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Dworkin y la igualdad

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Para Dworkin, una comunidad política, para ser legítima, debe tratar a todos sus miembros como iguales, y esto debe proyectarlo tanto en el diseño de prácticas e instituciones económicas, como en sus concepciones de libertad, comunidad y democracia política. Esto requiere una teoría de la justicia redistributiva que corrija las condiciones del mercado o los resultados de la historia.

El filósofo alemán Jürgen Habermas dijo de él en un homenaje, una laudatio en 2006: “Dworkin es un solitario en el círculo de los juristas, como en el de los filósofos”. Agregaba que le sorprendió en 1983, al conocerlo, que se atreviera a defender la desobediencia civil y que, de ser menos brillante, disidente y genial, quizás habría terminado en la Corte Suprema de EE.UU.

Hace una semana, el filósofo norteamericano Ronald Dworkin (1931-2013) falleció en Londres, y en todo el mundo se le ha recordado como uno de los más grandes contribuyentes a la teoría del derecho y la ética. Sin embargo, en nuestro país, las escasas semblanzas que se han publicado omiten esa última área de influencia, la teoría moral, donde Dworkin ha realizado uno de sus mayores aportes.

En efecto, Dworkin ha sido recordado por sus tesis en la teoría del derecho, donde formuló una visión del ordenamiento legal – el derecho como integridad – que rescataba sus contenidos morales, frente al convencionalismo del positivismo jurídico y el realismo legal de los escépticos. Defendió la existencia de principios morales en el derecho, y criticó con esa base la discrecionalidad de los jueces, abogando por un poder judicial respetuoso de los derechos morales – derechos en sentido fuerte – de las personas.

Estos aspectos son bien conocidos en las escuelas de derecho de nuestro país, o al menos deberían serlo en cualquier academia legal que se precie.

En estos momentos de la vida política de Chile, creemos que conviene tener presente su otro gran alegato moral en favor de la igualdad.

Ronald Dworkin fue un liberal igualitarista, que defendía la tradición en que se inscribía el New Dealy las políticas keynesianas. El conflicto entre libertad e igualdad que subyace a las políticas neoliberales, cuando abogan por privatizar los servicios públicos como el agua y la educación, o por rebajar los impuestos, para Dworkin absolutiza en abstracto momentos de ambos valores, oscureciendo su íntima vinculación, donde la libertad es una condición de la igualdad básica de las personas. Su noción de igualdad liberal difiere en ese aspecto del liberalismo que es corriente en Chile, así como fustiga la renuncia de la centro-izquierda respecto del principio de igualdad. Es así como comenzaba el libro “Virtud Soberana” diciendo: “Pero ahora los políticos que se definen de centroizquierda rechazan la idea misma de igualdad.  Aseguran que representan un nuevo liberalismo o una tercera vía de gobierno… y también rechazan lo que llaman el obstinado supuesto de la vieja izquierda de que los ciudadanos deberían compartir equitativamente la riqueza de sus naciones” (pág. 11).

Para la concepción liberal de la igualdad, una comunidad política, para ser legítima, debe tratar a todos sus miembros como iguales, y esto debe proyectarlo tanto en el diseño de prácticas e instituciones económicas, como en sus concepciones de libertad, comunidad y democracia política. Esto requiere una teoría de la justicia redistributiva que corrija las condiciones del mercado o los resultados de la historia.

Dicha teoría distributiva Dworkin la concibió como igualdad de recursos que las personas poseen para perseguir sus intereses y satisfacer sus necesidades. Para tales efectos, la sociedad debería evitar que las personas sean desfavorecidas solamente debido a su dotación natural o porque son perjudicadas por la suerte. De allí que los resultados del mercado deben ser corregidos para contrarrestar los efectos de la suerte o de la dotación natural.

En esta distribución, la libertad consiste en una condición fundamental para hacer repartos que consideren los verdaderos costes de oportunidad de las asignaciones para cada persona y no un mero recurso a repartir. En una sociedad igualitaria en los recursos, la gente es libre para decidir cómo usará su porción de recursos para alcanzar mayor bienestar o una vida mejor, de acuerdo a sus propios juicios, ya que las personas son siempre responsables de sus propias elecciones.

Sea en la forma de impuestos o de sistemas públicos de educación, previsión o salud, entre otros, en este esquema la comunidad política debe diseñar sistemas de redistribución que generen iguales porciones iniciales de recursos para que los sujetos realicen sus vidas, y para inmunizarlos frente a las desigualdades creadas por los eventos de la fortuna.

Finalmente, Dworkin defendió en variadas ocasiones la legitimidad de los mecanismos de discriminación inversa o acción afirmativa, en cuanto formas eficaces de redistribución de recursos para grupos desventajados. En Chile esos mecanismos han sido reivindicados tanto en políticas destinadas hacia las mujeres como en exigencias de reconocimiento de derechos colectivos para los pueblos indígenas, siendo fuertemente resistidos por los defensores nacionales del liberalismo.

Nada más lejano al fundamentalismo de mercado o a las renuncias de nuestras izquierdas que el civilizado liberalismo igualitario de Ronald Dworkin, quien sin duda seguirá siendo una referencia en el pensamiento político y moral, así como en el derecho.

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Fuente de fotografía

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Comentarios

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22 de febrero

Brillante. Gran pérdida la de Dworkin. Felicitaciones.

25 de febrero

El conflicto entre libertad e igualdad subyace en la mayor parte de las doctrinas políticas. En prácticamente todas se sacrifica una para favorecer a la otra.

El planteamiento de Dorwkin –muy similar al de Rawls- parece ser posible sólo en una situación social estática.

En la realidad, suponiendo que en un punto dado del tiempo se alcanza la igualdad de recursos inicial (destinada a perseguir intereses y satisfacer necesidades de todos), es probable que ésta situación varíe en el tiempo, en base a las decisiones –correctas e incorrectas- que las personas toman diariamente con respecto a sus recursos.

Ni la sociedad mejor planificada podría evitar que la igualdad inicial alcanzada, cambie generando diferencias debido a la suerte o la dotación natural. Y eso se debe a que las personas usarán de forma distinta su porción asignada de recursos. El mejor ejemplo de aquello es lo que ocurre en una familia, donde hermanos con acceso a recursos similares, tienen resultados posteriores diametralmente distintos.

El punto es dónde se establece aquella igualdad inicial, y en eso concuerdo, es necesario un debate a nivel moral y ético.

Saludos y paz

05 de agosto

Buenísima contribución a la difusión de una figura injustamente poco conocida en nuestro país.
Como bien sabemos, esto último no es casual, y he ahí el mayor realce que toma tu columna., bastante bien escrita por lo demás.
1 abz desde Arica, Salvador
🙂
G

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