#Justicia

Carta abierta a Pinochet, a 5 años de su muerte

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Para el Tirano 
Augusto José Ramón Pinochet Ugarte. 
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Hey, dictador: Ni perdón ni olvido, porque aquel lejano martes 11 de septiembre de 1973, de tardío otoño aún pervive en la memoria, en la piel y en las miradas de un pueblo que no se merecía tanto dolor. Es que nadie puede ni debe olvidar el cántico desesperado de los desaparecidos, arrimados, quien sabe, a la sombra de un tamarugo bregando por un rayo de sol. Y los militares saben donde están, conocen sus nombres y sus últimos suspiros. Ellos saben donde están, los generales saben, los almirantes saben. Tú, Augusto, los supiste siempre, por ello es que no nos compadecemos, ni nos conmiseramos, ni nos acongojamos con tu muerte. Lo único que nos duele es que, tú, dictador, no hayas pasado ni un solo minuto en la cárcel y que se haya recurrido a todo tipo de subterfugios para eludir a la justicia. Justicia leve y tenue por lo demás, difuminándose en recursos de amparo, apelaciones y llantos de cobardía que no trepidaste en matar y torturar, pero que a la hora de enfrentar la tibia y clemente justicia chilena, clamaste impunidad y locura para refugiarte en la tranquilidad de tu hogar.
 
Pero tú desde el infierno sabes, de hecho siempre supiste, todo lo que acontecía en este país, pues dabas las órdenes precisas para detener, torturar y asesinar. Tú dictador, dictaste. Y por eso te celebraron los empresarios que se solazaron en la compra de un Chile barato y a precio de costo. Y por eso te amaron los latifundistas que recuperaron a sangre y fuego la tierra entregada a campesinos y mapuches a través de la reforma agraria. Y por eso te veneraron los banqueros que vendieron el país para que después la dictadura los premiaras con el dinero de todos los chilenos. Y por eso la derecha te saludó incondicionalmente en tus días de oscura gloria. Más cuando se acabó la gloria, cuando lentamente se fue imponiendo la verdad de violaciones a los derechos humanos, todos te volvieron la espalda y tú, dictador, te fuiste quedando solo en el marasmo de tu senilidad. Sin embargo, seguiste engañando, mintiendo, traicionando, como lo hiciste desde siempre, pues no estabas tan senil después de todo. Y no estabas tan solo, después de todo, porque cada vez que enfrentas algún desafuero, algún juicio o algún supuesto problema de salud, asomaban los fascistas adláteres pinochetistas elogiando tu obra. 
 
Piñera está detrás de toda esa gente, pinochetistas recalcitrantes que hoy en día nos hablan del crecimiento económico, de la modernización del país, de la inserción en el mercado mundial, de los tratados de libre comercio, de los indicadores macroeconómicos. Y desaparecen una vez más los desaparecidos, los asesinados, los torturados, los presos, entre los intersticios de un mercado omnipresente que horada el alma de un país herido. Como fue herido el 11 de septiembre de 1973 y todos los días y todas las noches posteriores por la dictadura tuya, dictador, que sabías, que siempre supiste y que hoy, desde el infierno, de seguro sigues negando reconocer tu responsabilidad personal y política del terrorismo de Estado verificado en Chile por más de tres décadas. Pero no importa cuántas veces lo niegues, no importa que mueras una y mil veces, el pueblo sabe, el mundo sabe de tu cobardía y de la de todos aquellos que te han protegido ayer y hoy.
 
Quizá en los últimos estertores de tu infame existencia auto centrada, pensaste en el perdón. No en el perdón que jamás nació de ti, sino en el que, de tanto en tanto, se nos solicita que te otorguemos. Y a no dudar, ahora que has muerto, ante nuestros ojos se abrirá una gran escena del perdón de muchos de tus compinches, una enorme teatralización del arrepentimiento. Cuánto de ello será auténtico y no un simulacro calculado, un ritual automático o una caricatura, el país sabrá sopesarlo. Pero los crímenes contra la humanidad son imperdonables, pues abusaste de tu propia humanidad matando lo más sagrado de lo viviente, lo divino en el hombre, asesinando a todo un pueblo inocente. No habrá ecología de la memoria alguna, ni escena de redención, reconciliación o esfuerzos de normalización del país que puedan provocar tu salvación o absolución. A pesar de tu propia amnistía ya estás condenado por siempre al castigo mayor al que jamás un ser humano podrá ser sometido tras de ti: ser Augusto Pinochet. 
 
Ya lo sabes, dictador, a 5 años de tu muerte, sigue disfrutando del infierno, hasta la eternidad.
 
Felipe Henríquez Ordenes (En Twitter: @PipeHenriquezO)
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11 de diciembre

Me gustaría recordarte que el susodicho en cuestión, Felipe, tuvo un leve inconveniente, consistente en su deceso y no podrá acudir a la lectura de tu carta… Supongo que en su vida acumuló suficiente dolor para que la propia consciencia lo castigase con falta de paz, por si eso te da algo de extraña tranquilidad…

A pesar de esto, me parece que tú debes encontrar tu propia versión de la paz ya que si aplicas “ni perdón ni olvido” seguramente tu tranquilidad interior debe estar algo turbulenta.
Yo creo que a las personas le suceden cosas por las que no siempre pueden esperar justicia o resarcimiento, siendo algunas incluso producto de la casualidad o de la fuerza mayor que en algunos casos nos supera. Por ejemplo, no nos podemos quejar contra el árbol porque de sus ramas nos cayó una manzana en la cabeza… Así, aparentemente, pasó todo un sistema sobre la vida de muchas personas oprimiendo aquí o allá sin que ellas lo pudieran impedir ni detener, tal como si un alud de lodo los aplastase…

Comprendo que esa simple observación no dé tranquilidad a nadie, sobre todo si tuvo una amarga e inolvidable experiencia producto de los eventos asociados al golpe militar y a la dictadura, sin embargo, sí es cuestionable la falta de perdón del conocido eslogan que has utilizado… De hecho, es hasta curioso la forma en la que lo abordas, porque, si crees que el susodicho está o estará en el infierno y si a ello le sumas “ni perdón ni olvido”, creo que la misma teoría por la que piensas que hay condena para Pinochet, de cierta forma te condena a ti mismo, especialmente si aceptamos que muy pocos son los que salvan del citado infierno, según la teoría que lo dio a conocer…

Es obvio que debes ser alguna clase de católico de ésos que muy poca cosa entienden y por ello tropiezan a poco hablar o escribir producto de su falta de conocimiento…

De hecho, para mí, si hubiera sido un agraviado por el golpe militar o los sucesos posteriores, y si pudiendo haber hecho incluso justicia por mis propias manos, si no la hubiera hecho, me sentiría feliz, porque no manché la paz de mi consciencia tomando venganza, ya que el Señor, esto es Dios, al mismo que imagino que le asocias el cielo y el infierno, dijo:

Mía es la venganza… Yo daré el pagó…

También dice la Biblia:

Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo…

No por nada se le llama también a Dios en la Biblia “El Temible”…

Así es que tu aparente falta de reflexión pareciera que ha llevado a tu espíritu a no haber encontrado solaz en que quien consideras un criminal ha de ser juzgado y castigado con justicia, si acaso el Juez de toda la tierra lo estima necesario…

De todas formas, esta ventilación de tu ignorancia a mí me produce una especie de alergia por varias razones… Una de ellas es obvia y es que no entiendes el proceder de Dios, que doy por sentado que aceptas que existe ya que hablas del infierno… Por otro lado, eres la punta del iceberg de una masa multitudinaria que insiste con el tema de la justicia, del castigo a quien haya participado de la dictadura y que lo merezca, ocupando el tiempo en su búsqueda, o más bien perdiéndolo, porque esta batalla ya se terminó o debiera darse por terminada en resumidas cuentas, pero, nuestra sociedad vive innumerables casos de injusticia que son tapados como cuando tapas el sol con un dedo, reiterando una y otra vez un tema agotado que nos aleja de los temas que debiéramos tratar, tal como cuando se conversa con alguien que desvía el tema hacía puntos de interés de menor valor, o que finalmente diluyen la capacidad de alcanzar los objetivos que la plática y el escucharnos debiera alcanzar…

He debatido en internet con varias personas ateas y a todos los he hallado ignorantes y es obvio que ese ignorar siempre nos coloca en un escalafón inferior dentro de las posibilidades que nos podría permitir el saber y el entender que es importante y qué resulta prioritario…

De todos modos, entiendo que no seguirás la línea de reflexión que yo te expongo y que persistirás en tu punto de vista y si bien no tengo por qué oponerme a ello, simplemente te quise hacer saber, tal vez coincidiendo tu caso con el de algunas otras personas, que el cuento de Pinochet está agotado para quienes esperan que “desde las sombras de la despreocupación por nuestros hermanos y desde la oscuridad de la ignorancia y el pedregoso camino del desamor, surjan rayos de luz que alumbren las alamedas por las que debemos transitar”…

A pesar de lo dicho, entiendo que hay quienes aún buscan a sus seres queridos y tienen derecho a querer saberlo y a pedir ayuda para tener información de su paradero, pero, a fin de cuentas, ellos ya se fueron y de una u otra forma son semejantes a los desaparecidos que provocó el terremoto y que jamás se pudieron encontrar… Simplemente se fueron y ni por más que duela, todos debemos seguir adelante…

Imagino que es mucho más lo que tienes que decir respecto de este tema y si así fuera, supongo que sería bueno saberlo para comprender mejor tu punto de vista…

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