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Desafíos e implicancias de la oficialidad del mapuzugun

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para que la lengua pueda efectivamente revitalizarse e iniciar su camino hacia la normalización, las medidas que se adopten deben impactar y estar dirigidas a todos los ciudadanos del Wallmapu, y no sólo a los mapuche.

Para quienes durante años hemos luchado políticamente para que la demanda de oficialización del mapuzugun sea conocida y reivindicada por el conjunto del movimiento mapuche, este We Tripantu ha sido especial. La relevante noticia emanada de Contraloría, que esperábamos con ansiedad, pues intuíamos su contenido, ha instalado en nosotros sentimientos de alegría, satisfacción y renovada esperanza. A la memoria vienen los internados lingüísticos auto gestionados durante años, los precarios talleres de enseñanza de mapuzugun, las primeras y humildes marchas y actos públicos en nuestra lengua todos los 21 de febrero en Temuko desde el año 2006 en adelante, así como la instalación de esta demanda en Galvarino desde el momento mismo que decidimos dar el apoyo político a Fernando Huaiquil como candidato a Alcalde.

Esto fue parte de una tarea política que teníamos definida en el marco de los 16 compromisos programáticos con los cuales nuestros candidatos se presentaron a las elecciones municipales del año 2012. Y es que, a diferencia de otras posiciones que ven el mapuzugun sólo como un elemento más de la identidad y como un espacio esencialmente reservado a la religiosidad y a la resistencia étnica, nosotros vemos nuestra lengua como el corazón de nuestra identidad y como el elemento que no sólo trasmite la cultura, sino que permite recrearla y cuestionarla. Vemos el mapuzugun también como un elemento central de una visión geopolítica más amplia que puede no sólo permitir la construcción de ese gran sueño colectivo que es el país mapuche, sino también como un elemento que debe aportar a la mayor integración de todos los ciudadanos dentro del Wallmapu (independiente de su condición étnica), convirtiendo el mapuzugun en patrimonio y derecho social de todos los ciudadanos del País Mapuche.

Hoy día estamos contentos, pero sabemos también los enormes desafíos que se vienen por delante para nuestro pueblo, así como las implicancias de este avance.

En primer lugar, debemos lograr que este dictamen dé origen prontamente a una ordenanza municipal inédita en Galvarino que pueda ser tomada como modelo por otras comunas del Wallmapu. Sin embargo, eso será sólo un paso intermedio hacía lo realmente importante: el diseño de políticas y medidas comunales que permitan en los hechos hacer que dicha oficialidad de papel se convierta paulatinamente en un hecho constatable de la realidad cotidiana de Galvarino.  ¿Cómo se puede hacer eso?.

Desde ya el alcalde tiene sustento legal para el diseño de una política lingüística que tienda al bilingüismo en el ámbito de la administración municipal y el uso preferente del mapuzugun para los usuarios y trabajadores mapuche del municipio. Tiene herramientas legales que justifican dicho tránsito en el marco de un período de transición lenta donde no hay experiencias similares en el estado y donde debe velarse por no incurrir en actos que puedan ser acusados de ilegales o discriminatorios, o que sobrepasen sus propias facultades como gobierno local, tal como advierte el propio pronunciamiento de contraloría. Hoy el alcalde de Galvarino tiene la posibilidad de gestionar fondos especiales a nivel del estado central para la implementación de una medida que, en hora buena, viene a sentar justicia como parte de un proceso más amplio de resarcimiento a la deuda histórica con el pueblo mapuche. El mapuzugun debe encontrar la forma de entrar con urgencia a los medios de comunicación y ampliar definitivamente su presencia en las escuelas. Para todo ello tiene base legal hoy día el pueblo mapuche en la comuna de Galvarino.

En segundo lugar, debemos hacer que esta experiencia pueda ser replicada por otras comunas y también a nivel regional en el Wallmapu. Para ello hay dos buenas oportunidades. Por un lado, la organización común por parte de los ediles en la Asociación de Alcaldes Mapuche, tal como también propusimos el año 2012 en nuestro programa, y que deberían ser los primeros en avanzar en esta materia.  Por otro, tenemos la gran oportunidad de la pública disposición que ha manifestado el Intendente Huenchumilla a iniciar un proceso de oficialización del mapuzugun a nivel regional. Tal es así que ya se encuentra funcionando la mesa técnica de Oficialización del Mapuzugun a nivel regional. Hoy el decreto de contraloría es un poderoso espaldarazo a la constitución de esta mesa técnica de trabajo y debe fortalecer la decisión política adoptada por el Intendente Huenchumilla. Sin embargo, esta resolución de contraloría impacta incluso más allá del país mapuche, y es que, con base a los mismos argumentos, las otras naciones ancestrales en el estado pueden también impulsar procesos similares en el marco de sus propios procesos políticos, territorios y comunas.

En tercer lugar, viene el enorme desafío de consensuar posiciones en materia lingüística al interior de un pueblo al que le cuesta enormemente alcanzar espacios mínimos de unidad. Ufff, ¡¡vaya desafío!!. Y es que no todos/as entendemos la oficialidad de la lengua de la misma forma, ni tenemos las misma visión en cuanto al rol y forma que debería tomar la revitalización del mapuzugun. Para algunos esa oficialidad debería alcanzar sólo y exclusivamente a los mapuche. Para otros pocos, incluso, la oficialidad declarada no tiene valor y la lengua no debería siquiera escribirse ni usarse en otro espacio que no sea religioso o ceremonial. Así de compleja es nuestra situación en esa materia (hay un amplio marco de posiciones). Para los primeros, el mapuzugun es patrimonio exclusivo del pueblo mapuche y por lo tanto sólo al pueblo mapuche corresponde su uso. Creen que ampliar la enseñanza y uso público de la lengua puede entregar “herramientas” a los winkas para seguir dominando al pueblo mapuche. Algo así como “la ultima usurpación” (la de la lengua). No comprenden que para la sobrevivencia y revitalización del mapuzugun es fundamental sacarlo del apartheid étnico en el que está muriendo actualmente (hablado sólo por ancianos de avanzada edad, sin mayor traspaso generacional y reservada para uso íntimo de la cocina y ceremonias religiosas).

Para los segundos, el mapuzugun, además de ser patrimonio exclusivo, es visto casi como “una lengua sagrada”. Su errado fundamentalismo les hace pensar que cualquier nueva adopción por parte de la lengua la “ensuciará”. Por eso niegan valor a la posibilidad de escribirla, y no ven valor alguno en medidas políticas emanadas desde el estado que contribuyan a revitalizar la lengua. Para ellos escucharla en un tema de hip hop sería profanarla. Escribirla sería quitarle su riqueza derivada de la oralidad. Desconocen que todas las lenguas escritas han sido previamente orales, y que el salto a la escritura es lo que les ha permitido fijar su memoria y cultura, así como proyectarlas hegemónicamente hasta nuestros tiempos y hacia el futuro.

Ambos posiciones, sin darse cuenta y sin quererlo, están matando el mapuzugun. Nada hay más peligroso que sacralizar una lengua. Nada hay más peligroso que encerrarla en un ámbito exclusivamente étnico.  Lo que sucede es que, en palabras de Albert Memmi en su clásico “Retrato del Colonizado”, ambos grupos piensan desde la exasperante posición del derrotado, desde la contradictoria mistificación y desconfianza del colonizado. Ciento treinta años de dominación colonial, usurpaciones y discriminación, así como el genocidio y arreduccionamiento que le precedió, han dejado una profunda huella de desconfianza.

Por otro lado, entre aquellos que vemos un avance en el dictamen de contraloría y que, lejos de la desconfianza y el temor, estamos verdaderamente interesados en que esto se traduzca prontamente en políticas públicas de revitalización lingüísticas, se abre el gran debate no sólo sobre la orientación y énfasis que deberían tener dichas políticas, sino también respecto del grafemario definitivo a adoptar.

Por nuestra parte, y a riesgo de parecer rupturistas e iconoclastas, creemos que el mapuzugun, siendo patrimonio de un pueblo, debe llegar a ser sobre todo patrimonio de un país por construir. Creemos que para que ello ocurra es fundamental que la lengua sea elevada a la categoría de derecho social de todos/as los ciudadanos del Wallmapu (el dictamen de contraloría algo avanza en esa materia) y que los poderes públicos e instituciones del estado deben tener la obligación de promover su enseñanza y uso social a todo aquel ciudadano/a que quiera adquirirlo. Por eso defendemos que para que la lengua pueda efectivamente revitalizarse e iniciar su camino hacia la normalización, las medidas que se adopten deben impactar y estar dirigidas a todos los ciudadanos del Wallmapu, y no sólo a los mapuche. La nuestra es, ciertamente, una visión abierta, pluralista y cívica de la identidad y lengua en el país mapuche.

Hay todavía un cuarto desafío referente al método del acuerdo al que deberemos arribar como nación. Y es que como colonizados, desconfiamos de los métodos del colonizador. Por lo tanto, toda forma de procesamiento de las diferencias que apunte hacia criterios democráticos tiende a ser descalificado por aquellos sectores que han asumido posiciones indigenistas o cosmovisionistas. Para ellos resulta más fácil atribuir una suerte de infalibilidad a las autoridades tradicionales que opinan igual que ellos. Es les resulta más útil que debatir ideas y exponerlas al juicio público de los ciudadanos.

Y a propósito del juicio público de los ciudadanos, hay un quinto desafío: la cuestión político electoral. Y es que la implementación y continuidad de estas iniciativas a favor de la lengua en las comunas del Wallmapu dependerá de los resultados electorales que se tenga en las elecciones municipales. Esto que podría ser visto como un problema, representa para nosotros una oportunidad de ir consolidando los cambios con el apoyo mayoritario de los ciudadanos que desean mayor integración y justicia en sus comunas. Esto que podría ser visto como un problema por quienes no creen en la vía política y democrática para el avance de la nación mapuche, debe ser visto por nosotros como un aliciente para seguir demostrando que la lucha por los gobiernos comunales y la construcción de de un partido autonomista que represente nuestros intereses como nación sigue siendo más importante que nunca, también para defender las conquistas alcanzadas en materia de derechos.

Nuestro sueño es que el mapuzugun esté visible en las calles, en las plazas, en las consignas de las marchas como cada 21 de febrero en las calles de Temuko. Nuestro sueño es que el mapuzugun esté en los  medios de comunicación y espacios públicos del Wallmapu para estimular no sólo su aprendizaje, sino más importante que ello: su uso social cotidiano. Necesitamos escucharlo en los programas radiales, terminales de buses y aeropuertos del Wallmapu.  Leerlo en los letreros del comercio y señaléticas públicas, aprenderlo para todo/a aquel que quiera aprenderlo, y por qué no, escucharlo en los noticiarios de TV, películas y trasmisiones deportivas. Ese es nuestro sueño. Un sueño que de seguro nos enriquecerá a todos. Para ello el reciente decreto de Contraloría viene a confirmar un camino ya visualizado años atrás por Wallmapuwen. Hoy depende de todo un pueblo querer transitarlo.
Rodrigo Marilaf; ex candidato a Concejal por la comuna de Lonquimay, es antropólogo, militante de Wallmapuwen y Encargado del Programa Mapuche de la Municipalidad de Galvarino. Además es integrante del gabinete político del Alcalde Fernando Huaiquil.

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