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Nos llegó el turno a los indocumentados

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Las migraciones de centroamericanos iniciaron en la década del ’80 en Estados Unidos, desde que este invadiera territorio centroamericano con la aplicación del Plan Cóndor y la agenda regional de las dictaduras, a las que llamaron Conflicto Armando Interno, y que en Guatemala dejó un genocidio y la tierra arrasada. En ese entonces, miles de personas se vieron obligadas a salir de Centroamérica para salvar sus vidas, buscando refugio en México y, paradójicamente, en Estados Unidos. No fue suficiente injerencia la del Plan Cóndor de aquellos años: lo renovaron y le dieron, en 2004, un nuevo nombre: Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana; se legalizó el ecocidio, la minería, la explotación de los recursos naturales y la embestida de las empresas transnacionales en la región. En síntesis, el neoliberalismo se estableció en la región: los ricos se hicieron más ricos y los pobres más pobres, comenzó la persecución despiadada de periodistas y de defensores de derechos humanos y del medio ambiente, evidencia de esto es el asesinato de Berta Cáceres, en Honduras, y la desaparición forzada de los 43 alumnos de Ayotzinapa, en México.


Miles de mexicanos se vieron obligados a migrar como única forma de subsistencia. En cifras oficiales de la Patrulla Fronteriza (pero sabemos que en realidad son muchos más) alrededor de 6,330 personas murieron en su intento por cruzar el desierto entre México y Estados Unidos, entre 1984 y 2014. Informa la organización humanitaria Colibrí Center for Human Rights, en Tucson, Arizona, que han desparecido alrededor de 2,500 en el desierto.

Con México sucedió mucho antes. En 1992 se firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, entre México, Estados Unidos y Canadá, echándose a andar en 1994, el año en que Bill Clinton inició la construcción del muro entre Estados Unidos y México en Nogales -hecho en aquel entonces de colchonetas de aterrizaje usadas en las guerras de Vietnam y del Golfo-. Desde este período se habla de combatir el tráfico de drogas: el muro se había construido para persuadir a los migrantes, de manera tal que se abstuvieran de cruzar la frontera, quedándoles el desierto -sin agua y con miles de kilómetros- como única opción y pasaporte seguro a la muerte. Miles de mexicanos se vieron obligados a migrar como forma de subsistencia; en cifras oficiales de la Patrulla Fronteriza alrededor de 6,330 personas murieron en su intento por cruzar el desierto entre México y Estados Unidos entre 1984 y 2014 (pero sabemos que en realidad son muchos más). Asimismo, la organización humanitaria Colibrí Center for Human Rights, en Tucson, Arizona, informa que han desaparecido alrededor de 2,500 en el desierto.

Cuando de política externa e indocumentados se trata, demócratas y republicanos son la misma cosa. El 2006 se aprobó la renovación del muro en la frontera por una iniciativa firmada por Hillary Clinton y varios senadores demócratas: la Ley Valla Segura (Secure Fence Act). Junto a esto, también vino la Operación Contorno (Streamline Operation), que consiste en el encarcelamiento masivo de los indocumentados que atrapa la Patrulla Fronteriza y que cumplen sentencias de hasta 180 días en cárceles antes de ser deportados a sus países de origen luego de los vejámenes que sufren a manos de los mismos agentes de la Patrulla Fronteriza, quienes -además de robarles el poco dinero que llevan y también sus pertenencias- abusan sexualmente de niños, niñas, adolescentes y mujeres, quedando en absoluta impunidad. Estas políticas de seguridad nacional han deshumanizado las migraciones y permiten que grupos anti-inmigrantes se dirijan hacia el desierto con rifles automáticos con el propósito de matar a indocumentados en cacerías que festejan xenófobos extremistas.

El Plan Cóndor se renueva cada década: en el 2008 se crea el Plan Mérida que es un tratado de seguridad establecido entre Estados Unidos, México y Centroamérica al que le sigue, en 2014, el Plan Frontera Sur que militariza la frontera sur de Estados Unidos hasta la frontera entre México y Guatemala. Se suma también el Plan Maya-Chortí, que abarca Guatemala y Honduras; para reforzarlo se crea en el triángulo norte de Centroamérica el Plan Alianza para la Prosperidad.

En aquel entonces se lanzó la bomba mediática de la crisis de niños centroamericanos que viajan solos, con ayuda de medios de comunicación como Telemundo, Univisión y CNN en Español: ninguno de estos se atrevió a evidenciar que no existía tal crisis y que las migraciones de niños, niñas y adolescentes que viajaban sin compañía de un adulto ocurrían desde hace décadas. Hillary Clinton se pronunció a este hecho señalando que esos niños debían regresar a sus países de origen porque en Estados Unidos no había lugar para ellos. ¿Cómo creerle su afán por la Reforma Migratoria en su planteamiento como candidata a la presidencia?

Con estos tratados se solapa la criminalización de las migraciones forzadas y se autoriza que los gobiernos de los países involucrados lucren con las vidas de los migrantes en tránsito: es ahí donde se han creado las grandes mafias y desde donde se dirigen los operativos anti-inmigrantes. También se ha incrementado la violencia, palpable en el tráfico de personas con fines de explotación sexual, trabajo forzado y tráfico de órganos, también las desapariciones forzadas y las fosas clandestinas: una modalidad de genocidio en México.

En Suramérica la más afectada ha sido Colombia con el Plan Colombia, un prototipo como los aplicados en México y Centroamérica. Desde su aplicación en 1999, el gobierno colombiano tiene licencia para “combatir” narcotraficantes, como llaman a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (para ser sinceros, con los narcotraficantes negocia la DEA). Esta licencia permite también la explotación minera, el paramilitarismo, los falsos positivos, las fosas clandestinas y el ecocidio. En todos estos tratados han tenido que ver las administraciones de Bill Clinton y George Bush hijo. ¿Ven cómo no son tan distintos los demócratas de los republicanos?

¿Qué sucedió con los otros países de Suramérica? Perú firmó el Tratado de Libre Comercio Perú-Estados Unidos en el 2006, implementándose en 2009; esto obligó también a que miles de peruanos migraran hacia Estados Unidos y Europa. Lo mismo que sucedió en Chile, con el Tratado de Libre Comercio Chile-Estados Unidos, firmado en el 2003. En un marco general, los tratados de libre comercio entre Estados Unidos y países latinoamericanos significan la aplicación renovada de un sistema neoliberal que inició con el derrocamiento de Salvador Allende en Chile y que arrasó con América Latina hace 40 años.

Pero, ¡momento! En el 2005 la dignidad latinoamericana fue defendida con conciencia y amor: fueron Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Lula da Silva, presidentes de Venezuela, Argentina y Brasil los que en la IV Cumbre de las Américas en Mar del Plata, Argentina, le dijeron NO al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Podremos ver cómo estos países se mantuvieron estables con los gobiernos progresistas que iniciaron con la Revolución Chavista y que a consecuencia del enojo y la impotencia de Estados Unidos por no poder comprar a estos presidentes, ha hecho que Obama -por segundo año consecutivo- firmara una Ley Ejecutiva contra Venezuela, que da la pauta a una invasión militar en cualquier instante. Otra consecuencia fue el Golpe de Estado a Dilma, en Brasil y que ahora se busque acercar relaciones para firmar tratados con Argentina en el gobierno macrista.

Es así como en gran escala podemos ver las razones claras de la migración forzada de latinoamericanos hacia Estados Unidos y por qué es mayor en unos países que en otros. Se debe a la agenda neoliberal de unos y la progresista de otros.

TAGS: #FronteraEEUU #Migración #MuroEEUU

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