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¡Asamblea constituyente, ya!

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Hagamos claridad: son muchos y diversos los países en el mundo que por distintas razones han optado por una Asamblea Constituyente, como la institución para reformar o redactar su carta magna, y que han obtenido como resultado mayor estabilidad y legitimidad de la política.

 

Tal como lo señala Jean-Jacques Rousseau, en sus escritos políticos: “Las constituciones deben renovarse al menos con cada generación, pues su validez radica, no en el consentimiento pasado, sino en el presente”.

Ha habido Asambleas Constituyentes y nuevas Constituciones en todo el mundo, ejemplo de esto es la Constitución de la India -después de su independencia en la mitad del siglo XX- o el caso más reciente de la Constitución de Islandia, en el año 2011, con la llamada “revolución bajo el volcán”. Más cercano, a nivel latinoamericano, podemos citar el caso de Colombia en el año 1991, en el contexto del conflicto armado interno. También está el caso de Paraguay, el mismo año, que siguió al derrocamiento del dictador Alfredo Stroessner, o es el caso de Bolivia, con el presidente Evo Morales, hace ya casi una década, donde el país logró mayor estabilidad y legitimidad, integrando a los pueblos originarios a la institucionalidad política.

En Chile, la clase política e intelectuales han argumentado que se requiere de una nueva Constitución para poner fin al legado de la dictadura militar, pero la pregunta sería: ¿es sólo ese el motivo para renovarla? Tal como lo señala Jean-Jacques Rousseau, en sus escritos políticos: “Las constituciones deben renovarse al menos con cada generación, pues su validez radica, no en el consentimiento pasado, sino en el presente”.

La ciudadanía ha manifestado abiertamente su descontento hacia el sistema político y la necesidad de llevar adelante cambios revolucionarios al marco institucional. Prueba de ello es que en la última elección presidencial, en una contundente señal de impugnación, el 58% del universo electoral no concurrió a votar, sufragando sólo 5.672.356 de un total de 13.573.000 votantes, según cifras del Servel.

Las experiencias internacionales lo indican: una nueva Constitución no lleva al país a un caos, al contrario, hace de éste un país más democrático, legítimo, estable, participativo e inclusivo. Los países en que se ha implementado una Asamblea Constituyente, no derivaron en exacerbar ni en incrementar los niveles de violencia, intolerancia o corrupción, sino que se produjo un fenómeno de valoración y acercamiento de la ciudadanía a la política, que es lo que nuestro país requiere de manera urgente.

Chile requiere dar el debate ideológico que defina el país que queremos en términos económicos, políticos, sociales y culturales; y lo lógico, en un ‘Chile de todos’, es que una nueva Constitución se construya entre todas y todos, por lo que una asamblea constituyente es el camino institucional más legítimo, democrático y participativo, que se acerca a los principios de construcción colectiva de un país más inclusivo y solidario, que otorgue real estabilidad económica, genere una democracia más saludable y legitime el marco constitucional.

Es necesario desmitificar ciertas posiciones argumentativas espurias que ha propagado la derecha y el añejo conservadurismo: la Asamblea Constituyente contempla la participación de todos los sectores ideológicos, ya sean de derecha, centro o izquierda, como también de toda la diversidad política, social, demográfica y étnica de nuestro país, a diferencia del Congreso (binominal) que lo haría en su insuficiente representación.

Ahora bien, lo primero es que la ciudadanía sepa qué es una Asamblea Constituyente.

Una Asamblea Constituyente es un organismo compuesto por ciudadanas y ciudadanos elegidos por sus pares, para dar forma a la organización política de la nación, al sancionar/crear su propia Constitución. Esta emana del ‘poder constituyente’, surgido del principio democrático de soberanía popular y de la idea de limitación del poder gobernante. Se trata del poder absoluto y total ejercido por toda la ciudadanía en el momento de crear, reformar o estructurar el Estado, como convenga a sus aspiraciones e intereses, discutiendo, procurándose o reformando una Constitución.

Chile cambió. Según la encuesta CEP, julio-agosto 2013, el 45% de los chilenos quiere una asamblea constituyente como mecanismo para una nueva Constitución. Así que el mensaje a la derecha y a los conservadores de la Nueva Mayoría es: ¡somos muchas y muchos “fumadores de opio” (tal como lo señaló Camilo Escalona en referencia a quienes son partidarios de una asamblea constituyente) los que queremos refundar Chile!

Por otra parte, existen reformas constitucionales urgentes: terminar con los quórums calificados -que son los candados que dejó Jaime Guzmán, para impedir cambiar ciertas leyes-; poner fin a la ley de donaciones secretas de empresarios a campañas políticas, y así separar el poder económico del poder político; reconocer a nuestros pueblos originarios para encontrar la paz social que tanto anhelamos; y establecer la educación, la salud, la vivienda, la seguridad social, la previsión y la cultura, como derechos sociales que deben ser garantizados por el Estado.

Esto es lo básico para la salud de una democracia, y se debe realizar tal como lo ha dicho la presidenta Bachelet: a través de un proceso democrático, institucional y por sobre todo, ¡participativo! Es en ese marco donde la Asamblea Constituyente se perfila como la institución apropiada para enfrentar estos desafíos.

Foto: studyblue

TAGS: #AsambleaConstituyente

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22 de septiembre

El desafío es bienvenido pero para no caer presos de la ingenuidad política debemos considerar que la derecha es golpista. Siempre lo fue porque tuvo los recursos necesarios para reprimir a los trabajadores. De hecho, la “estabilidad” de la que nos vanagloriamos como chilenos se logró a través de la continua opresión de los sectores populares y eso es inaceptable desde el punto de vista democrático. Primero, a través de una Constitución claramente autoritaria se nos impuso el orden portaliano. Y cuando ese sistema eclosionó lo hizo a través de una guerra civil que le costó la vida a Balmaceda y a su sueño de convertir a Chile en un país soberano.

La Constitución del ’25 tampoco fue democrática aunque contó con ciertos elementos de un sistema liberal medianamente avanzado: ésta fue elaborada por una reunión de notables y si consideramos que las mujeres no votaban, de quienes en esa época tenían derecho a sufragar y quienes no, en aquel plebiscito participaron a lo más el 10% de la población. Sobre a Constitución de 1980 ni hablar. No solo es ilegal por su origen sino también porque con cada uno de sus artículos, edictos y leyes niega cualquier libre expresión de la voluntad popular de modo que la derecha, otra vez en sus dos versiones, sigue siendo reaccionaria y violenta. De ahí la necesidad de dar esta pelea aunque en ello se nos vaya la vida. Ocurre que la única posibilidad real de emanciparnos es a través de un proceso de Asamblea Constituyente Autoconvocada.

22 de septiembre

La pregunta que siempre asoma es : ¿por que no se juntan las fuerzas progresistas/socialistas/comunistas/etc, hacen una asamblea gigante, y redactan una Constitucion alternativa, que se pueda discutir, imaginar, etc, para luego dar paso a un proceso de referéndum?
A mirada de un espectador, lo que pareciera es que se necesita una sensación de borrar lo constituido, para luego imponer un proceso estructurado por la presión de la ingobernabilidad, para con ello meter todas las utopías por decreto, y obligar a la sociedad a tener que adaptarse a ellas, con los problemas e incomodidades (e imposiblidades técnicas) que puedan generarse. De alguna forma, en el lenguaje actual, matar la Zona de Confort, para obligar al cambio; mas que proponer un cambio y evaluar ahí si la gente lo desea.

peon

22 de septiembre

Casi discreparía con que se requiere de forma urgente un: “fenómeno de valoración y acercamiento de la ciudadanía a la política”… Me parece que la ciudadanía ha valorado la política con bastante precisión, dada su realidad, por ello no votan más de la mitad de los posibles votantes. Y en cuánto al acercamiento a la política, pues, no hay por dónde acercársele, jajaja, porque, no existe la herramienta con la que acercarnos, o con la que ejercer la supuesta democracia en la que vivimos…

Personalmente a mí no me hace mucho sentido el que se diga que la Constitución debieran hacerla representantes de la ciudadanía y que de paso se concluya que de esta forma la misma será hecha “por todos y todas”. Así la Asamblea Constituyente no me parece la mejor herramienta. A mi parecer, esa herramienta debiera ser una Cámara Ciudadana Digital… De hecho, si se han de escoger representantes, ¿qué mejor lugar que ese para que quienes desean participar se presenten y la gente los pueda proponer para realizar la tarea?… Digo, sería horroroso que los representantes de la ciudadanía los designara el poder político actual… No digo que escogerían malos representantes, pero, ya no se vería muy bien el sólo hecho de que ellos lo hicieran sin consultar a nadie, o sin que sus personas propuestas hayan debatido con la gente, tal como cuando proponen sus candidatos a los cargos del Estado…

Además, siendo tan importantes los temas a reformar, me parece que debe existir una exposición de cada tema de carácter muy, muy amplio, de forma que el debate sea enriquecido con muchas opiniones, con la idea de que lo que se reforme, cumpla criterios de restricción de la lógica de la disponibilidad de los recursos. ¿Para qué colocar un ejemplo?, pero, supongámoslo necesario. Imaginemos que los asambleístas concluyen que todos debiéramos tener un barco de oro para pescar en el mar… Pero, no hay tantos peces para tantos barcos, ni hay tanto oro para tanto barco… Claro, el ejemplo es cuadrado de burdo, pero, fjhfsjkkfdslkjf .. hay, por cada cosa, tal vez, que se proponga, restricciones que cumplir y si “se suman” o intersectan las restricciones, tal como se intersectan rectas en un plano en dos dimensiones, se tiene que sólo algunos espacios constituyen una solución factible… Por ello creo, además de otras cosas, que debe haber triple debate al cuadrado acerca de cada tema… Por poner un ejemplo de la importancia de esto, y no le saquemos el potito a la jeringuita, está el tema del cobrecito, jaja… Gran tema, por su puesto, que la mejor de nuestras actitudes conscientes nos llama a no tener arrebatamientos en lo que decidamos en torno a esta materia, porque, entre otras cosas, la Constitución que tenemos vinimos a tenerla luego de ciertos hechos que bien se podría decir que se originaron en una nacionalización del cobre…

Nueva Constitución, sí, pero, al menos para mí en una Cámara Ciudadana, en donde todos seamos iguales y en donde sólo nos diferencien nuestras ideas y nuestros argumentos…

Comento a medida que leo el artículo y he aquí un ejemplo de lo que se puede llegar a hacer, en el supuesto caso que se haga, cuando a alguien se le pasa la mano “por sobre las restricciones de los recursos”. El articulista dice: “y establecer la educación, la salud, la vivienda, la seguridad social, la previsión y la cultura, como derechos sociales que deben ser garantizados por el Estado.”… Pregunta simple… ¿Tenemos los recursos para hacer semejante cosa?…

Yo creo que somos como loros en muchas cosas, que repetimos, repetimos y repetimos… ¿Un ejemplo?… El cliché de “Chile cambió” y de ahí a derivaciones que pueden llegar a convertirse en otra cosa… Cliché, porque, Chile está cambiando todos los días y así, cada día que pasó, se podría decir que Chile cambió, pero, como un cambio (en ingeniería) es un “delta”, lo importante del cambio, para tal caso, es el tamaño “del delta”, o su significancia… Claro, hay significancia de hechos pasados y recientes que validan el cliché, pero, en resumen es innecesario… Incluso, hasta ya me cae mal… Me tienen cuadrado con ese cliché… Guatón, cabreado; me sabe a olor político de “nuevas mayorías” que no son mayorías ciudadanas…

Mira no sé ah !!… Al final, me sabe lo que dice el creador del artículo a un típico vendedor de la política, en este caso… “Que la presidenta Bachelet, que este es el camino, que garantizar desde los calzoncillos hasta la pintura de uñas es “lo básico para la salud de una democracia”” (uniendo los dos párrafos finales), pero, pregunta, a parte de la alternativa de la Asamblea Constituyente, ¿se han evaluado otras?… ¿Otras han llegado a los oídos de la gente para que ellas las evalúen y las “repitan y repitan y repitan a coro y como loros”?…

¿Cuál es el sentimiento de la gente en este caso?… Daré un ejemplo: Arturo dice: “La pregunta que siempre asoma es : ¿por que no se juntan las fuerzas progresistas/socialistas/comunistas/etc, hacen una asamblea gigante, y redactan una Constitución alternativa, que se pueda discutir, imaginar, etc, para luego dar paso a un proceso de referéndum?” y en ello se puede uno preguntar el ¿en dónde se juntan, cómo validan sus diálogos, cómo se transparentan, como reciben críticas u opiniones, etcétera? y a mí al menos me cabe de cajón la respuesta y necesidad de una herramienta como una Cámara Ciudadana. De hecho, Arturo llama a ” progresistas/socialistas/comunistas/etc.”, tal vez, hipotéticamente dejando de lado a las personas y eso creo que ya nos hace ver que todos los “progresistas/socialistas/comunistas/etc” debieran quedarse en su casa y salir vestidos a la Cámara Ciudadana con una camiseta distinta, de color rojo, como la roja de todos, en donde no existan pre-cosas, pre-algos, pre-concebidos criterios, sino que la preeminencia de ser chileno, de tener ideas y de tener ganas de debatir acerca del Chile que desean los hijos de la patria…

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