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Desbordar el Proceso Constituyente

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Quienes habitamos la Nueva Mayoría con la convicción de ser una articulación de fuerzas amplias con enormes tensiones, contradicciones y, con el objetivo de mejorar las condiciones de despliegue de apuestas de mayor radicalidad democrática, sabemos de los límites del Proceso Constituyente que ha convocado la Presidenta Michelle Bachelet. También -como es razonable-, valoramos su valentía frente a la élite, conservadores y fácticos que comprenden la importancia nodal de la Constitución Política de 1980 para seguir reproduciendo su control sobre nuestras leyes e instituciones.


Para que el proceso constituyente no sea un juego de máscaras o un artificio bajo el cual se despliegue una participación ornamental y escénica que termine reproduciendo los desgastados  y pretéritos consensos de las élites.

La élite no ha tardado ni un segundo en buscar invalidar el proceso, saben que el escenario de batalla en que se traduce la actual Constitución les es del todo favorable. Sus páginas marcan un ethos de carácter oligárquico para el conjunto de la sociedad chilena. Un programa de estas dimensiones y con eficacia probada durante las últimas décadas no es fácil de “soltar”. Sin embargo, tampoco resulta simple aparecer defendiendo en un contexto político discursivo adverso a la dictadura militar su diseño institucional sin asumir los costos de un posible aislamiento. Básicamente su actitud defensiva tiene como resorte la comprensión de que el malestar de la sociedad chilena es huérfano. Al día de hoy ninguna identidad política tanto preexistente, como emergente (marcando como límite para estos efectos el despertar ciudadano de 2011) proyecta el ánimo de transformaciones que se expresó en las calles, en esa desconexión alimentada día a día por la desconfianza destructiva que hacen circular los (sus) medios de comunicación, por un lado, y las (engorrosas) actuaciones de corrupción de los actores políticos, tienen mediana claridad de sus posibilidades saben/realizan sus deberes, más que convencer, salen a confundir. No desestiman los datos que dan cuenta que más del 80% de la opinión publica cree que es necesario cambiar la actual carta de navegación de nuestro país, los conocen, pero siguen viendo un margen a favor de conservar las cosas tal cual están. Confundir es una vieja receta en sus filas pero como táctica política ha perdido mucha fuerza. La necesidad creciente por parte de la ciudadanía de pasar de una forma de gobernabilidad del “cheque en blanco” a una con efectivo control ciudadano muestra un ánimo de querer rediseñar el entramado institucional, justamente como garantía de transparencia frente a la perplejidad. Esta ciudadanía reclama su adultez para definir no sólo lo que desea comprar sino también que instituciones van a abrazar y potenciar sus proyectos de vida y familia. Hay una emergencia porque las instituciones se parezcan más a las necesidades de la gente. El Chile real se enfrenta con el institucional.

El proceso constituyente convocado por el Gobierno de la Nueva Mayoría expresa sus propias tensiones internas, es cierto aquello de la ley de hierro de las correlaciones de fuerza en política y también lo es respecto de la correlación de debilidades, ningún sector puede desconocer la horadación de los vínculos entre “las bases” (el pueblo) y los dirigentes de los partidos tradicionales; nunca habían perdido tanta fuerza en poner nombres a las cosas y situar a los actores en el campo político. Para que el proceso constituyente no sea un juego de máscaras o un artificio bajo el cual se despliegue una participación ornamental y escénica que termine reproduciendo los desgastados  y pretéritos consensos de las élites. Debemos –y podemos- desbordar el proceso, inundar los encuentros locales de ciudadanía crítica y deliberante y, de esa forma, hacer una acción ciudadana y democratizante tan contundente que sus resoluciones se hagan indesmentibles. Por cierto, para que esto sea posible, debemos dialogar con un escepticismo y desafección difuminada por todas las hechuras del entramado social.  Pero las recetas contra la desafección no pueden ser el mesianismo ni la terquedad de los que se sienten dueños de la verdad, sino, por el contrario, debemos hacer del proceso constituyente una fiesta ciudadana que reclame más y mejor democracia. El proceso constituyente tiene que ser una eclosión de alegría y construcción, un gran acto carnavalesco, un fiesta pública que resignifique lo común subvirtiendo el lenguaje y las jerarquías trazadas por el autoritarismo de mercado.

En la película del afamado director argentino Juan José Campanella, El Secreto de sus Ojos (2009), Benjamín Espósito, papel protagónico que desempeñó Ricardo Darín, se despierta por las noches convencido de que un ejercicio (que leyó por alguna parte) le entregará claves para seguir avanzando en su obra literaria, inspirada en el caso del asesinato de Liliana Colotto de Morales, él está en un proceso de escritura creativa, busca su lenguaje, nosotros como país debemos escribir nuestra propia novela, dar con nuestro lenguaje, nuestra narrativa de lo que significa Chile y ser chileno. Cada noche Espósito despierta y escribe “TEMO” en una hoja puesta en su velador. Al comienzo del film no es claro de que trata el asunto, al correr del tiempo y puesta en marcha la reconstrucción de la historia logra hacer conciencia de lo que significa -los rostros ya no son borrosos- siendo inspiración para enfrentarse finalmente a Irene Menéndez Hastings, Jefa de la Oficina de Archivo del Juzgado Penal de Buenos Aires, y manifestar su amor por ella. TEMO es a la luz de la reconstrucción y reencuentro con la historia una cuestión sustancialmente distinta. Abusando de las conexiones debemos decir que es necesario ese proceso para dar con las palabras que hace falta decir en nuestra patria. Hoy en nuestro país de norte a sur se despliegan innumerables situaciones de conflicto que tienen como fuente de origen la Constitución de 1980 y el modelo de sociedad que ella promueve. Debemos poner la Constitución a la luz de la reconstrucción y reencuentro con la historia por los que vienen.

Debemos desbordar el Proceso Constituyente e instalar en él la Asamblea Constituyente. No podemos perder la oportunidad de levantar un rito de regeneración de lo público en una sociedad altamente privatizada como la nuestra, restarse por falta de “garantías” pudo ser el argumento de generaciones enteras que conquistaron significativos derechos para las mayorías sociales en espacios hostiles. El momento es ahora.

TAGS: #NuevaConstitución #ProcesoConstituyente

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Comentarios

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Jose Luis SIlva Larrain

18 de mayo

Por un lado creo que el tema de una nueva constitución actualmente se va haciendo un tema cada vez mas forzado porque todo indica que dejo de ser prioridad para las personas, si es que alguna vez lo fue. La élite a veces tiene un discurso muy revolucionario pero en las decisiones siempre defenderá el “establishment”, eso no necesita decirlo, lo que sí hay que decir es que no por eso cualquier porquería que bauticemos como “cambio” nos llevará a un mundo mejor.

Si en su momento junto con criticar la constitución actual hubiese aparecido un texto constitucional alternativo para proponer al país, defendiéndolo con argumentos concretos que demuestren que sí es mejor que la constitución actual, el resultado de toda esta campaña por la nueva constitución no habría sido tan inútil. Y la insistente alternativa de que se apruebe una asamblea sin saber lo que redactará la asamblea lleva a pensar en turbias intenciones o absoluta carencia de razonamiento de los proponentes respecto a un tema tan trascendente para la ciudadanía.

Pienso que no hace falta ser de ninguna élite para dudar de valides al proceso sin siquiera conocerlo a fondo, basta con conocer la argumentación de quienes lo proponen.

Saludos

PD: Hace ya un tiempo hice un artículo:

La absurda campaña por una nueva Constitución

18 de mayo

Todos los entramados para cambiar Constitución, o las revoluciones, son finalmente el intento de generar otras oligarquías. Si se pusiera como condición , para cambio de Constitución, que todos los actuales dirigentes políticos no pudieran seguir participando de la política…¿seguirían impulsando los cambios?..No, porque en la perdida de estructuras ganan los que están mas cerca del poder. Los Nueva Mayoría se soban las manos para ver cuanto de la torta les va a tocar, ese es el fondo. Siempre se disfraza con ritos ciudadanos, muchas frases republicanas, etc….pero al final, como dice la gran obra de teatro “y la Democracia que?”, son los mismos que ven como esta es una oportunidad de ganar mas.

Servallas

19 de mayo

Bueno, cada día queda más en evidencia que este es un proyecto político hegemónico, se trata una idea peregrina, muy latinoamericana, por imponer por secretaria una nueva forma de convivir que el chileno promedio rechaza. Las personas saben que serán usadas por estos partidos que no representan a nadie y que son rechazados casi por el 70 % del país, con estos juegos de piernas desvían la atención de los graves problemas que tenemos, así, el ciudadano común y corriente no asiste ni asistirá a los cabildos aunque los disminuyan a 2 personas, esto significa que los partidos de izquierda que apoyan este proyecto, no le alcanzarán sus militantes para mandarlos a todas parte del país a hacer número, actos de presencia para reclamar legitimidad, pero no les importa, en realidad nada les importa mientras puedan realizar sus planes.

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