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Huelgas de hambre y dilemas éticos

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¿Cuándo es legítima y cuándo no una huelga de hambre? Muchos dirán en tal o cual caso. Pero si defendemos principios universales para todos los seres humanos, el panorama se vuelve complejo, si somos honestos.
 
Hace algún tiempo atrás, en Cuba había una huelga de hambre. Para los defensores del régimen, esa acción era ilegítima y sólo correspondía a una triquiñuela barata de un “delincuente común” en contra del modelo cubano. Para los opositores a Castro, la huelga era legítima en cuanto representaba un justo reclamo por la libertad política en la isla.
 
Tiempo después, en Chile, comuneros mapuches también llevan a cabo una huelga de hambre. Algunos, que quizás consideraron una simple triquiñuela la huelga en Cuba, ahora consideran legítima la acción de los comuneros, pues ven que ésta representa una posición contra el modelo chileno. Por otro lado, otros que apoyaban la huelga en Cuba, rechazan la huelga mapuche, pues consideran ilegítimo tal acto en Chile.
 
¿En qué se basan unos y otros para establecer tales distinciones en torno a un mismo acto?
 
El argumento más básico y menos notorio de todos, se hace en base al ethos que representan los sujetos en huelga. Es decir, para unos y otros, la huelga es válida sólo si la hacen personas afines a sus ideas y sobre todo si tal acto se muestra en contra de las autoridades del Estado o régimen opositor.
 
Otros, elaboran un poco más y argumentan en base al el tipo de régimen donde se desarrolla la huelga. Es decir, si se hace en una dictadura sería más legítima que en una democracia. Eso marcaría la diferencia. Aún así, el ethos que representa el huelguista sigue siendo la base del argumento.
 
De ambas explicaciones -y en base a si se está a favor o no de la huelga en cierto contexto- surge otro argumento nuevo que tiene relación con el cómo debería actuar el Estado en cuestión. Es decir, lo que deberían hacer los gobernantes o el Estado con “sus huelguistas”, según sea el caso. Y otra vez hay ambigüedades.
 
Los que están a favor del Estado o régimen –según sea el caso- consideran que éste no debe dejarse chantajear por el huelguista, y por tanto, no está obligado a responder a sus demandas. Si muere, no es culpa del régimen, sino del propio huelguista.
 
Para los que están en contra del Estado o régimen –según sea el caso- consideran que si el Estado y los gobernantes dejan morir al huelguista, demuestran su autoritarismo, su falta de humanidad y poco compromiso con la vida, cometiendo un acto inhumano y criminal por omisión.
 
Surge la pregunta: ¿Tiene responsabilidad Chávez en la muerte de un huelguista de hambre opositor en Venezuela? ¿Y Piñera, si muere uno de los comuneros? ¿Sí o no? y ¿Por  qué?
 
Entonces, ¿cuándo es legítima y cuándo no una huelga de hambre? Muchos dirán en tal o cual caso. Pero si defendemos principios universales para todos los seres humanos, el panorama se vuelve complejo, si somos honestos.
 
En todos los casos, y sean cuales sean las explicaciones, no se aplica un criterio universal sobre los individuos, sino que depende del ethos que representan éstos.
 
Lo anterior nos genera un dilema ético profundo, puesto que la dignidad del individuo –ya no hablamos ni siquiera de otros beneficios legales- dependería de la valoración que hacen algunos del régimen político donde el sujeto está inserto.
 
Pero entonces, ¿la valoración de la vida –puede ser la nuestra incluso- depende del régimen o las ideas que defendemos, y de las que tienen los que tienen el poder? ¿Ya no seríamos fines en sí mismos? ¿Y quién y con qué derecho puede discernir eso?
 
El panorama se vuelve más complejo si los huelguistas provienen de ambos lados del espectro político en una democracia.
 
¿A quiénes debe salvar el Estado y a cuáles no? ¿Con qué derecho puede discernir eso? 
 
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Comentarios

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15 de septiembre

Tal vez se me permita, desde la perspectiva de un ciudadano, agregar un elemento que puede ayudar a una mejor comprension, ya que el dilema etico planteado esta condicionado por elementos tales como un regimen o la vision personal. Yo agregaria, para mi entendimiento, unas afirmaciones, que podamos todos entenderlas y aplicarlas como universales, como en las antiguas democracias griegas, y que fueron pensadas y construidas sobre bases simples:
– ¿ Cuanto vale una vida humana ? La respuesta es que tiene valor, mucho valor, porque es un ser humano, con derecho a respeto y dignidad.
– ¿ Tiene derecho una persona a atentar contra su vida ? El principio basico seria que no, porque estaria atentando contra el valor supremo de su propia vida.
– ¿ Tiene derecho un estado a dejar morir un individuo ? Mi respuesta es no, definitivamente no, porque yo ( y los ciudadanos) hemos ayudado a construir ese estado, y el estado debe legislar para defendernos y cuidar la vida en todos sus aspectos.
– ¿ Puede alguien presionar al estado o la institucionalidad con una huelga de hambre ? Aqui esta el dilema etico, segun mi modo de ver. Un pensador distinguido nos ha enseñado que el ciudadano tiene derecho a atentar contra el estado o utilizar la fuerza contra un gobierno cuando el estado usa leyes ilegitimas y cuando oprime al pueblo con violencia, es decir no “hace justicia”. Aqui, para el estado seria facil discernir: No importa de que color politico, ni del lado en que se este. Hay una ley inaplicable hoy en dia, porque esa ley fue hecha con otros fines. Los delitos, si los hay, deben ser entregados a la ley civil. Lo etico es saber en conciencia el valor que tiene la vida, la mia y la de los demas, y sabiendo el alto valor que tiene la vida, entregarla no solo en beneficio propio, sino es de los demas ciudadanos.
Si voy a ofrendar mi vida para un provecho egoista, ese acto no tiene validez etica. Si es para salvar a muchos, si la tiene, porque le da un valor supremo a la vida de los demas

15 de septiembre

Estimado Alfredo: el dilema ético que planteo parte de la base de que la vida tiene un valor esencial. Por lo mismo, siguiendo el planteamiento kantiano digo que el ser humano y por ende su vida son fines en sí mismos.

A partir de ello, cuestiono las lecturas diversas que hacen las personas -no los huelguistas- en cuanto a una misma acción, según el contexto al que se oponen los activistas. El dilema ético que abordo no es el de los huelguistas en este caso, sino de quienes tienen el poder para negociar con ellos o quienes juzgan la acción.

Aún así, en ningún caso digo que el Estado haga tal o cual cosa.

No obstante, lo que veo en tu argumento es una justificación a las huelgas (que sería otro dilema ético desde el punto de vista de quien deja de comer a costa de su vida), pero que tiene un vacío grave y reitera la subjetividad ética que cuestiono.

Cuando dices: “Si voy a ofrendar mi vida para un provecho egoista, ese acto no tiene validez etica. Si es para salvar a muchos, si la tiene, porque le da un valor supremo a la vida de los demás”…

La pregunta sigue siendo ¿Quién determina que ofrendar mi vida es por muchos y por ende valioso acto, o por el contrario algo egoísta y detestable?

15 de septiembre

Estimado Jorge:
No estoy muy seguro de que el siguiente argumento sirva realmente para aclarar este interesante tema: He leido que en el Japon antiguo, bajo las leyes del bushido, el honor y la vida de las personas podia salvarse gracias al suicidio voluntario, o a la decision de un Señor que le obligaba a hacerlo para salvar el honor suyo y de la comunidad. Acepto las criticas a tal argumento, pero me sirve para pensar que la decision sobre la vida sigue estando en la propia persona, que voluntariamente toma la decision sobre sus actos. ( ej.: el bombero que para salvar una vida arriesga la suya, o el padre o madre que arriesga la suya por un hijo en peligro).
Analogamente, esta el ejemplo de quien (independiente de su pensamiento) ofrenda su vida en un atentado suicida en el que se pierdan vidas.
Sigo pensando, y concuerdo contigo, que todo debe resolverse a partir de la valoracion que tengo sobre mi vida, y por el respeto que tengo por la ajena. Tal vez el problema etico se plantea a partir de la diversidad de opiniones sobre ello: seria mas simple que todos los seres humanos tuviesen una misma opinion. Yo seria feliz que en ese dilema todos valorasemos la vida como algo intransable.
Finalmente, afirmo que mi deseo es no polemizar en los planteamientos. Es un punto de vista que tiene como base un respeto profundo por el tuyo.
Te saludo.

16 de septiembre

Estimado Alfredo:

Concuerdo contigo en que la decisión sobre la propia vida es una decisión individual, y por tanto si un padre decide dar su vida para salvar un hijo, o un bombero arriesga la propia para salvar a un desconocido, es su decisión y por tanto respetable.

Esos actos respetan el principio de que nadie puede obligarme a sacrificar mi vida en nombre de otros, menos por el honor o lo que sea.

No obstante, tu ejemplo del Señor que obliga a otro a morir para salvar el honor suyo y de la comunidad; y el del atentado suicida, contravienen ese principio.

Quien obliga a otro a morir, es un agresor, un invasor y un asesino. Sea directa o indirectamente.

Por eso, el atentado suicida no es un acto legítimo y ético, pues con ese acto el suicida esta decidiendo directamente sobre la vida de otros, incluso inocentes. Está dándole más valor a su causa que a la vida de quienes sufren su atentado.

Y bueno, la idea sería que la agresión no existiera, pero ese es un largo camino por recorrer. Agradezco el intercambio de opiniones respetuosas, porque esa no sólo es la base de la tolerancia sino también de una sociedad pacífica.

Saludos

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