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No más “Avenida 11 de septiembre”

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Lo que anima la iniciativa para desmonumentar el golpe es un asunto fundamentalmente ético. Queremos defender el derecho a un entendimiento racional y permanente de nuestras diferencias en un contexto de proscripción de la violencia política. Celebrar el golpe de Estado y homenajearlo constituye la declarada voluntad (de un sector minoritario) de mantener como una opción válida el recurso a la fuerza, declarar que bajo ciertas circunstancias es admisible destruir al adversario y comportarse como salvajes.

El jueves 5 de abril del año 2012, una dirigente vecinal de providencia y un historiador presentaron en la oficina de partes de la Municipalidad de Providencia un documento donde se le pedía al alcalde que cambiara el nombre a una avenida de la comuna. Este hecho no debería destacar por sobre las tantas solicitudes que llegan diariamente a un municipio grande, de esos que recaudan abundantes recursos y que están integrados a lo que se conoce como el gran Santiago. Sin embargo, la petición era un tanto especial, por el contenido y porque el receptor del documento era un alcalde que había servido como guardaespaldas de Augusto Pinochet, en los tiempos en que ni una hoja se movía sin su conocimiento, según el propio decir del dictador.

Josefa Errázuriz, por una parte, y Francisco Estévez, por la otra, iniciaron este proceso denominado “A desmonumentar el Golpe”. Tomando la experiencia de los grupos demócratas españoles, Estévez, inició una investigación para descubrir todos aquellos monumentos y homenajes que el régimen militar chileno se erigió a sí mismo, a través de sus colaboradores. La investigación dio sus resultados. Estatuas con la efigie de los miembros de la junta militar, salas de honor instaladas en las escuelas de oficiales de las fuerzas armadas, todas obras financiadas con cargo al erario público, y, la más ominosa de todas, un decreto alcaldicio que con el objeto de conmemorar los hechos del 11 de septiembre del año 73, denomina la avenida principal de la comuna de providencia, con la fecha del golpe de Estado.

Muchas razones e hipótesis se han especulado para intentar descubrir el o los promotores de la iniciativa. Algunos ven el origen en la propia junta militar, otros en altos funcionarios del gobierno. Sin embargo, las razones, como casi todo, parecen estar en una historia trivial y cotidiana. El alcalde Alfredo Alcaíno, designado por Pinochet para administrar la joven comuna de Providencia, queriendo congraciarse con el régimen, decidió poner a la avenida principal de la comuna la fecha del golpe de Estado, como un homenaje permanente que proyectara dicha intervención en la memoria histórica.

A través del decreto alcaldicio Nº 500 se borró la que había sido conocida por sus vecinos como “Avenida Nueva Providencia” y se la reemplazó por su nueva denominación, la de “Avenida 11 de Septiembre”. No fue preciso investigar, ni deducir, ni especular acerca de las razones que motivaron este cambio. Sus autores, corriendo el mes de septiembre del año 1980 actuaron como si el mundo se fuera a detener para siempre en aquella época donde el poder absoluto, concentrado en las manos del supremo protector, no rendía cuentas de ninguna clase o estaba sujeta a alguna regla moral o jurídica. En la época donde en Chile no existían reglas ni ataduras, el decreto alcaldicio fundamenta la modificación señalando “que la gesta del día 11 de septiembre de 1973, que libró al país de la opresión marxista, debe ser recordada por las generaciones presentes y futuras, en una obra de gran importancia urbanística”.

El nombre de la avenida 11 de septiembre, está íntimamente ligada a los hechos ocurridos el 11 de septiembre de 1973 en Chile. Para bien o para mal, para los autores o para las víctimas del golpe de Estado ocurrido ese día en nuestro país, la fecha está cargada de significado. Y cómo no estarlo, si ese día se perdía abruptamente una larga tradición democrática, a veces sostenida y recreada contrafácticamente, pero una tradición al fin y al cabo. Ese tuvieron lugar diferentes acontecimientos históricos relacionados entre sí: la sublevación militar, el bombardeo al palacio de La Moneda, la clausura del congreso, el cierre de los medios de comunicación, la defensa frustrada del orden constitucional vigente, el suicidio del primer mandatario; la prisión, tortura y muerte de muchos de sus seguidores; la instalación de un gobierno de facto y el festejo de sus adeptos; así como la protesta de la comunidad internacional contra los abusos observados desde el exterior. Independiente de la posición frente a estos hechos, nadie podría desconocer que la fecha está cargada de significado y de historia.

La dictadura duró muchos años, demasiados, quizás, pero tuvo su fin. La democracia fue recuperada demasiado débil, demasiado frágil, se dijo, como para intentar ajustes que fueran más allá de sus escasas fuerzas. Pero de eso también ha pasado tiempo, 22 años, para ser precisos.

Quienes colaboraron y erigieron los monumentos para recordar el golpe de Estado, gobernaron sin contrapesos, pero se equivocaron en dos cosas. La primera, en creer que la impunidad que otorgaba el régimen duraría para siempre. La historia pide cuentas, más tarde o más temprano. El fundamento que se usó para dar nombre a la avenida 11 de septiembre, el que elogiaba el golpe contra los opositores políticos, deberá ser contrastado esta semana ante un tribunal de la república, bajo los principios democráticos de libertad política y dignidad humana.

El segundo error fue creer que los demócratas no harían algo al respecto, con las herramientas que hoy reconoce el Estado de derecho, que son las primeras que desaparecen en un golpe de Estado. Esta semana la ciudadanía pedirá a los jueces de la república que ordenen reemplazar el acto administrativo que da el nombre a la avenida 11 de septiembre, por contener una arenga y un homenaje que celebra la caída de la democracia con abierta exclusión a un grupo político determinado. En buenas cuentas, lo que haremos será mirar el pasado dictatorial con la luz de nuestro sistema democrático de garantías constitucionales.

Lo que anima la iniciativa para desmonumentar el golpe es un asunto fundamentalmente ético. Queremos defender el derecho a un entendimiento racional y permanente de nuestras diferencias en un contexto de proscripción de la violencia política. Celebrar el golpe de Estado y homenajearlo constituye la declarada voluntad (de un sector minoritario) de mantener como una opción válida el recurso a la fuerza, declarar que bajo ciertas circunstancias es admisible destruir al adversario y comportarse como salvajes. Finalmente, esta iniciativa no es más que la democracia exigiendo garantías para su propia existencia y reafirmando la vigencia de los derechos humanos frente a la barbarie.

¿Esta iniciativa implica tratar de borrar la historia o de acallar a un sector de la sociedad que fue partidario y se benefició con el golpe? Por ningún motivo. De lo que se trata es de re significar esos hechos pero desde la perspectiva de las víctimas y de establecer el principio de que ningún grupo o sector de la sociedad puede arrogarse el uso de la fuerza para destruir nuevamente el régimen democrático de garantías.

La justicia parece ser sólo cuestión de tiempo.

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Comentarios

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Alberto Perez

04 de diciembre

Informe del Comité Central al Pleno de Algarrobo(1972)
Escrito por Partido Socialista de Chile

“…el Estado burgués en Chile no sirve para construir el socialismo, y es necesaria su destrucción. Para construir el socialismo los trabajadores chilenos deben ejercer su dominación política sobre la burguesía, deben conquistar todo el poder y arrancarle gradualmente todo el capital. Es lo que se llama dictadura del proletariado.”

“Para nosotros, socialistas, cada pequeño triunfo eleva el nivel del próximo choque, hasta que lleguemos al momento inevitable de definir quién se queda con el poder en Chile, al momento de dilucidar violentamente entre el poder de las masas y el de las fuerzas reaccionarias internas, apoyadas por el imperialismo yanqui.
Lo esencial de la función del Gobierno Popular en esta etapa no es prepararse para dirigir un estado proletario sino: a) fortalecer al pueblo para que tome el poder, a través de la lucha en todos los frentes (gubernamental, sindical, parlamentario, ideológico y armado), b) debilitar las bases económicas, institucionales e ideológicas de la burguesía, y c) establecer las primeras bases para el desarrollo socialista de la sociedad. De la vanguardia depende que las tareas enunciadas le den al proceso un carácter irreversible.”

“Para los revolucionarios la solución no está en esconder o negar el objetivo de la toma del poder y del socialismo, sino en educar y preparar a las masas para lograrlo; si la revolución implica un tránsito violento en cualquier etapa, lo correcto no es negar la revolución a nombre del “menor costo” sino enfrentar la violencia organizadamente, que es la única forma de que el pueblo sufra menos y que el costo social sea menor.”

En vista de los párrafos citados arriba, creo que el nombre de la calle está bien puesto, y debiera seguir recordándonos qué nos llevó a tan lamentable desenlace.

Saludos

04 de diciembre

¿que nos recuerde que? ¿que para “salvarnos” del comunismo los militares chilenos torturaron y mataron a compatriotas, entre ellos muchos ancianos, mujeres, niños, campesinos y estudiantes que no comulgaban con las ideas que ud menciona?

Uno puede ser critico con respecto a todo el periodo previo al 11 de septiembre de 1973, pero el 11 y todo lo que paso despues no tiene justificacion. Nada, absolutamente nada de lo que ocurria antes puede servir como excusa para todo lo que padecieron tantas y tantas personas, tantas familias en Chile. Nada justifica que recordemos con una calle lo que ha sido la etapa mas triste y dramatica de la historia chilena, salvo para recordarnos que nunca debemos permitir que los politicos vuelvan a usar a los militares contra los chilenos.

jose-luis-silva

19 de junio

Me parece Alberto que aún usted es algo condescendiente. Esto fué mucho peór. Le suguiero que lea la resolución que el Pardido Socialista firmó con algarabía y por unanimidad en su congreso de Chillán en 1967, cuando la lucha armada dejó deser una opción y pasó a ser la única opción. Allende, el principal firmante y promotor, debia ser elegido presidente o habria guerra civil, ese es el “camino electoral” con que se vanaglorian. Desde ese momento gran parte de la ciudadania pidió a los militares. Obviemento como no llegaron los militares Allende hubiese sido elegido aúnque sacara el 10% de los votos. “o votan po rmi o los mato” esa es la “via electoral” ese es el simbolo que adoran y esa es la parte de la historia que les incomoda hablar.

Claudio Rodolfo Rammsy García

05 de diciembre

Excelente artículo. Felicitaciones por los antecedentes y por destacar una iniciativa modesta pero muy significativa. Sobre todo hoy para la Nueva Providencia que está naciendo a partir de mañana.

Enrique Norambuena

05 de diciembre

LA LUCHA CONTINÚA, CON MAYOR RAZÓN DESPUÉS DEL 6 DE DICIEMBRE DE 2012, CUANDO ASUME UNA GRAN MUJER CHILENA LA CONDUCCIÓN DEL MUNICIPIO DE PROVIDENCIA, JOSEFA ERRÁZURIZ, QUE LE GANÓ LA ELECCIÓN AL CORONEL DE LA DINA EL 28 DE OCTUBRE: LA REVOLUCIÓN DE LOS DERECHOS COMIENZA POR FIN.

jose-luis-silva

19 de junio

Llegan a ser cómicos lo chiquillos. Yo no tengo problemas que en todas las comunas haya una calle con el nombre del borrachito marxista que tomó la moneda del 70 al 73. Pero el mundo que pregona la “tolerancia” no soporta que haya una sola calle con el nombre de una fecha que representa para millones de chilenos la segunda independencia.

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