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La lucha de clases sí existe (pero en Masterchef es invisible)

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La lucha de clases existe. Decir lo contrario es darle la razón a quienes la han ido ganando por años. A esos que le quitaron la conciencia de clase a un sector para así reafirmar la suya, a punta de televisión, farándula, arribismo y crédito.


La lucha de clases existe. Pero acá se trata de volverla invisible, de pasar por sobre ella con puestas en escena poco reales y ediciones que solamente vuelven más caricaturesco todo, sobre todo a ese hombre que no sabe que está siendo objeto de un cuento irreal, de comentarios poco verdaderos, de abrazos y fans que lo ven como algo que no es.

Esto lo digo porque a raíz de un programa farandulero se ha puesto el tema sobre la mesa. Así es Chile, todo tiene que pasar por la tele para que se discuta algo.  Para que se instalen planteamientos que muchas veces no queremos ver y los tenemos frente a nuestras narices.

El problema acá es que estamos debatiendo sobre una ficción de un señor Nakasone. Estamos inventando un conflicto que no hay, para así no querer ver lo que realmente pasa, de lo que realmente están hechas las clases en Chile.

Y es que el llamado “genio” de estos programas de telerrealidad lo hizo de nuevo. Nos tiene hablando de situaciones ficticias debido a que logró crear estereotipos que la gente-una vez más- compró e idealizó.

La figura de un basurero que llegó a un programa de televisión es la idea perfecta para una creación de realidad que aún ve al pobre como un ser al cual hay que repartirle migajas, darle una oportunidad un ratito para que se luzca y no joda por un buen rato más.

Quienes han entrado en cólera e incluso han llegado a citar a Marx por esta situación, han sido objeto de la vieja estrategia. De la vieja historia de la caricaturización del pobre y así negarle su conciencia, su autoconcepción, su reconocimiento como clase. Y, por ende, su acción, su politización.

Despolitizar al trabajador es ponerlo al servicio del poder, y exigir que gane un concurso organizado por quienes quieren solamente sacar provecho comercial con su imagen y con la idea de que él representa algo, un cambio, una oportunidad para una clase. Es decir, una vez más se ha jugado con la ignorancia de un público televisivo que cree estar hablando grandes temas, y que no se da cuenta de que solamente está ayudando a inflar un producto como Masterchef.

La justicia social no se logra con un premio en la televisión.  El dignificar la proveniencia de una persona tampoco. Al contrario, solamente sirve para mover nuevamente todo según los cánones del discurso oficial, de lo que debe o no ser la pobreza. De lo que deben o no decir quienes son pobres.

Por lo mismo es que quienes ven el programa-y comprando a cabalidad el relato que la televisión les vende- se sienten identificados con ese hombre y con su humildad. Se sienten más progres, más humanos, cuando solamente están sirviendo a  un relato, a un invento y a la puesta en escena de una historia que se mueve según los puntos de rating y las obsesiones de su mandamás.

Insisto: la lucha de clases existe. Pero acá se trata de volverla invisible, de pasar por sobre ella con puestas en escena poco reales y ediciones que solamente vuelven más caricaturesco todo, sobre todo a ese hombre que no sabe que está siendo objeto de un cuento irreal, de comentarios poco verdaderos, de abrazos y fans que lo ven como algo que no es. Como algo que Nakasone inventó y puso al servicio de los ejecutivos de Cana 13. Repito: la lucha de clases sí existe, pero en Masterchef-como en toda la televisión-se tapa, se nubla con la caridad y la limosna televisiva.

TAGS: Clase social Televisión

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Comentarios

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04 de febrero

Estuvo cerca de convencerme, estimado, pero no hay tal lucha de clases. La lucha es de individuos, no de clases. Eventualmente se da el caso de indentidades de clase, pero es nada más transitorio y oportunista. Cuando digo que la lucha es de individuos me refiero a la muy elemental realidad de que todos desean más. Y naturalmente que más bienes materiales. La lucha es por los bienes materiales. ¿Lo primero que esto nos revela? Pues la hipocresía, la hipocresía de la gente de izquierda cuando despotrica contra el consumo. Si la lucha de clases por la riqueza es el tema que les quita el sueño, ¿por qué hablan pestes justamente contra el consumo cuando los mercados abastecen tan bien al hombre de la calle? Porque la verdad es que en ninguna parte del mundo los regímenes estatistas han sido capaces de igualar el consumo que los neoliberales son capaces de poner a disposición de su gente.

Primera refutación de la lucha de clases: El obrero empleado contra el obrero cesante. El cesante no solidariza en absoluto con el empleado, y de allí viene la razón de que ahora la nada imaginativa Bachelet pretenda prohibir la contratación de sustitutos de los huelguistas.
Segunda refutación de la lucha de clases: La ausencia de identidad de clase. Todos quieren que sus hijos vayan a la universidad y sean doctores o ingenieros, todos quieren saltar de clase. En esto de la reforma educacional y pese a las tímidas menciones, nadie toma en cuenta los institutos de formación técnica. El tema es la universidad y solo la universidad. Es obvio, de todos modos. La cuestión de ver el mundo como campo de batalla de las clases requiere que la identidad de clase sea inamovible, que la gente tenga por asumido que jamás escalará socialmente, porque de otro modo no habría necesidad de tal asociación.

Una paradoja de esta cuestión es que se ha puesto de moda atacar al neoliberalismo así, usando el término neoliberalismo, pero nadie parece recodar por qué. ¿Dónde empezó el neoliberalismo y dónde acabó el liberalismo a secas? Es importante porque nos revela que la gente de izquierda es muy poco instruida. De otro modo usaría ese evento para atacar a su rival ideológico. Pero nadie lo hace, o casi nadie. Para mí es un tema de gran interés. Al contrario de lo que se pueda pensar, no creo en el neoliberalismo, pero me refiero a lo que en Economía se entiende por neoliberalismo, y no la acepción vulgar o popular. John Maynard Keynes es uno de los hombres que marcó a fuego mi manera de ver el mundo, Keynes junto con Nietzsche, Galbraith, Kelsen y uno que otro.

Luis G.

05 de febrero

Las clases en Marx se definen de acuerdo a la propiedad de los medios de producción y no de acuerdo al “tener” más o menos cosas que usted está usando (lo cito “Y naturalmente que más bienes materiales”). Tener una 4×4 no lo hace a uno parte de la burguesía, aunque si “clase alta” dentro del paradigma capitalista que categoriza por “clases” según la renta y propiedad de bienes. Luego, tiene una mala partida con respecto a lo que es una “clase”
Las refutaciones expuestas pueden ser contraargumentadas rápidamente de un plumazo: La falta de consciencia de clase como práctica no significa la inexistencia de la consciencia de clase como posibilidad.
Experimento mental para graficar la diferencia entre inexistencia relativa e inexistencia absoluta en entidades cuyo substrato ontológico no es material sino que es la práctica consensuada: El dinero… ¿que le da valor al dinero? La PRÁCTICA consensuada de que el dinero es valioso al ser un instrumento que posibilita la conmensurabilidad de bienes entre sí inconmensurables en la práctica más rudimentaria del trueque. Supóngase un mundo donde el dinero NO existe (un mundo donde los bienes abundan a tal grado que no es necesario el intercambio) ¿eso es un contraejemplo suficiente para hablar de la inexistencia ABSOLUTA de la posibilidad de dinero? De ningún modo. El dinero seguirá existiendo como un posibilidad cuya existencia reside más allá de la práctica, a pesar de su inexistencia en el contraejemplo específico que doy. Otros ejemplos de existencias basadas (principalmente) en práctica consensuada son las instituciones, las leyes jurídicas, etc.
Con respecto al último párrafo es correcta la observación de que gran parte de la izquierda es nula con respecto a un conocimiento mínimo acerca de la evolución del liberalismo (tanto como idea filosófica, política y económica) hasta su transformación en “neoliberalismo” con la obra de Friedman como caso paradigmático. Sin embargo, esa es una falta tan grave como la de muchos simpatizantes de derecha que son incapaces de distinguir propuestas de Estado benefactor de las de Estatismo socialista y/o comunista. Ambos, a la hora del debate, son un lastre que redunda en la imposibilidad a priori de comunicación.

04 de febrero

“sobre todo a ese hombre que no sabe que está siendo objeto de un cuento irreal, de comentarios poco verdaderos, de abrazos y fans que lo ven como algo que no es”

He citado parte de su columna porque es lo que me ha llamado más la atención de ésta.

Puedo concordar que la televisión nacional crea fantasías y de vez en cuando, juega con la posibilidad de darle a una persona un empujón para que cambie -si así quiere- el rumbo de su vida.

Lo que me queda dando vueltas es su afirmación de que ese hombre -y dejémonos de eufemismos, hablamos de Ignacio Riveros- no sabe que es objeto de un cuento irreal.

Quizás la educación de Ignacio no sea tan completa como para que él pudiera ser un profesional destacado, pero de ahí a pensar que es ¿”tonto”? y que está viviendo un cuento de hadas y terminará disociado de la realidad, me parece un prejuicio en el que es fácil caer.

Tengo la certeza que no todos los comentarios que recibe son verdaderos, que probablemente los “rostros” televisivos que hoy lo abrazan y saludan nunca le hubieran dirigido la palabra de otra forma, pero también sé que nosotros, esta comunidad, tampoco entraríamos en un diálogo si no fuera porque no nos vemos directamente, no sabemos cómo olemos, cómo nos vestimos ni qué forma de hablar tenemos (o flaite o papa en la boca).

Saludos.

05 de febrero

Creo que su plumazo lo dio mal, estimado: Está confundiendo los medios con los fines. La propiedad de los bienes de capital son una garantía de mayor participación en la distribución de la riqueza. Y lo que importa es eso, la repartición la riqueza. La lucha de clases no creo que sea, como afirma, para apropiarse de por ejemplo una trilladora para guardarla en el galpón. Esa trilladora vale en tanto medio de producción, no es un objeto de colección. La 4X4 es riqueza, es el producto final, como el pan, el vestuario y demás. Ahora si quiere, hacemos un experimento: Le pasamos a los trabajadores la propiedad de todas las industrias, pero los frutos de la producción, la comida, el vestuario, las joyas, los licores, el buen calzado y las viviendas, a los ricos. a ver si esos obreros se quedan felices con sus fábricas pero muertos de hambre y desnudos. Aparte de eso, que se me hace tan elemental, falló en otras dos consideraciones con su afirmación: Mal ejemplo usó, porque esa 4X4 es un bien mixto, es de consumo y también es de capital. Ese vehículo se puede usar en producción y en el transporte. La tercera consideración ya la mencioné en otro comentario y me da flojera repetirla, pero tiene que ver con las computadoras y la obsolescencia de Marx.

05 de febrero

En Chile no hay términos medios porque en nuestro país, en Latinoamérica, incluso en las regiones que históricamente son más desarrolladas en términos capitalistas, el neoliberalismo nos condujo a una situación crítica. Quien reflexione sobre la acción política de los dominantes, de la derecha duopólica en nuestro caso puntual, solo verá falsos demócratas que se escudan detrás de una Constitución ilegal de origen. Por lo mismo es hora de que los trabajadores, los de Chile y los del mundo, nos pongamos de acuerdo; es el momento de despertar porque las medias tintas no ayudan en lo más mínimo. Las lamentaciones tampoco, no nos conducirán a nada.

¡Es la derecha duopólica la que debemos barrer! Para lograr ese objetivo los trabajadores y estudiantes debemos organizar políticamente nuestro movimiento social y popular. Este debe ser fuerte y tenaz, consciente del rol que le corresponde en la historia, clasista y revolucionario; solo así se convierte en la herramienta necesaria para derribar todas las murallas del capitalismo nacional y global. A diferencia de los ingenuos y oportunistas (de las direcciones políticas que nos hablan de conciliación de clases cuando el capital nos explota de una manera brutal) no queremos pintar los inmensos muros de concreto que levanta la patronal frente a nuestros ojos, no queremos maquillarlos con reformas que nada cambian, nosotros los revolucionarios, queremos derribarlos.

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