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Una televisión pública sin mística

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Mal gusto y la hipócrita mirada de una sociedad a la que se le sustraen “defectos” para engalanarla en pantalla y en horario estelar, so pretexto de buscar la entretención del televidente en forma burda y anestesiada, sin pretender colocar en el centro del debate a la verdadera sociedad chilena, los problemas que la aquejan y los reales anhelos de sus habitantes.

La gestión de Mauro Valdés al mando del directorio de Televisión Nacional de Chile será recordada, entre otros hitos, por la degradación del alto estándar de calidad al que nos tenía acostumbrados la estación televisiva pública desde la década de los 90’. Y es que diversas situaciones corroboran esta tendencia: la bullada censura al documental “El diario de Agustín”, cuyos derechos de retransmisión habían sido adquiridos por TVN, pero que el canal se rehusó a emitir injustificadamente; la abrupta salida del espacio cultural “Una belleza nueva”; la paulatina supresión del bloque de documentales chilenos de los días sábado; son solo algunas de las evidencias de este cuestionable período.

Hoy TVN parece haberse mimetizado con la pobreza que reina en la oferta del resto de los canales de televisión privada, siguiendo sin contrapeso las tendencias que de mala manera estos imponen, dejando de ser el referente que sobresalía por su programación de buena factura. En este tiempo la explotación descarnada del genero de docu-reality ha sido la tónica en la estación de calle Bellavista N° 0990 donde programas como “Las Argandoña”, “Adopta un famoso” o “Los Méndez”, se han convertido en espacios que cultivan exageradamente la egolatría de ciertos rostros televisivos que poco parecen aportar al devenir nacional. Mal gusto y la hipócrita mirada de una sociedad a la que se le sustraen “defectos” para engalanarla en pantalla y en horario estelar, so pretexto de buscar la entretención del televidente en forma burda y anestesiada, sin pretender colocar en el centro del debate a la verdadera sociedad chilena, los problemas que la aquejan y los reales anhelos de sus habitantes. A propósito de ello, debería erradicarse esa creencia de que diversión en televisión debe ser sinónimo exclusivo de generar contenido sin mayores pretensiones para el espectador, pues también se puede educar a través de la entretención más elaborada.

Asimismo, los noticiarios de este canal, que se autodenominan como el enclave del periodismo chileno, han adoptado las mismas cuestionadas prácticas de la competencia: exacerbación y morbo en noticias policiales, saturación de publirreportajes, priorización en el tratamiento de noticias intrascendentes, omitiendo la  información sobre temas de mayor interés público.

El área dramática de este canal es otra muestra de la decadencia programática que vive el canal por estos días. Si antaño TVN nos sorprendía por producciones como “Sucupira”, “Iorana” o “La Fiera”, que junto con mostrarnos otras realidades de Chile tenían una marcada función social, hoy en día las telenovelas que se producen en el canal se han transformado en una descarnada devoción a la elite ABC1 del país, usando como escenario de fondo comedias pobres de espíritu y trilladas historias policiales, donde la consigna parece ser más bien priorizar la cantidad de los contenidos generados antes que su calidad.

La denominada Ley corta de TVN es otra muestra de esta pérdida de sentido de televisión pública. Si actualmente el canal estatal a duras penas puede cumplir con su función de ser una estación televisiva inclusiva, pluralista y que logre sobresalir positivamente, ¿Qué nos hará pensar que podría alcanzar las mismas pretensiones a través de una radioemisora? Conocido es el dicho que “quien mucho abarca, poco aprieta”. TVN debería enfocarse más bien en lo que durante estos años, para bien o para mal, ha sabido desarrollar: televisión.

En el marco del aniversario de los 40 años del golpe de Estado, TVN a diferencia de otros medios de comunicación, tuvo un rol más pasivo ante uno de los acontecimientos más sensibles para la colectividad nacional. Se desperdició la gran oportunidad de que la institución pidiera perdón al país al haber sido cómplice indirecto de este lúgubre período de nuestra historia al haberse prestado como instrumento propagandístico de la dictadura militar.

Durante este período también ha tenido lugar la indiscriminada compra de contenidos envasados provenientes de uno de los mayores conglomerados de telecomunicaciones en América Latina: la mexicana Televisa S.A. de C.V., especializada en producciones de bajísima calidad. Además, este medio constantemente ha sido puesto en tela de juicio por la sociedad mexicana a raíz de sus prácticas poco ortodoxas para favorecer los intereses de la élite política mexicana, alienando al televidente a través de su decadente programación. Poca rigurosidad ha tenido TVN al escoger a sus socios a nivel internacional, más aún, como en este caso, posee un oscuro historial.

Hoy en día cuando estamos insertos en el debate de la aberrante disparidad en los salarios entre funcionarios públicos como senadores y diputados versus el resto de la ciudadanía, no podemos desaprovechar el espacio para discutir también acerca de los exagerados sueldos que perciben ciertos rostros del canal en comparación a otros funcionarios. Los ejecutivos del canal han justificado esta situación porque de acuerdo a ellos son “las pautas que dicta el mercado”, lo que resulta curioso en pleno Siglo XXI donde ya parece ser una creencia generalizada que la omnipresencia del mercado en nuestras vidas no es absoluta. Un rostro de TVN debería tener como principal motivación al trabajar en esa estación aportar al país y su desarrollo, antes que percibir exageradas cifras de dinero por el solo hecho de aparecer un par de horas en pantalla.

En la actualidad son pocos los espacios que resaltan en la parrilla programática de TVN: “El Informante”, “Los Archivos del Cardenal” y “El Reemplazante”. En relación a estas dos últimas series, elogiadas transversalmente por la opinión pública, lamentablemente producto de la política extremadamente comercial adoptada por el canal, sus últimas temporadas fueron transmitidas en horarios irrisorios. Curiosamente ambos programas son resultado del financiamiento asignado por fondos del Consejo Nacional de Televisión. De ello entonces surge una necesaria inquietud, ¿por qué TVN siendo una empresa que percibe cuantiosos ingresos anualmente, tiene que recurrir a financiamiento externo para desarrollar programas de esta índole? ¿Por qué no es capaz de destinar un porcentaje fijo de esas utilidades percibidas para garantizar la producción de estos programas?

Podemos continuar enumerando situaciones para el análisis, pero no podemos sustraernos del debate de fondo. El modelo comercial de autofinanciamiento adoptado por Televisión Nacional de Chile tiene sus ventajas y bemoles, pero debe ser revisado, pues no resiste su mantención intacta. El canal jamás puede perder el enfoque del cumplimento de los objetivos que el mismo legislador le ha encomendado a través de la norma que rige su funcionamiento: ser un medio de comunicación que contribuya al desarrollo de Chile y de sus habitantes. No puede seguir funcionando como una simple caja registradora y ser un mero espejo de las pautas programáticas impuestas por los medios privados, como lamentablemente ha ocurrido en este último tiempo. Tiene que convertirse en un verdadero referente de calidad con voz propia.

Más allá de dictar leyes que amplíen su giro como empresa, dichas normas deberían establecer mayores exigencias y estándares de control para evitar que el canal caiga en un pozo programático sin fondo. Partiendo, por ejemplo, con la posibilidad de que la ciudadanía tenga la posibilidad de designar a un integrante de su directorio, evitando que este organismo de la empresa se transforme en un gallito de poder entre dos coaliciones políticas como ocurre en la actualidad.

Los medios de comunicación deben cumplir cuatro metas: informar, educar, entretener y formar opinión; de las cuales TVN parece estar bien lejos de desarrollar a cabalidad.

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Comentarios

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18 de abril

¡Soberbio! Concuerdo plenamente en lo expuesto, en particular con la conclusión de la revisión del modelo de autofinanciamiento. Para que exista calidad se debe subsidiar poniendo el énfasis fiscalizador en la mejora de las cuatro metas nombradas.
Quizás el tema de la democratización del directorio es el más idealista, aunque no por ello menos válido. Surge sin duda el problema del partidismo actual en tal escenario hipotético, ya que si hubiese un cupo elegido por la ciudadanía, tal puesto lo ocuparía alguien que se catapultaría y promocionaría a través de los partidos grandes y dominantes de la política actual, lo cual deja en mal pie, como siempre, a los independientes y a los partidos pequeños, pero no por ello, menos importantes.

Alfredo

19 de abril

Ricardo Solari que hace en TVN. No el voy a dar el beneficio de la duda, lo voy a pelar. El chino Solari ¿va a ganar un millonario sueldo a Tvn y a codearse con la elite, nada mas?
Solari es empresario, es millonario, asi que aceptar ser director de Tvn solo espor ego y prestigio.. A menos que realmente se la juegue y haga algo por convertir la televisión “de todos”..”de chile..” en un canal que no solo luche por raiting porque sino no hay aviso y sin avisos no hay plata.
Ese no es el objetivo de un canal de “todos los chilenos” En esa funesta competencia tenemos el bodrio que tenemos ahora.
Asi que chinito Solari, ya eres campeón, eres rico e incumbente, no necesitas mas para inflar tu ego. Has algo por los chilenos, convierte a TVN en un canal como esos que ves cuando vas a Inglaterra o USA , paises que te gustan tanto.

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