#Justicia

Un “peligro para la sociedad”: la injusticia social

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Recurrentemente, los fallos de la justicia chilena acuden a la expresión “peligro para la sociedad”, ya sea para adoptar “medidas cautelares” en contra de un procesado, como para rechazarlas en virtud de que no constituiría un tal “riesgo”.


Que los delitos de “mayor connotación” tengan como escenario los sectores más acomodados de las ciudades, y por consiguiente un mayor grado de difusión mediática, no hace sino reflejar la conflictiva coexistencia de esos “dos Chile”

En torno al complejo panorama del delito y sus consecuencias sociales se mueven intereses, se especula, se levantan comisiones y se despliegan complejas y abundantes argumentaciones.

Recientemente -hecho por todos conocido- se realizó un publicitado caceroleo en algunos barrios de Santiago para presionar por una política más activa por parte de los poderes públicos en la sanción a los delincuentes.

Comisiones designadas desde el gobierno se aprestan a proponer modificaciones de fondo a la legislación penal vigente –acusada de anacrónica e ineficaz- con el explicitado propósito de “endurecer las penas” y poner fin a la llamada “puerta giratoria”.

En el complejo sistema judicial chileno se ha instalado un debate entre un cuestionado “garantismo” y un cierto imperio puro y duro de la ley.

El sistema carcelario, pasto también de un invasivo síndrome concesionario, es igualmente objeto de estudios, críticas y propuestas. Pero éstas últimas, por razones que van desde posturas “compasivas” hasta una –por raro que parezca- consciente ceguera social, están lejos de constituir remedios a la altura de la enfermedad.

Es cierto, y sería torpe negarlo, que un clima de temor e incertidumbre, recorre calles y viviendas. Que los delitos de “mayor connotación” tengan como escenario los sectores más acomodados de las ciudades, y por consiguiente un mayor grado de difusión mediática, no hace sino reflejar la conflictiva coexistencia de esos “dos Chile” de que dan cuenta tanto las cifras de ingreso familiar y personal como sus contrastados “equipamientos” urbanos.

Digamos las cosas por su nombre: lo que hay que combatir, porque está en la base de las más crueles “lacras sociales” pero, sobre todo, por constituir un baldón para cualquiera sociedad que se postule como “civilizada”, no es sino la injusticia social. Y allí sí que no habrá consenso.

Cada cierto tiempo, es forzoso reconocerlo, surgen voces críticas del estado de cosas imperante en nuestro país.

La pregunta pertinente, urgente, es definir el espacio en donde “el problema” pueda encontrar una vía de solución: ¿son los tribunales?, ¿serán las cárceles? ¿o habrá, más bien, que llevar a la sociedad –al “modelo”- al banquillo de los acusados?

En tanto no haya una decisión para enfrentar el problema en toda su complejidad y buscar sin prejuicios sus causas profundas, todo el debate no será sino una continuidad de lugares comunes, cargos y descargos, postergaciones y lavadas de manos.

La sociedad chilena debe mirarse al espejo, sin trabas y sin excusas. Tarea difícil cuando los intereses creados disfrutan de todos los privilegios de su dominio sobre los medios de comunicación y el poder corruptor de su riqueza sin límites.

Algo se ha avanzado con los casos de Penta, Soquimich, aunque hay que estar atentos a su desenlace. Y siguen abiertas las heridas: los coludidos en el caso “Farmacias” no recibieron otra condena más que un ridículo cursillo de “ética empresarial”. ¿Es que tras el delito no hay culpables; es que no hubo “agentes” de la colusión?

Amparado en facultades de las que nadie debiera estar investido, un alto funcionario del Servicio de Impuestos Internos “perdona” una deuda que sobrepasa los 180 millones ¡de dólares!

Para terminar, y parafraseando a Neruda, bien podríamos predicar “Venid a ver la injusticia por las calles…”.

TAGS: Justicia Justicia Social Seguridad

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09 de julio

DEJEN DE JUSTIFICAR A LOS DELINCUENTES.

Cuatro tipejos dedicados a asaltar a personas que caminan en Providencia no es reflejo de “injusticia social” o “de los dos Chiles”. Simplemente refleja que son unos tipejos flojos, que nos ven a los demas como mierda, que nos matarian por un celular que nos roban para comprar marihuana, pasta base o cualquier otra droga. O para pagar entradas a partidos de futbol.

¿Enfrentar el problema? Vale, hagamoslo: si robas pudrete en la carcel. Nada de llantitos de “si yo no queria hacerlo” o “perdon” o esa porqueria que hemos visto durante años que hacen los delincuentes.

El que comete un delito debe ser totalmente separado de la sociedad, porque es un antisocial. No quiere aceptar las reglas, rechaza hacerlo, y las viola. No nos respeta, no le importamos, solo quiere nuestras cosas.

¿Cree que es gracioso que una persona haya sido asaltada cuatro veces por el mismo tipejo? EL mismo tipejo, cuatro veces, ha violado su casa, su seguridad, y la ha puesto en riesgo, a esa persona y a su familia. Han golpeado y asesinado a personas frente a sus familias por ¿que? ¿un computador, una tv? y luego viene gente como ud, a hablar de resentimiento social y que por que con los otros delincuentes no pasa lo mismo. Obvio que tenemos un problema, por culpa de personas como ud, que se pone en plan “empatico” con los delincuentes, cuando aqui los que importan son las victimas.

Victimas, piense en las victimas. Piense como nos sentimos cuando alguien nos quita algo tirandonos al suelo, a punta de pistola. ¿Por que esas personas tienen que ademas ser responsables de que un tipejo haya decidido (DE-CI-DI-DO) hacerle eso?

Mariela Gigliola

10 de mayo

Excente los felicito.
Atte. Mariela Gigliola M.

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