Oportunidad perdida: Chile no quiere regular los transgénicos
Este reglamento ha perdido la oportunidad de poder establecer mayores regulaciones a los transgénicos en Chile, los que ya han causado impactos a nuestras exportaciones de semillas y miel, y además el articulado aquí analizado dilata esta obligación diciendo que se deberán establecer otros reglamentos.

El reglamento del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental fue aprobado el 12 Agosto 2013. En relación a la regulación de los transgénicos, el Art 10r de la Ley de Bases del Medio Ambiente establece que deben someterse a Estudio de Impacto Ambiental aquellos proyectos de desarrollo, cultivo o explotación, en las áreas mineras, agrícolas, forestales e hidrobiológicas que utilicen organismos genéticamente modificados con fines de producción y en áreas no confinadas.

El reglamento podrá definir una lista de especies de organismos genéticamente modificados que, como consecuencia de su comprobado bajo riesgo ambiental, estarán excluidos de esta exigencia. El mismo reglamento establecerá el procedimiento para declarar áreas como libres de organismos genéticamente modificados.

La ley y el reglamento excluyen de Estudio de Impacto Ambiental a los OGMs sin fines de producción, esto es aquellos para pruebas de campo o para investigación. Este sin lugar a dudas seria un grave error pues se ha comprobado que éstos tienen impactos igualmente graves que aquellos bajo producción. Por ejemplo, la contaminación reciente de trigo con una variedad de trigo transgénico experimental en Oregon en EEUU en mayo de este año lo demuestra.

Asimismo, los experimentos y pruebas de campo con cultivos farmacéuticos son otro tipo de cultivo experimental que requiere de estudios de impacto ambiental.

El reglamento tampoco define una lista de especies de bajo riesgo ambiental  y en el Art 5º transitorio dice que en tanto no se dicte un reglamento sobre esto, quedan excluidas aquellos transgénicos que ya hayan sido autorizados por el SAG y que tengan informe favorable, lo que literalmente nos deja como estamos, sin un estudio serio de impacto ambiental de los transgénicos que ya han sido autorizados y que han tenido impactos demostrados al medio ambiente como la contaminación de maíz, la contaminación de la miel y de semillas exportadas a Alemania, entre otros.

El reglamento tampoco establece algún procedimiento para declarar áreas libres de transgénicos como está establecido en la Ley.

En suma, este reglamento ha perdido la oportunidad de poder establecer mayores regulaciones a los transgénicos en Chile, los que ya han causado impactos a nuestras exportaciones de semillas y miel, y además el articulado aquí analizado dilata esta obligación diciendo que se deberán establecer otros reglamentos. Resulta vergonzoso, pues no se avanza en nada con la regulación que se necesita para regular eficazmente los transgénicos.

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María Isabel Manzur