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Los medios de comunicación públicos: pasado, presente y futuro

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El siguiente texto es el resumen de una ponencia expuesta en el seminario "Medios de Comunicación bajo el gobierno de Sebastián Piñera", realizado en la Universidad de Santiago. (Verla completa en texto adjunto).

La realidad del mercado de los medios de comunicación masiva en Chile ha estado caracterizada por altos niveles de concentración en los últimos 30 años. Salvo un breve periodo entre 1985 y 1990, la tendencia ha sido hacia la disminución de medios escritos, la privatización de la oferta televisiva y su sometimiento a las normas del mercado y al ingreso de grandes actores nacionales e internacionales en la radiotelefonía. La irrupción de Internet ha abierto una ventana al pluralismo, pero en lo sustancial tiende a reproducir lo que pasa en las demás industrias mediáticas.

Durante los Ochenta, surgieron tres diarios y al menos unas cinco revistas. La inmensa mayoría murió a mediados de los Noventa, en plena democracia. En ese contexto, La Nación pasó a ser una especie de convidado de piedra en un panorama de prensa escrita totalmente controlado por los consorcios El Mercurio y Copesa. En el siglo XXI, sólo la breve experiencia del diario Siete permitió sacar a La Nación de la orfandad.

La estructura societaria de la empresa, una sociedad anónima cerrada, generaba un grado importante de autonomía respecto del Gobierno, la que se acrecentó con la creación de un Consejo Editorial, que definía las orientaciones gruesas de la publicación. Ese Consejo estuvo compuesto en su origen por representantes de las orientaciones políticas dominantes en el país: cuatro de la Concertación y dos de la Alianza por Chile. En los comicios de 2006, los representantes de la Alianza se retiraron del Consejo. No obstante, la institución siguió existiendo.

Quiero decir con esto que no hubo en este periodo una relación directa entre el Gobierno y la dirección del diario. Nunca me reuní en tres años y medio –dos como editor general y uno y medio como director- con el ministro secretario general de Gobierno ni hablé con alguno de ellos.

El Consejo Editorial ejercía su labor orientadora, como seguramente lo hace el directorio de Televisión Nacional en materia de contenidos editoriales. Sólo que la ausencia de los representantes de la derecha obviamente introducía un sesgo.

Salvo situaciones muy puntuales, el Consejo cumplía esa función: aconsejar. Las decisiones las tomaba el director en el trabajo cotidiano.

El trabajo periodístico estaba ordenado por un Manual de Gestión Editorial que definía una Misión para el diario. Y junto con ello se establecían las normas del trabajo periodístico en similares condiciones a los de otros medios escritos.

Las orientaciones generales del directorio de la empresa fueron siempre las de mantener tiraje y formato del diario, con un énfasis en la edición de domingo. No obstante no hubo en ese periodo proyectos que permitieran hacer crecer La Nación en tiraje y lectoría sobre la base de un plan de marketing que permitiera fidelizar una masa considerable de lectores.

De allí que el área periodística se concentró en el esfuerzo por modernizar el medio de comunicación bajo el concepto de plataforma de contenidos, de manera de no limitar nuestra actividad periodística al soporte de papel, sino que de dar un gran impulso a nuestra presencia en Internet, incluyendo radio e imágenes de video.

Una cuestión fundamental en el trabajo del área periodística fue definir al diario como una instancia de diálogo, político y social. Pedimos por escrito a todos los partidos políticos con existencia legal que tuvieran columnistas permanentes en el medio. Los partidos de derecha y sus representantes se negaron de manera sistemática.

En torno al diálogo social, nos reunimos con los más altos dirigentes de la CPC, de la CUT y de la Conupia para ofrecerles nuestras páginas, no sólo con columnas de opinión, sino que también con contenidos a través de suplementos específicos. La mejor experiencia se registro con Conupia, organización que hasta el día de hoy tiene un suplemento sobre Pymes en La Nación.

Nos pusimos metas muy claras, utilizando un modelo de balance score card y podemos decir que las cumplimos. Aquí algunas evidencias: las visitas a Internet subieron de 800 mil visitantes únicos en 2008 a 950 mil en 2009 y la lectoría creció en dos años desde el margen de error de los estudios de lectoría hasta los 30 mil lectores en promedio en 2009. Aunque no éramos actores principales de la industria mediática, nuestra participación iba en aumento.

Lamentablemente, no está en el ADN del gobierno de Piñera generar un modelo comunicacional con esas características. La tendencia natural debería ser hacia privatizar los medios de comunicación y a dejar prevalecer las leyes del mercado.

¿Cuáles son las causas profundas por las que Piñera no ha cerrado La Nación? ¿guarda este hecho alguna relación con su insistencia en mantener la propiedad de Chilevisión?

Se pueden construir varias hipótesis. La principal es que vistas las encuestas en que el Gobierno muestra más respaldo que el Presidente, éste se convenció que los grandes consorcios de la prensa no lo respaldan a él, sino que a la Coalición de Gobierno encabezada por la UDI. En consecuencia, necesitará en el futuro medios que lo defiendan, a él y a su liderazgo.

Ese gallito es el que se jugó Piñera al nombrar a Mirko Macari como director de La Nación con su total conocimiento y el de su amigo personal Daniel Platovsky: la UDI le dobló la mano y el futuro de La Nación ha quedado en la incertidumbre.

A mi juicio, todos los progresistas deberíamos presionar para que La Nación siga existiendo. Se debe abrir una discusión sobre cómo darle un estatuto de medio de comunicación pública que permita el acceso a todas las tendencias políticas, sin perjuicio que la actual mayoría política reflejada en el Gobierno le imprima su propio sello.

 No obstante, más allá de situaciones coyunturales, quisiera dejar establecidos algunos principios para mejorar el panorama mediático del país, incluso más allá del Gobierno de Sebastián Piñera.

En primer lugar, creo que es deber del Estado garantizar el ejercicio efectivo de la libertad de expresión y de prensa para todos los ciudadanos.

En segundo término, dadas las tendencias oligopólicas del mercado de la prensa escrita en Chile y de su importancia en la formación de la opinión política, pienso que el Estado debe corregir las distorsiones que hacen imperfecta la competencia, a través de la existencia de medios públicos establecidos por ley.

En tercera instancia, me parece que el Estado debe subsidiar medios de comunicación comunitaria, sean escritos, radiales, televisión o digitales. Las universidades aquí deben tener también un papel de respaldo profesional a este tipo de iniciativa.

Por último, la ciudadanía debe tener derechos explícitos como consumidor de medios de comunicación. El defensor del lector (y de toda audiencia mediática) debería ser un mecanismo reconocido por ley, así como un observatorio que hiciera seguimiento al comportamiento mediático, relevara las mejores prácticas y estableciera estándares de calidad.

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03 de mayo

Me gusta la idea de que es deber del Estado garantizar el ejercicio efectivo de la libertad de prensa para todos los ciudadanos; el problema es que para que esté efectivamente garantizado tendría que ser subvencionado, ya que la manera en que hoy está garantizado es que cualquiera que pueda invertir el dinero puede ejercer ese derechos.

Que el ejercicio de un derecho esté condicionado por dinero es un síntoma interesante de que vivimos en un sistema neoliberal. Y sin embargo hasta el más accérimo defensor del capitalismo coincidirá que si un derecho no puede ser cubierto por el mercado es rol del Estado asumir su financiamiento.

Pero este no es un problema nuevo ni propio de este lugar. Quizás es hora de mirar lo que se hace en el Reino Unido con BBC, en Estados Unidos con la NPR e incluso ahora en España con la RTVE. Estos medios funcionan mediante financiamiento directo del Estado y también mediante aportes privados, y se diferencias de la oferta privada en que no suelen intervenir su producto con publicidad.

¿Podrá un modelo sin publicidad imponerse en un país en que los medios privados no son buen negocio y están subvencionados bajo la excusa publicitaria por el Estado paralelo, aquel del capital concentrado en bancos, seguros, multitiendas, telecomunicaciones, etc.?

Más fácil dicho que hecho.

Si hasta bajo el gobierno de la Concertación TVN se transformó en una entidad autofinanciada, vale decir al servicio de las empresas ¿cómo puede hallarse una solución coherente para subvencionar, más todavía bajo un gobierno de extrema derecha, que se negará a ello por principio?

Me encantantaría que Chie tuviera un connglomerado publico de medios. Soy bastante idealista, pero no tanto como para creer que justo ahora vamos a lograr una reforma que permita medios subvencionados. Quizás la solución entonces, que propongo respondiendo al post de Felipe Fuentes, es que los empresarios que no son de la órbita dominante de la derecha se pongan las pilas, financiando con avisaje en medios de comunicación que no sean del oligopolio tradicional: http://elquintopoder.cl/fdd/web/politica/opinion/-/blogs/criticas-al-naciemiento-del-quintopoder-cl

O quizás el gobierno de Piñera nos sorprenda a todos y no sea de extrema derecha. Hoy el presidente anunció que ‘muy pronto’ informará sobre destino del diario La Nación.

04 de mayo

Tú tienes razón Ignacio. Estamos en el peor de los escenarios para fortalecer los medios de comunicación públicos (Piñera dijo ayer que se evalúa vender La Nación, aunque dejó abiertas las alternativas). Por eso ahora la sociedad civil, especialmente sus instituciones y organizaciones, tienen que asumir una responsabilidad en la creación y fortalecimiento de medios. Hago algunas propuestas en el documento de la ponencia para lo inmediato…y también trabajo en ello. Ojalá veamos pronto resultados.

pito

31 de agosto

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