desigualdad de nuestro país son asuntos de primera relevancia política. No se trata, como señaló Jorge Pizarro, de que la rebaja del sueldo vaya a ayudar a disminuir la igualdad, o si es que X o Z ganarían más o menos en la empresa Y; se trata de una señal mediante la cual el parlamentario demostraría que la desigualdad es un problema, que los sueldos no pueden ser tan dispares, y que el representante de los intereses de todos no puede ganar tanto más que la mayoría. Se trata de un gesto mediante el cual se reconoce la existencia de un otro, o sea de un gesto que construya comunidad. Con más de 3 millones al mes los honorables no se harán pobres. No es que Boric y Jackson sean solteros, sin hijos, y por tanto puedan vivir con menos. Es que ellos se acostumbraron a vivir con mucho. Quizás esos honorables se irían al sector privado si es que ganaran menos, pues bien, ¡que se vayan! De seguro hay muchos jóvenes (incluso más capacitados) dispuestos a dignificar nuevamente el rol del parlamentario.

Hace casi 100 años, en su Balance Patriótico, Vicente Huidobro describía la decadencia del Chile de entonces como si hablara de los tiempos actuales. Al final de su texto dice:

“Todo lo grande que se ha hecho en América y sobre todo en Chile, lo han hecho los jóvenes. Así es que pueden reírse de la juventud. Bolívar actuó a los 29 años. Carrera, a los 22; O’Higgins, a los 34, y Portales, a los 36. Que se vayan los viejos y que venga juventud limpia y fuerte, con los ojos iluminados de entusiasmo y de esperanza”.

 

(1) SANDEL, Michael, “Lo que el dinero no puede comprar”, traducción de la 1° edición: Chamorro, Joaquín, Editorial Debate, 2013, p. 17.

 

TAGS: Congreso Dieta parlamentaria Sueldos Parlamentarios

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Comentarios

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07 de julio

No es el razonamiento correcto el que se vayan los viejos y vengan los jóvenes. De hecho, es todo al revés. Puedo colocar ejemplos históricos en los que la consejería de jóvenes ha sido de menor calidad que la de ancianos. Particularmente, si pidiera consejo, no se lo pediría a jóvenes, si los pudiera obtener de ancianos…

Una cosa distinta es la edad de la gente y la otra su corruptibilidad. La gente UDI y RN que apoyaba a Pinochet, en parte fue joven cuando lo hacía. ¿Quiere la sociedad más diputados UDI o RN jóvenes de ese tipo?…

En la toma de decisiones inteligentes se requiere algo de sabiduría y un número importante de consejeros.
Jóvenes, ancianos, medio canosos, todos pueden servir si su ánimo es hacer aportes constructivos bajo la premisa del interés común y no sólo el particular.

_________________________
Yo entiendo la representación de los diputados en base a mi experiencia. Le escribí a los integrantes del Senado y Cámara de Diputados, proponiendo algo, y nadie respondió. Es decir, entiendo su representación como una en la que nadie me representa. Si mis ideas son más valiosas que algunas de los diputados, el sistema político que tenemos y que ellos llaman democracia, no funciona, porque no es democracia, ya que las desecha sin argumentos.

Democracia significa gobernar con el consenso de las ideas. Democracia sería también si la gente pudiera participar de la discusión del uso del Presupuesto Nacional, al menos para una porción del mismo.

__________________________
Mucho que decir en torno a todo. Los sueldos de los diputados y senadores están sobre inflados. Lo mismo ocurre con otros cargos públicos. Me parece a mí que los dineros del Presupuesto Nacional destinados a sueldos debieran alcanzar para todos los chilenos y consistir en sustentar pleno empleo para quienes pueden trabajar y pensión de ayuda para quienes no puedan…

07 de julio

Estimado, agradezco el comentario. Me sobrepasaré en creer que compartimos el fondo. Pero creo que te quedaste en el título y quizás no llegaste al final, seguramente por déficit mío en captar tú atención. En todo caso, digo que “quizás esos honorables se irían”, haciendo antes referencia a “jóvenes” como Boric y Jackson, o sea, los que no se irían. Me refiero a ciertos viejos y a ciertos jóvenes. Evidentemente no creo que no se necesito del aporte de todos. Saludos.

servallas

10 de julio

Si, juventud en la cámara de diputados y con la mitad del sueldo, que debatan, se la jueguen, impulsen ideas novedosas, se comprometan. Pero experiencia, visión en perspectiva, equilibrio y reflexión propia de la edad en la cámara de senadores, y también con la mitad de los sueldos.

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