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Crisis de partidos y la decadencia de sus juventudes

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Personalmente me quedo con la de cambiar los partidos por dentro, pero esto requiere de la disposición y preparación de una nueva generación que encuentre acuerdos en torno a esta necesidad de transformación y que se tome en serio la tarea, dándose el tiempo necesario para formarse y prepararse políticamente, alterando los tiempos de las grandes estructuras y asumiendo desde abajo un rol de liderazgo distinto que vaya presionando para desplazarla.

Mucho se ha hablado de la crisis de la política y los partidos, pero es preciso tomarse un tiempo para analizar esta crisis desde el funcionamiento propio de los partidos y la falta de nuevos liderazgos.

Algunos recurren a la teoría de las élites para explicar este problema. Sosteniendo que la crisis viene desde las élites de los partidos que han agotado sus ideas y desviado su proyecto original. Lo cierto es que estas élites estuvieron marcadas por el acontecimiento político más importante del último tiempo en Chile y que fue la recuperación de la democracia. Este proceso implicó el choque de dos proyectos liderados por una generación específica. Los que habían luchado por la democracia y los que cumplieron con la misión de darle conducción política al proyecto post dictadura militar. En ambas coaliciones esta generación ha monopolizado hasta hoy la conducción del sistema político y sus partidos.

Esto significó, sobre todo en los partidos de centro izquierda, que las generaciones que venían más abajo, es decir, los que hoy están entre los 30 y 45 años, tuvieran que resignarse a esperar que los más viejos dejaran en algún momento la actividad, cosa que no ha pasado, o que optaran por buscar “padrinos” que les permitieran escalar dentro de la coalición, lo que significó que esos “nuevos cuadros” adoptaran las “malas prácticas” de los más viejos.

Todo lo anterior, implica que no existan procesos de discusión política o formulación de ideas, ni mucho menos elaboración de programas para afrontar futuros gobiernos, sino que, simplemente, la preparación constante para competir en la siguiente elección, provocando el alejamiento de los partidos con la ciudadanía y  la reacción siempre tardía de los políticos en las crisis que estallan en uno u otro lugar del sistema. Ello lleva a buscar soluciones rápidas para mantener y legitimar un modelo económico de desarrollo predominante, que no debía sufrir grandes procesos de transformación, para no afectar la “gobernabilidad” que tanto había costado conseguir  y así consolidar la “democracia” y la “paz”.

Este fenómeno fue eliminando y alejando paulatinamente a los jóvenes de los partidos, ya que, al momento de entrar a las juventudes políticas no encontraban espacios suficientes para desarrollarse, por lo cual estaban obligados a optar por la sumisión o por la renuncia. Esto implica que hoy muchos de los jóvenes que hacen política estén fuera de los partidos, ya que estos legitiman un modelo que critican y del cual no se sienten parte.

Una muestra de esto es el movimiento estudiantil actual, liderado por numerosos movimientos autónomos que cuentan con líderes forjados al calor de las asambleas universitarias y secundarias con un notorio discurso anti partido.

Hoy las juventudes políticas están en una situación decadente, muy lejos de tener aquella participación importante e histórica que tenían en los años 60 y 70, cuando era un factor esencial y principal del funcionamiento de los partidos que permitía  la actualización de las ideas, el debate permanente y afloramiento de numerosos liderazgos.

Frente a esta situación, algunos jóvenes adoptan la tesis de Gabriel Salazar, que incentiva el alejamiento de estas viejas estructuras partidarias y el fortalecimiento del movimiento social; ello obligaría los partidos a sumergirse en ellos y quedarían eliminados en  el largo plazo. Cuestión que merece muchas dudas y que nunca ha sido aplicable en ningún sistema político del mundo.

Otros están intentando crear movimientos por fuera de los partidos que les permitan tener independencia y que en el futuro se transformen en partidos alejados de los vicios actuales de la política.

Finalmente, hay algunos jóvenes, muy pocos, que se mantienen dentro de los partidos e intentan luchar contra esta máscara y opresión de los más viejos pero sin un norte y un proyecto claro, manteniéndose en estas estructuras por un cariño especial o cultura política transmitida por la familia.

Pero, ¿Cuál es la mejor estrategia para cambiar el sistema político y económico dentro de la vía democrática e institucional?

Personalmente me quedo con la de cambiar los partidos por dentro, pero esto requiere de la disposición y preparación de una nueva generación que encuentre acuerdos en torno a esta necesidad de transformación y que se tome en serio la tarea, dándose el tiempo necesario para formarse y prepararse políticamente, alterando los tiempos de las grandes estructuras y asumiendo desde abajo un rol de liderazgo distinto que vaya presionando para desplazarla. Cualquier estrategia es compleja pero, de realizarse correctamente, tendrá efectos y resultados en un futuro no muy lejano. En ese caso, podremos sumar no solamente jóvenes, sino también muchos “viejos” que mantienen el alma joven y que están aburridos de esos otros “viejos” acomodados y opresores.

* Víctor Díaz Escobar Es estudiante de Sociología de la Universidad Alberto Hurtado y ex presidente del Centro de Alumnos del Instituto Nacional. Comentarios en twitter a @vdiazescobar

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Comentarios

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10 de julio

Buena columna, Víctor. Creo, a juicio personal, que es casi un imperativo contribuir a cambiar esa percepción de desprestigio que tiene la actividad y utilidad de la política en sí, aún reconociendo la pésima calidad de gran parte de nuestra clase política y el sistema bajo el cual inserta su funcionamiento. Recuperar la política para todos los marginados debe ser un objetivo tremendamente importante, y no debe serlo el rechazar sus instituciones y su utilidad concreta para la conquista de cambios en favor de las mayorías, por la inoperancia de una seudo-elite dirigente.

10 de julio

Gracias Nico, creo justamente en lo mismo, ese es nuestro real desafío, espero que de a poco muchos empecemos a tomar conciencia sobre la necesidad de levantar un proyecto de transformación real y desde abajo!

Sebastian Rodriguez

11 de julio

La mejor forma de cambiar el sentido de hacer política partidista dentro de la Juventud es romper con los modelos hechos por el partido.. Tener la discusión real sobre las diferencias y que estás sean por ideología y no por personalismos. Mientras no nos demos cuenta de que nos unen mas cosas de las que nos separan vamos cayendo en un pozo sin fondo. Para eso es necesario la formación política y mas aún dirigentes de las cúpulas con concepciones reales de ser socialista, La persona hace el cargo, no el cargo a la persona.

Otro punto es la reivindicación de las tradiciones partidarias.. ¿como queremos formar identidad si nosotros mismos no usamos lo que nos identifica?.. Entiéndase esto como no cantar la Marsellesa o eliminar el martillo del símbolo del partido..

Cristián Cepeda Oropesa.

12 de julio

Uno: Creo que comparar a las juventudes políticas de hoy con las de los 60-70 es caer en un desproposito, una vieja canción decía “el mundo está cambiando… lalala”

Dos: tesis de Salazar? no creo que exista tal tesis del historiador, de un sistema político sin partidos políticos.

Tres: No me queda claro a que partidos o juventudes apuntas, todo suena muy general y sin decir nada, lleno de lugares comunes, con una descripción de la realidad, del contexto casi nula.

Lo que valoraría de tú escrito es que al menos tienes claro que es lo que quieres, “Personalmente me quedo con la de cambiar los partidos por dentro”, espero que te valla bien cambiando los partidos y queriendo que vuelvan hacer lo que fueron…
(es raro eso de que la llamada “juventud” quiera ser lo que los viejos fueron cuando jóvenes, menos mal que la juventud es una enfermedad que se pasa con los años como decía aquel viejo escitor.)

13 de julio

Estimado Cristián. Primero que todo, gracias por leer la columna y también por el comentario, pero me gustaría responder a tus críticas:

Creo que no entendiste bien el sentido de la columna, claramente es una descripción de lo que ha ocurrido con las juventudes al interior del los partidos desde el retorno de la Democracia. En este sentido el hecho de que el mundo esté cambiando -como dices tu y aquella canción- no implica, bajo ninguna circunstancia, que los jóvenes tengan que estar fuera de la política formal o de los partidos, lo que digo en el comentario no es querer ser como la juventud de aquellos años, sino que dejar de manifiesto una importante baja de participación de los jóvenes en los partidos, explicando las razones y atendiendo justamente al contexto actual, que según tu no se explica en la columna.

Respecto a Salazar creo que tienes que informarte un poco mas, no falta con decir un “no creo” yo hablo desde las declaraciones que ha emitido el historiador, para refrescar tu memoria te recuerdo las últimas declaraciones que emitió sobre Camila Vallejo y el PC, instándola a salirse de se partido, porque en su tesis estos partidos que legitiman la institucionalidad que otorga una constitución ilegítima como la de los 80 no tiene sentido y por lo tanto tampoco lo partidos. Te invito a leer más sobre él, creo que te podría ayudar bastante para que aclares algunas cosas.

Claramente la columna apunta a las juventudes de los partidos de Centro Izquierda, me imagino que debes saber cuáles son esos partidos en Chile, arriba está escrito textualmente: “Esto significó, sobre todo en los partidos de centro izquierda, que las generaciones que venían más abajo … tuvieran que resignarse a esperar”

Finalmente, cuando dices: “es raro eso de que la llamada “juventud” quiera ser lo que los viejos fueron cuando jóvenes” es rebajar la discusión, porque la columna no apunta a desmerecer un proceso político importante del cuál fueron partes estos viejos de ahora que antes fueron jóvenes, hacerlo sería por decirlo menos … mal agradecido, algunos lo hacen, yo no, porque recuperar la democracia, aunque esté cuestionada, no es cualquier cosa y por otra parte no se pide ser como los jóvenes de antes sino que se expone como ejemplo para constatar la muy baja participación de los jóvenes en los partidos y su desconfianza en ellos a diferencia de lo que ocurrió en otros procesos importantes para la política Chilena.

Saludos

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