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Chile: ¿país de ciudadanos libres?

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Tras un período oscuro donde la “libertad económica” pasó a ser lo más importante, por sobre otras libertades, como lo son las civiles y la buscada “libertad social”, que es la emancipación colectiva por sobre la meramente individual, hoy, en el Chile post-dictadura, el valor negativo de la libertad (o la libertad negativa) ha vuelto a tomar cierto protagonismo gracias al creciente discurso individualista y pro-neoliberalismo de un importante grupo de chilenos. Pero ¿somos tan libres como ellos dicen?


La verdadera emancipación de un pueblo entero no llegará hasta que todos seamos libres e iguales en derechos. Y esa libertad social, amplia y universal estará cada vez más cerca, a medida que se genere una ciudadanía empoderada de una conciencia colectiva que construya una “soberanía popular”.

Es difícil hablar de una ciudadanía libre, cuando los niños no pueden elegir libremente donde estudiar o poder atenderse algún malestar o enfermedad que padezcan, por no tener el presupuesto necesario o simplemente, por haber nacido en cierto barrio, familia o país (en el caso último de que sea inmigrante). Ahí se ve la desconcertante realidad en la que la libertad de uno se limita y no abarca lo más fundamental: los derechos sociales (educación y salud, entre otros).

También es irónico hablar de libertad económica, cuando un padre de familia de un estrato social bajo, ante el apuro de lograr el sustento económico necesario para sostener a sus seres queridos y con un currículum profesional no muy distinguido – posiblemente debido a la limitada libertad de acceso ante un derecho social y vital como es la educación – hoy también se ve obligado a condicionar su libertad sometiéndose ante cualquier trabajo que le de lo suficiente para subsistir, sin importar si las condiciones son justas o no para tener una vida digna.

Ante esto los “liberales negativos” (así llamaremos a quienes defienden exclusivamente la libertad negativa) señalan que el contrato para cada trabajo es “voluntario”. Y por un lado tienen razón: el empleador no obliga con una pistola ni con una ley a que el trabajador acepte sus condiciones de trabajo. Pero, quienes señalan esto último, obvian que hay una realidad detrás de cada trabajador, que es más amenazante que cualquier pistola o forma de esclavización conocida hoy en este país.

Y posiblemente estará demás decir que quien posee los ingresos justos (y hasta insuficientes en muchos casos) para vivir el día a día, se le hace imposible ‘emprender’. ¿Cómo emprender si no se posee la capacidad de ahorro, ni tampoco se posee el tiempo necesario para crear un proyecto económico propio? Y ni hablar de la ausencia de educación o del asesoramiento profesional necesario para cometer tal riesgo.

Según el informe Employment Outlook 2015 de la OCDE, en Chile se trabajan 1.990 horas anuales, muy lejos de las 1.371 horas anuales de Alemania, situándonos en el 4° puesto del deshonroso ranking de los países donde más horas se trabajan. Y lo peor no es eso: ese mismo informe nos dice que con el actual sueldo mínimo, que es de $250.000 (1 de 4 trabajadores lo percibe), no es posible salir de la pobreza, sin olvidar que un 50% del proletariado criollo no gana más de $305.000, según la última Encuesta NESI y la Fundación Sol. Entonces, ¿hablamos ahí de libertad o de una posibilidad real como también concreta de obtenerla?

Ahora, muchos “liberales negativos” hablarán de la importante reducción de la pobreza en los últimos años. Pero, seamos sinceros: esa evolución en la libertad de cada persona al dejar la pobreza, no es más que una ilusión, cuando la manera que hipotecariamente “salió de ella”, fue convirtiéndose en uno de los 10,6 millones de deudores de este país (1,3 endeudados por cada ocupado), según DICOM-Equifax.

Y para aclarar esta realidad, según la Universidad San Sebastián: el 77% de los morosos en Chile corresponde a personas que obtienen menos de $500 mil mensuales (o sea, quienes ganan lo justo para subsistir bordeando la dignidad), sin olvidar  que el 68% de los jóvenes entre 18 y 29 años tiene alguna deuda por crédito universitario, según el INJUV. ¿Endeudarse para estudiar y subsistir? Is the chilean way.

Continuando con el ciclo del trabajador promedio de clase social baja o media-baja (y ojo, que también está el dato de que el 70% de los trabajadores chilenos ganan menos de $450.000), tenemos ante nuestros ojos otra realidad: el narcotráfico y la delincuencia que afecta a todos los chilenos, pero claramente de manera más grave a los más pequeños y desamparados de la sociedad.

¿Pero quiénes son los más desamparados? Los hijos de los trabajadores. Según la encuesta Casen en un 24.1% de los hogares con hijos menores de 18 años, ambos papás trabajan (ahí nace el desamparo). Y además, según el informe anual del SENAME de 2014, 82.509 niños son atendidos por la institución debido a que sufrieron de la maltratos y vulneración hacia sus derechos; en ellos la ausencia de libertad es de las más notorias: sin haber cometido un delito, viven la mayor parte de sus días encerrados, lejos de sus seres queridos.

Pero esto no acaba ahí. Para el niño y joven de población que crece con sus padres ausentes (sus dos papás trabajan o es hijo de una mamá soltera y ella trabaja), además de tener una educación, una salud y una vivienda no idónea para la formación correcta de todo niño (debido a que su libertad de acceso en sus derechos sociales se limita al sueldo de sus padres), podría ser un menor que vive  en una de las 83 poblaciones que han sido raptadas por narcotráfico, según constató Ciper.

Y para tragedia de muchas familias, el objetivo favorito del narcotraficante es él, el menor desamparado, desolado, maltratado, el que cada día llega garabateando a los cuatro vientos la injusticia de tener que vivir su realidad y la de sus cercanos. Es él la víctima predilecta y vale señalar, que si el narco logra su fin, este joven será posiblemente el futuro delincuente de las noticias de CHV (8 de cada 10 consumidores de pasta base ha participado en hurtos) y probablemente se convertirá en uno de los 266 presos por cada 100.000 habitantes que tiene este país (la segunda cifra más alta de la OCDE), en lo que sería la culminación del fin de su libertad (en todo su concepto) como individuo.

Y nuestra ausencia de libertad no solo se ve reflejada en nuestros niños y jóvenes que carecen de herramientas para poder decidir positivamente su propio destino, sino que también se observa en la mujeres que no pueden decidir sobre su cuerpo, su apariencia y hasta su propia esencia (o no al menos sin sufrir en muchas ocasiones sus injustas consecuencias negativas). Ni hablar de la comunidad LGTB, quienes aún no poseen las mismas libertades ni los mismos derechos que el resto de los ciudadanos.

Para lograr la verdadera libertad, que es la social, donde cada miembro que conforma la sociedad es libre, es necesario que primero exista igualdad, tanto en derechos como en oportunidades. Si no, la libertad es ficticia, es un concepto que no tiene aplicación real.

Para consuelo de muchos amantes de la emancipación social, estamos viviendo una época de cambios positivos, en cuanto al avance de la libertad de acceso e inclusión en nuestros respectivos derechos sociales. En los últimos años se han realizado sendos avances en la educación, aumentando la inclusión en los colegios y dando paso a la gratuidad en las universidades, pero hay que tener claro que todo esto aún no es suficiente (más aún si retrocede en otras áreas, como con la Agenda Corta “Antidelincuencia”).

Y como dijo Bakunin: “No soy verdaderamente libre más que cuando todos los seres humanos que me rodean, hombres y mujeres, son igualmente libres”, es decir la libertad social, la verdadera emancipación de un pueblo entero, no llegará hasta que todos seamos libres y por lo tanto, también iguales en derechos. Y esa libertad social, amplia y universal, aún no existe, pero estará cada vez más cerca a medida que se genere una ciudadanía empoderada y poseedora de una conciencia colectiva que construya lo que se denomina como “soberanía popular”.

TAGS: Derechos Sociales Igualdad de Derechos Neoliberalismo

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Comentarios

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Servallas

14 de junio

Leyendo su columna, no deja de sorprenderme el cómo una persona que de alguna manera maneja el diagnóstico social llega a tan peregrino planteo de solución. Hay que decir que el diagnóstico social que se expone corresponde casi al 99 % de la población mundial, en algunos casos con indicadores peores, monstruosos, por ejemplo en el caso de la salud o educación. El tema de fondo de toda esta desgracia es realmente preguntarse – sin caer en intentar pasar la receta ideológica de sobra conocida y fallida-, ¿cuál es la solución?, ¿es la libertad social con “soberanía popular”?. Quizás valga decir que nunca somos verdaderamente libres, el mismo concepto de “trabajo” implica que vendes parte de tu vida a otros para sobrevivir, y de paso ayudas a cumplir los planes de esos otros, ¿pero qué haces si no trabajas? ¿delinques?, por otra parte, ¿cómo es ser absolutamente libre si nadie lo ha sido nunca jamás?, es decir estamos en todo momento especulando en conceptos que nunca se alcanzan, porque son ideales sobre los que pensamos y tratamos de acomodar nuestras conductas, (y se usan como entelequias ideológicas o para montar sobre ellos discursos demagógicos, recuerda Ud. el conocido ¡vamos por el cambio!). La libertad, la verdad, la justicia, la paz no son más que indicadores de direcciones sobre los cuales la gente de bien intenta direccionar su vida, sea esta pobre, medio pelo o rica, y están en su actuar, en su mente y en sus convicciones.

14 de junio

Pensé que no era necesario recordar que Chile es un país top a nivel de desigualdad, como también un país que lidera el ranking en cuanto a segregación escolar. Pero por si acaso, lo dejo por acá 🙂

Servallas

14 de junio

Estimado Alex, el problema no es el diagnóstico, muchos, demasiados ya lo han dicho, el tema es ¿como salimos de esto?, en mi juicio con una nueva visión humanista, una nueva forma de relacionarnos, quizás unos convencimientos que permitan llenar el forado que han dejados la religiones con sus absolutos, pero esa nueva manera de validarnos esta a años luz, quizás ni siquiera en la misma galaxia que el pensamiento de izquierda… y claro, tampoco en el de derecha.

14 de junio

Disculpe paro la columna no le da sentido alguno a los datos que expone. Debería expresar que hicimos para que los ciudadanos tengan mas libertad o que hicimos para que tengan menos. Por ejemplo: ¿Que hicimos para que un país que tenia los problemas de un país de Africa central como desnutrición y mortandad infantil, ingresos paupérrimos, donde la pobreza extrema se estimaba en mas del 50%, porque ni siquiera había estadísticas precisas, llegó al 7% en 25 años? Antes la gente de clase media prácticamente no podía tener comodidades ni siquiera endeudándose, ahora al menos tienen la opción endeudarse para tenerlas ¿Haber dado esa opción significa menos o mas libertad? Esas son las preguntas importantes, las que nos ayudan a saber cual es el camino de la libertad.

Saludos

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