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Autonomía pa’l que lee

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Políticos, analistas, y editores de medios de comunicación tradicionales han reaccionado histéricamente en torno al triunfo de los estudiantes autonomistas, liderados por Gabriel Boric, en las elecciones de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh). De forma coincidente, quizá producto de sus diagnósticos comunes sobre la incomprensión del Chile actual, han tratado de instalar en la opinión pública que los autonomistas forman parte del campo de “los ultras” de la izquierda, o los “radicales.” Hablando desde sus posiciones de poder y privilegio en esta democracia antipopular, y también desde una comprensible ignorancia, tildan a los autonomistas con calificativos vacíos de contenido político, o cuya significancia tiene necesariamente un dejo de desprecio. Estos políticos y comentaristas se comportan (quizá elegantemente) como la barra brava de las élites que hoy se reparten la economía, la cultura, y la administración del Estado.

¿Qué es el autonomismo en Chile y por qué ha sido capaz de imponerse electoralmente en la FECh por sobre la líder más carismática que ha tenido la izquierda en las últimas décadas? Hay que partir diciendo que en Chile el proyecto de izquierda autonomista viene construyéndose lenta y subterráneamente desde hace años. Su actividad principal se ha alojado en los campus universitarios a lo largo del país, quizás reflejando los diagnósticos sobre el nuevo Chile que se engendra en la expansión de la educación y la infraestructura para el conocimiento.

El reconocimiento a la educación como un lugar donde se está modificando activamente la sociedad implica el necesario desgaste de la figura tradicional del militante popular de izquierda. Implica comprender que el Chile en que la izquierda de “empanadas y vino tino” se forjó fue profundamente transformado mediante la coerción violenta y la búsqueda y diseño de consensos sociales espontáneos. Para los autonomistas el consumismo y las aspiraciones populares no son entendidos como objetos de insensatez y falta de reflexión y conciencia revolucionaria, sino como elementos estructurales de la cultura y relaciones sociales en que actualmente vivimos los chilenos. Estos elementos han permitido el reemplazo de las voluntades políticas en pos de voluntades expresadas en el mercado, disociando los aspectos de la vida social de los aspectos de la vida política. No por nada se ha comparado a la política con el marketing con el fin de reprobar la elección de Boric en la FECh. En la educación se reconoce que las aspiraciones populares se han expresado mediante un creciente copamiento de la matrícula en instituciones de educación superior. Los grupos que aceptaron y promovieron el consenso/relato de “estudia, confórmate, consume y tendrás mejor vida” están siendo cuestionados por los líderes estudiantiles, reflejando generacionalmente la nueva sociedad que va a lidiar con los problemas del presente.

Los autonomistas compartimos la idea de que la disociación entre lo político y lo social fue un artificio creado para estructurar la sociedad neoliberal desigual. Este artificio ha sido capaz de instalar un conjunto de capas funcionales y funcionarias a una clase social pequeña y poderosa que dirige los destinos políticos, sociales y económicos mediante el secuestro de las instituciones públicas y de producción cultural. El resultado es un maridaje entre administradores políticos, empresarios, y escuelas de formación de masas (universidades, colegios, canales de televisión, diarios y revistas, y centros de pensamiento). Los autonomistas también compartimos la idea de que desde hace varios años que en Chile se está quebrando la infraestructura ideológica que ha sostenido este acuerdo elitario. Este quiebre ocurre en gran parte por la explicitación de las contradicciones en la vida social que se imponen con el relato del consenso neoliberal, y porque crecientemente afecta a los sectores medios que lideraron la conformación de éste consenso. Estos sectores pueden detectar el amenazante ritmo de las instituciones neoliberales en contra de sus privilegios y formas de articulación social y política, y por ello reaccionan con más fuerza ante la arremetida que han impulsado los últimos gobiernos en Chile. Hay que decir que la movilización social del 2011 se encuentra alojada en esos sectores medios, pues son los que tienen capacidades materiales para dinamizar la discusión política y vincularla con un sentido discurso social y popular. Además, son los que dominan el espacio de las universidades públicas como estudiantes y académicos.

Tratar de ubicar a los autonomistas “a la izquierda” o “a la derecha” de cualquier conglomerado político no tiene mucho sentido para nosotros. Pero si es bastante útil para la acostumbrada lógica de los políticos tradicionales. Habrá que decir, entonces, que los autonomistas defendemos justamente la idea de la autonomía política. Ello implica un reconocimiento al valor de las personas, su vida social y su derecho a organizarse políticamente por sobre las directrices y reglas del juego institucional de la democracia antipopular. Por ello no nos llega mucho la ubicación en un eje monodimensional de izquierdas y derechas, aun cuando reconocemos que disputamos el sentido y los imaginarios de la izquierda del siglo 21. También reconocemos en las elecciones solo un instrumento y no la centralidad de la lucha política. La política se amplía mucho más cuando la vinculamos a las luchas sociales. Nuestra crítica a los actuales partidos políticos se basa en que éstos buscan sustituir la organización política autónoma mediante representaciones cupulares que buscan sólo el control del Estado. Creemos que el camino necesariamente debe ser la construcción de una práctica social (o un conjunto de ellas) que exprese una política y a su vez se exprese políticamente.

La elección de los autonomistas en la presidencia de la FECh presenta desafíos muy importantes tanto en el campo político como en el campo social. Deberemos enfrentar, unidos al resto de la izquierda y a los sectores movilizados, todo el andamiaje político y social que sustenta a nuestra sociedad neoliberalizada, especialmente a sus políticos e intelectuales repartidos en los puestos de privilegio antes mencionados. No es suficiente la identidad de anti-neoliberales, sino que debemos acelerar un proceso de construcción de fuerza propia que proponga un nuevo consenso social y una nueva forma de política. Es la transformación de nuestra vida sin permiso de los políticos. Ello ha sido enfatizado por Boric en su voluntad de  “avanzar hacia la conformación de un gran movimiento social por la transformación no solo en educación si no pensando en el modelo económico y político que hoy día impera.” Es el llamado a los autonomistas que estamos repartidos en todo Chile. Es quizá el llamado a toda la sociedad que ha apoyado al movimiento estudiantil del 2011 a que considere la radicalidad como la masividad con la que podemos empujar los cambios políticos, económicos, sociales y culturales para construir un Chile más justo, más integrado socialmente, y más igualitario. Es quizás la hora de perfilar desde las actuales luchas una nueva sociedad con más fuerza. 

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10 de diciembre

“El chaleco del mono” ahora será de color verde kaki… Es decir, para la misma situación de siempre, se inventa un nuevo nombre que le venga al problema. Se crea una vestidura a medida que calce con la realidad. Se estira aquí, se toma allá, se cose en los bordes para que todo calce a la perfección, pero, quien usa el vestido es la misma sociedad de manos atadas que tiene que luchar contra todo y definir no lo que quiere, sino que cómo lo hará…

No veo novedad en el planteamiento, pero, si rescato que haya un sector social que se dé cuenta que el mundo de la política y quienes la ejercen son un cáncer extirpable y que a pesar de que carcome los tejidos de la sociedad, causando mayor daño en quienes más sufren el producto de la realidad, y que está enormemente arraigado en los genes del sistema que lo sustenta, no por ello se debe aceptar que es la única forma posible de…

Muestras de ello hay infinidad supongo. Entre ellas, una que destaca es el show de las presidenciales. El día que se elige a un Presidente de la nación, desde ese mismo día comienza el show para encontrar el siguiente. Nadie quiere declarar que quiere ser, pero, todos quieren, tal como dijo Gabriel Valdés… Y el show suma y suma actos y eventos… Si el tipo se vuelve popular en la televisión, es candidato a la Presidencia y así se construyen situaciones para levantar candidatos. Cuando menos se forman alianzas para escoger a sólo uno que los represente a todos y desde el que ellos puedan tocar algo de la repartija de cargos, pero, en resumidas cuentas, el show tiene decenas de protagonistas, pero, como siempre sucede, no tiene propuestas…

Eso mismo, por cierto, es lo que le pasa a este movimiento estudiantil con una nueva dirigencia, según lo que puedo ver a simple lectura del artículo. No importando el nombre del chaleco que se quiera poner al mono, NO HAY METODOLOGÍA… Es decir, se reconoce fielmente el problema, mismo que ni siquiera es necesario señalar su génesis de forma antropológica, porque las causas son múltiples y pretender que tal o cual pez provino de este o aquel río, o que navegó por unas u otras aguas no hace diferencia en el resultado final, osea, se reconoce el problema, se quiere solucionar, pero, se carece de planteamientos y sobre todo de herramientas… Vamos a construir un hermoso país o un gran edificio y para ello tenemos un serrucho y un martillo; el anhelo y la esperanza, el sueño y la convicción, sin embargo, no sabemos cómo hacerlo…

Tampoco diría que esta es una exclusividad de un grupo de estudiantes o de algo que fue detonado porque creció la matrícula universitaria, o porque la clase media una tarde se levantó con jaqueca luego de una siesta y se dio cuenta que había papagallos azules… No nace por eso… Nace por la consciencia colectiva que finalmente se da cuenta que la madriguera política es un cubil de abusos, un antro de amparadores del cohecho y los tratados a puertas cerradas; una madriguera de estafadores sociales; una casta que jamás propondrá una solución fiel o verdadera a los problemas de nuestra sociedad … Así, cualquiera quiere construir el país sin la clase política, ya que no por nada la gente no se inscribe en los registros electorales… Porque, ¿para qué se querría inscribir?… ¿Para hacer una fila sin sentido mientras le transpira el trasero a pleno sol y todo para hacer una raya ridícula con la que, además de avalar al sistema político por un nuevo periodo ‘x’, traiciona los derechos fundamentales del pueblo y amputa los anhelos del corazón de los chilenos?…

Sobre todo los de clase media… UUUUuu…. Eso sí que los traiciona… “Nos equivocaríamos enormemente si les concediéramos mención a los derechos y aspiraciones truncadas de la clase más pobre del país y ni que mencionar siquiera a los indigentes o a los que duermen bajo los puentes o se tapan con cartones… Ello no son chilenos, no son hijos de la misma patria en la que he nacido yo o has nacido tú”…

Tal parece que el movimiento estudiantil emergente o el autor del artículo, por más listo que parezca el uno o el otro, igual se tragó un camello… El del cuento de la clase media… No es así cómo es la realidad… Si alguien pide respetar, considerar o ejercer su derecho, este termina en el límite donde comienza el de los demás, o cuando menos donde el uno y el otro son algo compartido, pero, clasificaciones de medio pelo para subrayar privilegios de una clase numerosa por sobre otra no tienen sentido de justicia o racionalidad, porque todos bebemos agua o comemos pan, o respiramos o tenemos espíritu en nuestros ser…

Yo creo que esto es más o menos así… Primero los bebes son concebidos, luego nacen, gatean, caminan, corren y finalmente piensan, por lo tanto, a este movimiento emergente que identifica que es posible construir una sociedad utilizando una forma paralela y coexistente a el barrio mal oliente de la política tradicional, finalmente encontrará la forma de hacerse un espacio real basado en PROPUESTAS y no sólo en quejas o aspiraciones, motivo por el que, como espectador, le deseo que se alimente de buena forma, descanse y duerma bien, para que en el futuro cercano venidero, en el país exista una corriente de pensamiento que maquine mecanismos, imagine instituciones, cree leyes imaginarias que discutir y perfeccionar, proponga alternativas, afine detalles, cree espacios ciudadanos abiertos, involucre al sentimiento popular, invoque al sentido común y se fortalezca en el poder de la razón así como en el de la fuerza…

A quien le interese: si existe la ideología, si existe el movimiento y está bien estructurado, bien difundido y es transparente y de carácter constructivo, conducente y concluyente y así operante e involucrante; si existe el movimiento, me intereso en aportar y debatir la metodología para que este crezca y se convierta en el gran árbol que cobije a todas las especies y en donde aniden los pájaros, hagan hueco los insectos y sombreen los animales…

camaraciudadana.cl

gfdl

10 de diciembre

Leyendo tu comentario me parece que estamos en la misma vereda.
Sólo una acotación. Mi referencia a la “clase media” (la mayoría de Chile se cree clase media) tiene que ver con la caracterización de un proceso real de pérdida material. Es difícil que los sectores populares y explotados tengan la capacidad movilizadora que tienen quienes cuentan con privilegios (como las clases medias tradicionales). Esa dificultad, sin embargo, puede disminuir cuando existen espacios abiertos como lo fue la movilización social de este año. Sin embargo, la demanda social que va detrás se confunde con otras demandas políticas. Los sectores populares y explotados aspiran a acceder a los beneficios del sistema, y por eso han decidido copar los espacios que se abren en la educación superior, a riesgo de lo que ya sabemos (endeudamiento, trabajo precario). Ese relato de las condiciones que permiten las aspiraciones es el que se quiebra, no por iniciativa de estos sectores populares, sino porque la explotación ha llegado a sectores medios que tienen capacidad de iniciativa política.
Creo que tu aporte será bienvenido. Esta columna no pretende ser iluminista, sino que busca explicar un discurso que participa de las movilizaciones y tiene una vocación transformadora que la clase política en pleno ha ninguneado. Este discurso reconoce que se requiere un despliegue creativo que no está en manos de nadie en particular, pero si está en manos de muchos cuando se hace colectivamente.
Saludos.

11 de diciembre

La creatividad y el alcanzar objetivos son cosas diferentes…

Hay quienes sostienen que hay innovaciones que requieren un 1% de creatividad del trabajo total para desarrollar la iniciativa y que el 99% restante es un trabajo que se podría llamar mecánico, aunque conlleve planificación y el tratado del detalle de la idea que le da cuerpo a la innovación…

Es decir, particularmente la idea creativa suele provenir de una sola persona y los detalles de la misma provienen del colectivo u organización…

Yo creo que lo que en realidad sucede es que a veces las personas buscando una montaña, suelen estar parados en o frente a ella pero, no la saben reconocer…

klfjdslk

11 de diciembre

Estimado Iván:

Consulta, ¿Cómo lograrán los “autonomistas” crear un Chile más “integrado”?

Saludos,

11 de diciembre

Estimado Pablo,
Interpreto que tu pregunta apunta a señalar una contradicción y a buscar una “propuesta concreta”. No estoy seguro que sean los autonomistas los que vayan a iluminar el camino a la integración social. Ello porque no creemos en las vanguardias iluminadas. Si creemos que hay sectores con mayor capacidad reflexiva en torno a la construcción de política y su posterior diseño social, pero eso no sustituye que la política tenga que ser un proceso de deliberación social.
La autonomía que señalo en este escrito tiene apellido: autonomía política. La existencia de autonomía política requiere de la construcción de formas de cultura política en que los juicios locales puedan diagnosticarse en conjunto con otros juicios locales sin caer en el “basismo” que niega la política. La política, por definición pública y colectiva, requiere de la convergencia y diálogo de sujetos en un colectivo, y de la resolución de formas de disputa de poder. La política autonomista se debe expresar necesariamente como una integración. Esa es la apuesta. Por ello, insisto, el foco no es la conquista del poder político tradicional, aún cuando éste pueda ser útil para ciertos propósitos. El foco es en la construcción de cultura, una que respeta la diversidad de realidades, pero que a su vez busca relatos que integran las disputas locales en un sistema de relaciones de poder más amplio.

Saludos.

11 de diciembre

Estimado Iván:

La autonomía política que tu señalas debe sustentarse en pilares o ideas, ¿Cuáles son? ¿Cuáles de estas permitirán que la ciudadanía se integre?. Consciente que la política de todos los tiempos se ha sustentado en la aglomeración de ideas, y estas se “dividen” en determinados partidos o grupos que buscan desarrollarse y crecer haciendo progresar al país, y considerando que lo que sustenta la política es la influencia que ejerce en el rumbo del país y su sociedad, y que esta influencia se logra mayoritariamente por el número de militantes que tengan en una organización o institución nacional ¿Cómo solucionarían esto, o cómo cambiarían esta tendencia?

Saludos

12 de diciembre

Estimado Pablo,
Creo que las ideas que me pides necesitan un proceso de reflexión colectiva que exprese su grado de creatividad y acuerdo. En general, se comparte el juicio de que el sistema político formal (éste que tenemos) es insuficiente para lograr cambios en la sociedad. Por lo tanto, nuestras ideas no ven como fin último el control del poder del Estado. La integración de la ciudadanía (y la no-ciudadanía) requiere necesariamente que exista una apertura a los procesos de constitución de cultura. La cultura, en este sentido, se entiende de acuerdo a las formas en que las personas nos relacionamos, actuamos, y hablamos en sociedad. Requiere, también que los valores de libertad y solidaridad se escapen del marco ofrecido por el mercado. Para ello, lazos de colaboración en vez de competencia son necesarios más que nunca, y en eso el proyecto autonomista es clave.
El foco en la militancia, quizá no resuelto aún (lo debatimos mucho hace un tiempo), creo que es secundario en el énfasis que escapa al sistema político formal. La apuesta es la búsqueda de una “organicidad” social, una cuestión que implica la necesaria autoorganización. Las organizaciones, sean éstas partidos o asociaciones gremiales/territoriales, permiten grados de reflexión que son beneficiosos para cualquier proyecto colectivo. Hay que potenciar las organizaciones con ese fin, pues esos procesos reflexivos, cuando son más abiertos, permiten que los que conforman esas organizaciones tengan mayor sentido de pertenencia con proyectos colectivos y a la vez conformen nuevas formas de validarse en sociedad. Pero, por sobre todo, se trata de que la práctica colectiva se transforme en la forma de ejercer poder sobre otros valores que hoy permean a la sociedad, y que, a juicio nuestro, enfatizan los sistemas de explotación.
No creo, y esto es una opinión personal, que la militancia entendida como la lealtad o fidelidad ciega a las instituciones o grupos sea algo útil para actuar en la política que estamos pensando. Si es importante la militancia, pero ésta tiene que ser flexible, tanto a la crítica informada como a las formas de militar. Lo central, repito, no es que la política funcione por un lado y la cultura por otro. Lo central es que exista una cultura política, que se vea reflejada en las instituciones nacionales. Para ello, el proyecto autonomista es necesariamente más abierto a discutir cuáles son las formas de organizarse que permiten esa proyección a la cultura. Por mientras, lo importante es aumentar la reflexión en torno a la sociedad que queremos formar, y he allí el llamado a la organización abierta y autónoma, en todos sus niveles: laborales, gremiales, territoriales. Es esa reflexión la que nos dará las respuestas. No somos nosotros.

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