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Quizás debiera escribirle todo esto al director del canal que se encuentra anunciando su nuevo reality, pero se lo escribo a usted, porque creo en que usted y yo podemos cortar el círculo vicioso y tomar la responsabilidad que nos cabe cada vez que llegamos a la casa y prendemos la tele.

En estos días, uno de los canales de televisión abierta anuncia un nuevo reality show. Otro más, como si nos quedara neurona para soportar mayor drama del que nuestra propia vida presenta, y aunque muchos parecen encontrar entretención más que molestia al ver conflictos pauteados en televisión -algo que tiene razones que no ahondaremos aquí-, me pregunto cómo le iría a un reality que tuviera un sentido más de servicio o de desarrollo humano, que de introducir basura en la mente de las personas.

No se necesita demostrar, luego de lo ocurrido en Valparaíso, el gran interés de los jóvenes chilenos en el servicio social, ¿no es obvio el éxito que tendría un reality donde gane el que más ayuda? Siendo los jóvenes parte importante de las audiencias de los reality shows, se podría cumplir dos objetivos: el del negocio y el de educar, que debieran perseguir todos los medios de comunicación, sobretodo los de alcance masivo.

Hace muchos años atrás vi en la televisión por cable un reality show europeo, donde un grupo de profesionales líderes en sus campos, de áreas diversas como agricultura, economía, sociedad, etc., se reunían para viajar juntos a una aldea africana, donde debían solucionar los principales problemas de las personas, contando con recursos y tiempo limitado y aportando cada uno con su experiencia.

La principal meta que se estableció fue la construcción de un pequeño hospital por considerarse por estos expertos como la necesidad más urgente. Al no haber ni mano de obra, ni materiales, ni recursos suficientes, se decidió que para ahorrar los mismos lugareños deberían construir el establecimiento que serviría para sus propias familias. Inmediatamente, el pueblo se organizó y para sorpresa de los flamantes ahora “rostros” televisivos, crearon una especie de sindicato cuyo líder fue a exigirles que les pagaran por ese trabajo porque de lo contrario no moverían un dedo, considerando que para su forma de vida, en su cultura e idiosincrasia, para nadie era prioridad tener un hospital.  Nadie había visto nunca uno y sus necesidades iban por otros lados. Sin embargo, a todas luces para el ojo de un occidental, era evidente la necesidad de uno.

Parecía un real desafío para cada participante estar lejos de sus casas enfrentando problemas delicados que demandaban un trabajo en equipo impecable, un alto grado de organización y profunda creatividad; todas cosas que ellos habían demostrado tener muchas veces y por largo tiempo en sus trabajos regulares.

Más allá de los resultados y si se resolvieron los problemas de las personas en esta aldea africana, las conclusiones que arroja el ejercicio televisivo son notables. Empezando por ver cómo el manejo a nivel interpersonal es clave para lograr avances, algo que todos vivimos en nuestras realidades tanto laborales como familiares, etc. Uno de los participantes del reality tenía la vocación y el liderazgo suficiente para conversar cercanamente con el líder de la organización y explicarle en buenos términos la urgente necesidad de un hospital dadas las condiciones en las que estaban viviendo, pero le fue imposible darse a entender. El líder africano tenía otra visión de las cosas.

Durante las reuniones que tenían los expertos, cada uno planteaba una idea distinta de cómo avanzar, y además de no poder dejar sus egos de lado y estar allí como personas que quieren ayudar a otras y no como especialistas, muchos de ellos incluso premiados, el caso es que nadie lograba la empatía necesaria para ponerse en el lugar de una de las personas que vive en esa aldea y entender cuáles son sus problemas y necesidades, respetando al mismo tiempo su forma de vida, por cierto muy distinta a la que los especialistas europeos conocían.

Las peleas eran tan fuertes -sospecho que mucho más fuertes de las que jamás hayan tenido en una reunión de trabajo normal- que uno de ellos lisa y llanamente renunció al proyecto entre lágrimas y declarando a las cámaras que en toda su vida profesional jamás había dejado un problema sin resolver, pero que esto era demasiado. Y esa era otra notable conclusión: la forma en que él resolvía problemas no dejaba nunca nada sin solución, pero aquí se necesitaba algo más.

No sé qué opinarán usted, pero para mi eso es televisión señores. Yo al igual que usted tengo una televisión en mi casa y me gustaría obtener algo positivo cuando la prendo, para sentir que pago por algo que suma a mi vida y no por algo que me deprime, como cuando prendo las noticias, que me violenta, como cuando veo los reality shows, o que me anestesia, como cuando veo una teleserie de ricos versus pobres.

Quizás debiera escribirle todo esto al director del canal que se encuentra anunciando su nuevo reality, pero se lo escribo a usted, porque creo en que usted y yo podemos cortar el círculo vicioso y tomar la responsabilidad que nos cabe cada vez que llegamos a la casa y prendemos la tele. Porque lo cierto es que de la forma en que estamos haciendo las cosas, no hay avances, las parrillas de los canales siguen igual. Quizás a todos nos falta algo más.

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Foto: SkyFireXII / Licencia CC

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Comentarios

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josé manuel saavedra león

03 de mayo

Estoy cansado,creo que me siento igual que la persona que renunció a ese reality.Di la batalla por perdida,así que castigué a mi tele(tanto que la quería),ya no la quiero,no siento nada por ella(murió la flor,como dicen).

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