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Del binominal al uninominal

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El debate en torno al binominal ha mostrado avances y desde distintos sectores se han comenzado a plantear propuestas. Estas van desde un “mayoritario uninominal” hasta un “proporcional puro” pasando por un ajuste al actual binominal y por un “proporcional corregido”. Las opciones electorales ya están en la mesa. Eso ya es un avance. Ahora comenzará una etapa tan dura como la primera –que consistió en poner este tema en la mesa-. Espero que no sea tan larga: veinte años ya es mucho.

Las propuestas que más adeptos suman son las de un “binominal ajustado” y las de un “proporcional corregido”. Las primeras son las que más suenan en el gobierno y sus apoyos políticos. Más allá, no están dispuestos avanzar. Las segundas, son la opción preferida de la actual oposición. Sin embargo, si se respeta el acuerdo RN-DC el partido del Presidente Piñera debería sumarse a la segunda opción. Con sus votos en el parlamento –lo que asegura el quórum necesario-  la reforma electoral sólo estaría a la espera de día y hora para ser aprobada. Con ello, se realizaría no sólo la reforma política más importante y trascendente de la re-democratización, sino también se eliminaría uno de los últimos “enclave autoritarios”. La historia de esos sucesos está por escribirse. Por ahora, recién nos sentamos a la mesa.

No obstante, avanzar hacia un sistema “proporcional corregido” se ha convertido -al parecer- en la propuesta dominante. Con ello, no sólo se recupera una institución de la democracia pre ’73, sino también se adoptaría el sistema electoral que más se acerca al “ideal democrático”. Ambos aspectos se refuerzan con el hecho de que esa fórmula disminuye los riesgos de fragmentación partidaria y, con ello, se generan las condiciones para la gobernabilidad. Ya hay algunas propuestas que circulan en esta dirección.

También ha surgido la tesis del “mayoritario uninominal”. Hace un par de semanas el Ministro Longueira –en una entrevista para El Mercurio- se mostro partidario de este modelo. Del mismo modo, reconoció que era altamente probable estar muy solo en esa postura. Como buen político y gran estratega, me parece una afirmación política con fines negociadores. En efecto, se trata de un planteamiento que tiene por objetivo fortalecer sus convicciones individuales y corporativas –UDI- en la perspectiva de negociar una reforma que se hace inminente a mediano plazo. Afirma que bajo ninguna circunstancia apoyaría un “sistema proporcional”. Es probable que esté pensando en “ajustes al binominal” sin entrar al terreno uninominal ni proporcional. Ya se verá cómo se avanza.

En los últimos días han surgido algunas ideas acerca de que un uninominal no sería tan malo como se supondría. Parece que Longueira no esta tan sólo en esa postura. Más que mal, es la dinámica de un debate que tiene muchas aristas.

Ante ello, me pregunto ¿cómo hubiese funcionado un sistema electoral “mayoritario uninominal” en Chile? Al hacer el ejercicio de “ficción electoral” surge una hipótesis contundente: para la derecha es muy mala opción; la peor de todas.

Para hacer el ejercicio hay que suponer que se mantienen los actuales distritos o circunscripciones y que el número de representantes baja a 60 -uno por distrito- para los Diputados y a 19 para el Senado. No puedo dejar de mencionar que hay distintas formas de hacer un análisis de este tipo. No obstante, todas implican decisiones metodológicas –en el ámbito territorial y en el número de electores- que terminan influyendo de manera considerable sobre los resultados finales. Estos ejercicios de ficción electoral son fundamentales para la viabilidad de cualquier reforma al sistema electoral.

En las parlamentarias de 1989 y en el contexto de un “mayoritario uninominal” la derecha tendría una derrota parecida a lo que ocurrió con el Partido Nacional en las parlamentarias de 1965. En esta elección la Concertación obtendría 50 de los sesenta diputados. Si a ello, le agregamos la elección de Juan Pablo Letelier y Hosain Sabag el conglomerado sube su representación a 52. La derecha habría obtenido, por tanto, 8 Diputados. Un desastre. En el Senado, de los 19 senadores, la Concertación logra 18; la derecha se queda con uno. A nivel de pacto, los números son similares. En un sistema uninominal, la derrota para la derecha hubiese sido tremenda. Los 3/5 estarían a disposición de la Concertación de manera fácil. Desmantelar el orden pinochetista habría estado al alcance de la mano.

En las parlamentarias de 1993 la Concertación baja a 47 y la Derecha sube a 13. En el Senado de los nueve electos, la derecha se queda con cuatro y la Concertación con cinco. Sin considerar los designados, la derecha habría tenido 5 de 14 senadores. Otra derrota tremenda. En las parlamentarias de 1997 se consolida la tendencia; la Concertación baja a 37 y la derecha sube a 21 en los diputados. A nivel senatorial, de los diez cupos en competencia, la derecha sólo se queda con uno. Luego, de los 19 senadores –en el marco del uninominal-, la Concertación habría tenido 14.

En las parlamentarias de 2001 hay una inflexión importante. Mientras la Concertación baja a 27 Diputados, la derecha sube a 32. En el Senado, la Concertación habría seguido contando con los 3/5 al tener 13 senadores. En el 2005 vuelven los resultados a favorecer al pacto del arco iris al manifestarse cifras muy similares a las observadas en el ’89 y el ’93. Mientras la derecha baja a 12 diputados, la Concertación sube a 48. En el Senado, mantienen sus 13 asientos. Finalmente, en las parlamentarias del 2009, la relación de cupos es de 36 a 22 a favor de la Concertación. En el Senado, sus representantes bajarían a once, poniendo en riesgo sus 3/5.

En síntesis, en un sistema uninominal –y manteniendo los actuales distritos y circunscripciones- la derecha hubiese sufrido derrotas de una magnitud que la posicionarían en un abismo cercano a su desaparición. De las seis elecciones de Diputados, solo en una ocasión no habría logrado –la Concertación- el quórum de una Ley Orgánico Constitucional –en el 2001-. En el Senado, en cambio, siempre habría mantenido esa posibilidad.

No nos engañemos. La reforma electoral se hace con calculadora en mano. Las convicciones democráticas son menos –y mucho menos- relevantes que los cálculos electorales. Con estos datos, la opción uninominal pierde muchos puntos. Más bien, se trata de una alternativa in viable en términos políticos y culturales. Van quedando dos opciones; un tipo de proporcional o un ajuste al binominal. Se sigue avanzando.

——–

Foto: Martin Lopatka / Licencia CC

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Comentarios

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14 de febrero

Democracia es democracia y lo que no se le parece, simplemente no es democracia. Yo entiendo que para algunas personas avances en la reestructuración del binominal es algo importante, pero, en resumidas cuentas, que haya más o menos senadores o diputados de uno u otro sector de la mafia política, no cambia en nada la situación para la gente, ya que esta seguramente seguiría sin ser escuchada…

Agüitas de té para calmar la marea política que es presionada por la ciudadanía sólo me parece que serían un parche más que pretendiendo hacer grandes cambios, finalmente no cambiaría nada…

Es mi sesgada opinión, por su puesto… Personalmente creo que sin una Cámara Ciudadana que promueva las ideas e inquietudes de la gente hasta el Parlamento, con representantes propios, no tendremos democracia, porque la gente de la política no escucha a los esclavos del pueblo, porque si los quisiera escuchar y atender, ya lo habría hecho con o sin binominal …

http://www.camaraciudadana.cl

fdsfs

17 de febrero

Durante la dictadura, cuando se discutía sobre el sistema electoral, muchos en la derecha se opusieron a un sistema mayoritario porque en ese entonces le habría brindado una enorme mayoría a la Concertación (y oposición). Los ejes que estuvieron presentes en la creación del binominal eran disminuir el multipartidismo chileno y no permitir que las fuerzas contrarias a la dictadura se llevaran toda la torta. Un sistema mayoritario habría conseguido lo primero pero no lo segundo. Y la derecha se opuso, avizorando el panorama negativo que tú bien describes en la columna. Ahora bien, un sistema mayoritario otorga todo al ganador y por lo mismo excluye a las minorías, por lo que no estaría en consonancia con las exigencias actuales que son incorporar al parlamento a las fuerzas minoritarias que son excluidas por el binominal. Para ello sería óptimo optar por un sistema proporcional que entregue un porcentaje de representación ajustada al porcentaje de votación a los candidatos, partidos o fuerzas políticas, sin embargo también habría que pensar en una cláusula de entrada que permita no atomizar el congreso, como ocurre en Italia o en Israel. Hablo de un porcentaje del 5% que es el promedio que se usa en Alemania para entrar al parlamento, por ejemplo, que impide la atomización de la labor parlamentaria y refuerza el rol de la disciplina partidaria al hacerlo que se unan en el parlamento y frente a una elección.

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